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Machos sueltos el viernes por la noche

No sé cuántas tonterías se dicen antes de conseguir una noche acompañado. Por experiencia, personal y de observador (la edad empuja hacia lo segundo), puedo asegurar que muchas. Más de las necesarias. Anoche cené en un mexicano cerca de mi casa y padecí la conversación invasora del tipo de al lado, un joven que prometía a la chica que le acompañaba unos cuantos viajes al País Vasco. Le explicó con detalle verborreico pueblos, gastronomías e incluso le habló, presa de un entusiasmo inexplicable, de nombres de posibles hijos que le gustaría llegar a tener. Ella, que portaba un más que interesante piercing en la nariz, miraba y asentía y cuando el pollo se iba por los cerros de Úbeda, en este caso por el monte Urkiola, miraba de reojo en busca de complicidad. Fueron dos o tres gestos casi imperceptibles llenos de palabras no pronunciadas. Sonreí desde el mismo código. Y él, ausente, seguía con lo suyo entusiasmado de su mismidad.

Recordé una noche, cuando aún no tenía tripa de ex fumador cervecero: estaba junto a amigo en otro mexicano, éste de lujo, de los que enamoran. Las mesas se hallaban muy pegadas. A nuestro lado, una pareja (él) en fase de cortejo. El tipo debía de ser profesor de autoescuela, profesión dignísima si no te empeñas en explicar cada clase de la jornada; ella, muy atractiva, terminó probando mi postre y yo el suyo pasando los tres del plasta en una conversación paralela. Al llegar a casa, sin ella, escribí un cuento en el que la chica dejaba al profesor y a mi amigo y llamaba a mi puerta. Fue una gran noche. Ventajas de la ficción.

Siempre he pensado -quizás sea un pensamiento machista que mis amigas feministas me lo afearán después en los comentarios- que ellas poseen la inteligencia y la dirección de los acontecimientos. Uno va a cenar, lanza un motón de chorradas (el chico de al lado dijo que el gallego era un dialecto del castellano) con el único objetivo de acabar la noche acaramelado y ella, mientras él se despliega como un pavo real, soporta una retahíla de vaciedades hasta que el candidato se queda sin fuelle, tartamudea y dice por fin las palabra mágicas.

El chico de al lado hablaba alto con voz aflautada. Ella fue descontándole puntos según avanzaba la cena. Cada mirada a nuestra mesa era una resta. Pagamos y al levantarme ella me miró a los ojos. No dijo palabra alguna, pero en esa mirada socarrona escondía un discurso. Al recoger la mochila del respaldo de mi silla dije al tipo: “Muy interesante pero tienes cero puntos. No hay partida”. Él creyó que hablaba de la jornada de Liga que nos espera hoy.

No sé como acabará la noche de mis compañeros de mesa, pero aquí estoy yo, solo, escribiendo boberías sobre ellos. ¿Quién es el idiota?

Propuestas contra la molicie

Un libro: He empezado Torneo de Sombras, de Karl E. Meyer y Shareen Blair Brysac, sobre la zona en la que ahora se está jugando mucho: Asia central. Está escrito como sólo saben escribir los anglosajones (perdón por mi devoción; culpa materna). Avanzo despacio y me gusta porque tiene contexto histórico y ayuda a entender. Sobre él escribió Georgina Higueras, gran conocedora de Asia:

Ningún periodista sale indemne del contacto con el rompecabezas pastún, la etnia guerrera por antonomasia cuyas tierras quedaron divididas por la Línea Durand y cuyas gentes pagaron injustamente el precio de la creación de Pakistán (1947) al quedarse atrapadas entre dos países.

