Arranca la nada
Thursday, 5 de May de 2011 por Ramón
Arranca la nada: un montón de personas disfrazadas que por unos días abandonan la caja tonta y salen a dar cortos paseos por la realidad. Visitan lugares en los que las fotos quedan bien, estrechan la mano de votantes que no conocen, les preguntan por sus problemas si hay un micrófono cerca, acarician la cabeza de niños a los que están dejando sin futuro, cruzan la calle a un par de ancianos y sonríen, a veces tanto que se desdoblan en Tony Blair.
Esos paseos fuera del aparato de televisión no son para estirar las piernas ni para respirar flores o la maldita contaminación. Pasear, pasear pasean poco, solo se mueven en coche oficial: cristales cerrados y tintados. Son extraterrestres incapaces de sobrevivir en nuestra atmósfera.
En España hay dos grandes partidos; grandes no por su grandeza sino por el número de clientes que tienen que colocar cada cuatro años. Perder unas elecciones es, sobre todo, un problema laboral.
En estas campañas municipales arreglan aceras, baches, farolas. El otro día cambiaron una rejilla al lado de mi casa que llevaba cuatro años rota y con la que he tropezado media docena de veces. Debería haber elecciones todos los días.
Encendí la radio durante la cena y brotaron catastrofistas de derechas que venden soluciones mágicas al desastre que ellos impulsaron con sus liberalizaciones; los que catastrofean desde la presunta izquierda nos dicen que no, que no miremos a la tormenta perfecta, que hay que bajar la vista y fijarse en los parques, en los polideportivos, en los insectecillos que pueblan nuestras calles. En Castellón son unos privilegiados: además pueden mirar las estrellas desde las pistas de un aeropuerto sin aviones.
Y en medio de la cosa electoral, el erre-que-erre con Bildu. Prefiero a los vendedores de La farola, o los top manta; ellos miran a los ojos, no engañan, solo redistribuyen falsificaciones en un mundo falsificado.
Los de la corbata y las damas disfrazadas de dama disfrazada nos hablan desde un atril permanente pagado por los impuestos de todos. Veo Cospe y a Blanco con las manos aferradas en los atriles voladores y el rostro prieto, de navy seal del río Manzanares. Y los periodistas detrás, contaminados por su ritmo vital, sus intereses y sus voces, paseando también fuera de la caja tonta.
Políticos y periodistas creemos que nuestro mundo es el real y allí vamos, todos a la deriva. Fuera de ese mundo de palabras e imposturas políticas, abundan las personas verdaderas que hablan de otras cosas, de la vida.
No existen propuestas de ciudad, en Madrid nadie piensa, o sueña, una ciudad a 20 años. Gallardón no sueña, no biciclea, solo aspira. Es un escalador. Las elecciones son como la película de Berlanga: un esfuerzo enorme y al final los milagreros pasan de largo.
Feliz fin de semana.