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Táctica, estrategia y el del bombo

Unos días antes de las elecciones presidenciales de 2004, entre John Kerry y George W. Bush, hicimos una porra en El País. Aposté por la victoria de Bush. Alguno me afeó el gesto, dijo que era impropio y poco consecuente con lo que defiendo. Respondí que una cosa es lo que quiero que pase y otra ganar la porra. Sucede algo parecido ahora, ante la posibilidad de un Gobierno progresista, reformista, de izquierda o como lo quieran llamar. Esta vez no hay porra pero no quiero confundir  deseos con realidad.

Hace unas horas colgué este tuit:

“Que apoye un gobierno + con una agenda regeneradora radical podría romper de una vez las trincheras. Veremos.

Ante algunas (pocas, la verdad) críticas vertidas desde la orilla pepera y unas cuantas (más) desde IU, Podemos o más allá, colgué este otro:

Me ?en el pensamiento único, sea de derechas, centro o izquierdas Revindico el derecho humano a decir chorradas .

En este país se tiende a descalificar toda opinión que no concuerde milimétricamente con la nuestra. Tenemos tendencia a las verdades absolutas y rotundas, sin grietas.

Detesto las verdades absolutas, el pensamiento único, el prietas las filas, el que se mueve no sale en la foto y toda esa mierda antidemocrática. Creo en la libertad de expresión.

Seguimos con las mismas opciones

  1. Gobierno en minoría de Mariano Rajoy (122 + el comisionista) con las abstenciones de C’s y PSOE.
  2. Gran Coalición PP-PSOE (+C´s).
  3. Gobierno de Pedro Sánchez (89 + Patxi López) con Podemos + Compromís (69), IU (2) y PNV (6) = 167 y la obligada abstención o voto favorable de ERC (9) y Democràcia i Llibertat (8) porque en contra estarían PP (123) y C’s (40) = 163.
  4. Gobierno de Sánchez en minoría con apoyos exteriores de C’s y Podemos, o coalición PSOE + C´s con apoyo exterior de Podemos.
  5. Nuevas elecciones. Si se calcan los resultados de los bloques, escaño arriba, escaño abajo, entraríamos en un nuevo escenario, ya sin Rajoy. Regresarían las trompetas de la Gran Coalición.

Se acumulan las urgencias

Reducir la brecha económica (medidas contra la pobreza y la exclusión social, frenar los desahucios, cambiar la ley fiscal); derogar las leyes más dañinas del Gobierno del PP (la Mordaza, Educación y Laboral) y regenerar la vida política (lucha contra la corrupción, comisión de investigación, independencia judicial, medios para la UDEF y UCO). En este paquete están de acuerdo PSOE, Podemos, C´s, IU y PNV.

Si añadimos la reforma de la ley electoral, quizá el PSOE ponga trabas; si añadimos la reforma de la Constitución es necesario sumar al PP. También sería urgente dotar de fondos a la dependencia y a la Memoria Histórica, ambas tienen mucho que ver con la dignidad. No es mirar hacia el pasado, es construir una ética colectiva.

Las cábalas

La opción 4 es muy difícil, pero sería la más Borgen de todas. La 3 sería quedar en manos de dos partidos que juegan a la independencia unilateral exprés de Catalunya y que tratarán de debilitar a su mayor enemigo: Podemos en su versión En Comú Podem con Ada Colau. La 1 supondría premiar la corrupción sistémica y la 2 sería el suicidio acelerado del PSOE.

La opción 4 tendría la ventaja de romper las trincheras derecha-izquierda heredadas del franquismo y ofrecer la posibilidad de superar el debate y las consecuencias de la Guerra Civil. Ya sé que C’s tiene una posición contraria a la Memoria Histórica, pero ese tipo de diferencias son las que se deben negociar. C’s, que es derecha, aún por ver si es europea o un PP 2.0, tiene la oportunidad de demostrarlo.

Este año viene convulso en la economía con riesgos de otro crack y, además, Bruselas exige más recortes. No me gustaría que todo esto se lo coma un Gobierno de izquierdas cogido por la entrepierna por el soberanismo exprés. Sería la mejor receta para que el PP, es decir este PP, regrese al poder con otra mayoría absoluta.

