Me gustaría compartir estas dos enormes y divertidas lecciones dictadas por dos grandes periodistas (y amigos). Si unes estas entradas a la mía de ayer, en mi caso escrita en un tono menor, tendrás un buen ejercicio de calentamiento (con perdón) para el fin de semana que nos aguarda y que espero grande.
Escribe Ramiro Villapadierna en ABC:
La leyenda del pulpo Paul crece por momentos y no hay día que no reciba cientos de correos electrónicos, como lo oyen, a la espera de su intercesión en alguna opción vital; pero no, pese a las peticiones de parte, no va a ser entrenado para predecir loterías, elecciones ni el cambio climático.
En la patria que dio a luz a Nietzsche, el que notificó al mundo la muerte de Dios, se ha terminado creyendo en un pulpo, al menos entre la parroquia de la nueva religión del fútbol.
Si bien sea dicho en defensa del cefalópodo que, éste del acuario de Oberhausen, ha puesto su empeño como profeta de la secta y tiene nada menos que un 100 por cien de aciertos en sus augurios sobre el Mundial; ya se conformarían con la mitad de tal tino los gurús de la crisis financiera.
El proceso religioso entraña la siguiente ciencia: a Paul se le pone su comida en sendos contenedores, cada cual con el color de la bandera del equipo en liza; y él opta por comer primero de uno o de otro, determinando así los augurios que aguardan a las partes contratantes del encuentro en ciernes.
Y Enric González en su blog mundiatista en El País, 10 Dibuje Maestro:
Este Mundial le ha devuelto a uno la fe en unas cuantas cosas.
Uno creía, por ejemplo, que quienes se atrevían a hacer predicciones eran necesariamente tontos o deshonestos. Entre los tontos me incluyo yo, convencido como estaba (lo dije hace unos días) de que Argentina iba a ganar a Alemania y a España. En algún otro lugar opiné también que Ghana iba a ser la revelación y que Milito o Villa iban a ser los máximos goleadores: subrayo mi acierto con Milito.
.Cabe el consuelo de que hay casos peores. Ahí está Moody’s, una empresa cuyas acciones suben con brío mientras escribo estas líneas.
Moody’s se dedica a valorar activos financieros. Es decir, pronostica si unas acciones tenderán a subir o bajar, o si unos bonos valen mucho o poco, o si una deuda pública es segura o insegura. Uno de los propietarios de Moody’s es el inversor más famoso del mundo, Warren Buffet: debe ser muy útil, cuando te dedicas a comprar y vender por miles de millones, tener mano en una de las sociedades que deciden los precios.
El pulpo Paul ha hablado, a su manera, claro: España ganará el Mundial y Alemania quedará tercera. Esperemos al domingo. Creo que más que pulpo, o lince, que también podría ser, este Paul es pulpa y Paulina porque tanta complejidad mental no es de machos. Y lo digo yo, que sé de qué hablo. Por lo demás dejo intacto el resto del post, tal y como nació en la madrugada entre vapores y recuerdos.
No tengo idea de lo que vaticinará el pulpo Paul sobre la final del Mundial. No la tengo porque no soy pulpo sino lobo. Pero sí sé que existe una gran movilización entre la clase política mundial y que muchos de los líderes, Zetapeta y Obama entre ellos, desean contratar a Paul para tenerlo en su despacho de mando en plaza para el cefalópodo decida sobre cosas menos transcendentes, como la reforma laboral, la subida de la edad de jubilación, la multa a BP o la presencia de símbolos religiosos en las escuelas.
En todo Mundial surge una estrella por la que los clubes más presuntamente adinerados se parten la deuda. En esta edición no será Özil, como parecía, aunque tendrá lo suyo, sino Paul. ¿Cuánto puede costar el fichaje de un visionario capaz de leer el futuro con tanta claridad pese a la suciedad de la pecera? Ya me lo imagino en La Moncloa eligiendo entre varias cajitas: 65, 70, 80 o 150 años. Hablo, claro, de la edad de jubilación. Es escandaloso que un Gobierno de supuesta izquierda tenga que parecer de derecha por la manía que ha cogido la gente de vivir demasiado.
Si Paul nos elige y acierta, futbolísticamente, el Gobierno debería decretar una moratoria de un año: ni un solo pulpo en un paladar español. Me parece increíble que haya gente capaz de comerse uno en un bar y renunciar así a conocer un detalle trascendental de su existencia y correr después a leer el horóscopo basura en cualquier publicación, sea de tres al cuarto o gratuita. Seamos serios. Donde esté un buen bicho con la cabeza en su sitio que se quiten los Rappel que cuando llegan a una fiesta de la jeta-set necesitan preguntar cuál es su sitio.
Será delictivo que todo un país solo hable de estas cosas absurdas con la que está cayendo pero hay otra mucha gente que cree en otras mucho más inverosímiles que encima reciben subvención estatal.
Al nuevo himno de España (Suspiros), propuesto ayer aquí, me uno hoy al movimiento pro cambio de bandera en favor de esta ideada por Forges:
Miles de personas han salido a las calles de muchas ciudades para bañarse en las fuentes públicas. El pretexto, su alegría por la selección, pero la razón verdadera es este maldito calor. No sé si en Catalunya y el País Vasco hace tanto o los nacionalismos periféricos refrescan lo suficiente el ambiente como para que las celebraciones sean algo más contenidas y discretas.
