Un libro: Empieza el Mundial del fútbol de Sudáfrica y estos son algunos de los libros esenciales; el primero, El fútbol a sol y sombra (1995) de Eduardo Galeano, un referente ético y literario. También se podría leer La guerra de futbol de Ryszard Kapuscinski e Historias del calcio de Enric González.
Una película: Hay muchas sobre el fútbol. Me gusta Evasión o Victoria de John Houston; en ella aparecen dos de mis héroes futbolísticos: Pelé y Ardiles. Hay una pelota que rueda, pasión, valores y emoción. Hasta Stallone parece un actor.
Una canción: De todos los himnos nacionales que conozco, este me emociona de forma especial: Nkosi Sikeleli Africa. Aunque ya puse esta maravillosa versión, la ocasión lo merece. Ánimo Sudáfrica:
Una sonrisa: Ya he compartido dibujos de Raúl Barbolla. Son muy buenos. Si este blog fuese una web lo ficharía de inmediato. Tiene talento. Su blog personal, Y si nos quitan lo bailao? lleva un título premonitorio porque todo indica que nos lo van a quitar lo bailado y lo que quedaba por bailar. Me gusta por ello esta viñeta.
Un inclasificable: De la poeta siria Maharam al Masri vía las luces de Huelva.
Me he cansado de permanecer
en tus notas marginales
en tus borradores
en los peldaños
ante tus puertas. ¿Dónde están
tus vastos paraísos?
Una frase: “Si toreara bien todas las tardes no sería un artista, sería un currante” (Curro Romero).
Una reflexión: Cuántas medidas y recortes sociales y de lo que sea nos meterán de tapadillo mientras vemos el Mundial. Tal vez cuando termine, gane quien gane habremos perdido todos. Perdón, casi todos, que hay gente de moral corta, traje barato y mano larga que siempre logra estar entre los que se forran.
Los periodistas damos noticias, contamos historias y desvelamos lo que alguien desea ocultar en beneficio propio o de un grupo. Los periodistas somos, en el mejor de los casos, unos tocahuevos profesionales, piedras en el zapato, gente preguntona y molesta que no persigue la palmada ni el halago del poder sea cual sea su forma y talante. Nos ha ido relativamente bien todos estos años dando noticias en un soporte de papel bajo unas reglas éticas reconocibles en un negocio en el que los propietarios han ganado una cantidad de dinero suficiente además de cierta relevancia social como Cuarto Poder.
Todo fue bien hasta que se fueron lo viejos propietarios y llegaron personas ajenas al negocio, magnates de otras industrias, como la de armamento, que sólo deseaban resultados a corto plazo y ganar todo el dinero del mundo. Los master del universo, los golden boys, los que hinchan burbujas y venden antes de que éstas exploten son incapaces de entender un sentimiento colectivo, lo que representa una cabecera, su historia, su referencia política y cultural en un país o en la ciudad donde nace, como elChicago Tribune, Los Angeles Times o The Baltimore Sun. Aunque estos valores no cotizan en Bolsa, así le va, ayudan a vender ejemplares.
Internet nos ha desorientado a todos, a los periodistas que contábamos historias en el papel y a los accionistas que prefieren leer una cuenta de resultados antes de sumergirse en una gran crónica de deportes.
Corre la tentación de matar el papel, más por ahorro teórico que por convicción intelectual, y de matar también a los periodistas para hacer un periodismo sin ellos, barato, vacuo y sin tocahuevos exteriores e interiores. Cuando oigo hablar de periodismociudadano me encrespo porque nunca creí en los ciudadanos-periodistas como no creo en los ciudadanos-dentistas. Los lectores deben comprar el periódico que hacen los periodistas. Explicar los porqués exige profesionales. Ahora más que nunca, sea cual sea el soporte. En Internet, también.
No creo que otro tiempo fuese mejor aunque éramos más jóvenes y delgados. Lo bueno es siempre lo que nos toca vivir mañana, pero para vivir erguido y digno es necesario pelear. Si no nos movemos del castillo -los del papel, digo-, moriremos de la peor muerte, de corbardía. No se puede entregar la plaza sin lucha, sin salir fuera en busca del enemigo y de nuevos territorios.