Lean a Sun Tzu en El arte de la guerra. No conviene confundir táctica con estrategia, deseos con realidad, opciones a corto con opciones a largo. Este es un periodo interesante para aprender a hacer política. Los ciudadanos exigen un cambio en las personas, en el lenguaje y en las políticas. Un cambio ético.

De momento tenemos más teatrillo que política, y mucho hooligan en Twitter que no desmerecen a algunos tertulianos, ex presidentes y editorialistas. Es país va a morir de rotundidad. Un poco de grasia.

¡Váyanse todos, váyanse de una vez!

Me influyen dos factores: escribo y mañana cumplo 61 años. Es posible que me pueda jubilar a los 65 (si llego) y disponer de más tiempo para extraer lo que tengo en la cabeza, sean ideas, vivencias o emociones; para desenterrar lo que he aprendido en la vida y compartirlo con quien desee leerlo.

Es un atropello que el Ministerio de Trabajo, tan entregado estos años a las alucinaciones celestiales, amenace, multe y retire pensiones a escritores jubilados por superar el límite anual máximo de ingresos extra (unos 9.100 euros). Después vendrán los pintores, los músicos, los dibujantes, toda profesión capaz de emitir críticas al poder.

Los derechos de autor quedan en un limbo interpretable a capricho. No se puede prometer no tocar a aquellos que están por debajo de los 20.000 y negarse a ponerlo por escrito. Depender del capricho del poder es antidemocrático.

Las ganancias por la venta de libros, que no suelen ser estables ni seguras, ya cotizan a Hacienda lo que corresponde y de esta manera contribuyen a las arcas del Estado. No existe estafa ni fraude. En otros países, como Alemania, no se limitan los ingresos añadidos a la pensión, sean escritores o electricistas. Sería lo más lógico siempre y cuando no se ocupe un puesto de trabajo.

Inseguridad jurídica

Este atropello es posible debido a un cambio legal introducido hace un par de años por el Gobierno del PP. Tanta inseguridad jurídica nos invalida como país serio. No se puede estar cambiando las normas al tuntún o para reparar los agujeros en la caja de la Seguridad Social. Se mete la mano para cuadrar cuentas y presumir de la eficacia y por otro lado se sablea y acosa a los pensionistas.

Si a este escenario se suma la impunidad de los corruptos más notorios, algunos procedentes del mismo partido que nos gobierna (de momento) y la sobreprotección de la infanta que cuenta con una cuádruple defensa (abogado defensor, fiscal, Hacienda y abogada del Estado), el panorama resulta indignante.

Espero que los pactos alumbren un Gobierno capaz de proteger la creación. Ya somos un país de silencios y lo último que necesitamos es silenciarnos del todo. Habrá fórmulas que desmonten el dislate si existe la voluntad política de proteger la cultura y educar. Del Gobierno de la Ley Wert, el secuestro de RTVE en beneficio privado y del rodillo no se puede esperar demasiado. Quizá que pase a la oposición.

Escribir para sobrevivir

Cuando un escritor se jubila de su profesión, no siempre relacionada con la creación, debe seguir escribiendo; es su seguro contra la locura. Se escribe para sobrevivir.

Se puede elevar el tipo impositivo de lo que se gana de más porque muy pocos escritores escriben para ser millonarios, esas cosas que se consiguen en la política. Pero un escritor quiere poder pagar la luz, la comida, el teléfono y tener la tranquilidad de cubrir sus gastos. Es un derecho al que ha contribuido cada mes durante años.

No creo que Báñez haya escrito nada en su vida; es posible que tampoco haya leído en exceso. Es una ministra que nunca ha trabajado fuera del partido en B; no debe estar familiarizada con el día a día de millones de trabajadores, parados, amas y amos de casa y escritores. Ella vive en una burbuja mariana. Montoro es otra cosa, parece listo y eso tiene doble delito. Cuando escucho su nombre me saltan dos palabras como una alarma moral: amnistía fiscal.

¡Váyanse todos, váyanse de una vez!

¡Menudo panorama, Mariano!

Empecé a trabajar sobre una novela justo el día que mi agente de cabecera tuvo su primer hijo. Es un presagio maravilloso. La novela es mi apuesta para 2016. Sé que me queda poco tiempo, tres o cuatro años, porque en breve tendré que elegir entre una pensión estatal menguante o publicar.

