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No entregaré el friegaplatos al enemigo

He descubierto al culpable de mis problemas domésticos: el friegaplatos (lavavajillas para los finos). Algún cable interno debe ser responsable de que el diferencial lleve una semana saltando con bastante más capricho que lógica. Tras descartar el microondas, la caldera, el aire acondicionado y un manojo de cables en el dormitorio, desenchufé el friegaplatos. Lleva en coma 48 horas y la luz general se mantiene sin problemas, un pésimo síntoma a la hora de dilucidar culpabilidades. Me siento triste, casi traicionado. Hubiera preferido otro quintacolumnista: la nevera, la lavadora, incluso la vitrocerámica, con los que no tengo vinculación emocional alguna. El caso del friegaplatos, un Miele G-595 SC de 1986, es especial: somos casi una pareja de hecho.

En estos 24 años juntos sólo tuvimos que cambiarle una goma exterior y fue más culpa de una obra que por achaques del aparato. Descartados mis padres, ese Miele es el ser más o menos vivo que más tiempo me ha soportado, algo que según declaraciones recientes y muy certeras de C. O. es una aventura cuando menos compleja.

Veinticuatro años de estrecha relación sin reproches: un de dónde vienes a estas horas, no me digas que vas a ver ese partido de fútbol o ya estás dándole otra vez al ordenador. Ninguna novia o jefe soportó más que mi Miele de G-595 SC. He revisado los papeles y al hacerlo he recordado el día que entró en casa, la ilusión con la que acogí su primera fregada… Ha vivido mucho, como yo: divorcios, mudanzas y ausencias. Siempre fue segundo, tercer o cuarto plato pues detrás de los humanos estaban mis gatos Claudio y Oliverio.

Me preocupa que el asunto de los plomos esconda un mal mayor que unos cables que se cruzan, algo irremediable que me obligue a una prejubilación justo ahora que el Gobierno y Corbacho se han puesto farrucos. Esta noche mientras fregaba a mano le he hablado y prometido que no lo cambiaré por uno nuevo, uno de esos fabricados con prisa y en lunes vaya usted saber dónde y que te dejan los platos impregnados de un sabor a plástico industrial. Creo que la inteligencia de los humanos se construye de vejez y aprendizajes. Si me diera un yuyu, de esos que te dejan tieso como la mojama sin tiempo a despedirte de tus seres y aparatos queridos, deseo que me metan en mi Miele y me entierren así, en cuclillas y con el programa de 90 minutos accionado. Y que no falte abrillantador, que me han dicho que en el Más Allá son muy quisquillosos con estas cosas de las apariencias.

Obama y los republicanos que copian al PP

Después de 14 meses de presidencia, el primer éxito, pero ¡qué éxito! Cuál será el coste político de esta larga y dura batalla (que no ha terminado) se pregunta David E. Sanger en un análisis en The New York Times: Big Win for Obama, but at What Cost? Barack Obama se ha dejado mucho de su presidencia en lograr cobertura médica para millones de sus conciudadanos que el sistema dejaba fuera. Tenía dos opciones: tratar de ser presidente con dos mandatos, como hacen todos, o arriesgar y dejar una impronta por generaciones. Escogió el riesgo. Por eso me sigue gustando.

Las aseguradoras están que bramaban porque para ellas la salud de todos es un negocio privado que se lucra en las excepciones de la letra pequeña: usted paga, nosotros le cubrimos pero sólo hasta que se pone enfermo. Resulta sorprendente que los republicanos voten en contra como un ejército, sólo porque quieren convertir esta reforma en un Waterloo presidencial. Puede terminar en boomerang.

Obama ha hecho historia, y él lo sabe, más allá de si pierde las elecciones de 2012. Es de esos rarísimos casos en los que un político es capaz de mirar al futuro y no a las encuestas de cada semana. Los republicanos, más clásicos en sus intereses y los de sus contribuyentes en la financiación de sus campañas, sólo piensan en las middle term elections de noviembre y recuperar el control de alguna de las cámaras, tal vez la de Representantes, que en la noche del domingo demostró por qué es tan importante.

