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Parece que ya hay pacto, y ¿ahora qué?

Lo urgente es sacar del Gobierno a un partido que, al menos en Valencia y según la policía, se ha comportado como una banda de saqueadores. Existen sospechas, ya veremos si fundadas, de que no se trata de una excepción geográfica, sino de un patrón de comportamiento.

El PP es necesario para acometer cualquier reforma de la Constitución porque la misma Carta Magna determina la mayoría parlamentaria exigida. El problema es que no se puede pactar con este PP. Almudena Grandes lo clavó en la SER hace unos días: no es solo un problema de tics franquistas, es que creen que el poder les pertenece porque ganaron la Guerra Civil.

LOS PACTOS

Al pacto de izquierdas (PSOE+Podemos+IU+abstención-de-PNV) le faltan diputados; no suma una mayoría absoluta que permita gobernar. El ataque constante que sufre Manuela Carmena en Madrid es solo una muestra de lo que se le vendría encima a este hipotético pacto de izquierdas. Para resistir necesita una mayoría sólida y las ideas claras. Un fracaso provocaría a medio plazo una nueva mayoría absoluta del mismo PP

PSOE CON CIUDADANOS

Un pacto PSOE+Ciudadanos es la opción que se va a imponer, ya veremos si incluye un Gobierno de coalición. Tampoco suma, incluso suma menos que el de izquierda. Parece que Pedro Sánchez tiene garantizada la abstención de PNV y Coalición Canaria. Ya veremos qué hacen IU y Compromís.

La jugada es clara: presentar un programa reformista con la mayoría de las ideas de Podemos y dejar a Pablo Iglesias la responsabilidad de que haya elecciones y un hipotético gobierno del PP.

NUEVAS ELECCIONES

Unas elecciones repetidas dejarán las cosas igual. Es posible que los últimos casos de corrupción y la falta de brío de Rajoy, que volvería a escaquearse de los debates, le cueste al PP algunos diputados, pero no muchos. El PP es una roca, una maquina electoral. Será difícil que baje de 120.

Hace tres semanas parecía que el perjudicado sería C’s; ya no está tan claro. Albert Rivera no se atreve a buscar sin rodeos sus votos dentro de una derecha que está harta de corrupción y mamoneos, y que aún vota al PP con cinco pinzas en la nariz, una por caja B. Es posible que C’s gane lo que pierda el PP.

Al PSOE le podría beneficiar la mejora de la imagen de Sánchez, que parece bendecido desde que el rey le encargó el gobierno. Sus intervenciones son impecables, muy diferentes a su campaña electoral. Miguel Ángel Aguilar lo explicó en El Intermedio: los votantes podrían premiarle por intentar formar gobierno, por ser responsable.

PODEMOS TIENE PROBLEMAS

Podemos se equivoca al pensar que su oportunidad es ahora o nunca; tal vez lo sea para alguno de sus líderes, pero no para lo que representa. Estamos en el comienzo de todo. El debate interno es intenso: permitir un gobierno PSOE+C’s mediante una abstención o provocar nuevas elecciones. El riesgo es grande: es posible que no supere al PSOE ni sumando a Alberto Garzón. Y si lo consigue no logre formar un Gobierno. Podría ser la excusa para una Gran Coalición sin Sánchez ni Rajoy. ¿Con Rivera de presidente a lo Borgen?

Pablo Iglesias se ha equivocado en marcar demasiadas rayas rojas demasiado pronto y, a veces, en el tono. Su propuesta de gobierno de coalición con el PSOE fue audaz, provocó la espantá de Rajoy y descolocó al PSOE. El problema es que ese golpe genial se quedó como hoja de ruta inamovible.

Para Podemos puede ser positivo un Gobierno PSOE+C’s. Manda a la oposición al PP, un mérito que puede atribuirse con una abstención presentada como un gran sacrificio por el bien común. Puede apuntarse todas las medidas regeneradoras que se logren, pues el 15-M y Podemos, de alguna manera, tienen el copyright. Evitaría mancharse con las decisiones económicas que deberá tomar el Gobierno en un año complicado.

Un Gobierno regenerador con C’s incorporaría una parte de la derecha, porque C’s es derecha, en el proceso de transformación e impediría que se viera como un ajuste de cuentas desde la izquierda.

