Feed
Posts
Comentarios

Las cintas de Bin Laden

El vicio del periodismo declarativo no conoce límites: cada vez que el presunto Bin Laden graba su voz en una cita (donde se esconde debe estar difícil conseguir la cámara de vídeo) para reivindicar atentados y amenazar con otros nuevos, una parte de la llamada prensa seria le entrega gratis unos espacios destacados para publicitar sus fechorías. No creo que sea útil silenciar información, ni que los periodistas se transformen en censores en nombre de nada, pero la reaparición del tipo que dice ser el inventor de Al Qaeda sólo tiene de relevante el hecho de que está presuntamente vivo, él o el imitador.

Las soflamas es opinión, aunque tengo dudas de que puedan entrar en la categoría de ideas. El señor Bin Laden o quien envíe sus correos debería dirigir esos exabruptos convenientemente mecanografiados a las secciones de opinión de los diarios y no a las páginas de noticias.

¿Aceptaríamos publicar o emitir el contenido del audio en un anuncio pagado? ¿Lo emitiríamos en prime time? Aunque la crisis diluye las rayas rojas y algunos no saben qué pantalón bajarse con tal de ganar un euro, es probable que la inmensa mayoría de los medios internacionales rechazara el anuncio. Es decir: publicidad pagada, no; publicidad gratis (disfrazada de noticia), sí. Debo admitir que esto del capitalismo tiene recovecos que me confunden.

Que un tipo alto, barbudo y de enorme parecido a un político español (según el FBI) reivindique y amenace no debería encontrar espacio en los medios, ni siquiera en las teles dadas al tremendismo. Esa información sería relevante sólo si el periodista es capaz de darle un contexto informativo más amplio. Esto debería ser el procedimiento habitual ante cualquier declaración de parte (políticos, economistas, banqueros e incluso el verborreico Joan Laporta) y más cuando se trata de gente dedicada a poner bombas.

Confío más en Obama, desde luego, pero la anterior Administración de EEUU jugó con los colores de las alarmas terroristas con un fin evidente: mantener el miedo. Con una población asustada se invade mejor y se cuelan leyes como la Patriot Act, una renuncia a las libertades fundamentales en aras de una presunta seguridad.

Dar tanto pábulo a Bin es hacer un doble juego a gentes que no juegan limpio, grupos armados y fanaticos y Gobiernos mentirosos, y hacer dejadez de nuestras funciones. Una falta de respeto al lector o al televidente que merece algo más que las palabras de un tipo puestas una detrás de las otra sin esfuerzo ni criterio por parte del comunicador.

69 historias de deseo

Este año me han regalado muchas cosas. Más que nunca. Ventajas de la era digital. Internet nos permite enviar felicitaciones, canciones, poemas y todo tipo de links e intercambiarnos regalos para ofrecer amistad y dar calor, que son los objetivos en estos casos. Mil gracias a todos. A pesar de mis esfuerzos de modernización tecnológica permanente (exigencia de mi trabajo y de mi actitud en la vida) conservo una querencia natural (la edad) por lo que permanece visible y al alcance. El papel, por ejemplo, posee todas esas virtudes y más cuando se emplea para editar un libro tan soberbio como 69 historias de deseo con textos de Jean-Manuel Traimond (Electa).

Traimond se formula una pregunta al comienzo: si ahora somos más libres en el sexo que los griegos y romanos. El primer relato sobre la célebre vasija de las figuras rojas (Louvre) contiene una repuesta que se mantiene en todo el libro.

El segundo deseo narra el cuadro que representa el juicio a Freiné, una prostituta de lujo denunciada por impía: “Al fin de convencer de lo contrario a los jueces del Areópago, Hipérides, abogado y amante de Freiné, desnuda sus senos ante dicha la asamblea: un cuerpo perfecto no puede albergar un alma impía”.

Fantástico el octavo, de la serie de los Diez Mandamientos de Lucas Cranach el Viejo: No desearás a la mujer del prójimo. También El Jardín de las delicias de El Bosco (está en El Prado), cuando en la Edad Media se sitúa el erotismo en el infierno y allí sigue para muchos. El deseo decimotercero es un Caravaggio: David con la cabeza de Goliat. Al seleccionarla para el libro, Traimond sitúa a la muerte y el asesinato como deseos casi eróticos.

