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Jubilaciones, Gobierno y despidos

Supongo que en este mundo al revés en el que vivimos, el PP hará de izquierda en el debate que se avecina e impondrá junto al resto de la oposición y los sindicatos (¿aún existen?) cordura y cautelas al plan del Gobierno sobre las pensiones. No sé si estamos a punto de que se hunda el sistema de la Seguridad Social y si los empresarios dirigidos por el piloto Gerardo Díaz Ferrán necesitan abaratar el despido (con el despido presuntamente caro el año 2009 les ha ido muy bien: 1.118.600 personas más a la calle) porque no me creo nada.

Molesta la utilización oportunista de las cifras del Instituto Nacional de Estadística para vender un cambio de política social. Quizá esto sea exagerar un poco dadas las circunstancias. ¿Tiene hoy el PSOE una política social más allá de las ocurrencias de los cheques? ¿La tiene el PP más allá de la utilización burda de los inmigrantes, que son los que al parecer nos pagarán las pensiones?

No es que me fastidie trabajar 14 meses más de los 65 años previstos antes de jubilarme, lo que me enciende es la idea de la obligatoriedad, del cambio de reglas a mitad del partido después de impulsar las jubilaciones a los 52 en RTVE. Estaba psicológicamente preparado pues un taxista sabio me lo advirtió en abril de 2009: “Tendremos obreros subidos a los andamios con 67 años. Tendremos camioneros y taxistas con esa edad por las carreteras y la calles y todo para que los ejecutivos de la banca puedan jubilarse a los 50″.

Me siento estafado políticamente y vacío porque no tengo el consuelo de pensar: en dos años y un par de meses, elecciones y tendremos un Gobierno mejor porque la alternativa es Mariano Rajoy, el hombre-pinocho del 11-M, y a su lideresa deslenguada. Debería existir una papeleta del rechazo.

También me indigna que después de anunciar unas medidas que contradicen el discurso de antesdeayer salga el ministro de Trabajo a vender la burra de la buena nueva, crea o no en ella. Lo llaman disciplina de partido. Por eso no milito en ninguno. No podría aguantar la obediencia ciega y debida.

En España no son necesarios los spin doctors (los vende motos) que funcionan en la política estadounidense para defender la actuación de un candidato o una política. Aquí tenemos a los tertulianos repartidos en decenas de emisoras de radio, cada uno (salvo excepciones contadas) con la camiseta de su equipo, dispuestos a defender lo que seguramente aún ni siquiera han leído. Hablan de esto y aquello, sepan o no. Ventajas de la inteligencia multidisciplinar.

Silencios, distancias, los Otros

Vivimos en un mundo de conmociones selectivas: sólo nos interesan las nuestras; hasta en la muerte rechazamos al Otro, lo condenamos a un dolor diferente del nuestro, un dolor separado que no nos contamine las ideas preconcebidas y la ideología reinante. Nos apropiamos de las palabras, la tierra y la memoria común y nos eregimos en guardianes de un sentimiento de culpabilidad colectivo que yo no tengo. Me gusta la gente que sabe sentir por encima de los credos y las razas y los dioses, que siente muchos muertos porque en realidad es uno sólo el que muere siempre y uno sólo el que mata.

Sé que hay muchos que piensan así, pero a menudo estamos demasiado silenciosos. No son buenos los silencios en cuestiones tan serias ni tampoco en el amor, que las distancias impuestas confunden y alejan y rompen sentimientos cuando el cansancio del camino es mucho.

Tengo una amiga principal que me mandó este texto y estos versos tras la conmemoraración del Holocausto. Se llama Ana Lorite y tiene talento para escribir de lo que le dé la gana, pero no le da, prefiere (de momento) leer lo que escriben otros:

