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Muerto de frío en democracia

Esta es mi primera experiencia bloguera con el iPad 2. Perdón por las erratas. Despeñaperros. El que dirige el tren debe ser de Finlandia: el aire acondicionado está tan alto que ha atraído a una pareja de pingüinos. Hace mucho frío. Detrás de mi asiento tres personas dormitan tapadas con chaquetas y jerséis. Una legión de cubanos cargados con unas maletas enormes, que tardaron media hora en colocar en los altillos entre voces, órdenes y contraórdenes, enmudeció nada más arrancar. Supongo que estarán congelados. Tengo escarcha en la barba, pero el tipo de Finlandia no se da por aludido. Sus ayudantes solo preguntan: “¿auriculares?”.

Este tren es una metáfora de la política: un espacio en el que un tipo y sus amigos deciden -en gresca aparente con otro y sus amigos que se oponen- la temperatura en la que debemos vivir o sobrevivir todos. Los ciudadanos votamos a los manejadores del termómetro y votamos también la temperatura ideal. Hay una oportunidad cada cuatro años. Después, los manejadores se cambian de collar y ponen el cartel: ‘cerrado por vacaciones de oído’ y se dedican a sus cosas, a discutir, a echarse en cara todo, a repartirse todo.

Es injusto: les criticamos por todo; si van a Lorca, porque van; si no, porque no fueron. Basta con revisar las fotos de aquellos días para saber quién debía estar y quien no, quien se aprovechó de la tragedia para colgarse de Facebook y sacar pecho.

Falta una semana para las elecciones en las que decidirían la temperatura de miles de ciudades y pueblos. No he escuchado discursos, solo frases hechas, ruidos. Sí he escuchado los eslóganes de las manifestaciones que ayer se multiplicaron en España. Hay algunas muy buenas.

Se dices algo en contra de la clase política, si discrepas demasiado contra lo establecido, es decir el negocio de unos pocos, te cuelgan el cartel de antisistema -yo lo tengo para algunos; yo que he pagado mi casa con intereses de usura-.

Antisistema deberían ser los que se aprovechan del sistema, los que fabrican leyes o las derogan sin importar el daño que hacen a la comunidad. A veces esas leyes, o su ausencia, ayudan a otros a llenarse los bolsillos, a hundir bancos y cobrar bonos y construir especulaciones en ningún sitio.

Este sistema imperfecto y secuestrado ofrece mecanismos de reconquista: libertad de expresión, de manifestación y de voto, y de no voto.

Yo, desde luego, no acudiré a las urnas a no ser que suban la temperatura de este maldito tren. No iré, no por rebeldía democrática, sino porque estaré muerto… de frío. Buena semana.

Lorca, gones, crisis

Sueño, cansancio: una bola de hierro desciende sobre mi cabeza. Sueño, viajo, vuelo y, así, volando, evito el impacto. La bola pertenece a un campanario que emite sus campanadas por Twitter, la nueva realidad.

Gong, gong. El cerebro y parte de mi red social se sienten aturdidas. ¿Será lo mismo? ¿Yo, todos? Los gones exteriores se han metido dentro de mi y cuando hablo me brota un gong debajo de la lengua; es como un géiser de ruidos metálicos. Son gones húmedos, prolongados, casi eróticos.

Sueño, me reinvento, pinto paredes, recoloco muebles. Separo lo importante del artificio; el futuro del no futuro. La gente valiente no hace gong ni otras onomatopeyas, la gente valiente está encaramada en la librería, vigilante, esperando oler tierra, o mar, que hay ausencias de ida y vuelta. La hoja de luz está apagada, soñándose en otro sueño paralelo. No emite, solo escucha, almacena palabras y no palabras para rumiarlas nocturnas y escupirlas en los primeros rayos de sol, con el nuevo día, la nueva oportunidad. Abres los ojos y vives. Abres lo ojos y vuelas sin despegar de la cama.

Me canso con esta delgadez fabricada de huesos -10 kilos; 17 desde junio de 2010; me duelen los brazos de acarrear pesadillas desde la cabeza al desguace de las pesadillas. Busco un reciclaje de pesadillas en la calle pero como estamos en campaña solo han puesto el reciclaje de los sueños. Llueve en Madrid. La lluvia redobla sobre mi tejado. Es jueves, un paso, un tramo, dos metros, y la orilla.

Pienso en Lorca y lo fácil que es alarmarse con Japón, con lo lejano. Los partidos dicen que han suspendido la campaña, escribí un tuit con esa falsedad. Solo se ha trasladado a un nuevo plató: todos a Lorca a hacerse la foto. Es comprensible en el caso de Zapatero, del presidente de Murcia y del ministro del Interior. ¿Qué hacen allí los demás? ¿Qué hace Chacón? ¿Primarias sobre los escombros?

Sueño, sudo, veo doble y triple pero cuando llega el fin de mes mi vista en lugar de doblarse se resta. Es la crisis. Muchos sufren, unos pocos se hacen ricos.

Buen fin de semana.

Arrastro el peso de Cortázar

Me sentí pesadísimo todo el día, como el boxeador del cuento de Cortázar. Tenía tanta dinamita aguada en los puños que arrastraba los brazos, unas extremidades de goma que me seguían con desgana a un par de metros de distancia. Hasta mi sombra se molestó por la competencia de los brazos-sombra.

