Cuba, cuando disentir es un delito que mata
Sunday, 14 de March de 2010 por Ramón
No me gustan las dictaduras ni los imperios ni los países que van por el mundo como machitos con pistola. Tampoco me gustan los que explotan a otros, los que roban, esclavizan inmigrantes y practican la discriminación y la xenofobia. Hoy quiero escribir de los primeros, de un país que la izquierda democrática idealizó en los años sesenta y que tenía iconos muy atractivos como Ernesto Che Guevara. Había motivos para esa admiración en un mundo sumido en una Guerra Fría en la que se congelaron los sueños y unos cuantos valores hasta que una rebelión paulatina y global comenzó a despertarlos: los dos Kennedy y Martin Luther King en Estados Unidos; la Primavera de Praga, el Mayo francés y las guerrillas latinoamericanas que luchaban contra dictaduras, terratenientes sin escrúpulos y unas multinacionales que ponían y quitaban presidentes.
Las revoluciones son necesarias y hermosas pero duran tan poco como las burbujas del cava. Unas semanas después, pasada la euforia, se empiezan a copiar uno a uno los defectos del derrocado. Cuba es un ejemplo de lo efímero que es la lucha por la justicia y la libertad. Una vez alcanzado el poder cambian las personas y a veces el decorados, nunca las reglas. No quiero sacar esos primeros años de su contexto histórico ni juzgar a personajes mitológicos como el Che con ojos actuales. Sería injusto. Pero sí quiero juzgar por lo veo ahora y no me gusta: una dictadura exhausta, corrupta, encerrada, sin ideas e incapaz de ser valiente y generosa con los que disienten y con la población que los padece desde hace tantos años. No es síntoma de fortaleza mostrarse fuerte. Sucedió en la España de Franco con Puig Antich y Heinz Ches, primero, y con los cinco ejecutados en septiembre de 1975, después.
No conocí a Orlando Zapata. No sé qué piensa ni de qué disiente, sólo sé que la opinión no es un delito y que su muerte me afecta, me disminuye y me subleva. Tampoco conozco a Guillermo Fariñas, pero ya lo siento uno de los míos por el simple hecho de que no es de los suyos.
Enrique Meneses, gran conocedor de los hermanos Castro y de Cuba, pues estuvo con ellos en Sierra Maestra antes de tomaran el poder, escribió un texto estupendo y clarificador en su blog. Cuando un maestro como él escribe, los alumnos como yo, copian y callan:
No consigo evitar la comparación de vuestra historia inicial, la tuya, la de Raúl y la de tantos otros, con la de los que disienten en la Cuba de hoy. Un incruento golpe de Estado de Batista, en 1952, te empujó a alzarte en armas contra el dictador que violentaba la Constitución. El 26 de julio de 1953, era domingo y doscientos hombres bajo tu mando se disponían a asaltar el Cuartel Moncada de Santiago de Cuba aprovechando que buen número de soldados andaban bebidos por las fiestas del apóstol, patrón de Santiago de Cuba. Hubo muertes por ambos lados y el asalto terminó en un fracaso. Los supervivientes quedaron en manos de Batista. En el juicio proclamaste que “la Historia te absolvería”. Ahora, existen serias dudas.
El ataque a un cuartel, por parte de dos centenares de civiles, con soldados muertos, fue un bombazo en medio del indolente Caribe. Es lo que buscabas para atraer la atención sobre la usurpación del poder y el atentado a las libertades por parte del ex-sargento, Fulgencio Batista Zaldívar. Te defendiste tu mismo como abogado y la intervención de Monseñor Pérez Serantes, Arzobispo de Santiago, que te había bautizado, te salvó la vida. Tuviste un juez imparcial, Manuel Urrutia Lleo, que nombrarías Presidente de la República en enero de 1958.
Orlando Zapata Tamayo, de 42 años, murió tras 86 días de ayuno en protesta por el trato que se da en la prisión de Kilo 8 de Camagüey a los presos de conciencia, muchos de los cuales cayeron en las redadas de 2003 y que, como en el caso de Orlando, sumaban hasta 25 años de cárcel por expresar opiniones diferentes de las del régimen. Recuerdo que en 1953, los supervivientes fuisteis encarcelados en Isla de Pinos donde no pasasteis más de 19 meses tu y unos cuantos más de tus compañeros del Moncada. Hay que recordar que produjisteis muertes entre los soldados. Vuestras condiciones de vida en el penal no fueron tan malas cuando creaste la Academia Abel Santamarí en la que, como único profesor, adiestrabas a los hombres llamados a seguirte al exilio mexicano en Mayo 1955.
Más en Fidel, la Historia no te absolverá.

