Feed
Posts
Comentarios

Arranca la nada

Arranca la nada: un montón de personas disfrazadas que por unos días abandonan la caja tonta y salen a dar cortos paseos por la realidad. Visitan lugares en los que las fotos quedan bien, estrechan la mano de votantes que no conocen, les preguntan por sus problemas si hay un micrófono cerca, acarician la cabeza de niños a los que están dejando sin futuro, cruzan la calle a un par de ancianos y sonríen, a veces tanto que se desdoblan en Tony Blair.

Esos paseos fuera del aparato de televisión no son para estirar las piernas ni para respirar flores o la maldita contaminación. Pasear, pasear pasean poco, solo se mueven en coche oficial: cristales cerrados y tintados. Son extraterrestres incapaces de sobrevivir en nuestra atmósfera.

En España hay dos grandes partidos; grandes no por su grandeza sino por el número de clientes que tienen que colocar cada cuatro años. Perder unas elecciones es, sobre todo, un problema laboral.

En estas campañas municipales arreglan aceras, baches, farolas. El otro día cambiaron una rejilla al lado de mi casa que llevaba cuatro años rota y con la que he tropezado media docena de veces. Debería haber elecciones todos los días.

Encendí la radio durante la cena y brotaron catastrofistas de derechas que venden soluciones mágicas al desastre que ellos impulsaron con sus liberalizaciones; los que catastrofean desde la presunta izquierda nos dicen que no, que no miremos a la tormenta perfecta, que hay que bajar la vista y fijarse en los parques, en los polideportivos, en los insectecillos que pueblan nuestras calles. En Castellón son unos privilegiados: además pueden mirar las estrellas desde las pistas de un aeropuerto sin aviones.

Y en medio de la cosa electoral, el erre-que-erre con Bildu. Prefiero a los vendedores de La farola, o los top manta; ellos miran a los ojos, no engañan, solo redistribuyen falsificaciones en un mundo falsificado.

Los de la corbata y las damas disfrazadas de dama disfrazada nos hablan desde un atril permanente pagado por los impuestos de todos. Veo Cospe y a Blanco con las manos aferradas en los atriles voladores y el rostro prieto, de navy seal del río Manzanares. Y los periodistas detrás, contaminados por su ritmo vital, sus intereses y sus voces, paseando también fuera de la caja tonta.

Políticos y periodistas creemos que nuestro mundo es el real y allí vamos, todos a la deriva. Fuera de ese mundo de palabras e imposturas políticas, abundan las personas verdaderas que hablan de otras cosas, de la vida.

No existen propuestas de ciudad, en Madrid nadie piensa, o sueña, una ciudad a 20 años. Gallardón no sueña, no biciclea, solo aspira. Es un escalador. Las elecciones son como la película de Berlanga: un esfuerzo enorme y al final los milagreros pasan de largo.

Feliz fin de semana.

El paseo con Clooney

Hoy me crucé con George Clooney. Venía de comprar nespressos. Le sorprendí en una acera, encogido, asustado, bajo un árbol aún no asesinado por el jardinero Gallardón, como si temiera la caída de un piano o una tormenta súbita. Me preguntó por John Malkovich. Le dije que era un buen actor que hacía de dios caprichosón en unos anuncios en los que salía verdadero Clooney y que no debía de preocuparse pues estábamos en un sueño.

Era un sueño porque me vi muy guapo a su lado. Me soprendió su altura y un tic que tiene al hablar: dice, mueve los ojos a la izquierda y ladea la cabeza en la misma dirección. Creo que es una expesión del estrés. A Mariano Rajoy le pasa en los ojos, pero él mueve a la derecha, o los mezcla si le conviene.

El Clooney de mi sueño tenía algo en común con el Clooney desoñado: cumplía 50 años. Le dí el bienvenida al club de la cincuentena y le desgrané algunas de las ventajas de la madurez. Se las dije sin vocales, para no darle pistas y ventajas. El sueño avanzó adherido como una sombra húmeda por la calle Fuencarral. No sé cuando se transformó en pesadilla para George. A tres manzanas de la Gran Vía le descubrí refunfuñón e incómodo: nadie le miraba, solo me veían a mí y me decían piropos adecuados a mi condición. Hasta los perros me miraba libidinosos.