En lo que llevamos de enero hemos aprendido varias cosas: Hacienda no somos todos, Infanta no hay más que una y la propiedad intelectual, compartir lo que está en mi cabeza, es incompatible con una vejez sosegada. No sé si seremos el primer país en el que los escritores negociarán a la baja sus contratos: “No, no me pague eso, ¿está loco?”. El desprecio a la cultura es despreciable.

Es verdad que no puede haber diferencias con un ebanista porque todos somos iguales ante la ley (menos los de la amnistía fiscal, claro) y es seguro de que habrá fórmulas que resuelvan el asunto de manera justa en aras del interés general. ¿Cómo lo hacen Francia, Alemania y EEUU?

España tiene montado su tinglado recaudador sobre la premisa de que todos queremos defraudar y se da la paradoja de que en medio de tanta maraña lo más fácil es defraudar porque intentar hacerlo bien es una aventura. Todo lo que parece lógico y sencillo resulta imposible. Hemos construido un sistema basado en la estupidez absoluta del sistema. Kafka podría haber sido español.

Vender no vendo muchos libros pese a los esfuerzos de mis amigos, y pago lo que me corresponde en IVAs y venías, además de impuestos anuales, por las colaboraciones que tengo tras perder el trabajo gracias a la reforma laboral de este Gobierno. ¡No señor Rajoy, no me da miedo que me gobierne otro! ¿No habíamos quedado que ahora iba en serio?

Espero que las alternativas y sus combinaciones piensen más en la gente que exige una regeneración urgente del sistema que en sus aspiraciones personales y partidarias. Sería una gran decepción.

Mientras esperamos, un poco de Bowie solidario.

La capa, el referéndum y el coste de elegir

Si esto fuera Escocia, por un poner lejano, arrolla el “sí” en el referendo lanzado en Facebook y Twitter sobre si debo comprar una capa española. Como no había anunciado si era vinculante tengo margen para hacer lo que quiera: ventajas de ser la mano (mus) y decidir el momento de la consulta.

En el otro nos prohibimos las cuentas democráticas, “una persona, un voto” y sin interpretaciones cuasi religiosas. Nunca hemos sido aritméticos ni filosóficos; somos un país de centro tarugo: ni de ciencias ni de letras.

La capa es hermosa, cae con elegancia, no pesa sobre los hombros y me queda estupenda. Una amiga malvadísima me ha dicho: “¿Qué pasa, ya no entras en ningún abrigo?”. Algo de eso hay. La capa tapa, disimula y da calor. Todo son puntos a favor, menos el precio, que vale una pasta.

Al final me voy a gastar el adelanto del libro en Montoro y en mi bisabuelo. Al menos Ramón Lobo Regidor merece la pena. Primero rehabilité su tumba y ahora que si capa o no capa y el impulso de hacerme socio del Ateneo donde amigó con Azaña y Cipriano Rivas de Cherif, entre otros. No sé si este revival tras publicar Todos Náufragos confirma que he alcanzado, al fin, una cierta cordura o que estoy peor que nunca. Es este punto es mejor no preguntar.

He visitado las páginas de Amigos de la capa española y de la orden de caballeros de la capa española. La segunda da grima por el nombre. Y encima tiene capellán.

La capa puede proyectar un espíritu rancio, no tanto por la prenda sino por algunas perchas. Pero también es un acto de reafirmación de la individualidad frente al carril de la moda. Con la edad, las tendencias exhibicionistas se agravan.

Otro amigo, no menos maldiciente, me ha dicho: “Gustará en las asambleas de Podemos” (nunca he ido a una). Otro: “No sé cómo te recibirá Puigdemont en Barcelona”. Estoy como la CUP, partido por la mitad.

Si viviera en Londres o Nueva York, donde nadie sabe de nuestros problemas con las dos Españas, me la compraría una mañana mismo. La usaron Picasso, Buñuel, Mastronianni, Fellini o Yul Brinner; la usan Plácido Domingo, Fernando Arrabal y, seguro, Arturo Pérez Reverte. Fue un signo de la bohemia madrileña.

Estoy cansado de trincheras, estereotipos, prejuicios, barones y camisas de fuerza. También necesito liberarme de esas ataduras. Ser libre consiste en obedecerse. Lo pensaré unos días más, buscaré un pacto conmigo mismo, pasaré del qué dirán y quizá caiga de regalo por mi cumpleaños (no sé aún en qué año).

