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La Diada 3.0 y los bomberos pirómanos

No tengo ni idea de lo que sucederá el jueves en Escocia. No es fácil acertar en las encuestas cuando se trata de asuntos emocionales. En las últimas horas empresas y bancos británicos de pedigrí se han encargado de recordar a los votantes el precio de las emociones, de lo que sucederá en el caso de un triunfo del ’si’, de cómo dejarán el nuevo país en busca de un mejor lugar para sus intereses. Las cartas están claras; las dudas sobre la UE y la moneda, también.

Escocia ha pactado con Londres; es un acuerdo entre personas inteligentes desde la convincción democrática, no desde la presión, las amenazas de desobediencia política o el desprecio al derecho a decidir de los ciudadanos. El referéndum tiene una pregunta clara: “Should Scotland be an independent country?” y reglas asumidas por ambas partes. Es un proceso ejemplar, como lo fueron los dos referéndums celebrados de Quebec.

Los partidarios del y del no han podido realizar su campaña, colocar sus mensajes, hablar a las personas en las ciudades y pueblos de Escocia. También se han celebrado debates televisados. El líder independentista Alex Salmond ha mostrado contundencia en sus ideas, sus enfados, pero sin perder el sentido común.

Esta tercera Diada es la que menos me ha gustado. No por los cientos de miles de personas que han salido a las calles a expresar sus sentimientos, su anhelo por la independencia de Catalunya. No me ha gustado por las declaraciones de algunos de sus líderes que juegan con los sentimientos desde la insensatez política. Es una combinación peligrosa que complica el camino y asegura el descarrilamiento final.

En Catalunya no hay un pacto con el Estado, no existe un proceso legal con unos procedimientos definidos; tampoco un pregunta clara, sino dos confusas, ni debate de ideas sobre los pros y los contras. En Catalunya se ha producido una explosión emocional alentada por la crisis y los recortes que los líderes deberían haber conducido a buen puerto, aunque se tarde un poco más, y no subirse como hooligans a un tren de alta velocidad que solo puede conducir al desastre. Los bomberos resultaron pirómanos, los de allá y los de aquí.

Unas de esas declaraciones insensatas a las que aludía anunciaba la proclamación de la República catalana desde el balcón de la Generalitat tras el 9N. ¿Proclamar una independencia sin que ningún país de peso la respalde de antemano? Kosovo tenía a EEUU y los principales Estados de la UE. ¿Y si nadie te reconoce, más allá de Andorra, Tuvalu y las Maldivas, por un poner? ¿Se puede empezar una independencia con tan poco bagaje, tan poca planificación? ¿Qué moneda? ¿El euro, para que la soberanía siga en manos del BCE y Berlín? ¿Qué significa la independencia si lo importante se decide fuera?

No ayuda el Gobierno en Madrid, incapaz de ofrecer alternativas, al menos en público, y que multiplica declaraciones hostiles en las que abraza el desvarío general. Estoy convencido de que la única forma de resolver estos asuntos es democráticamente: en las urnas, mediante una consulta. Es la vía escocesa: compromiso, un procedimiento claro, debate abierto y papeletas. Y que cada uno aguante el palo de sus decisiones.

Las empresas catalanas, los bancos, están callados; es como si esperaran un milagro de última hora, un soplo de cordura. ¿De quién? ¿De dónde? Es una pelea entre castas, no de los ciudadanos.

Esta tercera Diada me ha dejado un regusto amargo, a derrota colectiva, aunque he de reconocer la gran organización, otro éxito de la Assemblea Nacional de Catalunya. Escuché a Oriol Junqueras en la SER, a quien tengo por un hombre inteligente, y me pareció muy pobre su argumentación sobre el 9N. Escucho a miles de tertulianos que pueblan los medios españoles y pienso que están tan en la luna como la mayoría de los políticos catalanes.

Si tuviera que elegir, elegiría la gente que salió a la calle. Ellos no calculan, no juegan, son honestos, solo sienten. Feliç divendres.