No se debería confundir táctica con estrategia.

CATALUNYA

Queda la cuestión catalana. C’s no es la voz necesaria y positiva que se necesita pues comparte muchas ideas con el PP, y con Susana Díaz. Más allá del referéndum, es imprescindible un cambio de discurso: pasar de los muros a la creación de puentes. Sin Rajoy y sin Mas, símbolos de una tozudez tóxica, quizá sea más sencillo impulsar espacios que permitan una negociación seria.

Me gustaría la Luna, pero dadas las circunstancias me conformo con mandar a Fernández Díaz en cohete a explorar los confines de la galaxia; eso sí, acompañado de Marcelo que tiene el ton-ton celestial.

Novelas reales frente a realidad novelada

Trabajo en una novela que vuela en el tercer capítulo. Me tiene poseído, habitado, de ahí mi ausencia bloguera. Es la que inicié hace cinco años en Roma; quedó varada porque necesitaba resolver la quemazón interior que ha terminado por parir Todos náufragos. Casi nada de lo escrito entonces sobrevivirá al tono en el que estoy, pero sé que en el deshecho están las guías necesarias para no salirme de la nueva carretera.

Es apasionante arrancar un párrafo sin saber el destino concreto de las palabras, más allá de un plan general. Me encanta dejarme ir, permitir que broten las ocurrencias que arrancan sonrisas de sorpresa y que después, tras un trabajo de pulimiento y reequilibrio, se convierten en un pequeño motor narrativo. Juego con los narradores sin estar seguro si confunden o complementan. Escribir es meterse dentro de uno, bucearse en busca de silencios, descubrirse de alguna manera.

Escribir de política

Sé que hay motivos sobrados para escribir de política, de la segunda no-dimisión completa de Esperanza Aguirre, sobre la necesidad de un PP a la sombra (en la oposición) para que se regenere porque está degenerado hasta el tuétano. Seguro que habrá dirigentes honestos capaces de conducir su partido hacia la ética y la responsabilidad institucional. El PP es esencial para modernizar España.

Desconozco si la táctica visible de Podemos, la de estirar la cuerda, es real o está condicionada por una teatralidad de consumo interno. Solo sé que los resultados del 20-D y los acontecimientos posteriores tienen una lectura clara y rotunda: cualquier cosa menos este PP de Mariano Rajoy.

Parece que existe sintonía entre PSOE, C’s, IU (al menos la de Alberto Garzón), PNV, Compromís y los canarios en apoyar un gobierno de progreso. La estrategia del PSOE está clara: presentar a Podemos un plan regenerador que coincidirá con gran parte de su programa y dejar a Pablo Iglesias la responsabilidad de unas elecciones repetidas en mayo. Quien se apunte la culpa se llevará el palo.

Algunas conclusiones (equivocadas)

Tras los últimos casos de corrupción en Valencia y Madrid, y los que puedan saltar en las próximas semanas, se pueden sacar algunas conclusiones que el tiempo demostrará equivocadas:

-El tancredismo de Rajoy, su desaire al rey y la corrupción sistémica le castigarán en las urnas. Llegar a 123 diputados hoy es un sueño (húmedo).

-El intento de Pedro Sánchez de formar Gobierno, aunque fracase, le dejará en mejor posición. La resistencia y valentía le rendirán dividendos. Da la sensación de que en las últimas dos semanas ha crecido mucho. No sé quien le asesora más allá de los Hernando y Luena, que desde fuera parecen poca cosa. El PSOE podría mejorar sus 90 diputados pese a sus inexplicables guerras internas por un poder que aún no tienen.

-C’s se beneficiará del previsible hundimiento del PP. Su espacio lógico sería tratar de conquistar el arco de la derecha democrática, desde las orillas moderadas del PP a la parte del PSOE que es derechas pese a exhibir un discurso de izquierdas. Basta con escuchar a algunos barones y baronesas.

-Podemos se puede llevar una sorpresa: que en una repetición electoral las cosas sigan como están. Me llega el runrún de varios amigos que han votado a Podemos el 20-D y que no repetirán si fuerzan elecciones. Creo que el error es ser tan cortoplacista en los objetivos.

