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Observando al PSOE con escepticismo

Me resulta incompresible que un tipo como Rubalcaba, que parece inteligente, se aferre al cargo, demore las primarias y acaricie la idea de ser candidato en 2015. No es ya un asunto de encuestas, en las que un PP enmierdado asoma la cabeza por ausencia de contrincante; es el clamor de la calle, de los ex votantes socialistas, que exige un cambio radical de rumbo y de caras.

Sostiene Rubalcaba que primero es el programa, después la persona que lo debe defender. Creo que se equivoca: ¿cómo puede tener credibilidad un proyecto político construido por personas desacreditadas ante la ciudadanía, ante sus propios votantes? Primero es la ilusión, después la persona que la encarne. Con el programa no hay que dar tantas vueltas, bastan los valores perdidos.

Antes de pensar en la ilusión, el PSOE debería pedir perdón por sus malos gobiernos, por las traiciones a los programas y a las ideas, por los errores de Zapatero y los de Felipe González con su beautiful people, que de ahí viene este extravío que no lo remedia ni un kilo de memorias edulcoradas.

La persona es esencial; permite olvidarse un poco de las siglas y los desatinos. Un borrón y cuenta nueva algo ilusorio. Mal andan las cosas que bastan los artificios. Autoengañarnos con que hay alternativa.

Entregar las elecciones Europeas es un disparate. Rubalcaba parece Ancelotti en el último clásico Barça-Real Madrid. Su resultado no es decisivo, el resultado puede ser psicológico; da o quita moral, un capital básico para mudar el humor.

Debería haber primarias enseguida o un Congreso Extraordinario, o las dos cosas. Permitir otro discurso, otras voces, una conexión con la calle, si es que eso es aún posible. Abrirse a la sociedad, a las Ada Colau mejor que a las Beatriz Talegón.

Pese a tanta mierda, este país está preñado de energía, de ganas de hacer. Quizá solo sea necesario quitar grilletes y barreras, abrir las ventanas y que corra el aire para que esfume el exceso de incienso y carcundia. Para esto, confío más en la capacidad de movimientos como el 15M, que en el PSOE.

Acabo de ver Camino de corrupción (Salvados, la Sexta).

Hay cosas que todos suponemos, sabemos: empresario A entrega un donativo al partido P y por arte de magia el donante recibe una licencia para ejecutar una obra que supera en mucho el valor de lo donado. Si calculas porcentajes sale un 10%, como en la corrupción de las películas. Casualidades.

También suponemos, sabemos, que en los concursos públicos no hay transparecia ni se la espera: la empresa B presenta una oferta baja para que los hombres del partido P puedan seleccionarla por ser las más económica. Cuando pasan los meses y se alejan los medios, la obra barata se encarece, también por arte de magia, y se vuelven a llenar los bolsillos. En Valencia, creo, son expertísimos en este milagro de la multiplicación.

Es posible que ningún partido esté limpio. También que no se pueda realizar una obra pública en España sin untar la manteca. Apesta a estercolero nacional. Esta basura nos cuesta una millonada.

Deberías recordar que cada recorte te lo robó la corrupción, que en realidad esos recortes y privatizaciones son parte esencial de ella. Luego, vota.

He escuchado la entrevista de Jordi Évole a Pablo Crespo. Supongo que el pepero miente en muchos momentos, que se cuida para no incriminarse más de lo que está como gürteliano en subjefe. Me recuerda a Bárcenas y los demás paganini; los tiran por la borda para intentar salvar al grupo. Los más escandalizados con sus ex compañeros suelen ser los más manchados. Es la prueba de las vestiduras rasgadas. Nunca falla.

La experiencia permite ser rotundos: no pasará nada, no dimitirá nadie, ni en directo ni en diferido ni en una simulación de que me voy. El caso Bárcenas-Gürtel lo licuarán, que para eso dominan los resortes del Estado. A Mariano Rajoy se le escapó la útlima frase del guión en la entrevista con Bloomberg: “Hay cosas que no se pueden demostrar“.

¿Qué es lo que decía Arturo Pérez Reverte sobre la guillotina en el anterior Salvados?

Día libre con vino y Nirvana

Aquí estoy, miercoleseando. Ventajas de ser mi ‘boss’, el rey del tiempo. Hay días en los que me levanto generoso y me consiento todo. La vaguería es un derecho humano fundamental y el sofá, el centro del universo; el mejor sitio para escribir sin escribir. Pensar requiere sosiego, pausa, una cierta inmovilidad muscular.

He comido con un viejo amigo y una botella de vino sardo. La mitad que me ha tocado me nubla e ilumina. Es grave porque creo que esto del periodismo tiene futuro. Veo webs que se comen el mundo.

Entre Apple y Rodrigo me han recuperado el iMac de 24 pulgadas desde el que trabajo y disfruto. No es nuevo ni novísimo, solo una antiguaya de 2006. Recuerdo la fecha porque lo compré al regresar de Líbano, tras la guerra entre Hezbolá e Israel. Fue un fracaso: el periódico apenas me ‘compró’ un par de reportajes. Ventajas de padecer un jefe amigo ahora emigrado a América Latina. Ya no es jefe ni amigo. El tiempo regala perspectiva, retira disfraces.

