Javier Krahe ya no puede cocinar
Monday, 24 de May de 2010 por Ramón
Mal están las cosas del hablar en España cuando una receta divina acaba en los tribunales con petición de pena de 192.000 euros. Sé que los asuntos de la fe son delicados porque hieren sensibilidades, que no razones. En cuestiones tan severas tampoco hay espacio para el sentido del humor y la crítica. Adentrarse en ciertos desafíos puede costar algo más que un disgusto en otras religiones, y también en la católica, que no hace tanto se quemaba por un quitame de aquí unos planetas. Frente a los tabúes está la libertad de expresión. Son varios los casos recientes de conflicto (viñetas danesas, Souh Park…). El último es un dibujo de Zapiro publicado en el diario surafricano Mail & Guardian, que generó protestas callejeras en varios países y el cierre temporal de un canal de Internet.
España no es Pakistán, aunque lo fue hace un par de siglos, no lo olvidemos. Y después de todo lo que ha llovido, la autoridad (in)competente puede empitonar a Javier Krahe por unas imágenes rodadas en 1978, un poco antes, durante o recién después de aprobarse la Constitución, en las que explica una receta de cocina peculiar: un cristo al horno. Su emisión parcial en un programa de Canal + en 2004, ¡26 años después!, ha servido para que una organización talibán llamada Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro le ponga una querella y un juez ocioso la mueva para salir en los papeles y que le feliciten en sus reuniones de lectura colectiva de wikifacha.
En un comunicado hecho público, los acusadores, émulos de Falange Española, consideran lo ocurrido como “un triunfo en defensa de la verdadera libertad religiosa” y añaden : “En esta ocasión la justicia no podía dar carpetazo. Es la primera vez que se aplica en España el artículo 525 del código penal”.
Supongo que la verdadera libertad religiosa podría cubrir también los casos de miles de niños violentados desde la autoridad del confesionario.
La persecución judicial de la receta de Krahe, a la que Manolo Saco pone varios y acertados reparos culinarios, llega en un momento garzoniano para España en el que se debate si fue una buena idea abrir (tímidamente) la desmemoria histórica o si debimos continuar caminando con la cabeza ladeada. Soy partidario de la memoria y el perdón mutuo y de la ventana abierta de par en par y cambiar las sábanas, que éstas huelen un poco a España negra y a España sectaria.