Creo que es posible batallar en el campo 2.0 sin perder las esencias de lo que conocemos por periodismo. Los que sobrevivimos bajo la protección de las grandes cabeceras contamos con la ventaja de su prestigio y el inconveniente de que los portaaviones son muy lentos en el viraje.
Ayer nació Eskup, la nueva herramienta para la web de El País. Tardaremos tiempo en ajustarla, en darle el contenido adecuado, pero su sola presencia es una declaración de principios e intenciones: vamos a pelear el partido en todos los campos y contra todos los rivales. Perdón por el lenguaje guerrero, pero son los tiempos y mi esperanza en esta profesión pese a todas las crisis.
No es nuestra capacidad, que la hay, lo que nos da confianza sino gente como vosotros que está al otro lado y desea seguir recibiendo noticias, leyendo historias con la seguridad que en esta sociedad de consumidores cada vez más obedientes alguien sigue empeñado en tocar las pelotas en tu nombre.
Internet y Eskup nos ofrecen otras formas de comunicación que es necesario explorar y sumar al papel. Éste no desaparecerá en muchos años. Sobrevivirán los que se adapten, los que se transformen y saquen de sus páginas a los blablaístas para dar espacio a las verdaderas historias, las que preocupan a los ciudadanos. Ayer navegando por La Red en busca de perlas para mi nuevo perfil en Eskup, encontré este vídeo. Es un cómic y es periodismo con mayúsculas.
Cuando el primer hombre sintió miedo se inventó un mito para combatirlo. Tras varios miedos y muchos hombres, otro hombre, algo más avispado, se inventó una religión entera que lejos de reducir los miedos, los multiplicó y organizó jerárquicamente. Casi a la vez se produjo la división del trabajo: al hombre que tenía miedo le pusieron a arar; el segundo se armó con la excusa de defenderle de otras tribus y el tercero, que decía tener línea directa con el dios recién inventado, se alió con el tipo de las armas para hacer la puñeta a quien daba de comer a todos y sostenía el chiringuito. En ese instante nació la esclavitud.
Después llegó la ciencia y se puso a explicar mitos uno tras otro y el hombre de las armas y el de la conexión divina patentaron la Inquisición para defender la esencia de su negocio: no tener que trabajar la tierra. Darwin se cargó la creación en seis días con uno de descanso al explicar con datos la evolución de las especies y otros locos andan metidos en un acelerador de partículas escudriñando el primer segundo del Bing Bang con el impío objetivo de cargarse el portal de Belén.
Pese a todo hay mucha gente feliz con sus creencias religiosas y debemos respetarlos. Sólo pido una cosa: el mismo respeto para mis ideas. Os dejo casi media hora con uno de los grandes pensadores, es decir agitadores del pensamiento único, de este tiempo, el británico Richard Dawkins, catedrático de Biología Evolutiva de la Universidad de Oxford. La charla, de 2007, es de una gran frescura e inteligencia.
La justicia es lenta e injusta con los pobres. No importa en qué rincón del planeta siempre actúa de forma inhumana con quien no puede defenderse. Casi 26 años después del accidente de Bhopal, un tribunal indio ha emitido una primera sentencia condenatoria. No se trata de un éxito tardío, sino de una mofa: dos años de prisión para ocho personas por el delito de matar a miles. El responsable último de aquel envenenamiento colectivo es una multinacional estadounidense, la Union Carbide, ahora bajo el paraguas mayor de Dow Chemical. Eligió India por sus sueldos de miseria y la escasez de controles medioambientales. La regla es simple: menos gasto más beneficio. Es capitalismo puro, salvaje, aunque también se llama explotación.
