De qué se ríe, señor ministro del imposible
Wednesday, 12 de February de 2014 por Ramón
La votación sobre la contrarreforma del aborto de Gallardón ha dejado una fotografía clarificadora: este no es solo un asunto del exalcalde endeudador ni del Gobierno en comandita, es un asunto de todo el PP. Las voces críticas, los peros, las comas, los ¡ay! son espectáculo, una impostura para salvarse de la quema. Esta es una información esencial que todos deberíamos tener en cuenta a la hora de votar; todos, los de Extremadura, también.
Ahora el exalcalde endeudador podrá pavonearse, y ya lo hace con descaro infantil, de mayoría absoluta para ocultar en ella su absoluta vaciedad política. El debate dejó perlas de estupidez supina como la de acusar a la oposición de concomitancia con Marine Le Pen. Su silogismo es el siguiente: si a la dirigente de la ultraderecha francesa tampoco le gusta la ley es que toda la oposición española es de ultraderecha. ¿No es brillante, intelectualmente superior? Le Pen pese a ser facha es francesa y mujer.
La iniciativa del PSOE de someter el texto a voto secreto ha sido brillante. Cualquier resultado le beneficiaba. Si había fisuras en las filas conservadoras porque afectaría a la sacrosanta unidad del PP y debilitaría la ley. Si salía la Fuenteovejuna cerril, como ha salido, porque lograba una foto de familia nítida y acababa con el juego de los presuntos discrepantes.
¿Y ahora, qué? Además de la presión de la calle, y de los recursos legales ante los tribunales que correspondan, la ciudadanía debería hablar en las urnas. Con una o diez pinzas en la nariz, pero en las urnas. Son las urnas lo único que puede cambiar el panorama. Bueno, también una revolución, pero no lo veo con los bares llenos. Estamos acomodados en la incomodidad. Esto no es Grecia, con una historia de lucha, ni Francia. Esto son ‘Los santos inocentes’ evolucionados.
La votación ha dejado otra perla. La de Celia Villalobos. Dice que en estos casos se elige el partido por encima de la conciencia. ¿Se llama obediencia debida? ¿Estómago agradecido, miedo al paro? El sistema político español está organizado así, para que no haya conciencia, solo agradecimiento, y mucho, a quien hace la lista, a quien permite el acceso a un sueldo de eurodiputado, diputado, alcalde o lo que sea. A quien permite pasar de cagarla en la Sanidad madrileña a ganar una medalla por su servicio público en contra de la ciudadanía y un cargo chollete para redondear el sueldo. Obedecer a quien manda ayuda cuando la cosa se pone jodida en los tribunales. Este mal afecta a todos, al PP y al PSOE, sobre todo. A los demás, también aunque a IU se le nota menos con Llamazares.
Necesitaríamos una reforma de la ley electoral que permita el voto en conciencia, la discrepancia, el debate. Para el sí señor y el prietas las filas hay sistemas más baratos, como tener un Congreso solo de portavoces y que cada uno represente una cantidad de votos en función de los votos ciudadanos. Los demás, a casa. ¿Para qué tantos si un tercio no abre el pico en toda la legislatura ni toma iniciativa alguna? En el Congreso actual hay gente honesta, que trabaja a destajo, que cumple su función, que se lo cree. Los habrá en todos los partidos, pero se les ve poco. Están aplastados por las propagandas.
Esta no es solo una batalla de mujeres, sino de todos los que creen en la libertad y rechazan los fanatismos.