¿Por qué gastar munición política por unos pobres que ni siquiera votan? ¿Por decencia, quizá? ¿No es la política la mejor vía del servicio al ciudadano? ¡Romántico!, responden los realistas, los pragmáticos, los que se esconden en los sinónimos para evitar el adjetivo principal: cobardes.

Espero que esta victoria no sea pírrica porque los republicanos continuarán la guerra en los Estados con todo tipo de argucias legales y zancadillas. ¿No deberían Mariano Rajoy y José María Aznar patentar la estrategia de la crispación y la mentira? Podrían cobrar royalties a los republicanos. Y la lideresa Aguirre los mismo con sus desobediencias indebidas. Podíamos sugerir a Forges una de sus viñetas sobre agudeza visual: “Diga en un segundo qué líder merece la pena”.

Ahora sólo falta cumplir el resto de las promesas, pero va por buen camino. El Israel de Netanyahu y Lieberman y sus nuevas dificultades son la prueba.

PD El papa Benedicto XVI dice: “Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Tengo una duda: ¿se refiere a ellos o a nosotros?

Cualquiera puede ser un etarra

Nos hemos equivocado todos los periódicos (también televisiones y radios): los supuestos etarras filmados en Francia eran bomberos catalanes de vacaciones. El fallo es, ante todo, policial. Cuando dos policías de la experiencia de la francesa y la española dan por buenas unas imágenes y las distribuyen el periodista lo único que puede hacer, además de consultar sus fuentes, es añadir todo tipo de cautelas: “los presuntos”, “según el vídeo suministrado por…”. Una enseñanza de este caso: nunca conviene ir más allá de estas precauciones aunque el titular peque de timorato frente a la competencia.

Este fallo colectivo debería obligarnos a revisar procedimientos y recordar que el periodista jamás debe dar por bueno todo lo que llega por vía oficial, que nuestro trabajo es dudar siempre del poder, sea político, económico o cultural… Incluye a las ruedas de prensa reales y a las falsas vestidas de declaraciones institucionales de gobiernos centrales y autonómicos, ayuntamientos y empresas que llenan miles de páginas y metrajes de vídeo. Pero ¿qué hacer cuándo una policía experta en la lucha contra el terrorismo da la lista de los etarras más buscados?

Leo que algunos compañeros se rasgan las vestiduras en algunos blogs y más que se rasgarán hoy en determinadas columnas de opinión y en las tertulias de radio, tan dadas a la exageración. Hay un dicho castellano (escribo castellano por deferencia al Parlament que anda estos días ocupado en cosas transcendentales para Catalunya): “A toro pasado, todos toreros”.

Los que sobre todo deben revistar procedimientos informativos son las policías francesa y española, de donde procede el error. También deben pedir disculpas a los bomberos, a los medios de comunicación y la población en general y explicar cómo se produjo. ¿Es cierto que se dio credibilidad a la declaración interesada del etarra detenido?

En nuestro descargo puedo decir que las redacciones echaron humo en la madrugada del sábado comprobando la verosimilitud de las primeras informaciones, vía TV3 (que sorprendentemente no las reflejó en su página web) de que la Generalitat, alertada por los familiares de los afectados, decía que eran bomberos. Los compañeros de España de mi periódico trabajaron a contrarreloj para lograr una segunda edición y una página web sin errores. Lo que nadie cuenta es el orden de rectificación: El País fue el primero y bastante tiempo después, EFE, La Vanguardia, Europa Press y El Mundo. En el caso del otro delincuente errado, el Osama bin Llamazares del FBI hay que admitir que El Mundo fue el primero y todos los que le siguieron no le dieron el crédito de la primicia.

Ser honestos con el lector y caballeros con la competencia es un valor que hemos perdido. Inmersos en la batalla en Internet y de la rentabilidad en todos los soportes (¿se dice así?), el prestigio de las cabeceras y de los que trabajamos en ellas siguen siendo las mejores armas para sobrevivir en estos complejos tiempos de mudanza. Quien las desprecie, morirá.

