Demasiados días históricos
Sunday, 27 de September de 2015 por Ramón
No me gustan los días históricos ni los líderes que los invaden pomposamente para especular sobre mi vida. La trascendencia es sospechosa. En días así pienso en la gente a la que le escasea la vida sin merecer un titular, una tertulia, un análisis. Hoy es 27-S, símbolo de nuestra incapacidad de diálogo, de saber escuchar, proponer, reconocer al otro y pactar. Todo se juega en decimales. Los números han reemplazado a las palabras. Así estamos.
Las elecciones catalanas son la primera vuelta de las generales; las generales son la segunda vuelta de las catalanas. La partida está en nuestras manos, en el voto.
Ayer estuve en Via Lliure, de RAC1 con Ramón Cotarelo y Suso del Toro. Nos llovieron elogios por el talante, por abrir el foco, por respetar. Algunos se declaraban emocionados y decían que si este fuera el tono del Gobierno todo sería diferente. Tal vez no estemos tan lejos: la España de la Generación del 27 y la Catalunya de Salvador Espriu, Josep Pla y Josep Maria de Segarra.
Nos movemos entre clichés. Hay miedo a ser expulsado de cada tribu; los periodistas, también: compramos la parte como un todo, como la verdad única. Todo resulta más complejo: el problema no es Catalunya sino España, el envoltorio que nos aprieta; también, un tardofraquismo subliminal, y no tan subliminal, que todo lo contamina. Billy el Niño como símbolo de desmemoria.
No somos una “gran nación que lleva 500 años juntos”, solo un grupo de personas sin una simbología común aceptada más allá de la trinchera. A los mitos del nacionalismo español se contraponen los mitos de nacionalismo catalán.
Catalunya ha sido capaz de crear una sociedad civil que ha arrastrado la política; el resto, aún no. Tuvimos el 15-M y poco más.
No supimos pactar una nueva bandera, como la de la Sudáfrica de Nelson Mandela, y de cambiar de himno, componer uno nuevo o escoger uno viejo como Suspiros de España, que se cantaba en los dos bandos. No sentamos las bases de un Estado federal, todo es un insufrible Centro (para nosotros también).
Todo es menguante: las autonomías, el sueldo, los derechos, la decencia, la democracia. Todo mengua menos la corrupción y la estupidez. Somos país con una memoria blanca que vota como vota, que habla como habla. Pese a todo, no tiro la toalla. No me rindo. Hay que pelear.