Reacreditación pública de E, quien volará a Japón
Tuesday, 4 de May de 2010 por Ramón
Me gustan las segundas oportunidades y me encanta la capacidad de autocrítica, de reconocer errores de apreciación. Regresé al dentista con el periscopio en paradero desconocido y no se produjeron, como me augurabais los malpensantes, búsquedas extrañas del aparato aprovechando cualquiera de las cavidades que oferta el cuerpo humano, y menos aún en aquellas que tienen tan mala prensa y peor moralidad. La mirilla que en submarinos sirve para cazar barcos de gran tonelaje debe andar bien ubicada en zona de privilegio porque a veces siento pálpitos en otro lugar no más recomendable que el anterior.
Regresé al dentista con el empaste provisional y el periscopio perdido y la madre de E me envió a E con artes de madre: “Él borda las endodoncias”; y yo, corderito, avancé hasta los dominios de quien tanto daño me había causado como los reos caminan hacia el cadalso, piernas separadas y despacio. Los observadores menos perspicaces podrían hablar de valentía; los más sabios, de estupidez.
E trabajó en mi muela manejando limas de diversos colores y números como sólo las puede manejar un dentista despechado, uno a quien el paciente le ha dicho que prefería a la madre. No me dolió la boca, sólo los músculos de unos brazos que de tanto estirarlos acabaron como los de Jerry Lewis en una de sus películas: por el suelo. E me hablaba rodeado de cables como si fuera un niño asustado: “Todo esto es para que no te duela después”, y mi esfínter se sumó a la rigidez de los brazos y las piernas convirtiéndome todo yo en un cadáver congelado.
Me mecía con sus cosas de la vida y el hogar y su mala noche (asunto preocupante cuando te hurgan en la boca) y yo buscaba a dios entre los tubos fluorescentes como el primer días pero esta vez Osram no apareció, ni él ni sus recaderos. E me habló de puentes y acueductos e implantes a no sé qué miles de euros el estornudo y yo, anestesiado y tenso, escuché pasar los trenes de alta velocidad japoneses entre mis bolsillos.
Bordó E la endodoncia, que no me dolió, y ayer bordo la limpieza de encías, y ahora sé que este chico tiene maña y que los dolores intensísimos primeros se debieron más a mi cobardía, a mi política de posponer la visita al dentista, hasta la catástrofe es mayúsucila. Igual que el caso de la UE y Grecia, y mucho me temo que Grecia acabará peor que mi muela.
Ya no tengo dolores, la vida sonríe y el invierno regresa, pero cada vez que enciendo la televisión de plasma de no sé cuantas pulgadas en lugar de series estadounidenses aparece en la pantalla todo lo grabado por mi periscopio durante el día. No voy a dar detalles, que luego mis amigas feministas me afean las bromas y me dicen que con ciertas cosas no se bromea, lo mismo que decían los curas de sotana y los estalinistas.
Hoy, por ejemplo, he visto un vagón de metro con dos rumanos que cantaban canciones negras de Nueva Orleans mientras que una masa de petróleo invadía poco a poco nuestros pies. Por los altavoces de las estación de Callao se escuchó una risa macabra. Era Esperanza Aguirre echándole la culpa a Rajoy. Me acordé del Prestige que no fue culpa de ellos sino de otros, como todo lo demás.
No sé si me periscopio aguantará hasta las elecciones de 2012 pero ya empiezo a estar harto de sus películas e invenciones. Os dejo que empieza otro documental, éste se titula “Nueva York no es Kabul” y no tengo ni idea de qué va. Buen día.


