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Los 500 dibujos para Charlie

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El cuerpo me pedía subir a un avión con destino a París, ser parte de la gran manifestación, impregnarme de un dolor colectivo que siento como propio. Lo haré cuando escampe la emoción y los oportunistas regresen a las ratoneras. La cabecera de la marcha sería un buen tema para Charlie Hebdo. ¡Cuánto oportunismo e impostura democrática!

¿Qué hace allí un presidente del Gobierno que aprueba leyes mordaza, de un país que persigue judicialmente a un humorista por ponerse una capucha en la cabeza y hacer mofa del PP y de ETA? ¿Qué tiene que ver esto con las víctimas? ¿Acaso no resulta repugnante su permanente utilización política?

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¡Qué fácil es decir Je suis Chalie! y llenarse la boca con una libertad que no se practica, en la que no se cree. ¡Qué fácil es proclamar Je suis Ahmed! ¿Lo puede decir el ministro de las devoluciones en caliente, un tipo que condecora imágenes y se olvida de las personas?

¡Qué fácil es para la Brunete Tuitera subirse al carro de Charlie para vomitar una islamofobia de fondo y después exigir mano dura contra Facu Díaz!

Tampoco me gusta la presencia de Netanyahu, aunque esta tiene más que ver con su solidaridad con la comunidad judía francesa, otra vez en el centro de una mirilla. Es hora de leer a Patrick Modiano, y recordar lo que no puede volver a pasar jamás.

¿Cuántos de los que proclaman Je suis Charlie en las resdes sociales, en las televisiones, radios, periodicos y bares practican y creen en la libertad de expresión? ¿Cuántos de los que insultan, descalifican al discrepante, lo llaman mercenario o terrorista y exigen su despido lo son? Seamos honestos: ¿quiénes son aquí los cínicos?

LECTURAS RECOMENDADAS

Hay mucho que leer estos días. Me han gustado tres textos de la revista The New Yorker, ¿quién dijo que el periodismo estaba en crisis?

Uno está firmado por Teju Cole -Unmournable Bodies-; en él nos recuerda nuestro pasado de barbarie, y el presente con nuestro doble rasero: muertos que merecen que les llamemos nuestros y los otros.

Los otros son Satire lives de Adam Gopni y Le Pen’s Moment de Philip Gourevitch, autor de un libro fundamental sobre el genocidio tutsi en Ruanda: Queremos informarle de que mañana seremos asesinados junto con nuestras familias.

Y este de Nick Cohen en The Guadian: Paris attacks: unless we overcome fear, self-censorship will spread.

 

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Charlie, no hemos entendido nada

El islam no ha declarado una guerra santa a Occidente. Lo absoluto, aunque titule bien, suele ser falso. La realidad está en los pliegues, en los grises que como periodista debo buscar y encontrar. Se trata de personas fanatizadas concretas con nombres y apellidos que se escudan en unas creencias religiosas para justificar acciones que van contra su propia religión.

Tuiteé el texto de John Cassidy en The New Yorker, que debería ser de lectura obligada: Charlie Hebdo and the “Clash of Civilizations”. En él, Cassidy relata casos en los que musulmanes no fanatizados luchan contra el Estado Islámico, los talibanes o Al Qaeda. Se trata más bien de una guerra entre la razón y la sinrazón, sin más adjetivos ni consignas políticas. Es esencial para no caer en la islamofobia, el campo de juego de la extrema derecha europea.

A day on, the terrorist attack on the Charlie Hebdo offices in Paris continues to shock and outrage. But it has also provoked a show of resolve, in displays of the phrase “Je Suis Charlie,” which was daubed on a statue during a spontaneous demonstration at the Place de la République, and has turned into an instantly recognizable affirmation of the need to preserve freedom of expression, even, and perhaps most vitally, when that freedom empowers some people to satirize and lampoon things that others hold sacred (pinche aquí para seguir leyendo).

Hoy he leído dos textos que trabajan en los grises, ambos en El Confidencial. Uno es de José Antonio Zarzalejos, un ejemplo permenente de inteligencia. Se titula: “La eclosión de los Pegida“. Se refiere al peligro de la extrema derecha europea, sobre todo en Alemania y Francia, una amenaza tan seria como el del islamismo radical. Ambos se retroalimentan.

El segundo lo firma Ilya U. Topper: Respetando a los caníbales: Europa es cómplice del fundamentalismo islámico. Este pone el dedo en la llaga: el problema motor no son los terroristas que matan, algo que resulta evidente, sino quienes los fanatizan y dirigen.

LOS ‘AMIGOS’ DEL PETRÓLEO

Hablamos de clérigos que predican en Europa valores contrarios a nuestras leyes sin que nadie les pare los pies; hablamos de países supuestamente amigos, como Arabia Saudí, que exportan fanatismo (whabismo) con una mano y petróleo con otra. De esos países amigos brota el dinero que financia al Estado Islámico y otras organizaciones similares.

Topper habla de la política del avestruz que afecta a derecha y, sobre todo, a la izquierda. Predicar machismo, xenofobia, desilgualdad e intolerancia debería ser un delito.

Las medidas policiales pueden ayudar a prevenir atentados. La inteligencia política puede ayudar a no empeorar las cosas en Afganistán, Pakistán, Irak, Siria, Libia o el Magreb, si es que esto es posible. La gran batalla está aquí y es en la educación: que el pensamiento laico penetre en las escuelas y saque de ellas a las religiones, a todas. Un centro del saber no puede abrir sus puertas a mitos que se presentan como si fueran verdades reveladas e incuestionables.

