Feed
Posts
Comentarios

Dos historias de miedo y una canción

Un hombre decidió ser ermitaño para encontrarse a sí mismo. Caminó por el campo y al atardecer buscó una cueva en la que protegerse. Le preocupaba dormir al raso y ser devorado por un animal. Encontró una vacía. Le pareció perfecta de tamaño y segura. Se acomodó al fondo y encendió el candil. Al iluminar el espacio descubrió una cobra delante de él, erguida y lista para atacar. Sintió pánico pero no podía defenderse ni huir. Cualquier gesto equivaldría a una muerte segura. Sin escapatoria sólo tenía una opción: vivir su miedo. Se quedó inmóvil mientras que observaba a una cobra tan quieta como él. Pasaron las horas hasta el calor del sol en la cara le despertó. Miro en la cueva y no encontró rastro de la serpiente ni del miedo.

Un profesor de 50 años recibe tras un reconocimiento médico rutinario la noticia de que le quedan tres meses de vida. Tiene un tumor cerebral no operable. De regreso a su casa se arroja en la cama y comienza a llorar. Tras varios días de depresión y rabia comprende que tiene ante sí dos opciones: ser desgraciado y morir en tres meses o ser feliz y disfrutar de la vida antes de morir en tres meses.

Todos los miedos son proyecciones de una impaciencia. Quizá el primer paso sea comprender que no existe un futuro sino muchos y que en todos ellos tenemos la posibilidad de elegir la actitud con que deseamos vivirlos.

Me gusta esta canción cuando lucho contra el temor de un futuro que no existe y me encanta la interpretación de Annie Lennox: Many Rivers To Cross.

El actor y el espejo

Llegó el día en el que el actor A salió al escenario, se quitó la máscara y dijo al publico que lo observaba con arrobo: “Este soy yo”. Y ese público, tan entregado y fiel siempre, se desconcertó, empezó a murmurar y después a silbar, gritar, patalear e insultar. Tras un gran escándalo reclamaron la devolución de las entradas y una indemnización, tal vez por pérdida de tiempo o daños psicológicos irreparables. Los críticos escribieron al día siguiente: El actor A enloqueció ayer en medio del escenario, olvidó el papel que lleva toda la vida interpretando, no supo decir su primera frase y tampoco qué personaje era. El actor llegó a su casa con ciertas dificultades tras escapar de las iras de la turbamulta por un callejón próximo al teatro. Llegó sucio, sudoroso, cansado y sin máscara. Abrió la puerta, respiró hondo, fue al baño, se lavó las manos y la cara. Tras secarse se observó detenidamente en el espejo, escrutó la sonrisa traviesa que se le había instalado entre oreja y oreja, guiñó un ojo y dijo: “Ahora sí que se levanta el telón”.

Islas silenciosas

Soy periodista y vivo inmerso en la sociedad de la comunicación y a pesar de ello me siento a menudo incomunicado, solo, incapaz de entender a los otros, incapaz de explicarme a los demás. Vivo en un mundo que parece un mar lleno de islas. De vez en cuando dos Robinson Crusoe con el chaleco antisentimientos puesto intercambian señales con banderas, pero nadie les ha entregado un manual ni explicado qué significa cada una de ellas. Mientras el Robinson de la isla A cree entender que se avecina un día soleado y lo toma como una invitación a acercarse, el de la B se afana en advertirle de que amenaza tormenta y es mejor la distancia para evitar colisiones.

Me gusta sentarme los domingos en la plaza de Oriente de Madrid y observar a las islas navegar por las aceras enarbolando sus miedos y soñar un ratito que no soy una de ellas, sino tierra firme a salvo de mí mismo, banderas de colores y tempestades.

Cambio de estrategia en Afganistán

La guerra en Afganistán no se puede ganar. Lo sabe Obama; lo saben los talibán. Ninguna potencia extranjera ha logrado dominar este país desde Alejandro Magno. Perdieron dos veces los británicos en el siglo XIX, perdieron los rusos en los años ochenta y ahora pierden todos, en comandita. Los talibán no pueden vencer por las armas mientras vuele un solo B-52 por encima de sus cabezas.

Sobre el escenario y bajo los fotos: la Conferencia de Londres, una prolongación publicitaria más o menos ineficaz del desastre de las elecciones presidenciales. Allí estuvo Hamid Karzai con su capa guai como si fuera un tipo decente, uno de los nuestros, pese al fraude electoral de 2009. La memoria es corta en este circo que es la política internacional.

Entre bambalinas, lo importante: los preparativos para una negociación con los talibán y la retirada pausada. Días antes de la distracción londinense, el general Stanley McChystal, jefe de las fuerzas internacionales en Afganistán, experto en contrainsurgencia y veterano de Irak, dijo que el incremento de tropas (cerca de 40.000 entre unos y otros) tiene como fin lograr una paz negociada con los talibán y que sus hombres están cansados de luchar. Esta idea no es nueva, pero sí que la exprese con tanta claridad el jefe militar estadounidense en el país.

Casi a la vez, el enviado especial de la ONU a Afganistán, Kai Eide, un tipo irrelevante que trató de tapar el fraude electoral de agosto, también habló de negociación y pidió sacar de la lista de terroristas más buscados a los jefes talibán. Eide no habla gratis, sólo obedece órdenes. Como Naciones Unidas que los sacó antes de la conferencia de Londres. Listas en las que gente entra y sale según el humor de la marmota. Otro ejemplo de por qué los periodistas deben evitar los adjetivos y más cuando tienen carga política.

El tercer elemento es el retraso de las elecciones parlamentarias afganas previstas para mayo. EEUU y sus aliados no quieren una repetición del esperpento de las presidenciales. Se trata de conseguir un Parlamento limpio, sin señores de la guerra, que pueda preparar el terrero a un gobierno con los talibán moderados (es decir los que acepten ser comprados). Hay un nuevo plazo para lograrlo, aunque el problema, más que de plazos, es de voluntad. ¿Si no importa que gobierne en Arabia Saudí una monarquía feudal que desprecia a la mujer y los derechos humanos por qué debe importar que otros similares lo hagan en Kabul?

Cuarta pata: el diario The New York Times publicó ayer la última pieza del puzzle en un trabajo estupendo de dos de sus periodistas Ruhullah Khapalwak y David Rohde. En él se cuenta cómo el mando estadounidense trabaja con las tribus afganas, un elemento clave en la futura estabilización del país.

Geldof al rescate

Vuelvo al trabajo tras unas vacaciones, es lunes y pienso en Bob Geldof:

« Newer Posts - Older Posts »