Madrid, debajo de la ciudad agónica
Sunday, 17 de November de 2013 por Ramón
Madrid es una ciudad sin pulso político, mustia, arruinada por el faraón Gallardón y los gobiernos privatizadores (hay sinónimos más acertados) del PP. No son sus obras en la M30 las que discuto, sino la deuda hereditaria que nos dejó. El hoy ministro-monaguillo gastó por encima de nuestras posibilidades.
Le heredó una alcaldesa a dedo sin fondos, talento e ideas, una pésima combinación. Se pinchó el globo olímpico y espero que se pinche el globo del juego. No son los Adelson los que van a resucitar la ciudad y sus alrededores. Ellos no vienen a dar, vienen a llevarse con una ley a la carta. Es su especialidad.
Si buscas en la oposición esperanzas solo encuentras melancolías y la misma escasez de ideas. Estamos bien jodidos.
Esta ciudad exige visionarios, valentía, imaginación. Nos hemos quedado atrás en casi todo; no se han construido edificios emblemáticos, a diferencia de Bilbao y Barcelona. Ni siquiera somos capaces de vender una extraordinaria oferta pictórica: Prado, Thyssen y Reina Sofía. No estamos de humor económico para convocar a los grandes arquitectos (Calatrava, no; por favor) ni para aventuras extraordinarias en el gasto.
La plaza de España con sus edificios muertos es el símbolo de esta agonía.
Los que nos tienen que rescatar son los ciudadanos, las pequeñas tiendas de barrio, los que reman contracorriente cada día; los hay a miles, pero están silenciados, invisibles.
En espera de tiempos mejores, recuperaría el espíritu de 1979, el de la ilusión democrática con nuevos retos. Es necesaria la regeneración. Me gustaría una ciudad ecológica: árboles, apoyo masivo a las bicicletas y al transporte público. Me gustaría volver a ver tranvías. Necesitamos más espacios verdes y zonas peatonales. Proyectaría una imagen internacional moderna, de ciudad tecnológica, con wifi libre e interconectada que aproveche las nuevas tecnologías para facilitar la vida cotidiana al ciudadano, a los comerciantes y al turista. Una ciudad que rescate sus servicios públicos, su sanidad y educación. Una ciudad cultural, que potencie conciertos, la irrupción de nuevos músicos y otras formas de arte. Una ciudad que fomente la participación, la alegría. Esa ciudad está ahí, en la solidaridad con los barrenderos frente a la ineptitud supina de la la alcaldesa.
Madrid se ha convertido en una ciudad antipática con políticos antipáticos (también hay sinónimos más precisos), contaminada y ruidosa. No es solo el tráfico, los bocinazos gratuitos, los grupos vociferantes a las tres de la mañana, es también el ruido político, la mala onda.
No tenemos río de verdad, ni mar, ni canales, ni una catedral decente. Eso sí, tenemos al Real Madrid, al Atleti, al Rayo y al Getafe en Primera. También tenemos el recuerdo presente del 15M, de sus ecos, la ilusión colectiva, el sí se puede. Es lo mejor que nos ha pasado en años. ¡Recuperémoslo!