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El camino se hace al andar

La última foto conocida de Federico García Lorca, tomada por David Seymour dos meses antes de su muerte, me ha dejado revuelto. He pensado en otros poetas asesinados, de enfermedad carcelaria como Miguel Hernández, o de exilio como Antonio Machado. Hoy he viajado en el Metro con Caballero Bonald. Leía un revista. El paso de cada pagina llevaba impreso el sello de la elegancia. Al bajarse en Banco de España dejó atrás una fragancia exquisita.

Pienso en la gente que decide no caminar por miedo al camino. Pienso en Ítaca, en los que se pierden zarandeados por la prisa, los que corren tanto en pos de un objetivo que no saben lo esencial: la verdadera riqueza no está en el final sino en el camino de Cavafis, a veces duro, difícil y doloroso, en el nuestro personal, en el que algunos arrastramos yunques. Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Caminas y en cada paso construyes mundos, como Zobeida de Italo Calvino, una ciudad creada por miles de hombres que soñaron una mujer.

Camino porque deseo caminar. Es la primera piedra, el primer paso. Yo amo los mundos sutiles… Reuno a decenas de poetas convertidos en palabras hermosas que revolotean como pájaros. Busco a tientas una canción que suena en mi cabeza desde hace días. Canciones-acuarela, canciones que pintan, como las palabras que vuelan, cada uno con sus pinceles fabricados de miedos e ilusiones. Al volver la vista atrás se ve la senda que nunca más se ha de pisar. Golpe a golpe, cuerda a cuerda.

Tengo todos los vicios

Tener dos blogs es como tener dos mujeres, con perdón. Soy pues bibloguista; desconozco si se trata de un delito en los países católicos, tan dados a la unidad. Un amigo del periódico me dijo que para escribir un blog había que tener mucho ego y que yo debería estar sobrado al duplicarme. A veces me siento como Vittorio De Sica que llegó a tener mujer y dos amantes simultáneas con las que comía todos los días, eso sí, a horas diferentes. Hay que tener estómago para tanta pasta.

Un blog no me da de comer y el otro es mi trabajo. En ambos encuentro placer. En el de Aguas Internacionales, que nació a finales de julio para desentumecer músculos aunque echó a andar el 1 de septiembre, escribo sobre política internacional y alrededores. A veces abundan los comentarios. Los hay muy buenos, que aportan links y reflexiones de interés o en los que el lector corrige erratas o protesta por una redacción confusa. Un tercer bloque ataca como si los comentaristas fuesen un grupo organizado. Sucede cuando escribo de Estados Unidos y Obama. Me llaman manipulador, mal periodista, comunista, seguidor de Fidel Castro, drogadicto (no especifican si duras o blandas), borracho y alguna lindeza más. Como cada insulto cuenta como vista para el periódico me callo. Además respeto su libertad de expresión, algo en lo que ellos no creen. Los comentarios de esta Boca del Lobo son más cálidos, a veces cañeros, de amigos. Un oasis que agradezco.

Hoy tengo palabras pero sigo sentado en un alambre que se balancea, como Pinito del Oro. A veces pienso en el riesgo del batacazo desde allá arriba y en que si me caigo me dejaré huesos y cristales. Pero estoy decidido a ponerme de pie y caminar. Con el tipo que se me está quedando soy capaz de ir y volver en una sola pierna. Así de chulo. ¿Lo veis?

Una amiga especialísma colgó este vídeo en Feisbuk. Lo comparto con vosotros. Es mi canción esta noche:

Palabras, vacíos, músicas

Hoy me quedé sin palabras. Vacío. Abrí un tarro y solo encontré una en su interior. Era una palabra corta en un idioma que no entendía. Busque en los libros golpeándolos en el lomo. Ninguno contestó. Más que libros parecían muros. Fui a la zona de los libros fundamentales y me anunciaron que estaban en huelga de sentimientos. Me senté en la cama bajé los brazos y sentí un peso enorme en los brazos. Sin palabras busqué músicas para poder dormir. Encontré una que siempre me llena. Esta vez no lo logró, pero al menos taponó la vía de agua.

