Feed
Posts
Comentarios

Despedidas que duelen

La vida es una sucesión de despedidas. A veces son familiares, amigos; otras, animales, objetos, casas. Al final uno se despide de sí mismo, de su identidad como persona. Caminamos arrastrando una maleta llena de lo que fuimos capaces de ser. La esencia, la individualidad, está en ella.

No tengo la necesidad emocional de los espacios físicos concretos, de habitarlos. Poseo la capacidad de recrear esos espacios dentro de mi, vivirlos en un mundo paralelo que resulta más rico que el original. Quizá por eso escribo.

Esta semana vendimos la casa de mi madre. Fue una decisión difícil, dura. Se cierra una etapa con miles de recuerdos. La noche anterior no dormí. Sentía una gran presión en el pecho. Me imaginé muerto de un infarto. ¿Cómo vender la casa si me he puesto difunto justo antes de la firma? ¿Cómo y quién descubriría el cuerpo? Son pensamientos que me acompañan más de lo habitual desde soy consciente de la pronta finitud de mi madre.

A veces veo muertos en la calle, personas que transitan por esta brevedad convencidos de que tienen la estancia asegurada por mucho tiempo. El miércoles jugué con el calendario del teléfono para calcular los días que nos quedan de estar con Trump. Un simple deslizar del dedo se come media vida. Todo es tan fugaz.

Despedirse de la casa del Pinar es despedirse de mi madre. Esa es la dificultad. El espacio físico no cambia, ya se me metió dentro junto a otros espacios mágicos: la casa de María de Molina, la de mis abuelos en el sur de Inglaterra. La dificultad está en perder el ultimo vinculo, quedar desnudo e irremediablemente solo.

Cuando siento la tentación de conservar el espacio real, sé que me mueve el ansia de sostener una parte de mi vida, de negar el paso del tiempo. No hay dinero que compre un pause vital. El tiempo vuela, envejecemos. Seguimos viviendo dentro de un juego de compensaciones: pierde el cuerpo, gana el punto de vista, algo más pausado y colmado de experiencias.

No sé cuánto me queda pero sé que será la mejor parte de mi vida, la etapa de subir nota, de disfrutar de las pequeñas cosas, de convertir la nostalgia de lo vivido en alegría de seguir vivo.

Ya tengo lo más difícil: el compás. Buen fin de semana.

Populistas y simuladores en 1977

¿Han cambiado Felipe González y el PSOE? ¿Engañaron a un país? ¿Son los males del Partido Socialista Pbrero Español culpa de los perroflautas del 15M o de los populistas antisistema de Podemos? ¿Se deben a la gestión de Pedro Sánchez?

Este vídeo electoral de 1977 es una joya, una lección para los Vara, Díaz y demás simuladores. En él están las respuestas y el motivo de una decepción histórica. Se lo recomiendo entero, pero no dejen de ver desde el minuto 08,40 hasta el final. No tiene desperdicio.

Aún siento rescoldos en la garganta

Aún siento rescoldos en la garganta. Los bomberos del paracetamol acuden cada siete horas al monte quemado para vigilar que no reaparezcan las llamas, retirar la hojarasca seca, trazar cortafuegos con las partes sanas del cuerpo. El paisaje es desolador. Me duelen las costillas de toser. Me salieron tabletillas-Cristiano en el estómago, pero por dentro. Me esculpo tos a tos sin disimular la tripa, con humildad, para que después digan que soy egocéntrico.

Los trumpismos siguen arrasando el paisaje ético. Firmar una orden ejecutiva xenófoba el día del Holocausto, en el que se conmemora la liberación de Auschwitz, es un símbolo. El personaje tiene tanto “yo” y tanto odio que no le caben los matices. Llevamos nueve días. Quedan cuatro años.

La novela sigue dormida. Sé que no está muerta porque la escucho roncar por las noches. Solo está fuera de mi. Desde hace un par de días noto que empieza a moverse, como si se desperezara pese a que aún inverna dentro y fuera de la cueva. Tal vez fue la fiebre, un espejismo.

El jueves cerraré físicamente una parte de mi infancia y juventud. Necesito dejarme vivir ese acontecimiento, empaparme de sensaciones y emociones sobre las que algún escribiré más Náufragos. Necesito centrarme en lo esencial sin que me perturben otras voces del mismo hundimiento. El lunes se cumple un año sin Blanca, la voz que fue y que tanto echamos de menos.

Feliz fin de semana.

62 no 26

Soy la prueba -todos lo somos aunque nos hagamos el longui- de que el orden de factores afecta al producto. Me miro (poco) al espejo y veo el galope del tiempo debajo de los ojos, en el cuello, en las manos. Cada marca, cada deterioro tiene una historia. Crecer es acumular relatos por si alguien los quisiera escuchar.

Prefiero hacer años que cumplirlos, tiene más construcción.

Al cruzar los 60 empecé a fijarme en los que no llegaron. Vivir es ir quedándose con los recuerdos hasta que aguanten. Vivir es un juego de desapariciones.

Envejecer, deteriorarse, entorpecerse es un lujo y una jodienda. Más en una sociedad que pasó de percibir a sus ancianos (aún no llegué) como fuente de sabiduría a verlos como bultos torpes que cuestan dinero al erario público y a las familias. Por eso tengo gatos, para no me afeen mi estado.

En muchas culturas africanas, el anciano está en contacto con los antepasados. Es el que puede interpretar sus deseos y escuchar sus consejos. Es quien está más próximo del espacio difuso y mágico en el que se mezclan la vida y la muerte.

Cumplir años afloja la lengua. Desaparecen las ambiciones, se simplifican los anhelos. se evaporan los cálculos, los planes, los adjetivos. Es el regreso a lo esencial, al sustantivo.

Empieza un camino de 12 meses hasta la cumbre de los 63, una edad con yuyu familiar. Al comienzo de la ruta, mi madre cumplirá 93, que tampoco es lo mismo que 39. Me conformo con los 82 de Leonard Cohen, en pleno uso de sus facultades mentales. Muchas gracias por las felicitaciones y los buenos deseos.

Me gustan estos versos de Saramago, y me gusta Bruce en su homenaje a Prince.

“¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento”.

10 canciones para sobrevivir

Llegó el día: viernes 20 de enero. Son solo diez canciones que me gustan. Empezamos con un pequeño diálogo de Joe Strummer.

Feliz cuatrienio de resistencia pacífica.

« Newer Posts - Older Posts »