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De qué se ríe, señor ministro del imposible

La votación sobre la contrarreforma del aborto de Gallardón ha dejado una fotografía clarificadora: este no es solo un asunto del exalcalde endeudador ni del Gobierno en comandita, es un asunto de todo el PP. Las voces críticas, los peros, las comas, los ¡ay! son espectáculo, una impostura para salvarse de la quema. Esta es una información esencial que todos deberíamos tener en cuenta a la hora de votar; todos, los de Extremadura, también.

Ahora el exalcalde endeudador podrá pavonearse, y ya lo hace con descaro infantil, de mayoría absoluta para ocultar en ella su absoluta vaciedad política. El debate dejó perlas de estupidez supina como la de acusar a la oposición de concomitancia con Marine Le Pen. Su silogismo es el siguiente: si a la dirigente de la ultraderecha francesa tampoco le gusta la ley es que toda la oposición española es de ultraderecha. ¿No es brillante, intelectualmente superior? Le Pen pese a ser facha es francesa y mujer.

La iniciativa del PSOE de someter el texto a voto secreto ha sido brillante. Cualquier resultado le beneficiaba. Si había fisuras en las filas conservadoras porque afectaría a la sacrosanta unidad del PP y debilitaría la ley. Si salía la Fuenteovejuna cerril, como ha salido, porque lograba una foto de familia nítida y acababa con el juego de los presuntos discrepantes.

¿Y ahora, qué? Además de la presión de la calle, y de los recursos legales ante los tribunales que correspondan, la ciudadanía debería hablar en las urnas. Con una o diez pinzas en la nariz, pero en las urnas. Son las urnas lo único que puede cambiar el panorama. Bueno, también una revolución, pero no lo veo con los bares llenos. Estamos acomodados en la incomodidad. Esto no es Grecia, con una historia de lucha, ni Francia. Esto son ‘Los santos inocentes’ evolucionados.

La votación ha dejado otra perla. La de Celia Villalobos. Dice que en estos casos se elige el partido por encima de la conciencia. ¿Se llama obediencia debida? ¿Estómago agradecido, miedo al paro? El sistema político español está organizado así, para que no haya conciencia, solo agradecimiento, y mucho, a quien hace la lista, a quien permite el acceso a un sueldo de eurodiputado, diputado, alcalde o lo que sea. A quien permite pasar de cagarla en la Sanidad madrileña a ganar una medalla por su servicio público en contra de la ciudadanía y un cargo chollete para redondear el sueldo. Obedecer a quien manda ayuda cuando la cosa se pone jodida en los tribunales. Este mal afecta a todos, al PP y al PSOE, sobre todo. A los demás, también aunque a IU se le nota menos con Llamazares.

Necesitaríamos una reforma de la ley electoral que permita el voto en conciencia, la discrepancia, el debate. Para el sí señor y el prietas las filas hay sistemas más baratos, como tener un Congreso solo de portavoces y que cada uno represente una cantidad de votos en función de los votos ciudadanos. Los demás, a casa. ¿Para qué tantos si un tercio no abre el pico en toda la legislatura ni toma iniciativa alguna? En el Congreso actual hay gente honesta, que trabaja a destajo, que cumple su función, que se lo cree. Los habrá en todos los partidos, pero se les ve poco. Están aplastados por las propagandas.

Esta no es solo una batalla de mujeres, sino de todos los que creen en la libertad y rechazan los fanatismos.

España también me roba

Hice la ‘mili’ por imperativo legal: 14 meses entre el otoño de 1979 y diciembre de 1980. La alternativa a mi servicio forzado era la cárcel o irme ocho años fuera de España. El Gobierno de ZP, desastroso en muchas cosas, acertado en algunas, decidió corregir un atropello histórico y reconocer ese periodo de ‘secuestro legal’ como parte de la vida laboral de los afectados. Este Gobierno, desastroso en casi todo, ha decidido revertir la medida porque su cumplimiento le resulta “projilo”, es decir, un lío, que debe currar.

Los que hicimos el servicio militar obligatorio estamos discriminados respecto a los voluntarios, a quienes se les reconoce. No tengo huevos ni tiempo ni constancia para iniciar una batalla legal hasta que los tribunales enmienden este atropello. O quizá deberíamos escribir a Angela Merkel para que dé las ordenes pertinentes porque en Alemania está reconocido como parte de la vida laboral. Creo que los estudios universitarios, también.

En la España de los setenta, la ‘mili’ partía la vida a muchos jóvenes que habían empezado a trabajar a los 14, 15 y 16 años por imperativo familiar y económico. Aquellos 17, 14 o 12 meses eran un regalo al Estado a cambio de calderilla, trabajar gratis en las casas de jefes y oficiales, hacer de chóferes a sus familias y recibir un trato a menudo vejatorio. El Ejército ha cambiado mucho, y para bien; la España mediocre, no. Al menos podré votar en un eventual referéndum en Catalunya porque reúno una condición básica: España me roba.

Nebraska, qué delicia

No soy crítico de cine. No sé hacer películas y posiblemente no he visto suficientes para presumir de criterio sólido. Saber ayuda, pero entre los críticos profesionales que saben mucho, casi nunca hay unanimidad sobre nada, excepto en las obras maestras, sobre todo cuando ya se sabe que lo son.

