Sin mujeres no hay revolución, make up
Saturday, 4 de April de 2015 por Ramón
Hemos publicado el primer reportaje de la serie #mujeresenguerra. Escribo en primera persona del plural porque somos cuatro actores, además, claro, de las protagonistas de las historias: Médicos Sin Fronteras (MSF), que pone la logística y me ayuda a comprender el contexto; Juan Carlos Tomasi, gran fotógrafo y amigo, que hace las fotos y los vídeos; El Periódico de Catalunya que publica los trabajos en su renovada revista dominical los reportajes, y yo, que los escribo.
El primero se titula “Sin mujeres no hay revolución”. Quizá este lema que vi en un muro de Chilpancingo sea mejor que el hashtag elegido. La idea son cuatro reportajes (el siguiente es en Cisjordania y se publicará el último domingo de abril) con la mujer en el centro, mostrar mujeres-coraje, mujeres-esperanza, dentro de situaciones difíciles. Mujeres en guerra contra la injusticia, el abuso de poder, el machismo, los crímenes sexuales, la pobreza.
México, los 43 de Ayotzinapa, primera parada:
En el pueblo de Tixtla, donde está el internado normalista de Ayotzinapa, se escuchan silencios que no son de este mundo. No hay bullicio en el mercado ni niños juguetones, solo olor a cilantro y mujeres mudas que aguardan una venta. No es solo dolor por la desaparición forzada de 43 estudiantes del primer curso, es miedo a los vivos. En Tixtla nadie se fía. Las paredes tienen oídos de sicarios, narcotraficantes, policías y soplones de alcaldes corruptos. Hablar mata. Cuando se llega al internado por un ramal de la carretera que conduce a Chilpancingo, que significa pequeño avispero, surge otra conmoción: la de las ausencias. (para seguir leyendo pincha aquí, por favor).
Propuse la idea de los reportajes a MSF a finales de 2013 y entró en presupuestos a finales de 2014. El plan es exponer las fotos de Juan Carlos Tomasi y ayudar a concienciar a la sociedad sobre la importancia de la ayuda y el compromiso. Si queremos cambiar la dinámica de la injusticia extrema, hay que construir sobre las mujeres; ellas tienen la fuerza y la honestidad. Uno de los problemas no buscados es que Tomasi y yo somos hombres y por mucha sensibilidad que tengamos se nos escapan cosas, detalles. Estamos en aprendizaje.
Ayotzinapa era una apuesta complicada. Llegábamos cinco meses después. ¿Qué contar que no esté ya contado? ¿Cómo atreverme a escribir de un asunto sobre el que han escrito tantos buenos periodistas, españoles y mexicanos? Lo resolví pensando solo en el lector. En realidad, todo está contado, pero todo se puede contar otra vez, buscar ángulos diferentes, como las madres, recordar el contexto que tan pronto se olvida. Otra duda antes de escribir. ¿cuánto debo citar a MSF, que es el que paga el viaje? Lo resolví de manera natural: solo entrarán menciones que formen parte de la estructura narrativa.
Me gustaron Karla Villalpando y Catalina Urrego, las psicólogas de MSF y su trabajo de paciencia en espera de la llegada del duelo, y me gustó la máquina de café, su razón de ser. Supongo que algunas personas de MSF echarán de menos más menciones, pero creo que es mejor narrar en qué y en dónde trabajan, y por qué han escogido el proyecto, que dar una publicidad excesiva que contamine al reportaje. Siempre confío en el trabajo del lector, en su participación activa.
A una persona le pareció mal que llevara el chaleco de MSF durante las entrevistas con las madres y que lo tenga puesto durante los vídeos de presentación (mira que lo hago mal ;)). Lo dijo en un comentario en Facebook. Hay dos razones. las madres de Ayotzinapa no confían en nadie, y a duras penas empiezan a comprender la presencia de MSF. Para ellas todos son espías de un Gobierno al que sienten hostil. Ponerme el chaleco simplificaba las explicaciones, reducía confusión, me permitía ganarme su confianza con más facilidad. En cuanto a los vídeos, además de una prentación en la web El Periódico, son el instrumento que ofrezco a MSF para difundir su trabajo. Gracias especiales a Arberto Arce, él sabe por qué.
Feliz sábado de no se qué.