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Obama hasta en la sopa

Existe un segundo índice de aburrimiento en los periódicos, además del número de corbatas dividido por las páginas totales: la cantidad de veces que aparece publicado el nombre del presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Hay días que ridiculiza al célebre padre Rubio, el jesuita que tenía el don de la ubicuidad y hacía milagros simultáneos. Obama se aparece en todas las informaciones, sin importar si el encabezamiento es EEUU, Irán, Reino Unido, Italia o el último partido de fútbol americano.

Si tu texto carece de una referencia a Obama no vale nada. Ponga un Obama en su información y será recompensado con un poco más de espacio y un titular relevante. Los responsables de las secciones de los periódicos deben hacer juegos malabares para evitar las repeticiones en los títulos: Obama, el presidente de EEUU, la Casa Blanca, Washington o el Nobel de la Paz…

Sé que algunos que le alabaron hace un año y presentaron como el gran mesías andan estos días escribiendo sus decepciones. No ha sido una revolución pero ha puesto en marcha cambios importantes en un país complejo, individualista y difícil: la reforma del sistema de Sanidad y los límites legales a los bancos tan dados al exceso con el dinero ajeno, por ejemplo. Ha sido un año en el que se ha tenido que concentrar en una recesión que tenía síntomas de Gran Depresión. Está lo de Afganistán, claro, y la aprobación de nuevas armas nuclerares. Nadie es perfecto. Será interesante seguir el caso de Irán, cuando el diálogo no da frutos. En la anterior Administración ya estarían pintados para la guerra y lanzando informaciones prefabricadas a unos medios de comunicación ávidos de titulares. Es una ocasión para comprobar cuánto hemos aprendido los periodistas de las mentiras de Irak.

Un año blogueando no es nada

El blog es acuario, como su autor. Pero no creo en los signos del zodíaco porque durante un tiempo me los inventaba en Radio Intercontinental, en un programa en el que fui efímero guionista. No creo, pero algo hay. Supongo que todos terminamos haciendo un esfuerzo por parecernos al signo adjudicado. Soy acuario y ejerzo de tal. Mi relaciones con el esoterismo, si es que se le puede llamar así, no terminan en el signo óptimo de la semana. En Londres eché las cartas y leí las rayas de la mano a una parte del staff de un hotel de cuáqueros en el que trabajé casi un año. Cobraba en vasos de vodka con naranja (el origen de mi afición a esta bebida). Tuve aciertos y fracasos, pero conservé la fama. La gente venía a mi cuarto en busca de esperanza y eran ellos los que me transmitían lo que querían escuchar. No engañé a nadie porque a todos dije que no sabía leer las cartas, las manos ni las estrellas. Pero mis clientes no querían a verdad, sólo ilusión.

Hace un año -el 7 de febrero- nació este blog con la ayuda de muchos amigos. Los que me convencieron de las ventajas de esta herramienta, los que lo diseñaron y ajustaron. También hubo amigos que me citaron en sus blogs de referencia dándome empujones en la audiencia hasta convertirme en un simulacro de Carlotti del prime time obsesionado con las visitas. Supongo que nos pasa a todos. Al cabo de unos meses dejas de fijarte en los números y das más valor a la calidad de los comentarios. A todos muchas gracias, incluso a los que se han peleado con tanto ahínco y alguna palabra de más en uno de los últimos post. Creo en la libertad, en la de expresión y en la de acción.

A mediados de esta semana llegaré a Haití. No busco memorias ni siquiera a Ricardo Ortega, que está dentro de todos nosotros. Sólo buscaré gente que sufre y desea contar su historia.

Idioma, cine y muros

La obligatoriedad de doblar una cantidad de cine a un idioma diferente del que se rodó es una paletada, sea catalán, castellano, suajili, creole o hebreo. Otra cosa es que se exija la traducción de los subtítulos en un idioma concreto. ¿Pero no estábamos con la libertad y el rollo de las leyes del mercado? ¡Perdón! Es verdad: sólo son para despedir, mal pagar y explotar.