Yo nunca he estado en Irak, ni en Afganistán, ni en Ruanda, ni en Auschwitz. Estos sitios los conozco a través de los ojos de otras personas, como tú. Estuve en Vukovar en el invierno de 1999, en su cementerio: se me heló el alma al ver decenas de tumbas alineadas con una fecha común: el año 1991. Tardé días en recuperarme.
Estuve en Buchenwald en septiembre de 2004. Buchenwald, que significa bosque de hayas, hayedo, está a diez kilómetros de Weimar, hermosísima ciudad que además de dar nombre a la famosa república fue hogar de insignes “pensadores y poetas” alemanes: Goethe, Schiller, algún descendiente de Bach, Liszt. ¡Qué privilegio pisar sus calles sabiendo que ellos estuvieron allí! Sin embargo, a diez kilómetros, en un lugar hermosísimo donde Goethe iba algún que otro domingo con su secretario y amigo Eckerman a charlar sobre lo divino y lo humano, en este hayedo maravilloso, los nazis construyeron el campo de Buchenwald. No era un campo de exterminio como Auschwitz, era un campo de trabajo: Arbeit macht frei (el trabajo te hace libre) ponía a la entrada… “Camino de la muerte” se llama la estrecha carretera que lleva desde Weimar hasta el campo. De pronto estaba allí, espeluznante en medio de tanta belleza: la cámara de desinfección, la morgue, el crematoio, lo que un día fueron los barracones. Se me heló el alma y no he conseguido olvidarlo y espero no olvidarlo jamás. A partir de ese momento me puse como poseída a leer todo lo que cayera en mis manos sobre el tema para poder comprender. Pero no lo he conseguido porque como dice Primo Levi, “quizás no se pueda comprender todo lo que sucedió, o no se deba, porque comprender es casi justificar”.

Leí a Semprún, que estuvo allí: “Aquel domingo”… estremecedor. Y leí a Primo Levi que estuvo en Auschwitz. Ahora, con motivo del infausto aniversario he releído Si esto es un hombre. Aquí van unos versos del comienzo:

Si esto es un hombre
Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rana invernal.
Pensad que esto ha sucedido:
Os encomiendo estas palabas. (…)

Ana L no se conforma con las palabras, también comparte música. Me gusta pensar que leeís los post con la musica elegida y así nos comunicamos más y más profundo. Jack Johnson:

Propuestas contra la molicie

Un libro: Disfruté mucho en su día con Mañana no estarán de Douglas Adams (Anagrama). Se trata de un recorrido por medio mundo en busca de especies en peligro de extinción, y alguna como el delfín ciego del río Yangtse desaparecida después. Está escrito como sólo saben escribir los británicos, desde un excelente humor. Mezcla ciencia, literatura de viajes y comentarios divertidos. Resulta una lectura apasionante a través del mundo animal. Adams que fue autor de literatura rara y muy rentable, como Guía del autostopista galáctico (15 millones de ejemplares vendidos), colaboró en este protecto (en la parte televisiva es de la BBC) con el zoólogo Mark Carwardine. Esta es una frase que define el tono del libro: “Lo bueno que tiene el hecho de pertenecer a la única especie que establece una distinción entre el bien y el mal es que somos nosotros los que ideamos las reglas”.

Un artículo: M.R. manda este muy interesante sobre la crisis del periodismo. An Elegy for Journalism publicado en Forign Affairs, que empieza así:

The twenty-first century has been a traumatic one for journalism. Changes in how people consume news, combined with the great recession of 2007-9 and the business equivalent of reckless driving by some proprietors (such as the real estate mogul Sam Zell’s steering the Tribune Company into bankruptcy), have produced an era that in retrospect will seem, at best, severely chastening and, at worst, catastrophic.

Una película: Vi La cinta blanca de Michael Haneke con tres amigos. Sólo me gustó a mí. Uno de ellos incluso despotricaba: “Estoy harto de este tipo de cine pretencioso”. Es lenta, asfixiante (esencial para crear el clima del argumento) y larga (145 minutos que no sobran). Me parece una gran película que recoge con perfección el ambiente previo a la llegada del nazismo en Alemania. Ese tipo de educación castrante, creadora de miedos, sentimientos de culpabilidad y múltiples inseguridades no está tan lejos de la que se impartía en la España que me tocó vivir en mi infancia. Me gustó el juego del principio con el enfoque que cobra sentido al final. No es un filme que busque dejar escapatorias al espectador. No las hay, porque de pueblos como este surge el motor que organizó la Shoa y otros muchos crímenes, un motor que de alguna forma sigue en marcha: Camboya, Ruanda, Sierra Leona… Cinta obligatoria, aunque sea para criticarla.

Una canción: Sigo en la estela de Pink Floyd. Esta versión de Comfortably Numb con David Gilmore y David Bowie es majestuosa.

Una sonrisa: En un post anterior escribí sobre las cintas de Al Qaeda y la utilización del miedo como arma política. Me llevó muchas palabras no decir gran cosa. El Roto, genial como siempre, lo expresa en muy pocas:

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Una frase: “Toda vida es una progresión y luego un retroceso hacia una única frase: te quiero”. (Scott Fitzgerald). Copiada a Guillermo Altares.