Delante de un escaparate me vi reflejado: era un caracol. En lugar de cascarón arrastraba una urbanización a medio terminar. En la parte finalizada abundaban los carteles de ‘se vende’; en la que se quedó como Lot se podían leer promesas electorales. Me sentí doblegado por el peso de una doble burbuja: inmobiliaria y política, y el túnel subterráneo que las une.

Cada paso, cada arrastre de pies y babas escuchaba: plof o tal vez blop; no eran gases personales, sino las jorobas del papel bulba que estallaban con cualquier cosa. Mi yo-caracol se cruzó con toda la fauna invisible. Además de los insectos vi pobres, inmigrantes, ancianos, niños, desempleados. En el mundo superior, los triunfadores, los bobitontos, todos primavereando con el pecho henchido.

Plof, blob…

No son las jorobas lo que explotan son sus ilusiones que estallan de olvido.

Hoy en el metro leí de reojo un periódico gratuito. En tres páginas descubrí noticias de las que hablamos mucho en el mundo inferior, el de los nadies, y que nunca aparecen en los periódicos de pago del mundo superior. Ya en Gran Vía, antes de cruzar, di dos euros a un mago que maullaba para que elevara mi presencia. Le dije: temo que me atropellen. Respondió: lo que uno teme termina por suceder. Y me hizo jirafa de colores. Parecía un anuncio de Micolor.

En la Puerta del Sol, otro mago me recuperó como lobo y así, en ese estado consustancial en el que me siento yo, escribo estas líneas. He aullado un poco en cada punto y aparte. Al tercer aullido subió el vecino del 4º convertido en león. Me dijo: a callar. Y callado sigo en espera de que hablen los demás. Pongo música, bajo el volumen y releo a Cortazar. Ya no me pesan las manos, ahora solo me pesa el resto del cuerpo. Esto de vivir es un sinvivir.

Alegría, ya es miércoles

Miércoles. Ha llegado propaganda electoral. El buzón echaba humo de ilusión. Me puse el chaleco anti-promesas y un casco de desminado de monsergas. Con unos guantes de goma, que eran cinco preservativos en desuso a punto de caducar, tomé las cartas y sin abrirlas procedí a reciclarlas para las generales del 2012. Todo sea por el ahorro y los bosques.

Me he sentado en el portal de mi casa, con las piernas muy encogidas para evitar atropellos. Allí espero como quien aguarda a un deudo. Espero a que los partidos en liza me colmen de parabienes. Gallardón, el arrepentido, está a punto de repartir bicicletas por el centro de Madrid.

Vivo rodeado de zonas peatonales inundadas de camiones de reparto sin límite de velocidad. Algunas mañanas es un eslalon; parecemos saltimbanquis. La boya de la pista soy yo, pese a mi extrema delgadez: perdí nueve kilos. No debe ser heroica, con derecho a una buena negro, la muerte por aplastamiento en zona peatonal. Sería como morir en una zona protegida por la ONU en Bosnia-Herzegovina. ¿Srebrenica? ¿Sarajevo? ¿Gorazde? ¿Zepa? ¿Bihac? Desde que se me ocurrió la similitud tengo miedo a las zonas seguras y camino en medio de la calle. Donde los coches tienen el derecho de pernada, te esquivan; donde deben esquivar, embisten. Será por llevar la contraria. Y por mala leche. Y para reducir las listas del paro y las pensiones.

Hoy me llamó una amiga desde una cola del INEM, la única empresa que crece en contrataciones. No son parados, son olvidos, desapariciones. Se esfuman y nadie mira, nadie quiere mirar. Las personas tienen miedo y ese miedo las convierte en vulnerables.

Aún no sé a quién votar. Me apetece la abstención y el voto en blanco, también. O el nulo con alguna ordinariez.

Llego a estas horas agotado, arrastrado, sin luces, con la persiana echada. Gracias por estar allí.

El circo y el alcalde

El Circo del Sol es una experiencia inolvidable. No existe nada parecido. Se presentan como circo pero son son más: música, teatro, ¡arte! La primera vez conmocionan. Recuedo Alegría, que aún me resuena por dentro. Las siguientes, maravillan. Este Corteo es de los mejores.

Lo vi el domingo acompañado de una niña. En sus ojos se repetían las escenas que veían los míos. Las suyas tenían luz. Los niños ven y sueñan: vuelan, suben escaleras, ríen, se estremecen con los acróbatas; los adultos solo miran, pero no ven: ni lo que hay delante ni lo que dejaron atrás. Yo vi: P me guió de sorpresa en sorpresa, de sonrisa en sonrisa. Y vi sobe todo gracias a una taquillera inteligente y flexible que enmendó mi error. Saqué hace semanas por Internet tres entradas de lujo para el día equivocado. Llegamos el 8 de mayo con salvoconductos de finales de abril. No debo de ser una excepción porque nos reubicó en la primera fila. Luego dicen que soy un ejemplo de la adaptación del papel a la web.

Tras el circo, un largo paseo y el descubrimiento del río Manzanares y la recuperación de la M-30: los coches por el submundo, los humanos por el mundo. No tenía noticias de que se hubiera inaugurado y terminado a la vez, algo poco frecuente en años electorales. Pese a las críticas al alcalde Gallardón, en las que he participado, y los años de obras y polvo, y la deuda gigantesca que nos deja el munícipe, ha merecido la pena. Gracias.

Cayó el iPad2 como caen las buenas tentaciones: a cámara lenta y suspense. El MacBook Air entró el viernes en un hospital no-Apple, es decir pagable, y de él saldrá razonablemente vivo, más vivo que muchos vivos vivísimos. Buena semana.

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