Un periodista argentino exiliado en España, ya fallecido, viajó a Chile para cubrir el referéndum organizado por el dictador Pinochet en octubre de 1988. El director de su medio ordenó en la reunión de la tarde: “Quiero una crónica de su llegada que arranque en primera página firmada por XX”. La jefa de Internacional le hizo ver que XX se encontraba aún en Barajas a punto de subirse al avión y que difícilmente podía escribir su primera crónica datada en Santiago. El director algo enfadado (la palabra real sería cabreado) preguntó si tenía que escribirla él y repitió las ordenes. Al día siguiente XX llegó al aeropuerto de Santiago, fue expulsado y devuelto a España en el mismo avión en el que había llegado. El director, indignado, ordenó en la reunión de la tarde: “Quiero una crónica de su expulsión que arranque en primera página firmada por XX”. La jefa de Internacional le hizo ver había un problema: “Ayer publicamos por indicación tuya su primera crónica en Santiago que también arrancó en primera página”. El director se echó hacia atrás y exclamó satisfecho: “Quién se acuerda de ayer”.
Hay tipos como Tony Blair que hablan tan bien que esconden lo mal que piensan. Durante años nos engañó a todos, incluso a sí mismo. Fue uno de los inventores de la llamada Tercera Vía, un subproducto antiarrugas para una socialdemocracia asustada por los efectos colaterales de la caída del muro. Gerhard Schroeder, que si hablaba bien nunca entendí lo que decía, era otro de los padrinos del invento publicitario. Aunque siempre pareció un vendedor de humo resultó serlo de gas natural, y al por mayor, (Gazprom). El tercero, Bill Clinton, fue un precursor de Tiger Woods, aunque con menos clientela. La derecha de su país ensayó entonces el vodevil que ahora interpreta la llamada prensa seria.
A Blair lo desnudaron entre el guionista Peter Morgan y el director Stephen Frears en la película The Queen. Le muestran como un tipo impresionable ante el boato del poder. Su entrada en el palacio de Buckingham tras ganar las elecciones de 1997 ofrece muchas claves de lo que debió suceder en la Casa Blanca.
El caso es que este político británico semiretirado ha vuelto a hablar. El objetivo: justificarse una vez más de la invasión de Irak. Dice el padre de la Tercera Vía que estaba justificado el derrocamiento de Sadam Husein aunque no hubiera armas de destrucción masiva. El Reino Unido sabe mucho del asunto: bajo otro Gobierno, conservador, se vendieron armas químicas a Sadam, cuando era bueno, para que gaseara a miles de iraníes malos en la Guerra del Chat-el-Arab y se hizo el miope (junto a EEUU) cuando al amigo bagdadí se le fue la mano en 1988 en Halabja, donde fueron asesinados 5.000 civiles.
Este hombre de ideas tan fijas como nuestro hombrecillo insufrible trata de defenderse de lo que se dice en la comisión que investiga la toma de decisiones de su Gobierno en 2003. En los meses previos a la invasión, los gobiernos de Londres y Washington fabricaron informes para justificar las decisiones. El servicio de espionaje (que no de inteligencia) de Blair fue muy chapucero: cortó y pegó cosas de aquí y allá sacadas de La Red para vender a la opinión publica que Irak disponía de un arma capaz de golpear Londres en 45 minutos. Un tipo con este currículo ha estado en la lista de presidenciables de la UE y es desde hace tiempo mediador de la nada en Oriente Próximo.
De Blair recuerdo su lectura de la Carta a los Corintios en un inglés maravilloso durante el funeral de Diana Spencer. Parecía un actor. ¡Qué dicción! ¡Qué forma de estar en el escenario! Lo malo es que no fue elegido para interpretar sino para cambiar un país anquilosado en sus aires de grandeza victoriana. Perdimos un líder y un actor, ahora sólo nos queda un tipo con mala memoria.
Estoy en Londres desde hace días, ya escribiré sobre ello. Aún no sé dónde, pues se trata de un viaje de placer. Quizá un post, un párrafo en un futuro libro o nada. Todo necesita reposo, fermentación. A esta ciudad magnífica regreso cada vez que me olvido de quién soy o de qué quiero. Son procesos extraños los de la memoria: un olor es capaz de desatar una tormenta de imágenes acompañadas de voces de personas muertas. Nos perdemos mucho los occidentales en los juegos del más allá, en los de afirmación y en los de negación. Unos sitúan a sus muertos en el cielo, un lugar cerrado al que los creyentes desean ir, pero si es posible, bien tarde; otros están convencidos de que tras la muerte sólo hay cenizas y viento. Aunque ideológicamente pertenezco al segundo grupo vivo estas cosas de forma muy africana. Los muertos y los vivos me acompañan siempre, todos juntos, casi nunca revueltos, hablando entre ellos y conmigo. Gracias a ellos me siento muy rico. Son toda mi vida, lo único que tengo. Hace unos días murió el padre de un amigo, un tipo muy especial. Le dije a este amigo que ejerce de hermano menor lo que antes comenté a otros (Mónica me recordará frente a las montañas de Potes): la muerte genera una ausencia dolorosa; el duelo sirve para convertirlas en presencias que acompañan.
