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A vueltas con el gran Labordeta

Soy de los que piensan mucho en la muerte y en cuál sería mi reacción ante la noticia de una enfermedad grave, de esas que tienen mala prensa y asustan. Incluso escribí una novela (Isla África) sobre este asunto que no sirvió de terapia psicológica sino para cargarme de razones sobre mi derecho a elegir. No es una manía reciente, producto de la acumulación de los años, sino que viene de lejos, de cuando tenía 18. Mi padre me regañaba culpando de mis desvaríos a la lectura de la obra de Kafka, mi escritor favorito de entonces, y a quien se han unido bastantes más.

Sé que esto se acaba, que la vida es finita. Lo sé desde antes de verlo en mucha gente que murió prematuramente en Bosnia-Herzegovina y en tantos otros sitios. Me emocionan las personas valientes, las que dan ejemplo cuando todo va viento en popa y cuando la travesía se torna dura y difícil. Por eso me gusta tanto José Antonio Labordeta. Ayer colgué en Facebook una entrevista publicada en El Mundo que me llenó de energía y ganas de pelear cada detalle insignificante. Os la recomiendo. Pero este post busca ir más lejos, quiere enseñaros algo más para sepáis de quién estamos hablando.

Labordeta es, para los que por edad o lejanía geográfica no le conozcan, una institución para la izquierda española. Fue uno de los principales cantautores durante el franquismo y en los primeros años de la transición, cuando todo estaba en el aire aunque muchos de los que hoy señalan con el dedo no se acuerden de cuáles eran sus posiciones ni qué cosas defendían. De sus canciones voy a elegir la más emblemática y si os gusta podéis googlear y bajaros otras en iTunes. Hay gente por la que merece la pena pagar:

Labordeta fue elegido diputado en las Cortes en 2000 y desde su inmensa minoría (era el único diputado de la Chunta Aragonesista) dejó numerosas pinceladas de dignidad y coraje, algo infrecuente en una clase política poco ocurrente y muy dada a la obediencia debida, que estar en la lista da para vivir sin pensar. Esta réplica fue de las célebres. Las risas son de los que comían caliente cuando se torturaba en este país. Creen que lo que dice Labordeta es una gracieta o una exageración. La memoria histórica sirve, al menos, para que se dejen de reír porque gran parte de la historia de España no tiene ninguna gracia.

Su despedida del escaño de diputado ante los periodistas parlamentarios fue grande, como lo es la entrevista que le sigue de Mara Torres.

8 de marzo, la lucha continúa

Detesto los códigos machistas de mando, el esto se hace así porque lo digo yo, porque me sale de ahí o de allá, o porque soy tu padre, hermano o jefe. Me inquietan las profesiones que se disfrazan para reforzar la podestas porque carecen de auctóritas. Esta es una sociedad patriarcal esculpida en dictaduras, infiernos y miedos al que dirán en la que muchos hombres se creen propietarios de mujeres que adquirieron en matrimonio y por ello no aceptan el cambio de roles. Somos una sociedad de prietas las filas, de quien se mueve no sale en la foto y obediencias debidas que teme a la libertad y al individuo. Todos esos miedos sólo producen una insoportable mediocridad ambiental.

No sé si la gran revolución pasa por perseguir el lenguaje (juezas, médicas, las vascas y los vascos de Míster Spook; de esto ya hemos discutido antes) y promover leyes de cuotas del 50% que terminan por producir personajes irrelevantes como la británica Catherine Asthron al frente de la política exterior de la UE; eso sí, nombrada por hombres no menos irrelevantes que arrastran siglos de inutilidad. ¿Por qué no una cuota de capacidad? Me conformaría con el 10%.

Las cuotas son gestos cosméticos que ganan votos pero pierden batallas pues además de esas medidas son imprescindibles profundos cambios estructurales en la educación de los niños y los adultos. Desde el nido, desde el rosa y azul que nos divide en tribus de colores con derecho a tal y cual sentimiento.

Me gustan los hombres que lloran, que sienten y lo manifiestan porque la gente real que se muestra me resulta fiable. Detesto a los hombres (y las mujeres) objeto que buscan otro objeto para la colección y también a los machos que exhiben arrogancia cuando es sólo cobardía.

