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Claro que se puede

Hoy es un gran día para el ciudadano de Madrid: ha conseguido evitar que le roben la Sanidad. Lo ha logrado el empeño de miles de personas que han salido a la calle, las Mareas Blancas, la protesta en los centros de salud y en los hospitales, y lo ha logrado la justicia.

Hay jueces y jueces, que de eso se encarga el poder político. Ese poder infiltra en la judicatura a sus acólitos, los sitúa en puestos clave, para protegerse de sorpresas, de los Bárcenas de turno. La calle, la presión, las mareas, los gamonales, ayudan a que esos otros jueces, los honestos, sepan que no están solos, que tienen respaldo y se atrevan a hacer su trabajo. Son muchos los que cumplen, que tiran ERES a la señora Cospedal o a los empresarios que prefieren aligerar plantillas que aligerar su bolsillo. Es una excelente noticia que el señor González baje de su ático protegido a la tierra y sepa que enfrente, porque nos tiene enfrente, estamos muchos, la ciudadanía.

Tengo amigos que no van a las manifestaciones porque dicen que no sirven de nada, que solo sirve votar. La batalla de los basureros y jardineros de Madrid, Gamonal y esta de la Sanidad demuestran que salir a la calle, protestar en vez de callar, sirve. Twitter está inundado de mensajes de los amigos del TDParty que se quejan de la blandura del poder. A ellos les va la marcha… La marcha militar.

Sirve la protesta y sirve votar, claro. Para poder votar tiene que haber un doble esfuerzo: el del votante y el de los políticos para merecer el voto. En este asunto, la izquierda, sea PSOE o IU está haciendo muy poco.

La insoportable moda del indulto

Robar, delinquir, corromper y corromperse, conducir en dirección contraria o borracho puede salir gratis en España. No depende del delito, sino del apellido, de los amigos, del grupo de presión al que pertenezcas, del famoseo.

Me resulta increíble que Jaume Matas, José Ortega Cano y José María del Nido, tres ejemplos de gran eco mediático, hayan tenido el privilegio de retrasar su entrada en prisión hasta que se resuelva el indulto. ¿Hablamos de semanas, meses, años? Lo lógico es ir a la cárcel y esperar allí pacientemente a que tus amigos te saquen. Los delincuentes condenados van de inmediato a prisión, del juicio a la celda. ¿No presumimos en democracia de igualdad ante la ley?

Es un síntoma de lo mal que funciona el sistema que estas personas, o cualquiera en su situación, esperen una medida de gracia que les evite pisar la cárcel cuando su pena es firme y no existe motivo alguno para que no se cumpla.

No estamos ante el caso de tres arrepentidos que han devuelto el dinero robado, o dedicado su tiempo a la familia que destrozó en una mala noche de farra, o realizado trabajos sociales de mérito. No, solo son tres individuos con mucha cara y muchos amigos.

No hablamos de una persona que cometió un delito (no de sangre) hace 20 años, que le detienen ahora con su vida rehecha, rehabilitado, cuando ha logrado ser un ejemplar ciudadano. Un caso así podría ser merecedor de una medida de gracia. Cuando concurren estas circunstancias, y ha ocurrido, el ciudadano ejemplar sin amigos célebres va a la cárcel en espera de que le perdonen. Es una cuestión de procedimiento.

El indulto es una figura antidemocrática; el Ejecutivo no puede enmendar a la Justicia por capricho. Si fuera así ¿dónde está la célebre separación de poderes? Debe ser una medida excepcional para casos excepcionales. Presos condenados a largas penas que se han rehabilitado en prisión y que merecen una segunda oportunidad o casos como el del ciudadano ejemplar. No puede ser algo discrecional del Gobierno, una cacicada más, y menos en manos de un ministro como Gallardón, propenso a la vista gorda con los kamikazes. Un indulto para Mata, Cano y Del Nido  sería un fraude de ley.

Resulta bochornoso ver a los presidentes de fútbol pedir indulto para uno de los suyos. ¡La Famiglia! Hoy por ti, mañana por mi.

Hacer 59 es un trabajo

59: un largo trecho ya. Ahora que estoy de buceo personal, rebuscando en la memoria de otros, los vivos y los muertos, para entender la mía, veo con nitidez el camino andado. Delante: niebla, misterio, incógnitas. Lo llaman futuro, un concepto mental en el que perdemos demasiado tiempo.

Cada vez que cumplo años pienso en Cavafis, en su Ítaca, y en el majestuoso poema de los cirios. Se mezclan voces, olores, flases, ausencias. No siempre llegan las palabras; no siempre son necesarias. Me he pasado la vida hablando para no mostrarme. Es un artificio, una defensa. Cumplir años es cumplir días, hacerlos minuto a minuto, respiración a respiración. Escribí en otro día como este, sobre Saramago, sobre una conferencia dictada en su 80 aniversario. Dijo que cumplir años sonaba a pena carcelaria, a algo ajeno. El prefería ‘hacerlos’ como se dice en los pueblos. Hacer es construir, participar en la propia vida.

Hoy hace siete años que murió Ryszard Kapuscinski, ya no sé si el periodista, el novelista o los dos a la vez. Me gustan sus libros. Ayer murió Manu Leguineche, otro grande como Enrique Meneses que llega a Ítaca con la satisfacción de haber caminado mucho y bien, de haberse colmado.

Viajamos por fuera y por dentro. Somos nómadas, viento como nuestros antepasados más lejanos, los que pintaban la vida en las cavernas. Es lo natural, volar. Los que no viajan, los miedosos, son como los mojones. No sirven porque son cemento, nada, insensibles.