RECUPERAR EL DISCURSO

Una frase de Topper sitúa el debate:

Como cualquier religión, “el islam” no existe. El islam no es más que la suma de lo que piensan en un momento concreto de la historia quienes se reconocen musulmanes.

La batalla está en las ideas, en recuperar el discurso. ¿Cómo vencer ese radicalismo sin renunciar las libertades? Ese es el reto. Además de una revolución educativa es necesario el trabajo diario a pie de terreno con las personas o grupos que se puedan sentir excluidos; es necesario que prenda una ilusión colectiva, que todos nos sintamos parte una empresa común.

La respuesta no es el ojo por ojo sino la defensa radical de la democracia, de sus valores y de la laicidad. El fanatismo empieza cuando uno llama dios a su miedo a la vida y la muerte y se lo quiere imponer a toda la sociedad.

Ánimo Charlie. Gracias Ahmed Merabat.

(Con el permiso (o sin él) de @ManelFontdevila y de @eldiarioes sobre el cinismo).

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Des chansons pour Charlie

Primero las palabras sobre las que construir.

Un duelo de cine: la libertad contra el totalitarismo.

Víctor Hugo para coger impulso.

Por la libertad, que es lo primero.

La mejor versión del mundo.

Un Bela Ciao transcultural, que la lucha debe ser global.

Goran Bregovic con Ogi, uno de mis balcánicos favoritos.

Fueza desde los resistentes, los que luchan siempre.

Pensando en los 17 charlies.

Quizá deberíamos volver a soñar con Tahrir.

Khaled, que los puentes no se rompan.

Una esperanza.

Y que sigan los tocahuevos, ¡qué coño!

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La responsabilidad del odio

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Me siento triste, atacado en mis ideas y derechos, en mi profesión de contador de historias, atacado en mi libertad. No es día para el silencio; callar sería una forma de derrota, de resignación inaceptable.

No sé dibujar, no sé cantar, pero sé gritar: ¡JE SUIS CHARLIE! Sé repetirlo cien veces en voz alta en el salón de mi casa hasta que las paredes se impregnen de las palabras que no debo olvidar. ¡JE SUIS CHARLIE! Las pronuncio aferrado a una estilográfica metida en un puño cerrado, un puño de rabia. Es la mano la que me sostiene en pie. No es día para bajar la cabeza ni los brazos. Es día de lucha: “No pasarán”, no nos callarán. Estos fuertes no se rinden.

Detrás de la muerte de dibujantes, periodistas y policías hierve el odio, un odio difuso contra todo lo occidental que se alimenta de afrentas verdaderas e imaginadas. En las cabezas huecas cabe mucho fanatismo; una cabeza hueca es un agujero negro. La estupidez no conoce fronteras ideológicas. Twitter es una muestra: el odio llena 140 caracteres, como llena una bala.

NO HAY JUSTIFICACIÓN A LA BARBARIE

La responsabilidad de cada odio es de quien lo siente, aprieta un gatillo o rebana el cuello de un James Foley. También lo es de quien vomita un tuit execrable. No hay justificación a la barbarie. No la hay cuando mueren niños palestinos en Gaza, judíos en Jerusalén, civiles en una boda de Afganistán o escolares en Peshawar. Cualquier bomba, sea estúpida o inteligente, merece mi desprecio. Me gusta la vida, la mía y la de los demás.

Los atacantes de Charlie Hebdo son yihadistas, personas con experiencia de combate, si es que se puede llamar así a la orgía de sangre que tiene lugar en Siria, donde todos parecen hijos de puta, menos los civiles que los padecen.

Europa tiene un problema con la segunda y la tercera generación de la inmigración de los sesenta y setenta. Personas que proceden del Magreb, Pakistán o de Oriente Próximo, nacidos en Europa, pero perdidos entre dos mundos, más aún desde el estallido de la crisis económica de 2008.

Los jóvenes españoles pueden emigrar. ¿Dónde pueden ir los jóvenes magrebíes sin trabajo, raíces o esperanza? Esta nebulosa es un vivero de radicales a los que los imames y conseguidores soplan sueños de dignidad y prometen el paraíso. La gran batalla no está en Siria e Irak, está aquí; se llama trabajo, educación.

LA GUERRA

Tampoco ayudan las calamitosas campañas militares en Irak, Afganistán y Siria. Seguro que existen intereses podridos detrás de cada de ellas, pero sobre todo hay mucha incompetencia. ¿Cómo vamos a entender a los iraquíes, afganos o sirios si ni siquiera entendemos a nuestros conciudadanos, a nuestros vecinos?

Hay más principios en una portada de Charlie Hebdo o de Mongolia que en muchos parlamentos.

Soy ateo, pero no me siento cómodo con las viñetas que atacan las religiones. Se trata de un asunto emocional, peligroso. Prefiero que se las limite con leyes para que cada uno se pague sus dioses. Pero ante este tipo de desafíos, ante el riesgo de que se instale la censura del miedo, soy radical: defiendo la libertad sin límites y que sean los jueces los que pongan la linde.

Me sorprende el entusiasmo de la Brunete Tuitera por la libertad de expresión frente al islam, ellos que se la niegan a todo el que opine diferente, ellos que disparan descalificaciones al primer diferendo. ¿Qué diferencia hay con nuestros fanáticos? Estoy harto de intolerancias y xenofobias.

No es noche para el silencio, pero sí para escuchar música y afilar los lápices para que vuelvan a dibujar. Feliz lucha.

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