Murió el disco del iMac ayudado por una desaforada actividad egocéntrica de Paula: cientos de fotos en Photo Booth, también decenas de vídeos cantando. Dicen que es la edad y el pavo, una enfermedad que no se me ha pasado del todo. En ese disco duro había libros publicados y fracasos impuplicables. Aún no me he atrevido a inspeccionar el Word rescatado. No habrá pérdidas insalvables, solo excusas para justificar mi sequía. Estaba, y está todavía, toda mi música, los teléfonos y fotos que exigen una limpia. La mayoría son pésimas.

Con el el ordenador resucitado no tengo excusa para demorarme en la novela varada desde que regresó viva de Roma, hará unos tres años. Las musas están dentro del teclado, gruñiendo. ¿Qué más quiero? Solo necesito escuchar sus voces, dejar hacer a los dedos, no molestar. Escribir, en el fondo, es una actividad musical, solo necesitas compás y paciencia.

Pensando en los mineros muertos de León

Los mineros son la esencia de la tierra que hemos olvidado de tanto pisarla, mancillarla. Son parte de sus profundidades, de sus silencios. Recuerdo su llegada a Madrid en julio de 2012 acompañados de decenas de miles de personas. Fue Noche Dignidad; ya siempre en la memoria. Cada accidente es una tragedia, pero desde aquella vivencia extraordinaria, mágica, sé que cada accidente en una mina es una pérdida para todos, para sus familiares y para los desnortados. Un abrazo.

Una buena borrachera con Lou Reed en el paraíso

Lou Reed me lleva esta noche de la mano por un sueño interactivo. No sé si esto es el paraíso pero hay mucha luz solar, hombres y mujeres desnudos y barra libre en cada esquina. Me pido un roncito de Guatemala: solo hielo y en vaso corto. El primer trago sabe a tres. El ron baja despacio, sin arañar. En los altavoces suena Dirty Bulevard en la versión cantada junto a David Bowie en su cincuenta cumpleaños. Las ventanas del paraíso están de par en par. Entra un aire húmedo que huele a marihuana. Una pareja de tres hace el amor subida a un árbol. Son los equilibristas. De las paredes cuelgan televisiones en las que se ven y escuchan los conciertos más grandes. Allí están Elvis Presley, Bob Dylan, The Doors, Bruce Springsteen, Pink Floyd… ¡Cómo me gusta Pink Floyd! Sabe a internado de Izarra 1972-1973 con The Dark Side of the Moon a todo volumen en el salón de actos.

Nunca tuve una buena educación musical. En realidad no tengo una buena educación de casi nada. Soy un tipo hecho de retales desordenados, lecturas que parecen un juego de la teja. Soy un tipo fabricado de carencias. Pero hay algo interno, quizá la emoción de sentir emociones, que mantiene todo en equilibrio, como un malabarista. Lou Reed dice que deje de hacerme pajas y camine más deprisa, que es hora de otro ron. Empezamos la segunda botella de Zacapa.

En este sueño interactivo puedo soñar lo que me dé la gana. Pienso maldades sobre algunos habitantes de la Tierra. Paso delante de Janis Joplin, Jimi Hendrix y Jimmy Page. Al ver a Janis recuerdo a Leonard Cohen y su entrepierna en el Chelsea Hotel. A su lado están Enrique Morente y Peter Gabriel vestido de blanco, Más allá, con una tajada del diez, los Rolling Stones. Me cruzo en un pasillo estrecho con Annie Lennox y Tina Turner. Siento su roce, el perfume. Aretha calienta voz en un patio andaluz junto a un árbol de la vida. También veo a Rodríguez Sugar Man, el gran olvidado por sus letras agitadoras, desdoblado en una calle de un Detroit.

Apuro la segunda botella de roncito y desaparece la crisis pero no sus causantes.

Atravesamos el escenario del final de All That Jazz y pisamos las playas del desembarco de Normadía. Le pregunto si estoy tan muerto como Robert Capa. Lou Reed me dice que solo estoy borracho, demasiado ron y demasiado respirar por las ventanas. Le digo que aún faltan por salir muchos de mis músicos favoritos. ¿Dónde están Chuck Berry, Little Richards y Johnny Cash?

Mi amigo en el paraíso me informa de que el paseo ha teminado, que se me está subiendo el sueño a la cabeza. Asegura que soy una Cenicienta-hombre con hora fija de regreso a casa. Debo volver a la Tierra antes de que suenen las doce campanadas en no sé qué país porque si no mi gata Nana se convertirá en Julio Iglesias padre. No han pasado ni dos segundos de la amenaza y ya estoy en Madrid, metido en mi cama, con los auriculares en los oídos, estirando este sueño hasta sus últimas fronteras. Feliz semana.

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