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El ángel Marcelo del ministro santo

Nunca me gustó el ministro llamado Jorge Fernández Díaz. Me repele su manera atrompiconada de hablar, como si le fallaran las pilas o las conexiones eléctricas. También me repele el contenido de la mayoría de sus mensajes dictados desde ese tam-tam interior cuyo ritmo no entiende ni dios, literalmente. Cuando ve una marabunta de yihadistas encaramada en la valla de Melilla sé que él y su jefe Mariano andan en apuros. Lo suyo son las maniobras de distracción.

La beatitud excesiva puede ser una cortina de humo; hay personajes reales y literarios que blanden la rectitud desmedida como un escudo, una capa de invisibilidad. Existen casos -no en este ministro, claro; cuidado Lobo con la ley mordaza- que detrás del olor a agua bendita se esconden seres retorcidos dados a los vicios más sórdidos e inconfesables.

Sabemos que este Fernández besa las estatuas y pone medallas en el pecho de las vírgenes de escayola; también que dice ante el cadáver de un amigo recién difunto, “qué suerte tiene: ya está ante él”, entiéndase dios. Todo esto tendría un pase cómico si el de la presunta pedrada no fuese ministro de nuestra seguridad.

Me preocupa la última confesión del ministro santo, que dice tener de un ángel de la guarda llamado Marcelo que le ayuda a aparcar. No sé si se trata de una ocurrencia, es fe auténtica o un truco para ganar votos. Ya escucho a su jefe Mariano prometiendo un ángel de la guarda por español si gana las elecciones cuando todo el mundo sabe que ya tenemos uno compartido; se llama Cristóbal (Montoro) y de ángel tiene poco.

Hay preguntas esenciales que San Díaz Fernández debería responder: ¿tiene papeles ese ángel? ¿Dispone de contrato de trabajo y titulación de aparcacoches? ¿Por qué necesita el ministro un ángel que detecta los huecos para aparcar el coche cuando el ministro viaja en coche oficial con chófer y escolta y estaciona donde le sale de los huevos? ¿No nos estará tomando el pelo con su rectitud? ¿Estuvo Marcelo en la reunión con Rodrigo Rato? ¿Tiene Rato otro ángel que en su caso se llamaría PePé? ¿Es como se viborea en las redes sociales el propio ministro el ángel de la guarda de Rato? ¿Hablamos de un trío o un cuarteto medio angelical? ¡Queremos saber!

Veo al PP con un último lema a la desesperada: “Vota Marcelo”. Feliz viernes.

Los indecisos empiezan a decidirse

El runrún es que Pedro Sánchez y su partido se van a estrellar el 20-D. Falta por definir lo que cada uno entiende por estrellarse. El asunto pinta mal. Hasta el candidato socialista lo reconoce cuando acusa a Podemos y Ciudadanos (C’s) de pretender ocupar su espacio vital. Esta vez con tantos indecisos en todas las direcciones posibles de la indecisión puede suceder cualquier cosa. Imaginemos escenarios.

1) Gana PP. Pese a la corrupción, el ajuste económico, las mentiras y un líder parpadeador que no da la cara tiene todas las opciones de ganar. Si hubiera enfrente un PSOE unido con un buen candidato, el PP perdería las elecciones. Lo merece. No parece posible que C’s tenga tiempo de reemplazar al PSOE en esa misión. Está el efecto Trudeau como referencia, pero España no es Canadá y tiene días en los que ni siquiera es España. El PP sueña con el voto oculto (avergonzado de declararse) y alcanzar los 150 diputados. Esta cifra es más una quimera, es una alucinación. El CIS les daba entre 120-128. La realidad puede estar por debajo de 120.

2) PSOE es segundo. Pese a todo, en casi todas las encuestas, Sánchez se mantiene segundo. Esa posición le permitiría aspirar a un pacto con C’s. La sensación tras los dos primeros debates no es buena: el candidato sin estar mal de todo no puede o no sabe estar mejor. Las rémoras son varias: escasa experiencia en primera línea, un partido desunido y una marca tocada. El CIS les da entre 77-89 escaños. El PSOE también confía en un voto oculto, casi tan vergonzoso de declararse como en del PP.

El debate vis a vis con Rajoy puede ser la puntilla si es una representación del bipartidismo.

Los socialistas están en el centro de casi todas las indecisiones. Es lo más preocupante porque si se dan las peores condiciones el resultado sería catastrófico. Quedar terceros ya es una pésima opción; cuartos (algo que parece imposible), una hecatombe bíblica. Cualquiera de las dos, incluso la segunda posición, puede fulminar la carrera del secretario general Sánchez.

Espero que, llegado el caso, dimitan con él todos los que participaron en la conspiración contra Eduardo Madina, empezando por una célebre presidenta autonómica que tras aupar a Sánchez como mandado le ha hecho la vida imposible. También debería dimitir Felipe González. Que dimita al menos de sí mismo.

