Madrid, la guerra de los dos mundos
Wednesday, 30 de June de 2010 por Ramón
He leído que la ciudad de Madrid fue ayer un caos y que todo indica de que lo volverá a ser hoy. Me sorprende porque muchas grandes ciudades son un caos todos los días. Lo de ayer, es cierto, tuvo un plus. Muchos afirman que la culpa la tienen los trabajadores del Metro, pero me parece que ésta debería ser compartida por el Gobierno autónomo de la libérrima lideresa Aguirre tras la imposición de unos servicios mínimos abusivos. Un 50% es una chulería (im)propia de una mujer tan flexible e inteligente. Los sindicatos, que en estos tiempos de paro masivo carecen de sentido del humor, se han puesto farrucos y han terminado por romper una baraja que ya les venía rota.
Los medios de comunicación de la derecha han jaleado a la gracil jefa que colecciona asesores con un sueldo fuera de la crisis. A esos medios les gusta que el poder tenga huevos y los enseñe, y más si la propietaria de las partes protuberantes es una mujer. Herencias del imaginario thatcherista.
Los de la izquierda se han quedado muditos pues aún andan buscándole las vueltas al PP con lo del Estatut y un poco incómodos con el ejercicio de libertinaje sindical, un mero entrenamiento de lo que vendrá después del verano. A los gobiernos, sean centrales, autonómicos, municipales, mirando al Este o al Oeste, no les gusta la contestación y menos si ésta carece de reglas definidas por los contestados. Lo llaman reglas del juego, de su juego.
Mientras fluye la filosofía tertuliana de los que se mueven siempre sobre ruedas y a cubierto, los demás -es decir, la mayoría- han vivido el problema con paciencia: aumento de la densidad del tráfico; mareas humanas en las paradas de autobuses y que éstos pasaran repletos de sardinas importadas de Tokio embutidas en un vehículo con las siglas EMT; bofetadas por subirse al abordaje a cada taxi… Y peor: la visión de cientos de madrileños suicidas encaramados en sus bicicletas sumados al tumulto y andarines varios con evidente sobrepeso caminando kilómetros en dirección a sus trabajos solo para vigilar que nadie les quite la silla.
Lo esencial, en lo que nadie parece reparar, es que el asunto es mucho más complejo: los avances nos han dividido en dos mundos antagónicos, los del suelo y los del subsuelo, y cuando se nos junta surgen los desajustes, el disenso, la incomodidad, el temido caos. Para colmo, la libérrima lideresa, azote del PSOE y más de su partido, quiere contratar para hoy decenas de autobuses para complicar más el tráfico y que la gente del mundo oscuro se vuelva loca con tanto árbol (es un decir, claro).