¿Dónde estaba Manuela Carmena? ¿Qué tipo de organizaciones políticas tenemos que encumbran mediocres y deshonestos y orillan a los más capaces, los expulsan o no los tienen en cuenta? Escucho a esta mujer y me emociono; comparo el fondo y el tono de sus palabras con las de otras candidatas y tengo claro dónde están los fundamentos de la democracia, la justicia social y la libertad y, sobre todo, la esperanza, la buena, la que no lleva apellidos.
Me alegra de que la ciudadanía sepa organizarse y poner al frente de una candidatura de unidad a una persona como Manuela Carmena. Me siento feliz de poder votar ¡por fin! sin una pinza en la nariz. Quiero cambiar mi ciudad, quiero estar orgulloso de mi alcaldesa, del equipo que me representa. Manuela, si sale, estará más cerca de Enrique Tierno Galván que de la jauría que lo reemplazó convirtiendo lo público en un negocio privado, en una monumental estafa.
No me creo las encuestas que manejan un empate técnico, no quiero tener ilusión antes de tiempo. Queda una semana, siete días. Hay que seguir creciendo, ilusionando, despertando.
El voto útil es votar a las personas útiles. Así empieza el cambio. Feliz domingo.
Vivimos en una democracia de eufemismos. El mayor es llamar democracia a un sistema que carece de la división de poderes que lo define, en el que el Ejecutivo controla el Legislativo y el Judicial, como se puede comprobar en la obediencia debida de algunos fiscales. El último caso es escandaloso: no es delito el impago de impuestos sobre un dinero ilícito. Es decir, el delito solo existe cuando lo ganado es honrado. Si eres político y robas no pasa nada: ni delito fiscal ni robo. Así se financia cualquiera, así reforma la sede el más tonto de la clase.
La sensación de impunidad es tal que se han relajado los controles mentales, y la número dos del PP sufre un lapsus linguae que desvela su pensamiento subyacente: “Hemos trabajado mucho para saquear a nuestro país“. Eso hay reconocerlo: el esfuerzo.
Esperanza Aguirre quiere quitar a los sin techo de la calle porque molestan a los turistas. Es un problema de decoración, no humano. Supongo que usará la policía de movilidad. ¿Dónde los quiere almacenar? ¿En un vertedero de pobres? ¿Se encargará de ellos alguna red como la Gürtel, la Púnica o una tercera aún desconocida? Esperanza es un oxímoron: ¿Esperanza?
Cada vez que la escucho veo a Marine Le Pen, su equivalente francesa. Pero hay dos diferencias esenciales. Le Pen se muestra como lo que es, una mujer de extrema derecha, xenófoba y nacionalista, mientras que Aguirre juega a lo que no es: una demócrata de toda la vida; Le Pen trata de moderarse para ganar votos mientras que Desesperanza trata de endurecerse para no perderlos.
Hay que reconocerle talento táctico a Rajoy. Si hubiera antepuesto sus fobias y elegido otra persona, una eventual derrota del PP en Madrid le salpicaría. Sería su derrota. Al situarla de candidata evita estos efectos secundarios. ¿Qué gana? Habrá sido gracias a él que la eligió y ya habrá tiempo y oportunidades para liquidarla. ¿Que pierde? Será la derrota de Aguirre, su defunción definitiva. ¡Ayudemos a Rajoy! ¡Vota a Manuela Carmena!
Hoy lunes 6 de abril, víspera de la aparición mariana de Mariano Rajoy ante sus huestes peperas para informarles de que nada cambia, de que todo fluye aunque sea hacia el desastre, he hecho 16,4 kilómetros sobre La Bolivariana en una hora y cinco minutos a una velocidad media de 14,5 kilómetros hora con un pico de velocidad máxima de 45,2 kilómetros, según la aplicación Strava, recomendada (¡gracias!) en los comentarios de este blog.
No he encontrado aplicación alguna que describa el estado de mis piernas y de mis partes traseras. Pese a caminar como un pato me siento oxigenado. ¡Sesenta años esperando a que alguien me regale una bicicleta y ese alguien era yo! Aproveché el carril-bici desde García Noblejas hasta el centro después de bajarme todo Arturo Soria desde el Pinar de Chamartín.
Ahora solo necesitamos una alcaldesa que no se llame Desesperanza Aguirre y que aumente el número de carriles y recupere alguna línea de tranvía (no el de Parla, claro) y, sobre todo, que despierte a esta ciudad, que que ya va siendo hora. Tiene que llover a cántaros, pero en la urnas. ¡Vamos Manuela!