Maravillosa La Venus del espejo de Velázquez. Cuentan que el rey, escandalizado por los rumores que circulaban de que su pintor de Corte trabajaba sobre un desnudo, exigió verlo. Tras observar lo pintado, exclamó: “Esto es pecado”. Dicen que Velázquez respondió. “Esto es arte. Si su majestad ve pecado quizá el pecado esté en sus ojos y no en el cuadro”. No sé si es una leyenda o una realidad, pero sirve para responder a muchos moralistas contemporáneos, tan empeñados en proyectarnos sus propias inquietudes, miedos y deseos poco confesables.

Emocionante el deseo número veintiocho: el beso entre Hércules y Onfalia, que casi contagia a quien lo mira. O la foto de David Hamilton y la del último deseo de Robert Mapplethorpe, un divertido juego entorno a una presunta barra de pan.

Hermoso regalo. Gracias.

El borrador de la película

Hay fechas en las que uno se detiene, se orilla un poco, busca un mojón donde sentarse y piensa. Allí delante, dentro de ese pensar que es una forma de mirarse, pasa la película de la vida vivida mezclada con las ilusiones y esperanzas de lo que se desea vivir. No es la película definitiva, que ésa sólo se estrena segundos antes de la muerte, sino un simple borrador. En esa selección involuntaria y provisional de momentos claves no aparecen las cosas que dimos tanta importancia y en las que nos dejamos energía, salud, amistades y amores. Mi primera imagen esencial es la nieve de Madrid a los seis años recién llegado de Venezuela e Inglaterra. Me lancé a tocarla y me quemé. Por eso sé de qué habla Gabriel García Márquez en el inicio de Cien años de soledad.

Las demás imágenes esenciales las voy a mantener en secreto porque si desvelo toda la trama nadie querrá verme en el estreno. Hay fechas, como este 23 de enero, que sirven para recordar que el camino es lo importante, en él están las riquezas como dice el poema Ítaca. En el pasado están las tristezas y en el futuro los miedos. En medio de esos dos colosos existe un presente ínfimo, apenas unos segundos, y si estira mucho, minutos. Es todo lo que tenemos, lo único real y por lo merece la pena vivir y luchar. Lo demás son molinos de viento.

Escuché hace muchísimos años decir al padre de mi amigo de la infancia Jesús Álvarez: “A veces nos empeñamos en luchar por cosas que no vamos a disfrutar”. Sé que ya ha transcurrido con creces la mitad de mi vida, pero he aprendido mucho en esa parte. He aprendido lo suficiente para estar seguro de que lo que queda va a ser apasionante, creativo, divertido y útil. Espero.
(Gracias a todos por los mensajes)

Días que pesan como años

Hoy, si me lo permitís, quiero regalarme tres canciones: una para celebrar; otra, para multiplicar y una tercera para restar. Así, con las cuentas para arriba y las cuentas para abajo es posible que confunda a la vida con las suyas y me quede como estoy. Sé que es sólo un día más, pero hay días que tienen la mala follá de acumular el peso de todo el año y depositártelo a los pies, casi sin avisar. Sé que hay años que conforman números que dan un poco de vértigo: levantas la cabeza, estiras el cuello y empiezas a intuir que se acaba a autopista. Es sólo una fecha, una maldita fecha que siempre llega en un mal momento.

Para celebrar: me gusta esta versión rockera de Paul McCartney en Moscú. A veces la libertad es sólo eso: hacer y escuchar lo que nos da la gana.


Para multiplicar: Esta canción la tengo grabada en el fondo del cerebro desde los años del cerco de Sarajevo. Fue mi compañía desde finales de 1993. Supongo que era un mecanismo de supervivencia mental que ahora arrastra voces, olores, humos, ruidos de guerra, amigos, risas, penas e ilusiones. Después se metió en la novela Isla África de la mano del personaje Carlos Bota y allí se multiplicó en otros recuerdos y esperanzas. Creo que con el permiso de Meat Loaf, un tipo que me encanta, me pertenece también un poco: I would do anything for love. Para ti los derechos; para mí, las emociones. Salgo ganando. (Tuve que cambiar el vídeo; el primero tiene problemas de copyright).

Y para restar, una divertida canción de cuna basada en un poema de José Agustín Goytisolo. Salud y feliz día a todos.