Viajar por dentro es un viaje especial, intenso, apasionante, doloroso. No se viaja por dentro de joven; de joven se corre por fuera como si la vida, el camino, no se fuera a terminar nunca. Con los años, uno se ralentiza, disfruta de la pausa; ve el paisaje, no cuenta los kilómetros devorados. Viajar por dentro exige cierta madurez, solera. Viajar por dentro son los libros leídos, las películas, las conversaciones, los silencios, los viajes, las fotos impresas en el cerebro. Viajar por dentro es cerrar los ojos.

Si aprendes a viajar de las dos maneras, vives el doble; una manera sutil de hacerle trampas al destino. No sé cuánto camino me queda; quizá metros o kilómetros, días o años. Pienso mucho en la muerte, no como amenaza, sino como una realidad que deberé vivir con dignidad.

No importan los años transitados, lo que importan son los vividos. Tengo la convicción íntima de que he acumulado experiencias para sentirme satisfecho. No soy un genio ni estoy llamado a revolucionar la literatura ni el periodismo, pero con los mimbres que recibí en mi infancia, no me ha ido mal del todo. Escribí librillos y alguna buena crónica. Lo bueno está siempre por venir. Es una actitud.

Con la muerte de Manu muchos hablan del periodismo que desaparece, pero creo que es lo contrario, es el periodismo necesario, el que debemos reconquistar, la salvación de esta profesión maravillosa, como decía Hemingway (sí si sabes dejarla a tiempo, añadía). Hay miles de periodistas estupendos, con trabajo y sin trabajo, solo es cuestión de organizarnos.

Feliz cumple, Lobo. A por los 60 que celebraré a lo grande.

Muchísimas gracias a tod@s por los mensajes llegados por tierra, mar, aire y redes sociales.

Sailing

Vierneseando, que no es poco. Tenía 12 comentarios acumulados sin aprobar. Pido disculpas a los afectados. Ya tienen todos la visibilidad que les corresponde. Muchas gracias. Cuando creamos este blog -diseño del gran Jacinto Lajas-, mis amigos-consejeros sugirieron el mecanismo de la aprobación previa de los comentarios, y así lo hicimos. Si la máquina no se rebela, una vez aprobado el primero los demás entran solos. Ya son de la familia. Desde que arrancó este blog, el 27 de febrero de 2009, la inmensa mayoría de los comentarios han sido cabales, inteligentes y educados. Hemos mantenido diferencias; hubo críticas, aportes, sugerencias, regalos.

Recuerdo haber rechazado alguno porque también tengo mis rayas rojas, como Barack Obama. No acepto el insulto, una manera soez de discrepar. Es mejor el arte de la ironía. Acepto el insulto mejor sobre mí que sobre otros, sean o no amigos. En el difunto blog de Aguas Internacionales que mantenía en El País me dijeron de todo: borracho, comunista, agente de la CIA, drogadicto, facha. Debe ser la diversidad cultural. Otras rayas rojas son el racismo y la xenofobia en cualquiera de sus formas, la apología del maltrato o de cualquier tipo de violencia. Por lo demás este es un espacio libre. Pronto cumplirá cinco años.

El blog es una forma de expresión, no tengo ni idea si sigue en boga o cae en desuso. Es una forma de entrenamiento, de no olvidar cómo se mira la vida, es un espacio de desahogo y tal vez de un cierto exhibicionismo. Quién sabe. Desde el primer día supe también que este blog era mi bote salvavidas por si se hundía el Titanic o me tiraban por la borda, Fue lo segundo. Y aquí estoy, a remos, pero navego. Navego sobre todo gracias a vosotros, los que leen y comparten.

La estrella de Gamonal

Siempre pensé que en Burgos no pasaba nada: una capital más de derechas de toda la vida: siempre en orden, generadora de habitantes discretos, pacientes o emigrantes. Hace poco estuve en una charla. Es una ciudad hermosa, vivible si no fuera por sus precios manhatanianos. Me llamó la atención el texto que acompaña a la estatua de El Cid. Recoge la versión mitológica, no la real: un mercenario, un señor de la guerra que se movió por los ideales del mejor postor, no por los valores presuntos de la llamada Reconquista. Burgos es la capital de un mito, de una impostura ,como señala Américo Castro en sus libros.

Los sucesos de Gamonal son una sorpresa, quizá por mi desconocimiento. Leí un texto de Nacho Escolar, que es de Burgos, de los que presumen, muy clarificador. Cuenta los extraordinarios milagros urbanísticos, políticos y periodísticos de Antonio Miguel Méndez Pozo, un hombre inmune e impune. Aunque le condenaron a siete años y tres meses de prisión por corrupción sólo cumplió nueve meses. No estamos ante un precedente de la denostada Doctrina Parot, solo el resultado palpable de tener amigos poderosos, también inmunes e impunes.

Al Ministerio de Interior del señor Fernández le preocupa Burgos; cree en la teoría contagio tanto como JFK creyó en Vietman en la teoría dominó. Es la razón por la que Fernández ha mandado antidisturbios desde Valladolid. No hay fuerzas de orden, casi siempre son de desorden.

La prensa adicta al régimen y los tuiteros paniaguados presentan a los vecinos de Gamonal como extremistas peligrosos, radicales que han llegado de otros lugares a romper la armonía del Cid, ese pacificador. Los más visionarios ven abertzales, es decir de ETA, en tanto tumulto. La realidad es más sencilla: un barrio sin servicios sociales en una ciudad endeudada con unos constructores forrados hasta las cejas que desean seguir en el machito. Una historia familiar.

Solo sé -por lo que leo, escucho y veo- que los vecinos de Gamonal están dando una lección de ciudadanía. Copian a Nelson Mandela, al héroe honrado en su muerte por impostores de todo el mundo que no saben lo que representa el valor de la dignidad.

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