Un link: Esta entrevista reportajeada de Javier de Pino con David Simon (The Wire). De ella se podrían destacar muchas frases, pero ésta es muy oportuna en el debate actual sobre el Periodismo, su futuro, la gratuidad y los ingresos:

El porqué es lo que convierte el periodismo en un juego de adultos. Hacen falta periodistas comprometidos

Una película: He visto Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton. Un libro genial en manos de un genio del cine debería dar como resultado una película genial. No es el caso. Las imágenes son cautivadoras, los colores, los juegos de palabras, el despliegue de imaginación, los gemelos gorditos… pero hay algo que no funciona, algo que impide un fluir desde el principio al final. La vi en versión original y en 3D pese a que estaba rodada en 2d y pasada por ordenador para aprovechar el tirón de Avatar. Un acierto. Estoy muy de acuerdo con la crítica que escribió Carlos Boyero: se evapora rápido, no queda en la memoria. Pese a ello, merece la pena. Tiene una lectura freudiana interesante: Alicia debe volver a la infancia para saber cuál es la mejor decisión en su vida adulta.

Una canción: Hay músicas que ayudan a escribir. Las pones en el equipo y posas los dedos sobre el teclado del ordenador y todo en ti se desordena creativamente y brota la sorpresa. Una de mis favoritas es Loreena McKennitt. Todo en ella es sublime, pero hoy esta Dama de Shalott me motiva especialmente.

Una sonrisa: François me mandó varias fotos que voy administrando, aún quedan unas cuentas excepcionales. Esta es buenísima:

Un inclasificable: Mi suministradora de inteligencia me envía esta joya de Fred Vargas, la dama francesa de la novela negra. Procede del libro Un lugar incierto.

Sombrío y acuciante, Lucio se rascaba el brazo que le faltaba agitando los dedos en el vacío. A menudo había contado que, cuando perdió el brazo con nueve años, tenía una picadura de araña que no se había rascado hasta el final. Y por esa razón la picadura le seguía escociendo sesenta y nueve años después, por no haber podido acabar el rascado, ocuparse de ello a fondo, concluir el episodio. Explicación neurológica proporcionada por su madre y que para Lucio, a la larga, había acabado constituyendo una filosofía total, que se adaptaba a cualquier situación y cualquier sentimiento. Hay que acabar las cosas, o no empezarlas. Ir hasta los posos, incluso en el amor.

Una frase: “Los mercados pueden mantener su irracionalidad más tiempo del que tú puedes mantener tu solvencia”, (Keynes vía Nacho Escolar). Muy de moda estos días en los que se ha desatado la caza.

Tengo manía a la autoridad maleducada en cualquiera de sus formas y expresiones; incluso, al conductor de metro que dice: “Por avería salgan del convoy. Repito: salgan del convoy”. ¡Grrrrrr!

Una reflexión: El otro día escuché decir a una compañera que hablaba de sus amigas: “Tienen que aguantar un marido inmaduro”. Lo expresó como un insulto, como un arma arrojadiza. Siempre me pareció que la madurez disfrazada de corbatas y seriedad victoriana no es más que impostura. En el caso de las amigas de mi compañera, prefiero lo más directo: “Maridos idiotas”.

Las reformas para que el mercado se calme

Los expertos tienen una buena receta para salir de la crisis de muchos causada por unos pocos: reformar (quieren decir suprimir pero aún no se atreven) todo lo que beneficia a los primeros. Exigen, por ejemplo, abaratar el despido en un país, como España, que con un no vuelva usted mañana supuestamente caro ha logrado superar los cuatro millones de parados en un mercado laboral con mucho empleo precario y saturado de contratos basura. No me sé las estadísticas, pero sí historias de personas que sufren la recesión. Quieren además que los que rondan la cincuentena y media puedan irse a la (p) calle con una indemnización basura a un mercado que no contrata.

Habla MAFO, que no UFO, el jefe del Banco de España. Sus ideas no parecen ser las de alguien que simpatice con el PSOE y es que en esto de la economía todos dicen lo mismo con palabras no tan diferentes. También habla el jefe de los empresarios que está endeudado hasta las cejas y que, adelantado a su tiempo, ya ha aplicado reformas salariares en algunas de sus empresas de altos vuelos, como no pagar los salarios. Al menos éste no disimula y ha ido a ver al Apóstol Santiago para pedirle ayuda. Una gran idea que debían seguir los ministros de Economía de la zona euro. Y los sindicatos. Y los parados…

También hay que reformar, sostienen los sabios, las pensiones basura que reciben nuestros mayores para que cobren menos con la promesa de que seguirán cobrando y posponer la edad de jubilación para que podamos estar más años en el paro, como dice Martinho, y cambiar la contabilidad para sacarte unos buenos euros del futuro bolsillo en el cambalache. Todo es culpa de que vivimos demasiado, al parecer. Una buena liberalización hospitalaria sería la solución. La libérrima lideresa Aguirre ya está en ello.