Un inclasificable: Luis Cernuda, siempre, pero este es un poema demoledor, hermoso: Unos cuerpos son como flores

Unos cuerpos son como flores,
otros como puñales,
otros como cintas de agua;
pero todos, temprano o tarde,
serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre.

Pero el hombre se agita en todas direcciones,
sueña con libertades, compite con el viento,
hasta que un día la quemadura se borra,
volviendo a ser piedra en el camino de nadie.

Yo, que no soy piedra, sino camino
que cruzan al pasar los pies desnudos,
muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen,
aunque les lleve a una ambición o a una nube,
sin que ninguno comprenda
que ambiciones o nubes
no valen un amor que se entrega.

Una reflexion: ¿Es la cadena perpetua y la vía estrecha para los inmigrantes toda la ideología que tiene el PP para salir de la crisis económica?

Auschwitz, 11 millones de muertos después

Mis muertos no tienen raza. Tampoco religión, ideología, partido político, sexo, color y nacionalidad. Cada persona asesinada por ser diferente, por ser el Otro, es mi muerto. Ayer se conmemoró el 65 aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi de Auschwitz y con ello el Día Mundial del Holocausto.

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Recuerdo Praga, la ciudad de Franz Kafka, el gran maestro literario del siglo XX. Recuerdo su cementerio, y mi mano temblorosa rozando los nombres de los asesinados en el memorial que allí se encuentra. Me emocioné y me sentí judío. Años después, en Israel, cuando toqué el muro de hormigón que han construido la intolerancia y el miedo, me emocioné y me sentí palestino. Cuando visito Tarifa, en el sur de España, y entro en el cementerio donde se encuentran los inmigrantes sin nombre en una fosa común, me emociono y me siento negro. De emoción en emoción profunda sé que estoy vivo.

Entre los asesinos y nosotros no hay tanta diferencia. Lo vi y viví en Yugoslavia. Es más una cuestión de agitación del odio y oportunidades de ser un monstruo que de educación y cultura. Por eso jamás hay que olvidar. La memoria histórica debería servir de escudo protector contra la repetición, pero no puede convertirse en un escudo contra la critica a aquellos que pretenden carta blanca para otras políticas basadas en el mismo odio. Odio al Otro, al diferente, al extranjero.

Hemos fracasado y mucho: Ruanda, Camboya…

En el Holocausto murieron seis millones de judíos, ellos fueron el objetivo principal de esa industria de la muerte que eran los campos de exterminio. Pero a menudo olvidamos a los otros cinco millones que también fueron asesinados. Entre ellos había alemanes, izquierdistas, partisanos, gitanos, homosexuales y los republicanos españoles de Mauthausen. Memoria y justicia para todos ellos.

Felicidad, miedo, deseo y revolución

La felicidad, dicen, es la ausencia de miedo. El miedo es un reflejo de la inseguridad que produce un futuro que no existe pero al que trasladamos todas las dudas y ansiedades del presente. No es fácil. Nos educan para que tengamos miedo porque desde el miedo se domina mejor. Es la base del poder más o menos incontestado y de la religión: miedo al castigo, al rechazo social; miedo al infierno, a la oscuridad. Incluso en las sociedades presuntamente libres como la mía se construyen estereotipos sociales, modelos de comportamiento, que determinan quién está cuerdo y quién loco.

En las sociedades islámicas un buen musulmán debe vestirse de buen musulmán para serlo ante la comunidad que lo juzga. Nos escandaliza el hiyab, pero olvidamos que en la nuestra también se dan los disfraces de la apariencia. El hombre fiable debe llevar corbata, tener trabajo, familia feliz y deber mucho dinero a un banco. Desuniformarse de lo previsible es revolucionario.

Educar sin libertad es una forma de castración: miedo al deseo, al sexo, a la pasión, a la risa y a las lágrimas, Miedo a que nos dominen los sentimientos y no la inteligencia como si existiera una inteligencia que no siente. La vida es imprevisible y por ello un aprendizaje constante. Cuesta aprender a no saber.

Hablamos mucho de libertad pero no sabemos qué hacer con ella. Hablamos de relaciones libres pero el hombre de hoy no sabe vivir fuera de la cárcel en la que habita el carcelero. Nos educan en la posesión, primero los juguetes; después, las personas. Cosificamos a los vivos y a los muertos y los convertimos en objetos de primera necesidad. No puede haber cambio porque no existen los hombres libres que puedan liderar ese cambio. José Saramago expuso una vez la paradoja: necesitamos un hombre nuevo que cambie el mundo, el problema es quién educa al hombre nuevo que debe cambiar el mundo.

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