El problema no es solo Catalunya, es esta España troglodita
Saturday, 14 de September de 2013 por Ramón
Leo la prensa nacionalista (española) y escucho opiniones radiadas sobre Catalunya. Algunas no están tan lejos de los asaltantes del centro cultural Blanquerna en Madrid. Para mamporrear sirven las palabras, el odio militante.
Allá es más educado, solo se retuercen la historia, las realidades y los argumentos para que todo se acomode a la corriente independentista: una voz única, una sola idea. Aquí, en Madrid, se dicen muchas tonterías; en Catalunya, también. Se esfuman los espacios de entendimiento, de esfuerzo honesto por comprender la posición del otro.
Mientras, el Gobierno de Rajoy se hace el sueco (más quisiéramos que se lo hiciera de verdad) y aplica las recetas con las que afronta todos sus problemas, sean Bárcenas, Madrid 2020, la mafia de Valencia o la contabilidad B: la propaganda, el tancredismo. No es estrategia, sino incapacidad intelectual, política y moral.
El problema no es solo Catalunya, es esta España troglodita y necia que nos ha tocado padecer con brevísimas excepciones desde la Edad Media.
Un Gobierno inteligente -no es el caso en Madrid; tampoco en Barcelona- sería capaz de realizar una lectura acertada: un número creciente de catalanes desea ser independiente. La Diada de 2012 sirvió para escenificar un cambio colectivo de chip. Se ha perdido el miedo al vacío, a estar solos. La crisis económica, los recortes de todo tipo y el anticatalanismo militante de la derecha tardofranquista han obrado el milagro. Artur Mas se subió a un carro triunfal del que ahora no sabe ni puede bajar. ERC y una parte de la sociedad civil le han comido el terreno. Y no hablemos del patético PSC haciendo malabares en la nada.
No sé si esta excitación independentista es un suflé, como sostienen algunos. Ha pasado un año y la Diada 2013 ha sido tan rotunda como la anterior. Desde Madrid no percibo desinfle, más bien lo contrario. Algunos de mis amigos internacionalistas catalanes ya se mueven con la estelada al hombro. Además de la convicción, el entusiasmo -que es contagioso-, también hay miedo a quedarse fuera del grupo, ser señalado como antipatriota (palabra horrible, no importa el contexto). Pasó en Madrid con los Juegos Olímpicos.
Lo inteligente por parte del Estado sería aceptar el referéndum. Pactar una fecha más allá de 2014, para dar tiempo a conocer la opinión de Escocia. Consensuar una pregunta clara, directa, sin mensajes subliminales -“¿Quiere usted la independencia de Catalunya? Sí o no”- y unas reglas de juego para la consulta y para el día después. Si tiene que haber divorcio, que sea civilizado, como el que dividió Checoslovaquia.
El referéndum organizado por Mister Pesc para la independencia de Montenegro es el precedente más próximo, el que tiene más en común. Las condiciones pactadas fueron: 60% de participación y 55% de síes. Míster Pesc era Javier Solana. Ganó el sí por décimas.
Un Gobierno catalán inteligente no buscaría la confrontación. La declaración unilateral de independencia, como sugiere ERC si hubiera problemas para celebrar la consulta el próximo año, o unas elecciones plebiscitarias, como sugiere Mas, violan la esencia de la campaña en favor del derecho a decidir. ¿O no se trata del derecho a decidir porque ya está decidido? Catalunya no es Kosovo. Y jugar con esa idea es desconocer la historia propia y ajena.
Un Gobierno central capaz no atacaría la lengua, la cultura, ni los valores catalanes. Un Gobierno capaz no tendría este presidente ni muchos de sus ministros que han desempeñado el papel de pirómanos en este contencioso. Sobre todo Wert, el chico prodigio. Un Gobierno autonómico capaz no correría una cortina de humo con la esperanza de quedar impune de su corrupción e incompetencia.
El plan debería ser aceptar el referéndum y hacer campaña inteligente a favor del “no”. Explicar que el “sí” puede significar salir de la UE y tal vez del euro, perder inversiones extranjeras, aumentar la deuda, menos infraestructuras, etc. El Estado tiene derecho y el deber de defender sus intereses. La mejor forma sería ofrecer a cambio de la permanencia de Catalunya una renegociación de la Constitución, mejorar los repartos económicos y edificar un verdadero Estado federal.
Nada de eso va a ocurir antes de 2015 con este Gobierno mariano. Sería bueno empezar a trabajar en alternativas políticas capaces de solucionar problemas, no de crearlos.
Al comienzo de los años setenta le conté un chiste a mi padre, ex militar y franquista: “¿Sabes por qué España es Una, Grande y Libre?”. “No”, respondió sin intuir el sarcasmo. “Una porque si hubiera dos todos nos iríamos a la otra; Grande porque cabemos nosotros y las bases americanas y Libre porque existe libertad de prensa: cada uno puede comprar ABC en el kiosko que quiera”. No le hizo gracia, me acusó de estar en contacto con una célula comunista.
En eso estamos, esperando a la otra España, a la de Machado, Lorca, Chávez Nogales y tantos otros. Feliz semana.