Creo en las parejas libres en las que ella o él están allí porque desean estar aunque tarden en decidir y tienen la libertad para entrar, comprometerse y salir. Huyo de las parejas-cárcel porque no tengo tiempo ni ganas de ser carcelero. Odio a los maltratadores físicos, emocionales o psicológicos. Me asquean el abuso de poder y la injusticia. Y la violencia en cualquiera de sus formas; por eso, quizá, mi trabajo es viajar hacia ella para escribirla en una crónica o en un reportaje e impedir que sea invisible, es decir, impune.

Hoy es 8 de marzo y no hay razones para el optimismo. No son sólo las estadísticas que se acumulan, son las miles de historias individuales de mujeres que padecen en México, Guatemala, Haití, Reino Unido, Suecia o España. Hoy pienso en las mujeres africanas condenadas a una lucha diaria y desigual en la que su jornada de trabajo no remunerado gira entorno a la búsqueda de un agua lejana y poco salubre. Lo que a ellas les roba horas de vida, a mí me cuesta apenas unos segundos. Esta es la diferencia inmoral que nos separa. A ellas las condena a la supervivencia; a nosotros, mujeres y hombres del Primer Mundo, nos regala tiempo para el ocio, la educación y los sueños.

Para vosotras, por nosotros:

La noche mágica de los Oscar

Los de izquierdas siempre hemos sido víctimas de ciertos prejuicios. Aún recuerdo cómo muchos sostenían que Clint Eastwood era un fascista por películas como Harry el sucio; son los mismos que ahora lo alaban y encumbran. Algo parecido sucede con el cine estadounidense. Si no dices que Avatar es una porquería puedes pasar por un centrista peligroso. A mí me gustó y mucho, aunque sea un pastelito. ¿Es grave? Tampoco nos gustaba (de boca para afuera) la gala de los Oscar y despreciábamos ese tipo de películas entretenidas, bien hechas y que te dejaban de buen rollito. Lo nuestro era el Alphaville y el insufrible Fassbinder.

Yo, lo confieso, disfruto desde hace muchos años. Me río con los excelentes guiones que dicen los presentadores y admiro el sentido del espectáculo que tienen los estadounidenses. Este año he visto casi todas las películas y tengo mis favoritas. No es un porra ni habrá premio para el ganador@, pero podríamos jugar un poco a las adivinanzas. Ésta es mi lista.

Mejor película: Up in the air. Soberbia, redonda. No le falta ni sobra nada. Segunda opción: The hurt locker (En tierra hostil).

Mejor director: Kathryn Bigelow por En tierra hostil. Sería la primera mujer en ganar este premio.

Mejor actor: George Clooney por Up in the air. Tiene un aire Gary Grant fantástico.

Mejor actriz: Gabourey Sidibe en Precious.

Mejor actor de reparto: Christoph Waltz en Inglourious Bastards (Malditos bastardos). Lo mejor junto a los 10 primeros minutos del filme.

Mejor actriz de reparto: Vera Farmiga en Up in the air. Quedé fascinado por todo. ¿Alguien tiene el teléfono?

Se me olvidó: Mejor película extranjera: Das Weisse Band (La cinta blanca) de Michael Haneke. Tampoco me importaria El secreto de sus ojos.

Zapatero se ve como el nuevo Mandela

Me cuentan que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha tenido una doble visión: el equipo de fútbol de España se proclama en Suráfrica campeón del mundo de fútbol y él gana las elecciones.

Fracasada la presidencia de la UE, que sólo ha servido (de momento) para poner en el mapa de la prensa internacional las dificultades y los fallos estructurales de nuestra economía, y sin la esperadísima aparición en Madrid de San Barack Obama, ZP se ha quedado sin bazas de pirotecnia tras su annus horribilis en el que ha perdido el apoyo de los sectores clave de su electorado: jóvenes y obreros.

Su ilusión por una victoria de la selección de Vicente del Bosque hace sospechar que ha visto Invictus, la película de Clint Eastwood en la que relata cómo Nelson Mandela se valió de la selección de rugby para cohesionar su país tras años de apartheid y represión. Sentirse Mandela son palabras mayores. Es mejor que vea En tierra hostil (The hurt locker) de Kathryn Bigelow. Se ajusta más a la realidad.