La ausente que habla

Hoy seguí a un tipo que hablaba solo por la calle. Caminaba acompañado de un ausente con quien departía de fútbol. Le fue dando el parte de la última jornada. No destacó tanto la entrada brutal a Messi (repetida una docena de veces por Cuatro), no menos que algunas de las sufridas por Cristiano o el Kun, sino el hecho comprobado de que Florentino Pérez es gafe. Para el hombre con un ausente adosado esta era la explicación más razonable al último desatino: que el entrenador mejor pagado, The Special One, pretendiera distraerse de sus funciones de mejor constructor de equipos para entrenar a su país en dos partidos llevado por el patriotismo. Lo patriótico sería que la Federación Portuguesa le pagase el sueldo de esos días o que contribuyera a las fichas de Pepe y Carvalho. El ausente debía dar la razón al hombre porque este respondió: “Eso mismo digo”.

Yo no hablo por la calle, prefiero hacerlo en casa, a solas, en la intimidad, como Aznar con el catalán. Por ejemplo, hablo mucho con el televisor cuando está encendido y salen gentes cuya cara me suena sermoneándome sobre la crisis.

Hoy he visto a Pajín miteneando sobre los servicios mínimos y a Cospedal de la combinación de derechos. Me gusta esta Cospedal y no por lo que dice, sino por lo que calla. Debe ser una mujer de armas, de las que dan miedo. Es curioso escuchar a los peperos antes de la huelga general. Es algo esquizofrénico: rechazan y aplauden. He visto también en la televisión el féretro con los resto de Labordeta y he pensado en la cantidad de gente que se silencia cuando aún tiene tanto que decir y lo poco que callan los nada dicen siempre. Estos días he situado la imagen de Martínez Pujalte, más cerca de La Escopeta Nacional que de una presunta señoría, junto a la de Labordeta y yo, que quieren que les diga, ya sé a quien voy a votar en las elecciones. Sacaré una papeleta y escribiré: Voto honestidad. Será revolucionario.

Maletas y sabores en el tren de regreso

Tren de regreso. Vagón vacío. Somos tres pasajeros. No sé si es la crisis o existen recorridos que casi nadie hace, los off-off, como en los otros Broadway. Vivimos en manada y en manada nos movemos. Hay un miedo atávico a la soledad porque sabemos que se muere en ella. Hay viajes en los que sobran las maletas porque las cosas que valen la pena no se guardan en cajas ni en compartimentos. Son sensaciones, sentimientos, memorias, canciones que bullen alimentándose de ti y alimentándote. Creciéndo desde lo más profundo y multiplicándose en una forma de vida mejor, más ancha y profunda. Viajo con Miguel Ríos en la retina y en los oídos, junto a su carrera, larga y honesta. Viajo con José Antonio Labordeta en el corazón y en la mochila. Me gusta la gente digna porque me recuerda que existen valores que defiendo y merece la pena defender aunque me salga de la manada. Valores que son faros en un mundo de indignidades y ventas personales. Viajo lleno de olores y sabores. En las manos, dentro de la boca del lobo, donde compiten con un aceptable desayuno de Renfe. Viajo con el tiempo revuelto, revolvío como dicen en Andalucía, de atrás pa’lante y al revés en un juego de niñas, el tejo se llama, que trae loco a mi calendario y no menos a mi cabeza. Pese a los excesos gastronómicos y alcohólicos del fin de semana, la báscula ha sido generosa esta mañana. Me encantan las básculas que saben comerse kilos, esconderlos en un pliegue, solo por darme una alegría y animarme a no dejar el gimnasio. Si esto sigue así para marzo alquilaré mi vientre, no para parir como hasta ahora por su exceso de perímetro, sino para que restreguen la ropa sobre mis abdominales. Quizá esto sea una exageración de las grandes, pero mientras llega la realidad con sus rebajas ya me veo como Cristiano y Forlán.

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