Estuve el viernes en La Vorágine, una librería santanderina que se desborda en centro cultural y lugar de encuentros. Hablé de la crisis de los refugiados sirios, de sus causas y posibles efectos, de si la actual ola de solidaridad en Europa se quedará en paternalismo. No soy optimista, más por los dirigentes que por los ciudadanos.
Me remonté al pésimo diseño de la invasión estadounidense de Irak en 2003, más allá de las mentiras de las armas de destrucción masiva y de su ilegalidad, y a las catastróficas decisiones tomadas por Washington en mayo de ese año: disolución del Ejército y del Partido Baaz, que supusieron disolver el Estado de un país inventado tras el hundimiento otomano. También hablé de las primaveras árabes, de los errores de Occidente, sobre todo en Libia y Siria, más por torpeza que por conspiración, que también. Todo es discutible.
Un hombre del publico, un sirio, me interpeló desde casi el inicio de la charla. No le gustaba que dijera que el régimen de Basar el Asad era una dictadura. Esgrimía que había ganado elecciones. El hombre llevaba un ejemplar de mi libro El héroe inexistente entre las manos y, según dijo, un recorte de algo que había escrito.
El libro le debió gustar porque lo había comprado en su día (espero), pero no el articulo. Estaba nervioso. Me interrumpió varias veces, siempre en defensa de Asad. No esperó al final de la charla. En algún momento se levantó y se fue. Una mujer de La Vorágine me dijo que había tirado el libro al suelo en la salida. Me impactó el rechazo rotundo.
Hubiera preferido tomarme una cerveza, intercambiar opiniones, buscar puentes, quizá era del Real Madrid. Si después de todo seguía decidido a desprenderse del libro, se lo habría recomprado. Hay un mal extendido, que también me afecta: no haber discrepar. No es necesario aplastar al otro, convencerle. A veces solo consiste en expresar educadamente puntos de vista diferentes.
No conozco muchos lectores porque tampoco vendo demasiados libros (espero que cambie con el próximo). Si encima los empiezo a perder… ¡Estamos buenos! Feliz domingo.
Viajo en tren a Santander para hablar de migrantes en La Vorágine; solo son 24 horas, ida y vuelta. Es inútil explicarselo porque no sabe contar las horas ni tiene ganas de aprender. Dice que son asuntos relacionados con la estupidez humana. La gata Nana es un carácter. Esta mañana se quedó plantada en medio del salón con la cabeza ladeada y los ojos clavados en la puerta. Es su manera silente de mostrar disconformidad con mi marcha.
Cuando ve dos cuencos repletos de comida sabe que esa abundancia no es buena, trae soledad. Es inteligente: no todos los signos positivos a corto plazo arrastran satisfacciones y felicidades. Deberían aprenderlo los votantes a quienes intentan engolosinar con fuegos de artificio.
Nana se pasó el verano despegada por el calor y porque la mudé de casa durante 15 días en julio. Detesta el trasiego pese a que en el otro lado la miman con jamón de york. Cuando regresa subo la apuesta y trato de acelerar su perdón con jamón serrano, un truco imbatible.
Ha sido llegar el frío y busca el contacto, que la acaricie nada más meterme en la cama. Me ronda esperando que sea yo quien tome la inciativa y la recueste sobre mi pecho para rascar su cabeza. Nana está feliz de que haya entregado el libro; quiere que vuelva a jugar con ella por la mañana, por la tarde y por la noche. Cuando me despertaba e iba directo al ordenador, ella se paseaba por las teclas del ordenador. No era boicot, era participación. Feliz viernes.
Dicen que cumplir 60 años tiene sus ventajas. Debe ser cierto, pese a que aún no las he descubierto. Unas de las visibles es la Tarjeta Dorada de Renfe. Pagas seis euros al año a cambio de unos supuestos descuentos que rinden homenaje a tu longevidad. Para descubrirlos es necesario cursar una carrera de números porque no hay manera de encontrar las bicocas. Es más sencillo acogerte a cualquier oferta normal; tiene menos letra pequeña. La letra pequeña es una jodienda a partir de los 60 (aún no es mi caso).
Ya no me importa que los mejores descuentos de la Tarjeta Dorada sean el 30 de febrero y las cinco de la mañana; eso se puede soportar. Lo intolerable y escandaloso es que llamen Tarjeta Dorada a una adefesio de cartón, poco más grande que el billete de metro. Deberían darnos una tarjeta plastificada con ribetes dorados, foto y derecho a un aplauso y orquesta (vale spotyfi) por llegar a los 60, que tal y como está el asunto no es moco de pavo.