Supongo que existen críticos que les gustaría dirigir y escriben sus textos desde esa atalaya: si el filme se acerca a lo que él haría, la película es buena; si se aleja, mala. Aunque sé que abundan la subjetividad y las manías me suelo fiar de su criterio. Hay críticos infalibles, con ellos nunca me equivoco: hago lo contrario de lo que aconsejan. También hay periodistas faro para seguir la actualidad internacional: siempre ocurre todo es al revés de lo que escriben o dicen. No daré nombres.

No voy a hablar de la película Nebraska, solo recomendar que se vea. Tiene momentos lentos, pero otros sublimes. Está preñada de poesía y emoción. Los diálogos son magistrales. Los personajes, redondos, incluso los que hablan poco, que son la mayoría. Soberbia interpretación la de Bruce Dern y no menos soberbia la de June Squibb. También me ha gustado David Grant, en el papel del hijo menor. Hay escenas para enmarcar: la visita del cementerio, los hombres mientras ven un partido de fútbol americano en la televisión, la familia que trata de sacar partido de un supuesto premio, la escena del compresor y la escena final, sublime.

Hay más lecturas, más literarias en las que no quiero entrar por respeto a los que la vayan a ver: la relación entre padres e hijos, el matrimonio que no se rompe pese a que nunca hubo nada en común, la familia, la vejez, la mujer que pudo ser y no fue. Ve a verla, no te defraudará.

Pariendo palabras, sueños

Arrastro agotaduras, viajes, insomnios. Avanzo en el libro, ya 22 páginas y un título. Es un no nato, protegido de Gallardón. Cuando llegue el alumbramiento, si llega, aparecerá Montoro con los impuestos, el hacha. Escribir es un pésimo negocio. No es el dinero, solo una necesidad, como respirar.

Escribo e investigo. Surgen las sorpresas. Me gusta lo inesperado, cuando uno entra en contacto con lo que es o fue.

Viernes y tengo insonmios, tres por lo menos. Duermo mal porque me pienso entre líneas, batallando aquí y allá palabra a palabra, navegándome. A veces se aparece una frase y sueño entusiasmos, celebraciones. Al despertar he extraviado todo lo soñado. Me quedo inerte sobre la cama en espera de alguna brisa, una pista, un olor. Las frases perdidas nunca regresan del todo, a veces disfrazadas en otro sueño. Son parte del proceso de selección darwiniana. Los libros mutan mientras crecen, se alargan o engordan.

Ya tengo el libro dentro, me siento habitado por él, preñado. Es la mejor garantía de que puedo acabarlo. Si te caes del texto, vuelves al laberinto, a la nada. Os dejo esta joya de Imagine Dragons cantada por Jennel García, un regalo extraordinario. Buen fin de semana.

Ser director de periódico, ser jefe

No voy a escribir sobre Pedro Jota -un personaje complejo con negruras (11M), oscuros y luces, porque otros lo han hecho muy bien. Es uno de los cuatro grandes directores de periódicos de ámbito nacional de los últimos 50 años junto a Emilio Romero (Pueblo), Luis María Anson (ABC) y Juan Luis Cebrián (El País). Los cuatro tienen en común un carácter endiablado, olfato periodístico para saber dónde está la noticia, ego de estrella de Hollywood y una personalidad arrolladora. Cuando se tiene su talento perdono casi todo, incluso que me despidan. De los cuatro prefiero al Cebrián director: creó un gran periódico, el de los primeros años de democracia.

Los que me molestan son los que no tienen talento, los mediocres. Estos son los peligrosos. Ser jefe es difícil. Los hay que gritan y maltratan a su tropa, los que en ese desprecio a los que sienten debajo, hallan la satisfacción de creerse arriba. He padecido a alguno. Los hay también excelsos, con mano izquierda, con prestigio, que no necesitan ejercer la autoridad porque la tienen, como José María Izquierdo, Sol Gallego o Joaquín Estefanía. Los hay que son capaces de influir, enseñar, de marcar el camino. Son los esenciales.

He tenido la fortuna de cruzarme en mi vida profesional con Juan José Porto (Pyresa), Doñate (El Heraldo de Aragón), Miguel Ángel Aguilar (El Sol) y Luis Matías López (El País). Ahora, como freelance, no me puedo quejar: he dado con cuatro magníficos jefes. En la lejanía contractual y física no tienen que soportarme. Es su ventaja. Porque yo, debo admitirlo, no he sido ni soy nada fácil en el arte de la obediencia.

Un buen jefe es como un entrenador de fútbol; debe saber colocar el equipo en el campo, motivarle y obtener el máximo provecho del talento individual para logros colectivos. Son como los directores de orquesta: consiguen que el grupo suene como los ángeles sin tener envidia del primer violín.

Hay personas que nacen para ser jefe, que tienen el don, como Mariló Ruíz Elvira, una extraordinaria redactora jefa en las secciones de Internacional y Nacional en El País. O Carlos Castro, que ese educó en el Pueblo de Emilio Romero. Ambos tienen la virtud de la paciencia infinita, de llevarte siempre al huerto.

En periodismo, la mesa es más importante que el corresponsal o el enviado especial. La mesa es la escuela verdadera: es la orquesta, la cocina, el control de calidad. Una buena mesa te mejora o no estropea la crónica, evita errores, suministra ideas y ánimos. En El País he vivido grandes mesas. Les debo mucho.

Hoy puse esta canción en A Vivir. Es maravillosa y la interpretación, un lujo. Feliz semana.

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