Después llegarán la reducción de las vacaciones, todos japoneses, y el aumento de los horarios. Todo por la productividad. Mientras fluyen tantas ideas sobre y contra nuestras cabezas ni una sola sopla en la otra dirección, en la de los ideólogos. Barack Obama no logra avances en su reforma bancaria y en la UE no se encienden las luces para encontrar fórmulas que impidan o dificulten los ataques especulativos contra países: primero el rumor, después los beneficios.

Este casino tiene unas normas muy desiguales. No me gusta que se quemen bancos y menos aún con personas dentro, pero va a ser muy difícil explicar a los griegos y a los miles de jóvenes sin esperanza laboral y vital que la única opción para superar el desastre es poner la otra mejilla.

Tres botones: Paul Krugman, en noviembre de 2008:

Peter Singer sobre la Ética:

Más corto este soberbio cruce entre Jon Stewart y el analista conservador Bill Kristol sobre Seguridad Social:

Comunismo, oportunistas, guerras y Tito

Apenas queda nada de Yugoslavia, el país que supo nadar entre dos mundos enfrentados durante la Guerra Fría. No queda Estado en cualquiera de sus manifestaciones ni idioma común. Aunque serbios, croatas y bosnios hablan la misma lengua, el serbocroata, hoy se empeñan en afirmar que son tres idiomas diferentes: castellano, andaluz y extremeño (es un ejemplo y una broma). Uno de los divertimentos de los adultos en Zagreb después de las guerras de los noventa era comprobar qué palabra se habían inventado los nacionalistas creativos para enseñarla a los niños en la escuela.

De esa Yugoslavia presuntamente autogestionada, que tanto atrajo a la izquierda que gustaba combinar libertad y socialismo, sólo permanece la memoria de un tiempo mejor entre los más ancianos, que vinculan la figura patriarcal de Josip Broz Tito, a la ausencia de guerra y carestías económicas, a los viajes y a la libertad de usar vaqueros made en Occidente.

Recuerdo Maglaj en marzo de 2004, cuando fui junto a Bruno de AFP uno de los primeros periodistas extranjeros en entrar tras meses de cerco. Allí, un jubilado llamado Mehmed que jugaba con un reloj en el que cada medio minuto se aparecía la figura de Tito, me respondió a la pregunta de si le echaba de menos. “No, yo lo único que echo de menos es la paz”.

Ayer se cumplieron 30 años de la muerte del hombre que gobernó durante 35 con puño más o menos de hierro un país imposible con seis nacionalidades, varios idiomas y tres religiones y que fue inventado por etapas tras el hundimiento de dos imperios, el Otomano y el Austrohúngaro. Diez años después de su muerte el 4 de mayo de 1980, su obra saltó por los aires devorada por los nacionalismos serbio y croata, y sobre todo por el odio acumulado y el miedo de la gente. Una historia compleja y dolorosa en manos de políticos ambiciosos e irresponsables como Franjo Tudjman y Slobodan Milosevic provocó decenas de miles de muertos y heridos y millones de desplazados y refugiados.

Cuatro guerras -Eslovenia y Croacia (1991), Bosnia-Herzegovina (1992-1995) y Kosovo (1999)- borraron con sangre el legado de un hombre que más que un visionario o un estadista resultó ser un gran actor capaz de crearse una imagen en el telón de acero, otra en Occidente y una tercera en casa. Y sobrevivir a todas las contradicciones. Su país, en cambio, no sobrevivió a las suyas.

Odios latentes desde la Edad Media (esencial el libro de Ivo Andric, Un puente sobre el Drina, ahora traducido directamente del serbocroata) y, sobre todo, de la ocupación nazi en la II Guerra Mundial (La piel, de Curzio Malaparte), fueron más fuertes que unos vínculos más propagandísticos que reales y eficaces.