Cuando desperté del sueño George no estaba pero sí una bolsa con 300 cápsulas de cafés fuertes a mi vera y John Malkovich a los pies de mi cama vestido de blanco-divino. Me sentí confuso: no sabía donde acababa un sueño y empezaba otro. Malkovich que debe de haber estudiado en alguna escuela económica de extorsión, de esas que son tan populares en estos tiempos, me quitó los nespressos de George, los mías y la cafetera completa. Protesté: “Esa máquina es mía”, dije envalentonado. Llamaron a la puerta de casa y aparecieron Tedy Bautista y Michel Platini. Me sacaron tarjeta roja por dudar y se llevaron los muebles del salón.

Cuando desperté del segundo sueño estaba a mi lado George Clooney vestido de productor. Me propuso un papel en la futura película sobre Osama bin Laden. No le entendí muy bien, pero al parecer quiere que sea el jefe de los Navy Seals. No me extrañó nada; es la primera consecuencia de nueva delgadez: parezco un tipo en forma y no en deforma. Ventajas del plan. Feliz jueves, el día que siempre está en el medio.

Hoy me quiero salir del carril

No quiero hablar de fútbol, aunque esta vez sí me gustó mi equipo y el otro, también. No sé qué vio el árbitro en el gol anulado a Higuaín. Sólo había dos posibilidades: falta de Piqué o gol. Fue creativo, como en las faltas no pitadas. Hubiera sido un 1-2 insuficiente. En la ida se expulsó injustamente a Pepe y se jugó horrible: unos, los míos, dando patadas y sin crear nada; los otros, simulando asesinatos en masa y protestando todo en comandita. Lo peor: la rueda de prensa de Mourinho; lo mejor, el segundo gol de Messi. El Barça no fue tan superior, sobre todo cuando el Real Madrid decidió jugar al fútbol. Pese a los arbitrajes, pasó el mejor, el que hizo más por estar en la final.

Hoy no quiero hablar de fútbol, quiero hablar de las cajas ideológicas, de las camisas de fuerza, de las malditas trincheras, de la gente de manual. A la mayoría le agrada sentirse parte de una tribu, de algo más grande que le diluye como individuo y que diluye su responsabilidad. Ese es el éxito del fútbol: no hay personas, solo masa, borregos disfrazados. Y el de la religión: todos en procesión pero solo una minoría bajo palio.

En política, dos vías de salvación: derecha o izquierda, sin medias tintas ni diagonales. O aquí o allá. Perteneces a un bando desde la obediencia debida, prietas las filas, quien se mueve no sale en la foto. Paso de la foto y de los de orden y mando. Detesto lo previsible, huyo de las voces colectivas que hablan por las bocas individuales. Me dan miedo los que solo tienen razón.

He escrito dos post en el blog de Aguas Internacionales en los que me he salido del carril de los supuestamente míos y los supuestamente míos no saben, por lo que se lee en muchos de los comentarios, discrepar, intercambiar diferencias, respetar. O vamos en comandita o surge la decepción. Muchos de los míos solo insultan, como los otros. El fracaso del sistema educativo es obvio y extendido, no conoce fronteras políticas. En este blog personal discrepamos de una manera más pausada. No sé si ser minoría genera más educación o es que entre las minorías es más fácil el diálogo y la comprensión. No comparto todo con Nacho Escolar y Javier Pérez Albéniz, pero les leo, aprendo, respeto y admiro.

He ido a guerras y sé que la guerra es la suspensión de toda moralidad, porque la misma guerra es inmoral. Sé que matar a Bin Laden era la opción mejor pero durante 10 años se escogió la peor: utilizarle como excusa para invadir dos países y causar la muerte de miles de personas. Sé cómo es el mundo en el que vivo y sé que a Hitler no se le hubiera localizado en un búnker para leerle sus derechos o preguntarle por sus gustos musicales.

Comparar esto con ETA es paleto. Aquí no hay guerra, aquí hay libertad y una banda mafiosa que mataba hasta hace muy poco y extorsionaba. En nombre de la patria vasca se financiaban para no trabajar.