Lo que debería prohibirse es el doblaje de todas las películas, tanto en el cine como en la televisión. Sería un excelente primer paso en la revolución educacional que necesita este país. Al menos aprenderíamos a quejarnos inglés.

Saber despedirse es un arte

Saber despedirse es un arte; saber morir, otro. Siempre imaginé que el final de la vida era muy parecido a esta genial escena de All that Jazz y que al otro lado estaba Jessica Lange vestida de blanco. Deberían aprender los exégetas del infierno y su calores: la decoración es esencial. Mejor una mujer hermosa y elegante que un tipo de mal carácter, cuernos y rabo. La mayoría de las religiones utiliza la muerte como amenaza para evitar deserciones. No existe una educación para aprender a morir porque tampoco la hay para saber vivir. Se agitan banderas de libertad y se nos niega, por ejemplo, el derecho a una muerte digna, que es lo que significa eutanasia. No es obligatorio estar vivo a cualquier precio. No todos tienen que estar deslumbrados por la ilusión de vivir. El cuerpo, con sus males físicos y mentales, no es un rehén de las ideologías.

Propuestas contra la molicie

Un libro: En mis preparativos de viaje hago caso al consejo de un gran periodista, Joaquin Ibarz, y recupero una novela estupenda con la intención de releerla en Puerto Príncipe. Estoy seguro de que allí, como me sucedió hace 15 años con El reino de este mundo de Alejo Carpentier, Los comediantes de Graham Greene tendrán más sabor leídos en la terraza del Olafsson, el hotel donde se desarrolla parte de la trama.

Un artículo: En este caso es una dirección del Boston Globe y su Big Picture. Para que no nos olvidemos de Haití. Pincha, abre las fotos, obsérvalas, piensa y siente, y si eres periodista dime si este, nuestro trabajo, no es maravilloso y una gran responsabilidad.

Una película: Up in the air de Jason Reitman, de lo mejor de la cartelera. Una comedia agridulce que trata el drama del paro de forma genial. Critica a un sistema que hace dinero con la desgracia ajena (¡vaya novedad!) y que sabe distanciarse del drama y encontrar motivos para la risa y la reflexión. Me gusta George Clooney y me enamoró Vera Farmiga.

Una canción: Chile cierra el círculo de su transición con la victoria en las presidenciales de Sebastián Piñera, derecha. Ahora que algunos de sus seguidores más exaltados se mofaron en la calle de los desaparecidos, me gustaría recuperar El aparecido, de Inti Illimani. Aún recuerdo un maravilloso concierto junto a Quilapayún en Madrid cuando aún sabíamos qué defendíamos y en qué lado estábamos: el de la justicia y la memoria.

Una sonrisa: Con qué poco se puede hacer humor de primera cuando hay talento. La serie de El Budista son tres vídeos, este tercero es fantástico. Faemino y Cansado.

Una frase: “La vitalidad se revela no solamente en la capacidad de persistir sino en la de volver a empezar” (Otra vez el gran Scott Fitzgerald).

Un inclasificable: Otra joya de una amiga, que prefiere no revelar su nombre, dedicada a los jueces del Supremo, gente de gran rigor, sensibilidad e inteligencia (podeís cambiar los calificativos sin problemas):

A menudo hablamos del miedo. El miedo que nos paraliza, el miedo a lo desconocido, a la muerte, al extranjero… Pero ¿cómo se vive con miedo a lo conocido? María Antonia sólo recuerda que se acostó tarde, como cada noche, porque tenía miedo. No recuerda que su marido entró de madrugada en la casa, sin alevosía, con un cuchillo en la mano, sin alevosía, que la pateó casi hasta matarla, sin alevosía, que le deseó la muerte, sin alevosía.

Una reflexión: Por qué se empeñan en comparamos con “los países de nuestro entorno” en todo lo que nos perjudica. “Es que en España vivimos más”, dicen para justificar el recorte de pensiones y el retraso de la edad de jubilación. ¿Cuándo hablamos de los sueldos alemanes? ¿del número de parados en Holanda? ¿de las prestaciones sociales de Noruega?

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