He visto el partido en la redacción del periódico. ¡Qué ambiente! Hemos gritado, aplaudido y festejado. Estas cosas unen mucho y es bueno que así sea pues los tiempos bajan revueltos. Creo que he dado y me han dado todos los abrazos de la semana, más de 28.
Resulta extraño que seamos capaces de encontrar símbolos (puntos de unión) en el rodar de una pelota y no en siglos de historia más o menos común. Nos sucede como a los Balcanes, hemos saltado de una tradición mitológica oral a otra de transmisión televisiva. No hubo Gutemberg, es decir la comprobación empírica de los hechos. Quizá ésta sea también una explicación de las diferencias entre gran parte del periodismo español y el anglosajón.
Aún suenan bocinazos en la calle y algunos gritos. Decía antes en las redes sociales que veo más banderas en los balcones de Madrid que en el día del Corpus en los tiempos del Franquismo. Es un avance. Es como si el juego de la Roja -un delicatessen ayer noche- hubiese limpiado la bandera borbónica de pesadillas históricas, esa que se apropió el PP del hombrecillo insufrible junto a ministro Contable, Federico Trilero, y que colocaron cuadruplicada en la plaza de Colón. Los jóvenes no hablan de la Guerra Civil, prefieren el presente: contratos basura, precariedad laboral y unos políticos fuera de su realidad (y de la mía).
Quizá un eventual triunfo (respetemos a Holanda, que nos puede ganar) el domingo suponga un salto mental para este país, nos de confianza, potencie nuestra capacidad de lucha y sufrimiento, de competencia. Pero este Mundial no lo gana el primer mundo, sino el made in China que se multiplica en banderas (cualquier bandera) y en las vuvuzelas.
Sigo sin aire acondicionado en el salón. Hoy vinieron de visita los del servicio técnico y me dejaron un presupuesto de más de 350 euros y la promesa de volver. Aquí sigo repantigado con mi sueño de Marilyn Monroe sentado enfrente y que hoy se ha cambiado de ropa, del blanco del día anterior, al rojo de la selección. Ahora sonríe y me promete el doble de lo que pueda publicitar la avispada de Larissa Riquelme. Creo que me voy a ahorrar los euros y quedarme con Marilyn. Por lo menos hasta que hable de nuevo el pulpo Paul (que no es alemán, sino nativo de Mallorca, donde debió ser secuestrado).
Feliz día a todos los que hoy se levanten muy felices y a los demás, doble ración de buenos deseos. Me gusta esta canción como himno nacional.
Cae un calor de plomo, de los que te abren la cabeza. Me asomo a la ventana como un pez fuera de la pecera en busca de una brizna de aire. Los tejados de Madrid parecen hornos que echan humo y alguna que otra maldición. A lo lejos, miles de luces sin barcos. Más que mar podría ser el desierto de Sonora tras pasar por las manos insaciables de una banda de enladrilladores. No funciona el aire acondicionado del salón. Es la teoría de la tostada: si fabricas medios de comunicación previsibles la gente abandona esos medios y se instala en Internet. Creo que la teoría era otra, pero es este sopor el que me hace tener visiones. Ahora, por ejemplo, tengo sentada delante a Marilyn Monroe con el traje blanco y las faldas levantadas. Parezco Tom Enwell, de La tentación vive arriba.
Hace calor y tampoco me gustan los martes. Acaba de ganar Holanda 3-2 a Uruguay y siento vengada la derrota injusta de Ghana pero me dan ganas de abrazar a Eduardo Galeano. Dos ríos de sudor me caen por la sien en busca de un mar que ya no existe. En días así pienso en África, en las noches estrelladas de Freetown cuando el runrún de los generadores enmudece a los pájaros y silencia las conversaciones de las personas en la calle. África es una mezcla de runrunes y silencios. Donde calla la máquina habita la pobreza extrema.
Echo de menos ese continente. A sus gentes. Miro por los barrotes de la cárcel de mi casa y no siento la brisa ni huelo el pescado en salazón ni veo ese sol grande y naranja hundiéndose en el océano para nacer cansado en otro mundo. En los días así, en los que el sueño se vuelve esquivo, me gusta escuchar música, de esas que dan ganas de bailar. No refresca pero ayuda a que cada sueño bañado de sudor se transforme en uno de pasión y sexo. Aunque sea con Marilyn tantos años demasiado tarde.
No es fácil el tránsito brusco entre una playa de ensueño, por muy ventosa que se manifieste, y Madrid, y más aún si aquí te aguarda el desempleo, un trabajo de empleado público con rebajas o una plantación cualquiera con su “un, dos, un, dos” y demás infantería. Las vacaciones, y más si son mínimas, de fin de semana, representan un narcótico, una droga extraordinaria que permite ver, sentir, oler y palpar el paraíso.
Ahora me siento noqueado, con la lengua abultada moviéndose dentro de los labios buscando el sabor de la sangre y el tacto del labio partido. No es sencillo transitar de la felicidad a la incertidumbre, entre lo que uno es y lo que le gustaría ser, sin demasiadas magulladuras. Pero estas bruscas mudanzas, pese a sus efectos secundarios, son necesarias para despertar y vivir, para que la molicie que es la peor de las muertes, la muerte lenta de aburrimiento, no se instale en el salón de tu casa y decida qué es sonrisa y qué llanto.