Puestos a salirme del carril diré que me parece un abuso de ley la ilegalización de la izquierda abertzale. No condenar un atentado es un derecho, lo es el silencio, como lo es no votar. Lo delictivo es jalear a los matones, señalar objetivos, matar.

Y ahora me salgo del carril con The Boss y nos perdemos por las calles de mi ciudad favorita, la de los locos que no obedecen, los locos que viven y dejar vivir.

Bin Laden y mi ordenador

Ha muerto mi portátil casi a la vez que Osama bin Laden. Un síntoma grave, lo sé; dicen que se trata del efecto mariposa. Tal vez sea blanco de alguna investigación criminal, como Gaspar Llamazares; él por su parecido, yo por simple coincidencia. La CIA dispone de un departamento que analiza los efectos mariposas. Aún no sé si el mío es de los corrientes, medianos o peligrosos. Lo dirá mi puerta cualquier madrugada de estas. Por si acaso he escrito: Welcome, do not shoot, please.

Mientras unos navy seals atacaban dentro de Pakistán, a pocos metros de una academia militar del Ejército cuya presunta eficacia financia EEUU, mi ordenador ponía los ojos a rayas de colores, que para eso es un Mac. Mientras desfallecía el portátil, ya con cuatro largos y viajados años, allá, en Pakistán, se desarrollaba un tiroteo de 40 minutos aun no sabemos si en una o dos direcciones. La mansión que albergaba al maldito más parece obra de algún avispado de por aquí, de los que se llevan el dinero y te dejan el adefesio sin pintar, que la sede de Osama.

Sé, debido al perturbador efecto mariposa, que mi ordenador se sintió conmovido por el malo, por el tipo duro de maneras blandas que presumía de haber volado las torres gemelas. No me gusta la violencia, pero creo en ella cuando acaba con otra violencia mayor, injusta, constante y chulona, como la de los Karadzic en Bosnia-Herzegovina.

No voy a derramar una lágrima por el tipo que inspiró el 11-M aunque una parte del PP y de sus amiguitos sigan erre que erre, que es lo que da votos. Mis lágrimas son, lo siento, para la difunta pantalla de mi ordenador que de líquida obediente se licuó en un cuadro de Warthol sin firma. Apple, siempre con los mejores precios, me dió un presupuesto de reparación que era una invitación a comprar otro con má capacidad. Caeré en la necesidad esta semana. Ahora llegan los cálculos, las prioridades y los edictos de gobernación: adiós al iPad2, que no hay dinero para tanto capricho.

Es lunes, me pesa como una montaña de Tora Bora. La muerte de Bin Laden demuestra que con paciencia todo es posible. No es necesario el alboroto de invadir países, matar miles de civiles, organizar guantánamos y cárceles secretas, destruir infraestructuras, generar más odio, mentir y hacer negocios y perder la patina que diferenciaba los buenos de los malos.

Buena semana.

Sueños y pesadillas en viernes

Me desperté en un mundo en el que las personas, los coches y los aviones viajaban hacia atrás. Las calles y autopistas pasaban al lado de mi cama. Era un mundo al revés extremadamente silencioso: ni una bocina, ni un grito; nadie con las ventanillas bajadas y una horrible música máquina a todo volumen. Pensé: es un sueño. Me incorporé y traté de imitarlos. Resulta complicada la existencia al revés cuando todo tu cuerpo está al derecho. El tránsito mañanero por el baño fue una odisea. Tras desayunar al revés, bajé a la calle y me topé con una realidad al revés en la que las personas se movían al derecho. No era un mundo silencioso como el del sueño; este estaba poblado de charlatanes con chaqué y bombín que anunciaban crisis financieras y recortes sociales en un nuevo mundo huxleyliano feliz. Pensé: es una pesadilla. Me di media vuelta y regresé a mi cama, puse los pies en la almohada y la cabeza en los pies. Llevo así unas cuantas horas, feliz, sonriente, en huelga de verticalidad, viviendo al revés en un mundo al revés. Debe de ser una cuestión de armonía.

Buen fin de semana.

PD: Hoy tenemos la cifra de un fracaso colectivo: 4.910.200 y sigamos hablando del mercado.

« Newer Posts - Older Posts »