Ayer vi y escuché el musical Los Miserables. No recordaba casi nada de la primera vez, hace 18 años. Acababa de cerrar El Sol y aún no me había llamado El País. Si se mide la vida en periodos largos, no de mes en mes, de año en año, se nota el movimiento y que esto de vivir es una aventura estupenda. La vida, como la muerte, son aventuras individuales. También el duelo. La tribu y los dioses sirven sólo para disimular el miedo de estar solo, pero incluso ese miedo es personal y hay que aprender a manejarlo.
Además de los latiguillos, no hay día que no lea el célebre “le dio luz verde”, hay errores y malas prácticas que inundan los periódicos y las web. Se abusa de frases imposibles como “de cara al año 2012″, cuando el año que está por venir no se encuentra físicamente en sitio alguno para poder encararle. Uno se puede poner de cara a la pared, pero jamás frente al año 2012. Otro”: “Fulano se debate entre la vida y la muerte”. Entre la vida y la muerte no hay nada; se está vivo o muerto, y por lo general (segunda acepción) cuando alguien se encuentra ingresado en la UCI tiene escasas energías para el debate, y menos para uno tan trascendental. Más: “Zapatero recorrió la geografía española”. La Geografía es una disciplina que se estudia y por lo tanto resulta poco recorrible con los pies (sólo ayudado de los ojos, página a página). “La climatología adversa”. Lo mismo; es la disciplina que estudia el clima y no puede ser favorable ni contraria. Es mejor “Las condiciones climatológicas adversas”, o frases similares.
En tiempos de crisis y escasez de papel, los periodistas gastamos mucho espacio en palabras innecesarias: el próximo jueves, pasado sábado, cuando bastaría el día sin acompañamientos pues entre hoy martes 8 de diciembre y el jueves no hay más jueves que nos confundan. Sólo es útil cuando hay dudas. Los sin embargo, por otra parte, no obstante… pueden evitarse con facilidad y el empleo de los dos puntos alivia las frases, ahorra espacio y facilita la lectura. Los periodistas deberíamos ser además de buenos informadores, buenas personas (Kapuscinski) y tipos honestos, gente que conoce y protege su idioma.
El país que entró en una guerra con mentiras (Irak) y en otra con medio verdades (Afganistán) anda revuelto porque Tiger Woods ha tenido un par de faltas extramatrimoniales. Bueno; un par, un par, no: nueve que se sepa y todas con señoras de alto poderío acústico (por lo mucho que declaran), no por lo que muestran en las fotografías (que apenas me fijo; es un decir). El caso es que el golfista Woods, de color negro como Barack Obama, perdió el papel del bueno del cuento y en cuestión de días ha pasado a ser el villano, el pichabrava, con perdón, que va por la vida de cama adúltera en cama adúltera.
En EEUU, como en España, ha dejado de existir la presunción de inocencia, al menos periodística. ¿Por qué renunciar al titular de la mirada de un asesino o escrutar en los calzoncillos de un deportista? Es la nueva prensa; así cree que se salvará de la quema cuando será la primera en esfumarse, la que aparcó lo importante para cebarse en lo intrascendente, en el espectáculo y la estupidez.
Los patrocinadores americanos de Woods le huyen como la peste, cancelan anuncios y no sé cuantas cosas más. La bebida Gatorade ha informado de que retira del mercado Gatorade Tiger Focus y añade en su nota de prensa que la medida no tiene nada que ver con la vida privada del astro del golf. No pienso beber nunca Gatorade ni sus derivados. Primero, por mentirosos; segundo, por no reconocer su responsabilidad en este desgraciado asunto. La culpa de que Woods no pare en casa la tiene la bebida energética, que se pasó de carburante.
Siempre me ha sorprendido esta doble moral tan anglosajona y que EEUU lleva al paroxismo. Nadie, siquiera la puritana Gatorade, se escandaliza del goteo diario de muertos americanos e iraquíes y de la pantomima que se ha convertido la guerra de Afganistán.
Entre un tipo de gatillo tan fácil como Bush, a quien no calificaré judicialmente por aquello de la presunción de inocencia, y un tipo generoso y desprendido como Woods, me quedo sin dudar con Tiger. Lo suyo es, como mucho, un asunto de familia. Lo del ex presidente… Lo del ex presidente es mucho más grave. Al menos tenemos un consuelo: irá al infierno y allí se encontrará con sus amigos de las Azores y con Federico Trilero, perdón Trillo. ¿Qué no existe el infierno? ¡Venga! ¡No me fastidiéis el cuento! ¡Qué es Navidad!