3) Ciudadanos es tercero. Con Albert Rivera tengo un duda: ¿sus cifras son reales o existe una burbuja demoscópica impulsada por los que le quieren como posible recambio o muleta del PP y freno de Podemos? Sucedió en las elecciones andaluzas y, en menor medida, en las municipales y autonómicas de mayo. Esta vez podría ser diferente: Rivera ha crecido mucho, se ha dado a conocer, habla muy  bien y genera confianza. Su impulso actual le llega del 27-N catalán.

En el debate de Atresmedia no salió bajo palio y no sé qué efecto puede tener en los indecisos. Hay sociólogos que sostienen que C’S puede ganar el día 20. En vista de los problemas del PSOE es probable que quede segundo y que sea una fuerza clave para formar Gobierno.

4) Podemos es cuarto. El partido de Pablo Iglesias llega lastrado por los errores en Catalunya (candidato, siglas y discurso). Le faltó tener a Ada Colau a bordo. Tienen sensación de remontada y es posible que muchos indecisos de la izquierda voten a Podemos. Tengo un conocido del PP que quiere que una amiga común vote a IU y no a Podemos. La amiga ya ha decidido llevarle la contraria.

No sé si podrán mejorar el cuarto puesto. Sería una sorpresa un escenario anterior al 27N, es decir Podemos tercero y C’s cuarto. La única posibilidad de escalar sería que una eventual hecatombe de Sánchez deje al PSOE cuarto. Las diferencias en escaños no va a ser excesiva.

En el caso de Podemos también hay una cierta burbuja demoscópica. En los comicios de Andalucía, autonómicos y Catalunya quedó por debajo de las expectativas. Les salva el éxito de Madrid, Barcelona, Zaragoza, A Coruña, Santiago en las municipales. El clima que se respira ahora es similar: hay ilusión, esperanza.

Faltan 10 días, 10 eternidades. Todo es posible menos que Felipe González deje dar la murga.

La Menina, los emergentes y el PASOK

El probable que el debate decisivo del 7 de diciembre no haya decidido nada. Es un país normal hubiera descartado al candidato que no da la cara. Más que táctica es un desprecio soberano a la ciudadanía, un gesto antidemocrático y cobarde. Pero este no es un país normal, ahí está el CIS para corroborarlo. Por mucha cocina que aplicase al último sondeo parece evidente que el PP puede ganar (pírricamente). No sé qué efecto tendrá su ausencia, pero es posible que los 120 escaños sean ya una quimera.

Soraya Saénz de Santamaría no llegó a su nivel: es más de lo que aparentó. Mintió con las cifras económicas y se atarugó en el capítulo de la corrupción (lo tenía imposible); resultó impostada en la violencia machista. Su peor momento: el “paga Monedero”. Hacienda no le imputó delito alguno y en todo caso ya pagó. Que lo diga ella que procede del PP en B tiene guasa. Como Menina tiene futuro: es mejor que su jefe.

Rivera e Iglesias

Albert Rivera estuvo nervioso, por debajo de las expectativas, que son muchas y pesan. Tuvo momentos muy buenos. El mejor: cuando sacó una copia de la portada de El Mundo con los apuntes contables de Bárcenas. Fue cuidadoso con Pablo Iglesias, una cortesía compartida pues ambos defienden una regeneración similar. Procuró robar votos al PP y al PSOE. Es probable que C’s quede segundo aunque sigo pensado que existe una burbuja demoscópica, una especie de wishful thinking sociológico. Varios expertos creen posible una sorpresa: que termine primero. Veremos el 20-D por la noche.

Pablo Iglesias fue el mejor. Tuvo un momento cómico con su inglés y un final espectacular en su minuto de oro. Empezó flojo como todos y se fue entonando. Mejoró respecto al debate de El País: no hubo rastros mitineros, habló despacio y claro. Atacó con elegancia a Pedro Sánchez en busca de sus votos de izquierda. Estuvo duro con el PP y respetuoso con Rivera. Solo se enzarzaron en la guerra de Siria, pero no mucho. Saben que en la próxima legislatura van a tener más cosas en común de las que aparentan. No sé si habrá remontada de puestos, pero sí en votos. Podemos ha recuperado la sonrisa tras es el fiasco del 27-N en Catalunya. Es posible que quede cuarto porque su rival natural, C’s ya lucha por el primero.

Suicidio del PSOE

Pedro Sánchez fue el peor: no brilló sin estar mal del todo. Le pasó lo mismo que en el debate de El País. Su tono es tan impostado que no suena creíble. Su mejor momento cuando habló de los impuestos: fue directo, claro y rotundo. Duró 30 segundos. Sigo pensando que está mal asesorado y que arrastra la rémora de un partido desunido y con un pasado difícil de gestionar (los primeros recortes, los ERE, las promesas incumplidas). Iglesias le atacó ahí: “una cosa lo que decís en campaña y otra lo que hacéis en el Gobierno”.