La misión esencial es dar la vuelta a la política española, regenerar y redemocratizar. Pero es algo que no pueden hacer solos, hay pactar, ceder. Y necesitan a Izquierda Unida y a Garzón.

Su música no es tan diferente de la del PSOE y C’s en los asuntos que generan hartazgo ciudadano, como la lucha contra la corrupción. La economía y la defensa de los derechos sociales es diferente. Entre ellos hay un abismo, pero hoy no es tiempo de abismos sino de puentes.

Feliz día.

¿Para cuándo un día mundial de la idiotez?

Hay idiotas en la derecha y en la izquierda, también en el centro; abundan en Europa y en América (un poco más en EEUU por aquello de que allá todo es a lo grande), y seguramente más lejos. La idiotez es epidémica entre los blancos (de momento), aunque afecta a negros (Mugabe) y amarillos (Kim). Es un mal relacionado con la especie humana. Los neandertales eran mejores.

Lo malo de los idiotas se que se han organizado, se reconocen entre ellos y se apoyan. Han escalado a lo más alto saltándose el tope del Principio de Peter. Son un lobby peligroso que puede acabar con la vida inteligente del Planeta.

Los idiotas no necesitan ninguna App tipo Tinder; ellos se detectan a través de móvil, por su forma de hablarle.

Si a un idiota le nombran director de una empresa, este se rodea de inmediato de una cohorte de idiotas que deben reunir un requisito: ser un más idiotas que el idiota principal para respetar las jerarquías. También sucede con los presidentes de Gobierno. No vamos a decir nombres para no tomar por idiota al lector.

Occidente está lleno de estatuas de idiotas subidos a caballos idiotas. Solo las palomas, con fama de idiotas, parecen inteligentes.

La revolución industrial y el progreso tecnológico han tenido consecuencias nefastas: miles de idiotas salieron de sus aldeas, barrios y ciudades y se pusieron a pasear su idiotez por el mundo, fuera en coche, tren (sobre todo en el AVE) o avión, vestidos de turistas y de ejecutivos agresivos.

Este movimiento expandió la idiotez, les dio la oportunidad de descubrir otros idiotas, reagruparse en asociaciones, sindicatos, partidos políticos, empresas (¿incluidas las del IBEX? ¡Claro, no seamos idiotas!) y, sobre todo, en equipos y federaciones de fútbol.

Padecemos un sistema depredador que facilita el ascenso de los idiotas. Hay idiotas por todos los sitios. Pese a que son más contagiosos que el sida, y quien sabe si el zika, la OMS no ha lanzado aún una alerta mundial contra la idiotez. Seguramente no lo hace porque la propia OMS está llena de idiotas. Igual que la ONU (menos mis amigos y amigas, claro), la OTAN y la UE.

En el caso de Bruselas está claro: lo demuestra cada día con sus rollos sobre la presunta ausencia de gobierno en España (¡No sean idiotas: hay uno en funciones!). Y los 66 del pacto anti yihadista, también. Solo así se explica que Margallo, un tipo ponderado por lo general, se ponga a decir idioteces como si fuera un idiota más. También contamina a editorialistas, ciertos tertulianos y periodistas indeseables con corresponsal en Hong Kong.

Hay mañanas que cuando me miro en el espejo veo un idiota. En los días menos idiotas, sé que ese puedo ser yo. ¿Para cuando un día mundial de la idiotez?

Feliz viernes.

No es país para heterodoxos

Si pienso en los defectos de España me salen unos cuantos: ausencia de sociedad civil, un mal sistema educativo que genera más mansedumbre que rebeldía, una corrupción sistémica que salpica a casi todos los partidos y estamentos, una democracia menguante sin división efectiva de poderes, un empresariado poco productivo que en su mayoría basa el éxito en la cercanía al poder con el que se intercambia favores. No exageremos, también hay cosas que han mejorado desde la Transición: ahora nos paramos en los ceda el paso.

Sobre estos defectos obvios reina uno que los engloba y nos aplasta como sociedad: la rotundidad. La mayoría de los políticos, periodistas e intelectuales somos contaminadores activos de rotundidad. Leemos la realidad nacional e internacional desde dos trincheras. Solo se puede ser propalestino o pro Netanyahu; chavista o antichavista; tiburón de Wall Street o anticapitalista.