Circula desde hace años una teoría: los gobiernos de ZP tienen un problema de comunicación. Cada vez que surgen dificultades en las encuestas se culpa a la gabinetes de prensa de La Moncloa o de los ministerios, incapaces al parecer de generar amables realidades paralelas sin desempleados, editoriales del Financial Times y elecciones inoportunas a la vista. Puede que la teoría fuese cierta en algunas iniciativas concretas en la primera legislatura, pero en ésta los problemas son mayúsculos: no hay política que vender y el Gobierno está noqueado. Es muy difícil comunicar criterio donde sólo hay zigzag y desconcierto.

Tampoco parece el PP muy sobrado de mensaje más allá de su irritante catastrofismo con un cierto poso antidemocrático: todo mal, todo peor hasta que dimita el pérfido ZP (“váyase señor González” bis) y otro PSOE aplique sus recetas mágicas, de las que sabemos poco más allá de unas cuántas generalidades calculadas para no perder un solo voto. Debería el PP analizar con lupa los inesperados problemas de David Cameron en el Reino Unido: el pesimismo como bandera política harta a un votante que necesita esperanza.

Propuestas contra la molicie

Un libro: Seguiremos informando (Catarata). Sale a la venta a mediados de este mes. Lo ha coordinado con gran paciencia y tino Aurelio Martín. Recoge textos de los 25 premios Cirilo Rodríguez y las biografías de los ganadores escritas por los ganadores. Los cruces pueden ser divertidos e interesantes. Escriben también, entre otros, Pedro Altares, alma máter del premio y maestro de periodistas, fallecido en diciembre de 2009, y Enrique Meneses, uno de los grandes que merecería más admiración y cariño de los que le damos.

Una película: En tierra hostil (The hurt locker) de Kathryn Bigelow. Apuesto a que será la primera mujer en lograr el Óscar al mejor director. Tiene muchos matices y frases geniales (“acabamos de crear un insurgente”). No es sólo una película de guerra. El manejo narrativo de los tres personajes centrales es extraordinario. Me encanta el héroe adicto al peligro y la manera seria, inconsciente, profesional y casi humorística que se enfrenta a él. Me gusta cómo Bigelow muestra su tortura interior en la escena de la ducha. Imprescindible. Y si has estado en Irak, más.

Un link: Mente Ottica de la fotógrafa freelance italiana Ilaria di Baggio. Grande.

Una canción: Después de Puerto Príncipe tembló Concepción y gran parte de Chile. Aunque el segundo terremoto fue 800 más fuerte y produjo un maremoto, los daños en uno y otro representan la diferencia abismal entre el Tercer Mundo y el Primero. Vi hace muchos años a los hermanos Parra en Madrid. Fue un concierto lleno de emociones al que se sumaron Quilapayún e Inti Illimani. Esta canción es para ese país al que me siento muy unido desde el 11 de septiembre de 1973. De haber nacido chileno, sería a buen seguro un desaparecido. Se llama Cuartetas por Diversión:

Una sonrisa: Visto en El Descodificador de Javier Pérez de Albéniz (enhorabuena por el premio Blasillo). Este vídeo nos muestra un ejemplo de periodismo de primera por parte del hombre que decía aquello de estas son las noticias y así se las hemos manipulado (perdón, contado). No hay nada como ser liberal para liberarse de ciertas ataduras de la ética. Esperanza Aguirre es así de bromista:

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Una frase: “Parezco condenado a empezar siempre de nuevo”. (Graham Greene vía Cecilia Ballesteros)

Un inclasificable: Canción última de Miguel Hernández:

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa
con su ruidosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.

Una reflexión: Una amiga trató de educar a su hijo delante de las imágenes del terremoto de Haití. Le explicaba cada día lo que era la pobreza y para qué servía la ayuda recogida en su casa. El niño preguntaba cada mañana por los habitantes de aquella isla hasta que dejó de salir en la televisión. “¿Por qué ya no hablan de ellos? ¿Ya no hay pobres allí?”, preguntó el niño. Chile sustituye a Haití en la vorágine. Pronto otro país reemplazará a Chile en nuestra cadena de olvidos.

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