Muy interesante la serie de Martin Bell en la BBC y, sobre todo, las declaraciones que recoge de Raif Dizdaravic, ex partisano con Tito y ex ministro de Exteriores yugoslavo, quien culpa del desastre a la Constitución de 1974 y la falta de una reforma económica. A la crisis le siguió el nacionalismo y el oportunismo. Recuerdo en Kosovo en 2008, poco antes de su independencia, la historia del psiquiátrico de Shtime, al sur de Pristina, lo único físico que quedaba de aquel sueño panyugoslavo: un barco a la deriva cargado de personas olvidadas.

Treinta años después del fallecimiento del mariscal Tito, su figura en los Balcanes se ha reducido a unos debates entre historiadores, una moderada titomanía en Sarajevo, símbolo de aquella unidad plurinacional y víctima de ese cuento, una página en Facebook titulada Por qué 30 años después de la muerte de Tito, Yugoslavia sigue viviendo en nosotros y un aumento significativo de las visitas turísticas a La Casa de las Flores, en Belgrado, donde está enterrado.

El mausoleo hasta hace unos años abandonado por una Serbia que considera a Tito el principal enemigo de su nacionalismo es una prueba de que los tiempos se mueven, aunque muy despacio. Ahora se muestra limpio y atractivo porque esa Serbia que trata de salir del túnel de las cuatro guerras balcánicas (empezó todas y las perdió) ha descubierto el turismo y el dinero, y a los turistas les atrae la figura de Tito, el gran actor, el hombre que supo guerrear como jefe de los partisanos contra los nazis y cautivar a los británicos por su antiestalinismo pero que no supo construir un país.

Yugoslavia ya no existe. Quedan las canciones de una época y algunas películas, miles de libros y una sensación colectiva de vértigo, fracaso y derrota. Ahora todos miran a la Unión Europea (ya entró Eslovenia) como salida económica y política, un espacio mayor que diluya unas fronteras por las que se libraron tantas batallas. El puente sobre el Drina en Visegrado permanece como símbolo de un pasado que es parte del futuro.

(Este texto, ahora ampliado y linkeado, se publica hoy en El País). Me gusta esta canción: Miss Sarajevo.

Manipulación hasta en la letra pequeña

Otro ejemplo de buen hacer del presunto X en Libreta de Van Gaal:

Desde hace algunos años, el diario Marca distingue al mejor entrenador de la Liga con el trofeo Miguel Muñoz. En la ficha que acompaña a la información de cada partido, los cronistas otorgan a los técnicos los habituales puntos Marca (de cero a tres).

Hasta hace apenas un mes, Manuel Pellegrini era líder destacado de la clasificación. En la jornada 25, la misma en la que el Real Madrid alcanzó el liderato igualado a puntos con el Barça, el chileno aventajaba en ocho puntos al segundo, Pep Guardiola. Sin embargo, esta clasificación ha sufrido un sospechoso vuelco en las últimas semanas. Al entrenador azulgrana no le ha costado mucho no sólo alcanzar a Pellegrini, sino adelantarle. Y es que, mientras el chileno ha seguido recibiendo diversas puntuaciones (sobre todo 2 y 1), Guardiola ha sido calificado con un invariable 3 en las cinco últimas jornadas. En este periodo de excelencia guardiolística se incluyen el empate a cero en Cornellá-El Prat (posiblemente uno de los peores partidos del Barça en los dos últimos años) y la visita del Xerez al Camp Nou (un trámite despachado con escaso brillo e incluso, durante algunos minutos, con cierto suspense).

Más en Pellegrini y el trofeo Miguel Muñoz

Leído en el chat de Santiago Segurola, a quien respeto mucho como periodista, que indica que el entusiasmo de Marca contra el chileno sigue la corriente o quizá sea que la corriente le ha dicho que la siga:

Me atrevo a decir que Valdano desea la continuidad de Pellegrini y Florentino Pérez no la desea de ninguna manera. No creo que sea ningún scoop.

Reflexión de una amiga: “El problema de la prensa general es que alguna empieza a parecerse a la deportiva”.

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