Estamos presos de dos libros de Petete que contienen instrucciones precisas de cómo se debe sentir, pensar y hablar (rotundamente) ante cualquier circunstancia pasada, presente o futura. Si uno se desmarca tres centímetros, el grupo al que se supone pertenece amenaza con la expulsión. No es país para heterodoxos.

Lucho contra mi propia rotundidad, de la que habrá numerosos ejemplos. El periodismo en la calle me ha enseñado que desde la rotundidad, una forma supina de simplicidad, no se puede comprender la realidad, compleja por naturaleza.

Trato de no confundir información, reportaje, análisis y opinión con verdad revelada. Sé que puedo estar equivocado. El periodismo independiente empieza por serlo ante tus jefes y tus compañeros ideológicos de viaje. Lo único sagrado es el lector.

Mariano Rajoy es un símbolo de rotundidad nacional, una enfermedad que empieza a afectar a Pablo Iglesias (al menos en sus ruedas de prensa) y a un buen número de políticos catalanes. Artur Mas es otro ejemplo preclaro de rotundidad hispana (con perdón). Si no encontramos puentes con Catalunya en las esperanzas deberíamos explorar en los defectos compartidos.

Una de las grandes aportaciones del 15-M, un levantamiento contra la rotundidad del poder, sus excesos y fastos, fue la transversalidad, la ausencia de banderas.

Es esta rotundidad ambiental la que impide escuchar al otro, que por lo general también habla de manera rotunda. Escuchar es conceder a la otra persona la posibilidad de enseñarnos algo. No sé si habrá Gobierno en un mes ni quién lo compondrá, pero uno de sus objetivos debería ser liberarnos de este mal histórico desde el ejemplo. Necesitamos un proceso urgente de desrotundización.

Dos citas de Orwell que vienen al caso:

“En nuestra época no existe la posibilidad de mantenerse fuera de la política. Todos los asuntos son asuntos políticos y la política, en sí misma, es una masa formada de mentiras, evasiones, locura, odio y esquizofrenia”.

“Toda la propaganda de guerra, todos los gritos, las mentiras y el odio, provienen, invariablemente, de gente que no está luchando”.

Pues eso, feliz miércoles.

El viaje de Blanca

No es fácil enfrentarse a la muerte, descender de los planteamientos filosóficos y entrar en la realidad concreta y brutal de ver apagarse a una persona querida. Me cuesta más la muerte de los demás que la idea de la mía, pero esto vuelve a ser un planteamiento cerebral, absurdo e inconsciente que tal vez no se sostenga el día que me toque marchar.

Este mes de esperanzas y desesperanzas, de alegrías y desánimos, me ha puesto en contacto con algo que ya sabía: la finitud innegociable de la vida. No me ha ayudado cumplir 61 años y empezar a ver, a lo lejos, los pináculos más altos de la Ítaca de Cavafis. No es el hecho de morir sino la conciencia de que vivir es un privilegio con fecha de caducidad.

Se me agolpan las imágenes, las conversaciones, los viajes, el gato Claudio que compartimos durante un tiempo, los años de Radio 80, Washington DC, Lina, el regreso, la separación y la amistad continua e inquebrantable.

Pienso en su voz. Tenía personalidad y hermosura, fuerza y sosiego.

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Siempre fue una profesional íntegra y honesta, y más cuando le tocó convivir con dos indeseables del periodismo que le hicieron daño. Blanca transitó por la vida repartiendo sonrisas, amabilidades y enseñanzas. Deja un inmenso hueco en su madre, herman@s y sobrinas, en sus compañeros de la radio y en la memoria de todos los que la conocimos.

Es la primera baja en mi familia elegida, aquella que he ido recolectando en mi vida de náufrago, salvándome y creciendo gracias a la paciencia y el cariño de tod@s ell@s. Soy muy afortunado de haber tenido tanto durante tanto tiempo. Y de seguir en racha.

Buen viaje, queridísima Blanca. Tal vez nos veamos por ahí fuera algún día de estos cuando mi estúpida filosofía sobre la muerte se plasme en el hecho incontestable del adiós.

Un beso, una canción -seguro que te acuerdas de ella- y uno de tus álbumes favoritos. Feliz viaje.

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