Propuestas contra la molicie

Un libro: Cuando se habla de escritores judíos-israelíes siempre se mencionan a tres estupendos: Amos Oz, A. B. Yehoshua y David Grossman. Pero hoy os quiero recomendar la lectura de un cuarto: Aharon Appelfeld. Me gusta mucho su Vía férrea, una reflexión novelada de la Shoa que le tocó vivir y la venganza. Fue en su día un enorme descubrimiento. No sé por qué no tiene el mismo si no más reconocimiento que los anteriores. Appelfeld tiene un tono kafkiano, de elegante derrota (frase dedicada esta semana a Pedro Altares en su homenaje en Madrid) que lo impregna todo y lo convierte en real y próximo.

Un artículo: Añado esta categoría en las propuestas para recoger un regalo enviado por Ale García. Se trata de un artículo de Eduardo Galeano publicado en el diario argentino Página 12. Se titula Disculpen la molestia y comienza así:

Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza. ¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés? El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?

Una película: El miércoles vi In the loop, que me había recomendado Gregorio, un amigo que en esto del cine tiene un gusto muy parecido del mío. La sala estaba casi vacía, nadie comía palomitas ni hablaba en susurros… Es decir no tuve que enfrentarme a situaciones que acaban estropeándote la tarde-noche. Pese a ello, In the loop no me gustó demasiado. Tiene frases geniales (unas cuantas), pero  el personaje de Malcolm Tucker (Peter Capaldi) produce tal cantidad de frases pretendidamente geniales que uno termina agotado. Nadie habla así. Ni siquiera los idiotas con poder. Lo que más me gustó es el fondo del filme: cómo se puede montar una guerra entre cuatro trepas sin escrúpulos y con información falsa, algo que puede representar con bastante exactitud lo ocurrido entre bambalinas en los meses previos a la invasión de Irak (marzo de 2003).

Una canción: Aún bajo el embrujo gris (ya casi nada; unos restitos) de la ciudad que despeña alegrías en el Po o en los patios de las casas donde se arrojan al vacío los escritores (Primo Levi) o en los hoteles (Césare Pavese), me acuerdo que Turín es junto a Madrid la única ciudad europea (que sepa) con un monumento al diablo. Y así de memoria en memoria, como en el juego de la Oca, acabé en las mejores manos: los Rolling Stones, the bad boys, más modernos que nunca. Esta versión de Sympathy for the Devil es soberbia. Lo del embrujo es una pose; lo digo para me nos preocupen los dados a la literalidad de las palabras. -)

Una sonrisa: No recuerdo de dónde robé (perdón, compartí) esta fotografía; quizá del blog de Javier Pérez Albéniz, El Descodificador o de otro. Lo guardé en el escritorio y allí se quedó. Hoy puede ser un gran día para su rescate.

periodistas_142x95

Una frase: Este regalo es de Antonio, un amigo especial. “Si crees que no vas a ninguna parte, no te preocupes, no he conocido aún un sólo ser humano que haya ido a una distinta de la que vamos todos a la fuerza”.

Un inclasificable: El poema And Death Shal Have No Dominion de Dylan Thomas, el hombre que murió tras beberse 18 whiskys y una cerveza en la taberna del White Horse, es muy apropiado para estos días haitianos y de grisuras varias. ¡Qué lejos estoy de sus talentos; yo, que no paso de seis vodkas en el 1917 de al lado de mi casa!

And death shall have no dominion.
Dead mean naked they shall be one
With the man in the wind and the west moon;
When their bones are picked clean and the clen bones gone,
They shall have stars at elbow and foot;
Though they go mad they shall be sane,
Though they sink through the sea they shall rise again;
Though lovers be lost love shall not;
And death shall have no dominion.

Continúa en Hotel Kafka e incluye una traducción para los atravesados en el inglés, pero este poeta suena especial en el idioma en el que escribió

Una reflexión: Cómo calificar a los bancos, cajas, usureros de barrio o lo que sea que han cobrado comisiones por las donaciones a Haití. No sé si es ilegal hacerlo, pero me gustaría saber cuántos inmorales habitan entre nosotros y conocer sus nombres para no pisar jamás su garito. Cobrar comisiones en estos casos es saqueo, desvalijar los bolsillos de las víctimas. Creo que en este asunto los medios de comunicación tienen un gran reportaje.

« Newer Posts - Older Posts »