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USA y sueños

Lo siento, pero me quedé sin energía tras una noche larga e intensa en el otro blog. Pienso en la cama y la siento fría, por eso le he puesto calor eléctrico entre las sábanas, para que me mime en un rato. Necesito cuna. El día comenzó volteado y más que se volteó en la cabeza. A veces me empeño en ver la parte negativa de las cosas buenas. Menos mal que hay gente inteligente cerca que me revolotea de vuelta hasta dejarme como estaba. Soy lento en ver las cosas y a veces la sirena que es mujer-agua se pierde en impaciencia.

Me pesan los párpados. Es sueño, nubes de sueño mullido. Tengo miedo a las pesadillas con el Tea Party, la cadena Fox News y otros monstruos modernos. No hay quien se coma tanto en un bocado salvador. Me pesan las orejas y las manos y los pies. También las ideas y las no ideas, que son cada vez más por la edad. También pesa el deseo de querer estar donde no puedo estar. Si sumo todo seré piedra, una estatua de un hombre que arrastraba demasiados pesos.

Buen día a todos.

Odio la dictadura de lo políticamente correcto. Frente a la libertad de expresión de un tipo que opina sobre un ministro está la libertad de expresión de los que le afean el calificativo. Me gusta ver ese partido. Tengo mis opiniones y costumbres y entre ellas no se encuentran la censura ni mandar a callar a los que se expresan en otro idioma. Hemos peleado años por la democracia y cuando esta llega abrimos el baúl de la autocensura. Estamos creando una sociedad cobarde que tiene miedo de desmarcarse, a ser diferente. Todos por un carril, el que mandan los curas, los políticos o más recientemente las hembristas.

No sé si es machista escribir que Bibiana Aido está de buen ver. Basta con acudir a cualquier fotografía de la ex ministra y aceptar que no es una opinión, se trata de un hecho. El mismo proceso vale con George Clooney o Robert Reford, que están como para hacerme dudar de mi heterosexualidad.

Me preocupan mucho más los valores machsitas con los que se educa a los niños, el enquistamiento de roles (mujer-princesa y hombre-fuerte), de mitos absurdos como el príncipe azul y el amor verdadero, como si solo hubiera uno, y la pervivencia del de la mujer-madre sin alternativas de ser mujer-mujer. He comentado en este blog que basta con acudir a un parque una mañana de domingo para comprobar cómo perpetuamos los errores. Tan preocupados por las palabras -y envidiosos (por Aido, claro)- olvidamos lo esencial.

Un gran almacén llamado El Corte Inglés, puedo decir el nombre porque no me retirará la publicidad de En la boca del lobo, ha publicado un librito navideño en el que muestra regalos bajo el titulo Juguetes y el antetítulo Hacer realidad tus sueños cuesta muy poco. Un recorrido por sus páginas es una demostración de lo dicho antes. De todos los juguetes me ha llamado la atención uno: el bebé glotón, que incluye un aparato sacaleche. En la foto se puede ver a una niña de ¿cinco, seis años? sacándose la leche del pecho izquierdo. Dicen que solo es publicidad, seguro que para Esperanza Aguirre es una forma de literatura. A mi me parece algo peor, un síntoma inequívoco de estupidez colectiva.

Muertos y vivos

En víspera de todos los santos a los vivos se gusta hacerse el muerto. Es injusto, no hay reciprocidad. Madrid se llenó de personas disfrazadas de difunto. Algunas con gran esfuerzo y mérito. Daban casi miedo. En un semáforo vi a cuatro muertos embutidos en un coche decorado con telas de araña y cristales manchados de sangre. Más allá, frente a la estación de Atocha, un drácula se cruzó en el paso de peatones con un tipo tocado con sombrero de copa y este se lo quitó ceremoniosamente porque la buena educación no se debe perder por detalles insignificantes como ser o no ser. En mi calle me topé con una manifestación de muertos. Debe ser que en el más allá también andan con recortes y en crisis. Me deslicé entre ellos con mi disfraz de vivo. Nadie afeó mi falta de compromiso con la fiesta. Debieron pensar que quien hacía teatro era yo.

El Halloween anglosajón ha sustituido en las ciudades al cristiano día de los santos. Es un avance. Como el Carnaval mejora la Cuaresma. Prefiero el Cádiz pagano a la Sevilla de las procesiones (un teatro monumental que merece la pena). En los pueblos se mantiene el almodovariano día de los muertos-santos: acudir al cementerio, adecentar lápidas, colocar flores y hablarle un poco a los muertos-muertísimos. Visto desde fuera resulta rara tanta pasión por los que se fueron cuando vivimos de espalda a la Muerte y a los demás vivos. Vivimos como si este extraño, injusto y no siempre divertido chiringuito de feria fuese eterno.

Cruzar ríos en días grises

El día amanece gris, plomo. Miro las nubes por los velux y no hay movimiento. Una masa de grisura preñada de lluvia está sobre mi cabeza. Quieta. Tal vez asustada. Miro al espejo y me veo en color. Sonrío. Me hago burla y el espejo, el muy idiota, me devuelve burla. Frunzo los labios y el espejo, el muy tonto, pone boquita de piñón. Rastreo una canción de agua que me sirva para días de lluvia y para abrazar a una mujer-agua y esta canción me llama desde una esquina de la casa y me dice, “eh, que soy yo, soy lo que buscas”. Escucho. Comparto. Es hora de terminar de cruzar los ríos. Uno tras otro.

Charlas, jóvenes, sirenas

Palma de Mallorca. Charla ante jóvenes estudiantes. El objetivo es conmover, agitar, sembrar dudas y esperanzas. Me duele la garganta de tanto hablar y las neuronas de tanto pensar. Huele a mar. No hay sirenas en las calles. Echo de menos a la mia, la que vive en la ventana de mi casa. Hoy no he abrazado a nadie. Pienso en las oportunidades perdidas y en las que están por llegar. Regreso a Madrid, a los tejados que saben a mar. Hablar a la gente es mejor que escribir. Puedes mirarles a la cara, seguir el impacto de cada una de las palabras, de las cosas que he aprendido y muestro. Les he hablado de Joao Silva, el fotógrafo del diario The New York Times que perdió las piernas el pasado fin de semana en Afganistán. Me traje un libro, El club del bang bang al que escribí el prólogo en su edición castellana. En ese texto de 2001 me desnudé por completo. No lo he leído en público porque no sé leerlo sin sentir la emoción de cada imagen, de cada vacío. Y ahora más. No quiero llorar. Me da miedo que se entere mi amigo Arturo Pérez Reverte. Buen fin de semana.

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