Gracias por participar en la consulta (fue una idea de Ada Colau; es broma) y feliz fin de semana.

La mirada de Rajoy al diputado-rasta

Tenemos una tendencia nacional a lo vacuo. Resulta más fácil escandalizarse por los trajes de unos reyes magos que por el saqueo de la Sanidad Pública, buscarle las vueltas al bebé de Carolina Bescansa que denunciar la desigualdad de la mujer o la pobreza infantil. Somos un país con las preferencias averiadas.

Era importante que los nuevos diputados marcaran diferencias estéticas y de contenido desde el minuto uno, pero no estoy seguro de que Podemos eligiera la mejor puesta en escena. Algunos medios se quejan de un supuesto espectáculo obviando espectáculos mayores, desde las broncas de patio de colegio al infame voto a favor de la guerra de Irak. Lo grave es el diputado comisionista.

La teatralidad es esencial en política, pero resulta más efectiva si parece natural. Por eso me gusta la foto de Alberto Rodríguez, el diputado-rasta, dirigiéndose a votar ante la mirada atónita de Rajoy. Es un buen símbolo de la entrada de aire de la calle y del final del imperio de la corbata.

El error fue sobreactuar contra el PSOE y C’s, hablar de búnker. Las diferencias son ahora parte del juego prenegociador, que luego viene “el digo, diego”. Es esencial asumir que la campaña ha terminado. A Podemos no le conviene parecer que ha empezado otra.

Al Mariano le interesa volver a votar

Si se repitieran las elecciones en mayo habría un ganador: Mariano Rajoy, cuyo partido recuperaría parte de lo prestado a C’s. Sus votantes más críticos sentirían que han ajustado cuentas y pueden regresar al redil marianista. Rajoy ha hecho sus números y sabe lo que le conviene, pero de momento debe aparentar lo contrario: un esfuerzo para formar Gobierno y que el PSOE pague su fracaso.

Podemos está en una win-win situation, es decir, haga lo que haga, gana. Pero esto tiene sus límites. Una repetición electoral puede colocarle delante del PSOE, pero ¿de que serviría si el PP obtiene 150 escaños y C’s 12? ¿Creen que el PSOE les facilitaría el Gobierno? Sería demoledor proyectar en el votante de izquierdas la idea de que han ayudado a Rajoy.

La cuarta opción

Todo el mundo habla de tres opciones: elecciones (en teoría una mala salida para el PSOE y C’s), pacto de izquierda (PSOE, Podemos e IU con abstenciones de PNV y catalanes) y Gran Coalición. Hay una cuarta que parece disparatada: gobierno de PSOE y C´s con apoyo de Podemos.

Sería un Gobierno de regeneración para dos años -los mismos que durará el de Puigdemont- y con el objetivo de derogar las leyes más polémicas: la que regala el monte a los pirómanos, la que introduce cambios en la ley de Enjuiciamiento Criminal en beneficio de los corruptos, la Wert de deseducación, la Mordaza, RTVE…

Además de un programa para paliar la emergencia social en cualquiera de sus manifestaciones; comisión de investigación sobre corrupción con el fin de impulsar cambios para que sea casi imposible; reforma fiscal para que paguen algo los más que tienen; liberar al Sol de la avaricia de las eléctricas, una comisión de reforma constitucional y abrir el melón de la financiación autonómica.

Defensa del pacto

Los tres podrían defender un pacto de regeneración política. El PSOE y C’s podrían vender que no han cedido en el referéndum catalán y hablar de una consulta para aprobar los cambios constitucionales. Podemos podría vender que ha sentado las bases para que el referéndum en Catalunya sea posible a corto plazo.

Toda modificación constitucional necesita el apoyo del PP. Esta mañana han comentado en la tertulia de Pepa Bueno en la SER que el PP condiciona esos cambios a ser Gobierno; desde la oposición promete hacerlos imposibles. ¿Es este el partido que demanda responsabilidad?

La música de En Comú Podem

No sé cómo se ha negociado el asunto de los cuatro grupos de Podemos, pero parece natural que los demás se negarán. Hubiera sido de inteligencia política permitir uno: el de En Comú Podem por una razón estratégica: su música es la única que nos puede sacar a todos del laberinto soberanista; por eso es necesario que se oiga mucho en “Madrid” y en Catalunya.

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