Srebrenica, disculpas, responsabilidades y olvidos
Wednesday, 31 de March de 2010 por Ramón
Pedir perdón no resucita los muertos. Es sólo un paso para despertar a los vivos, a una parte de la sociedad serbia que mantiene que Srebrenica es un crimen más de los muchos que hubo, y no un genocidio, y que en el caso de que fuera cierta la matanza debieron ser muchos menos de 8.000. Srebrenica fue la peor masacre de la guerra de Bosnia-Herzegovina y la mayor en suelo europeo desde el final de la II Guerra Mundial. Está documentada por la justicia internacional.
El Parlamento de Serbia aprobó en la noche del martes una declaración de condena de la matanza de Srebrenica que parece más una obra de delicado equilibrio balcánico que una resolución de condena de lo ocurrido. En ella se pide por primera vez perdón a las víctimas por no haber hecho más en prevenir la tragedia, pero no se reconocen culpas. No fue un gesto unánime: de los 250 diputados 101 se ausentaron, 127 votaron a favor, 21 en contra y uno se abstuvo. El camino de la catarsis que necesita Serbia, que en los años noventa empezó cuatro guerras balcánicas y las perdió todas, ha comenzado pero con sordina.
El texto aprobado es un ejemplo del miedo colectivo a enfrentarse con la verdad. Natasha Kandic, la principal defensora de los derechos humanos en Serbia y enemiga pública de los ultranacionalistas, dijo ayer: “Se ha perdido una ocasión histórica de admitir nuestras culpas y distanciarnos del pasado”.
Una parte significativa de la sociedad serbia quiere mirar hacia adelante, a la UE, y reconoce los errores y crímenes que Slobodan Milosevic y su mujer Mira Markovic cometieron en su nombre. Otra sigue anclada en mitos medievales, discutiendo sobre la responsabilidad de los otros en la derrota ante los turcos en la batalla de Kosovo Polje en 1389. La manipulación de los mitos y las emociones forma parte de un juego político en el que se disputa poder, es decir, acceso al dinero. Es lo único que está en liza, nunca los valores.
No sólo es Serbia. Hay también responsabilidad, y bien grande, de Holanda, un país exportador de ética y tolerancia cuyos cascos azules, que defendían el enclave protegido de Srebrenica, no cumplieron con su deber y dejaron abandonados a miles de civiles. Mientras que sus soldados bailaban en la base de Zagreb por su hazaña de sobrevivir a un no combate, las tropas del general serbobosnio Ratko Mladic asesinaban a 8.000 varones musulmanes. Este vídeo es demoledor, es la imagen de la cobardía:
Hay responsabilidad en la ONU que no envió ayuda, sólo un par de aviones de combate que lanzaron unas bombas para hacer ruido y se fueron. Es responsable el secretario general de Naciones Unidas de entonces, Butros Butros-Gali, y de sus incompetentes jefes civil (Yasushi Akashi) y militar (general Bertrand Janvier) que comunicaban en privado a Radovan Karadzdic que ni la ONU ni la OTAN actuarían contra ellos.
En julio se cumplen 15 años de aquella tragedia. Estuve allí hace cinco y escribí Un infierno llamado Srebrenica. Recomiendo este gran reportaje de la BBC Four: extraordinario, estremecedor. Cuelgo la primera toma y los que tengan interés pueden ver lo que sigue en la segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima, octava y novena. ¡Merece la pena! Después, poco a poco, emergió la verdad. El periodista del Christian Sciencie Monitor, David Rohde, ahora en The New York Times, fue el primero en descubrir las fosas comunes.
Un libro para comprender: Postales desde la tumba de Emir Suljagic (Galaxia Gutenberg).
Quince años después lo peor es que no hemos aprendido nada. El genocidio se repitió multiplicado en Congo, Darfur… y aún seguimos reunidos cumbre tras cumbre buscando los sinónimos adecuados para esquivar nuestra responsabilidad. También somos culpables y deberíamos pedir perdón.
Bijelo Dugme, la legendaria banda de rock yugoslava dio tres grandes conciertos en 2005 de los que aún se habla en los Balcanes. Tocaron en las capitales de la guerra: Zagreb, Sarajevo y Belgrado y todos los ex yugoslavos que fueron a esos eventos cantaron y disfrutaron y nadie, salvo los idiotas, se acordó de su maldita tribu, de sus odios y sus pompas.