Su última oportunidad es Rajoy, pero se trata de un debate arriesgado: dejará al descubierto los vicios del bipartidismo. El PSOE inició hace tiempo (muy visible desde las primarias) la ruta hacia el PASOK. Ni siquiera va a necesitar la Gran Coalición para suicidarse. Dudo que el hundimiento que le vaticina el CIS le deje en cuarta posición, superado por Podemos. Pero ayer tuve un pálpito: Podemos se comerá al PSOE en dos elecciones. El problema de Sánchez es que sus votos por la derecha irán a C’s y muchos de la izquierda a Podemos. El PSOE corre el riesgo de caer en la insignificancia.

El gran triunfador del debate fue el formato del debate: abierto, sin ataduras. Todo lo que está sucediendo es un efecto del 15-M. Después de todo, de las críticas, las mofas y las sandeces, aquellos miles de personas que ocuparon las calles y plazas de España han puesto en marcha un cambio. Ahora solo hace falta abrir las ventanas de par en par y levantar las alfombras.

John Lennon: 35 años.

Trapecistas que escriben sin red

Un día me atreví a afirmar ante José Saramago: “El periodismo y la literatura son orillas de un mismo río”. Me respondió con flema tras pensarlo unos segundos: “Más quisierais los periodistas”. Pensaba en cruzadores ilustres: Hemingway, Greene, García Márquez; también en Kapuscinski, siempre con una mano en las dos orillas. Oscar Wilde respondió ante una cuestión similar, sobre las diferencias entre periodismo y literatura?: “¡Ah! El periodismo es ilegible y la literatura no se lee. Eso es todo”. Wilde siempre ha sido un tipo de actualidad incontestable.

Soy periodista y aún no estoy seguro sobre mis cualidades de nado y remo. Me muevo en un espacio conocido en el que me siento cómodo. Cuando me adentro en territorios más literarios me veo como un trapecista sin red. Lo peor es que el miedo no está en el espectador que mira sino en el (presunto) artista que se siente frágil, casi un impostor.

Nos gusta la rutina porque ofrece una seguridad inconsciente que se alcanza a través de los ejercicios, el entrenamiento, una cierta mecanización. Un exceso de seguridad nos roba la sorpresa y sin asombro no hay literatura ni periodismo.

Al escribir un texto como Todos náufragos siento vértigo: ¿gustará? ¿Se venderá? No sé cómo se pone en marcha el boca oreja. Y en eso estamos, en medio del río esperando un soplo de viento. Me produce pudor imaginar a un lector con el libro entre las manos. ¿Qué sentirá?

Textos como este de Luis García Montero me llenan de ilusión y confianza. No porque sean positivos, sino porque parten de su digestión de lo leído. Él viene de la orilla de la Literatura, es un gran poeta; sabe de palabras y silencios. Los periodistas trabajamos con las palabras del día a día, las que se usan y gastan. Con la crisis hemos recuperado algunos silencios.

El escritor es un mago, un alquimista que eleva el mismo material mundano a la categoría de arte, desde donde nos emociona, sacude y crece. Gracias.

Indecisos no, perplejos

No sé cómo van a conseguir sacar de su indecisión electoral al 41,6% de los encuestados por el CIS si el tono político de los primeros días de campaña es este: advertirnos de toda clase de catástrofes, desgracias y peligros si gana el Otro. Más que indecisos lo que abundan son los perplejos.

Lo más divertido, de momento, ha sido el sketch de Celia Villalobos en la jornada de puertas abiertas del Congreso, cuando aprovecha el tirón mediático de Pablo Iglesias para defender su partido de las acusaciones de corrupción.

La primera corruptela, la que lleva al “Luis, sé fuerte” a Rato, Gürtel, Púnica, o a tener una sede pagada en B, empieza cuando uno cree que es SUYO lo que es de TODOS. Primero es un coche, después una televisión pública o unos hospitales y uno termina quedándose con el Tribunal Constitucional.

Estos son algunos de los titulares del miedo. Empiezo con el más terrorífico y concluyo con el más estrambótico; del hundimiento moral ya no se salvan no los que viven de ella. Sin duda es fin del mundo (conocido).

Chacón: “La dispersión del voto de la izquierda puede hacer que Rajoy siga de presidente“, en El Periódico.

Andrea Levy: “El voto a Ciudadanos es de alto riesgo”, en El País.

El PP avisa: “Votar a Ciudadanos puede entregarle la Moncloa a Zapatero 2”, en ABC.

Albert Rivera advierte de una operación del PP y el PSOE para “salvar al soldado Sánchez”, en Diario.es.

Pablo Iglesias advierte de una “operación Menina” del PP para hacer presidenta “a Soraya”, en InfoLibre.

Margallo dice que “muchos socialistas van a votar al PP” porque el PSOE “se quiere aliar con partidos antisistema”, en Público.

Fernández Díaz avisa de un posible “pacto de perdedores” para llegar a La Moncloa, en Diario.es

Sistach defiende a Pujol como “referente de honestidad”, en La Vanguardia.

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