Hay más escándalo social y político hoy por el vertido petrolero del golfo de México, que aún no ha matado a nadie, que por la impunidad de uno de los mayores crímenes químicos de los últimos años. Me gusta lo que dice en la BBC uno de los supervivientes, Ashutosh Jhureley: “Justicia retrasada es justicia negada”. También me gusta lo escrito por Dominique Lapierre y Javier Moro en Era medianoche en Bhopal:
Es muy probable que nadie imaginase una secuencia de errores para que la factoría de Bhopal pudiera pasar de ser un gran fabricante a gran escala de un “beneficioso pesticida”, el Sevin, panacea universal contra las plagas de insectos a ser recordada como la peor pesadilla industrial del siglo XX. La fabricación de Sevin implicaba la mezcla de gas fosfeno con gas monometilamina, con lo que se obtenía isocianato de metilo que, añadido alfa naftol, daba por fin el ansiado Sevin. El isocianato de metilo es un gas que mata por edema pulmonar. Unión Carbide acumuló un largo historial de vertidos. Su planta en Virginia es responsable de que los habitantes de los alrededores de la sede americana de la compañía superen en un 21% la media del país.
El presidente de la multinacional, Warren Anderson, optó por no regresar a India para enfrentarse a un juicio. No hay leyes en Estados Unidos que puedan obligarle, o perseguirle en casa por graves delitos exteriores, y si las hay, no se aplican. No hay siquiera casi 26 años después un acuerdo sobre el número de víctimas (muertos, heridos y enfermos), quizá porque no hay acuerdo sobre qué es una víctima. (Interesante este informe de Amnistía Internacional de finales de 2004). Para los que no sepan de que hablamos, o no lo recuerden, os recomiendo este reportaje filmado hace cinco años:
Y este otro gran documental de Giorgio Margaró y Mario Agostenelli sobre el verdadero rostro de la globalización:
Debe ser difícil vivir rodeado de enemigos: gobiernos, personas y organizaciones que te odian. Debe ser duro tener que ser más fuerte que todos ellos juntos y serlo siempre, sin un fallo, sin un descanso. Ser el más fuerte no te da la razón ni te hace inmune ni garantiza el éxito. Ser el más fuerte deshumaniza porque obliga a deshumanizar. Este proceso de corrupción de las ideas y los sentimientos -que también afecta a los palestinos, pero desde otro punto de vista, el de las víctimas- es muy visible en las palabras.
El idioma hebreo tiene al parecer cinco que, según una amiga que lo habla bien, explican Israel. El viernes me regaló la primera, pero se reserva las otras para más adelante: Ein brera. Me dice que la traducción más adecuada es: “no nos han dejado otra alternativa”.
Un niño palestino de 12 años tira piedras a unos soldados que no tienen otra opción que disparar contra el niño. Ein breira te exime de responsabilidad, no ya penal, que en ese campo la impunidad es grande, sino moral. El niño es doblemente culpable, como los activistas de los barcos. Es culpable de atacar al soldado y culpable de que éste le tuviera que matar. El principio comodín es muy útil, sirve para resolver un problema en un control militar, bombardear una casa para matar a un jefe palestino junto a sus vecinos si fuera necesario e invadir Gaza o Líbano.
Ein breira expresa el declive ético de una sociedad que nació como patria y referencia de los supervivientes de la Shoa y que en el mantenimiento de su fortaleza a cualquier precio toma decisiones que a medio y largo plazo la perjudican. Israel es hoy el principal enemigo de Israel. No hay visión a largo plazo y esto, como me dijo el historiador Ilan Pappé cuando le entrevisté en Haifa hace unos años, puede resultar suicida: “Somos como los cruzados, un cuerpo extraño que acabará expulsado de la zona dentro 100. 200 0 300 años si no somos capaces de crear amistades con nuestros vecinos”.
Otra palabra interesante, fuera de las prometidas por mi amiga, es kibush. Significa ocupación y por arte de magia política ha desaparecido del uso cotidiano. Ya no existen territorios ocupados, sólo territorios, sin adjetivo. Si uno lo emplea se convierte en un simpatizante palestino, como si éso fuese malo, en un activista, marino o terrestre y, peor, en un amigo de Hamás, grupo que ganó unas elecciones democráticas, igual que Benjamin Netanyahu.
De la perversión del lenguaje se llega a la perversión de las ideas. Sin ideas no hay ideales ni valores y es el final. Mantengo la esperanza en el 3% de las sociedades israelí y palestina que piensa como yo frente a un discurso dominante que no me gusta.