Me gusta la democracia. Se trata de un sistema con grandes ventajas sobre la dictadura. Una de ellas es que existe la posibilidad de quitarse del medio a los idiotas en un plazo razonable de cuatro años y a un precio reducido. El problema de la democracia son sus expectativas: cuando el ciudadano cree que el poder del voto es revolucionario se frustra al comprar que a idiota depuesto surge otro idiota tal vez mayor.
No creo que la democracia sea sólo votar cada cuatro años. La democracia es una sociedad de personas libres y conscientes del poder de la sociedad civil y que no dejan de reclamarlo y emplearlo, pues ellos son los soberanos. ¿Es así, no?
Desapareció el movimiento asociativo de la transición laminado por el PSOE y, en menor medida, por el PCE. Los partidos políticos se han convertido en maquinarias de poder en las que unos cientos de personas con la impronta de la obediencia debida estampada en la frente, como los presuntos sabios islámicos, callan esperando seguir en las listas. Ninguno de esos diputados o concejales siente que deba algo al ciudadano que le votó, sino al jefe de su Organización.
Este tipo de gente agradecida forma el cuerpo central del hooliganismo de las Cortes Generales: coros que vitorean a su respectivo Mesías sin importar la ocurrencia.
La abstención es un voto de protesta que sirve de poco, cierto, aunque esta vez lo he ejercido en conciencia. Tal vez sea mejor el voto nulo, parece más rotundo. Tuve un amigo en los ochenta que antes de votar comprobaba el sexo del president@ de su mesa. Dependiendo de él escribía una barbaridad íntima para el género femenino o masculino. “Cuando declararen el voto nulo, los interventores preguntarán, ¿qué dice? Ése es el momento más divertido”, decía.
Veo a Menor Oreja saludando desde el balcón de la Rue del Percebe número 13 y me pregunto qué tipo de guionista es capaz de reunir tanto cómico inepto en un solo balcón. Mariano R. tiene un serio problema con el lenguaje corporal: cuando miente se le mueven los ojos y se le disparan los tics. Debería preguntar a Berlusconi por el número de teléfono de su cirujano plástico de cabecera. Ha logrado maravillas: no solo parece más joven que sus hijos, sino que no se nota nada la arruga de la corrupción.
Votaría Europa si fuera Europa y no la pequeña política nacional de cine de barrrio llena de miserias lo que está en juego. Escucho a Mariano Rajoy, el tipo que mantuvo cuatro años la mentira del 11-M a sabiendas de que era falsa, y me dan ganas de votar a Zapatero. Escucho a ZP y me dan ganas de quedarme en casa. Si tengo suerte y no escucho a nadie en las próximas horas quizá encuentre fuerzas para votar a aún no sé a quién. Resulta patético, pero de este clima nacen los Silvios Berlusconis, que se hacen ricos de la hartura y desinterés de los ciudadanos que optan por ser consumidores.
Un libro. Danilo Kis es uno de los escritores mayúsculos de los Balcanes. Lo tiene todo: judío, de origen húngaro y muerto. Entre sus libros extraordinarios hay uno sublime: Una tumba para Boris Davidovich (Acantilado, con prólogo de Joseph Brodsky). Se trata de una reflexión sobre la desmesura del poder en las sociedades autoritarias. No gustó a los comunistas yugoslavos a pesar de que Danilo Kis no hace referencia alguna a la situación de su país. Una de las señas de identidad de las dictaduras es la ausencia de sentido del humor.
Una película: Ojos negros (Oci Ciornni), de Nikita Mikhalkov, con las actuaciones estelares de Marcelo Mastroianni y Silvana Mangano. Hay que verla en italiano para disfrutar en toda su grandeza de uno de los mejores actores que ha dado el cine europeo. Ojos negros, basado en textos de Anton Chéjov, es una reflexión sobre el precio de la cobardía.
Un canción: The Blind Boys of Alabama. Uno de los grandes grupos de gospel que también ha cantado blues. Uno de sus temas Way Down In the Hole sirvió para presentar The Wire, una de las grandes series de televisión de HBO. He elegido esta interpretación en directo de Run on.
Una sonrisa: Ante las elecciones europeas del domingo en las que nadie, y en ningún país de la UE, ha hablado de Europa:
Una frase: El otro día me metí con Leire Pajín y su salida sobre la conjunción planetaria. Hay otra intervención desternillante de su antecesor, Pepín Blanco, quien durante la última campaña electoral de EEUU escribió en su blog que no se había pronunciado públicamente en favor de Barack Obama para no influir en las elecciones. Otro que toma el bocadillo de pastrani.
Una meditación sobre el apéndice del checo Mirek Topolánek exhibido en la casa de Silvio Berlusconi: ¿se encuentra erecto, es un golpe de viento, un efecto óptico o simple competencia desleal?
La batalla esencial del Periodismo es contra las tres íes: ignorancia, intolerancia e indiferencia. Ésa es la función de los medios de comunicación, según Ed Murrow, gran maestro de la radio y la televisión estadounidense de la primera mitad del siglo XX. Fue el hombre que derrotó al senador Joseph McCarthy con las dos armas más poderosas: la libertad de expresión y los datos contrastados.
También dijo que los informativos de televisión no pueden gobernarse desde la normas del espectáculo, sino del Periodismo. Definió el prime time como el espacio de máxima audiencia que las cadenas llenan de escapismo, decadencia y cosas insulsas que no explican la realidad que nos rodea.
Hay ideas brillantes que no envejecen y programadores que no cambian.
Los portavoces son personas que tienen un trabajo complejo: dar la mínima cantidad de información posible y que el periodista que pregunta quede con la impresión de haber ganado la partida. Los malos portavoces son los que manejan con torpeza el juego de las percepciones y quedan como mentirosos. Toda percepción se basa en el prestigio del emisor. En Estados Unidos, y supongo que en otros países anglosajones, está bien delimitado este trabajo con el de spindoctor (que traduje en una ocasión como vendemotos). Éstos no necesitan aparentar nada. Su misión es mentir; y hacerlo con tanta gracia y firmeza que el periodista olvide que está siendo engañado. Uno de sus métodos favoritos es doblegar por exceso de información (falsa) y si es necesario regada con algún que otro whisky, que siempre fue muy digestivo.
En España hay pocos ejemplos de buena portavocía; abundan los vendemotos disfrazados de portavoz. Laire Pajín es el último ejemplo del desvarío patrio:
“Les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta: la coincidencia en breve de dos presidencias progresistas a ambos lados del Atlántico, la presidencia de Obama en EEUU y Zapatero presidiendo la UE. (…) Estados Unidos y Europa, dos políticas progresistas, dos liderazgos, una visión del mundo, una esperanza para muchos seres humanos”.
Pero lo mejor es el tono. Publico colgó ayer el vídeo.
Aunque las explicaciones sencillas suelen ser las buenas -no es brillante, tuvo un mal día, durmió inquieta, estrenaba zapatos…-, me imagino que Pajin es Meg Ryan sentada en el restaurante Katz de Nueva York, en el Lover East Side, donde según Guillermo Altares se sirve en mejor bocadillo de pastrani de la ciudad, gimiendo agarrada a una mesa para demostrar a Bill Crystal que las mujeres son capaces de fingir un orgasmo. La película se llama Cuando Harry encontró a Sally y es de Bob Reiner. En la versión española no hay ficción de orgasmo, sólo pasión por el líder, para que después digan nuestros directores que estamos a la altura.