Días de lluvia sobre lluvia

“Llueve sobre mojado”, dice el refrán. “El hombre mojado no teme a la lluvia”, responde el título del libro de Olga Rodríguez. Pero cuando salgo a la calle sólo veo gente que se encoje y protege. Me gusta mojarme, quizá porque hace muchos años, cuando mi coronilla empezó a clarear, escuché a alguien decir que la lluvia de primavera era buena para calvicie. Una idiotez, lo sé, pero el temor produce estados en los que se acepta todo. Es donde anidan las religiones y los nacionalismos; los crecepelos, también. Al regresar de Washington, donde viví casi dos años, un dermatólogo me mandó unas ampollas. Cuando fui a comprarlas a la farmacia y escuché el precio (14.000 pesetas de 1986; unos 75 euros actuales) respondí: “Entonces no, me llevo una caja de juanolas”. No mucho después escuché en la radio al juez del Supremo Federico Saenz de Robles: “Hay dos tipos de calvos, los que se han gastado un dineral y los que no han gastado nada”. Decidí ser de los segundos.

Aunque nunca me preocupó demasiado el pelo, excepto los primeros dos años, hay una cuestión de orden que aún me subleva. Cuando lo tenía aún vivía con mi padrer-militar y era él quien decidía los centímentros que separaban la imagen del hombre de la nenaza, y cuando me independicé ya no quedaba pelo que hacer crecer. Me dejé barba a los 20 años como protesta subterránea y por comodidad, que tampoco hay que exagerar. Como la guerra se había concentrado en los centímetros, mi padre no tuvo argumentos contra la barba. Sólo uno: “Antes la llevaban los señores, ahora los comunistas”. Mmmm, debí pensar. Buen argumento toca huevos. Cuando un día me la afeité para airear la piel unas semanas mi madre se llevó un disgusto. ¡Batalla ganada!

Pero escribía de la lluvia y decía que siempre me gustó sentirla y ahora que viajo sin chaleco antisentimientos, más. Debe ser una metáfora de mi disposición. ¿Otra batalla ganada?

Aquí estamos otra vez, mojándonos el culo: Eduardo Paz, José Antonio Labordeta y Joaquin Carbonell.

¿Quién se acuerda de ayer?

Hay cierto periodismo que no vive de la memoria, sino de la desmemoria, del quién se acuerda de ayer. Afortunadamente quedan las hemerotecas y gente que recuerda, como José María Irujo, un gran profesional. Conté una vez en este blog una anécdota que afectó a Carlos Bradac, también en Diario 16. Omití el nombre del director porque lo importante y revelador era la frase. Ahora creo que me equivoqué: es el mismo que ahora se apropia el caso Roldan y lo que caiga. Leído en el blog de Nacho Escolar:

 

Señor Director

El diario El Mundo publica una compaña de autopromoción publicitaria en la que se incluye un anuncio con una fotografía de Luis Roldán y un texto que dice lo siguiente: “Ultima hora. Luis Roldán nombrado ministro del Interior”. “Le podemos gustar más menos, pero sin El Mundo España habría sido diferente”.

Le recordamos que Luis Roldán fue cesado como director general de la Guardia Civil el 2 de diciembre de 1993 como consecuencia inmediata, única y exclusiva de nuestra investigación periodística publicada en Diario 16 y no por informaciones de El Mundo como usted se atribuye en el citado anuncio. El 23 de noviembre de 1993 publicamos en Diario 16 una información titulada “El patrimonio de Roldán se incrementó en 400 millones” en la que desvelamos todas sus propiedades. A esta información siguieron otras exclusivas hasta que nueve días después Roldán fue cesado en su cargo. Hasta el entonces presidente del Gobierno Felipe González reconoció en una entrevista que cesó a Roldán y no le nombró ministro del Interior a causa de nuestra investigación. Durante esos nueve días El Mundo no publicó ninguna información sobre Roldán por lo que no contribuyó de ninguna forma a acabar con su carrera política.

Promocionar su diario en una campaña publicitaria con el trabajo ajeno, en este caso con nuestra investigación en Diario 16, no es ético ni elegante y atenta a la deontología profesional más elemental.

Atentamente

 

José María Irujo y Jesús Mendoza
Ex periodistas de Diario 16

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