Entre la droga, el alcohol de garrafón, los alimentos adulterados, las eléctricas y el Gobierno, sobrevivir empieza a ser un milagro, un desafío a la naturaleza. Espero que si llego a los 65, la tarjeta de la Tercer Edad tenga más enjundia porque si no la voy a montar.
Música para celebrar la resurrección de este blog tras meses sumergido en un libro emocionalmente complicado.
Imaginación calenturienta para un jueves: el PSOE de Felipe González sorprende a Jordi Pujol con las manos en la masa en el asunto de Banca Catalana. González y Pujol pactan el sobreseimiento político (y por lo tanto judicial) a cambio de que Pujol y CiU mantengan a Catalunya dentro de España. Jubilado Pujol, su heredero Artur Mas rompe el pacto. Lo demás ya lo sabemos.
Cuando observo a Mas, prisionero de esa mueca de poseso de la verdad revelada, veo a Gorbachov, pero con pelo y sin mancha, encaramado a una ola en dirección a ninguna parte. Espero que acabe mejor. La única manera de acabar bien es cambiar el Gobierno central en otoño y celebrar un referéndum pactado con tres opciones: seguir como hasta ahora, más competencias o independencia. Veremos.
Mientras, en Madrid, no escampa. Aparte de los errores de Ahora Madrid y de Manuela Carmena, hay titulares que deberían guardarse como ejemplos de mal periodismo. Cuando se hundan algunos viejos periódicos y pregunten, “¿qué pasó?”, será el momento de enseñárselos. No es solo la crisis, es la alineación constante y sin disimulo con un poder que en un número significativo de casos ha resultado ser corrupto.
¿Cuál es el error de Manuela? Primero, presidir una alcaldía que corresponde por derecho natural al PP, como bien señaló Rajoy en el Congreso. Solo es democracia si gobierna su partido. Segundo, no entender que todo lo que diga se sacará de contexto, como el asunto de las cooperativas de madres, o de mujeres. La han acusado de machismo, a ella que lleva toda la vida peleando desde el feminismo. En vez de celebrar que se aparque el banco público, que tiene más sentido si es estatal, se le echa en cara el incumplimiento del programa. Son los mismos que se pliegan ante el incumplimiento del programa del PP.
Preguntas para la reflexión: ¿por qué está ofensiva contra Ahora Madrid? ¿Por qué se airean los tuits de Zapata tras tomar posesión Carmena y no antes cuando se publicó la lista? ¿Por qué este tipo de ataques no se producen en otros ayuntamientos? Solo encuentro una explicación: en el PP de Madrid manda una señora llamada Esperanza Aguirre, un estilo de hacer política. El PP de Valencia parece un juego de aprendices comparado con la lideresa.
Lo que está en juego no es solo la alcaldía y sus concejales, sino una forma de entender el poder, de repartir juego y beneficios. Que el presidente de BBVA, banco beneficiario de la llamada operación Chamartín, arremeta contra Manuela Carmen y Ada Colau, por su inexperiencia política tiene guasa. ¿Qué es experiencia, seguirle el juego a FG? ¿Cumplir con las costumbres establecidas de cohabitación entre lo público y lo privado para beneficio exclusivo de los privado? Un poco de compostura, por favor; un poco de disimulo y decencia. La Operación Chamartín ha estado parada por la crisis. Fue reactivada en hace unos meses por Ana Botella, aunque no atrevió a blindarla antes de las elecciones.
Propuestas de ejercicios periodísticos para periodistas con ganas de investigar: ¿Cuántos cargos del PP madrileño están con problemas judiciales debido a la corrupción y quién los nombró? ¿Cuántas empresas y empresarios han prosperado en Madrid de forma sorprendente bajo su mandato y en qué condiciones ganaron los concursos, si es que los hubo? ¿Quién favoreció a Arturo Fernández con concesiones a dedo? Fernández, amigo de la lideresa, adeuda miles de euros a proveedores y trabajadores. ¿Qué periódicos y periodistas se han beneficiado del dinero público manejado por Aguirre en estos años? ¿Se ha utilizado el dinero de todos para orientar voluntades? ¿Se pueden comparar el dinero recibido, a través de la publicidad institucional, y las informaciones publicadas o emitidas sobre ella? ¿Podemos anailizar las barbaridades dichas en TeleMadrid? Los amantes del periodismo de datos tienen un trabajo apasionante. Suerte. Feliz martes.