Madre no hay más que una

Mi madre es británica. Se le supone el humor, la ironía y un cierto sarcasmo chestertoniano que les inoculan al nacer. Tras seis duras semanas de gimnasio y alimentación equilibrada, que no dieta, ayer me soltó: “Vaya tripón tienes”. Fue un golpe bajo, un directo al mentón. Como está perdiendo la memoria quizá no recuerde mis esfuerzos en la cinta y en la elíptica, pero al menos debería quedar el amor de madre, esa capacidad de la llamada mentira piadosa, ese ver la botella medio llena, un decir: “Ya te queda menos”, o algo así, estimulante. Estoy acostumbrado a la lucha solitaria, contracorriente; ahora, en unos minutos, me voy al Gym para evitar los atascos de testosterona que se producen a partir de las nueve y media. No hace mucho me soltó otra que me hizo tambalear: “Dale muchos recuerdos a tu gata, que de momento es lo único que tienes”. Y es verdad: aquí anda, entre mis pies, desplegando fidelidades, sin decir ni miau sobre mi aspecto físico.

Martín Acosta me mandó este regalo, para que no deje de perseguir los sueños. Gracias. Buen martes.

Seré curioso, Quintín

Hoy me pesé: los pintxos de Vitoria son historia, y las cervezas y los gintonics, también. He regresado al buen camino: la vida cartuja. Adiós a los ciento y pico kilos. Ahora, el objetivo son los noventa, la siguiente barrera cultural. No hay prisa, ni calendarios ni promesas electorales.

Me ha llegado el dibujo que encabeza el post a través de un amigo de Facebook. No estoy seguro de quién soy ni de cómo me ve él, pero temo lo peor. Un queridísimo periodista catalán, a quien conté por teléfono mi vida gimnástica y la pérdida de cuatro kilos, me respondió: “Aún te sobran otros 20″. Los catalanes con confianzas son demasiado directos y después quieren que les dejemos hacer referéndums. Veinte no, pero 18…

Esta mañana volví a A Vivir. Me gusta porque me gusta la gente que hace el programa y me gusta el ‘feedback’ que llega de los oyentes. Me gusta la radio; fue mi primer trabajo hace mil años. También me gusta ir a la SER los domingos, casi de madrugada, porque nos reímos y porque me ofrece un sentido de pertenencia a algo. Trabajar en solitario te permite bromear sobre tus vacaciones perpetuas y la ausencia de horarios, pero también es jodido. Remar solo cansa. No hay red debajo del equilibrista. Si quito la radio y el Gym este ha sido un fin de semana de silencios, de teléfonos callados, de reordenar papeles.

Esta es la canción del cierre hoy, en el espacio que hacemos a las 0830: Seré curioso. Mario Benedetti a la letra; Quintín Cabrera, música y ternura. Feliz semana.

Cuando la cabeza pide mambo

Resistí la tentación cervecera durante un largo paseo por una ciudad abarrotada. Más que adelgazar, quería respirar un poco de humo fresco. Mi cabeza descubría las excusas más variopintas para justificar el doble espumoso, frío; si hay que caer, se cae sin boberías: nada de cañas melifluas, ¡doble!, ¡triple!

Resistí, vencí a la cabeza. En el gimnasio, que ya empieza a estar tan abarrotado como la calle, aprendo a mejorarme en ese duelo. Era parecido en los viajes al lugares de conflicto, un mes en cualquier culo informativo. Mejoro en la lucha contra el cansancio, contras las excusas. Hoy batí el récord de calorías quemadas: 1.256. Seguro que cualquiera de los notas que están todo el tiempo esculpiéndose los bíceps mientras se miran las tabletillas pierden más. Allá ellos.

Cuando llegué a casa me encontré a la nueva vecina del 4º. Como un niño con zapatos nuevos le conté mi heroicidad alcohólica. La mujer respondió: “Todos tenemos que recuperarnos de los excesos del verano”. Fue generosa, agradable. “En realidad me estoy quitando los excesos de los últimos diez años”, dije. No hubo más palabras, solo sonrisas. La gente no está acostumbrada a que uno se ría de sí mismo.

Mañana es día de báscula, y el primero de radio; y de gym que libré el jueves. ¡A vivir que son dos días y lo que tenga que caer! Feliz domingo.

Florentino Pérez y el camaleón inteligente

Se puede defender el progreso social, la transparencia radical en todas las administraciones y cargos públicos, simpatizar con la izquierda, estar harto del ajuste y sus mentiras, esperar un buen meneo en el árbol del bipartidismo y ser seguidor del Real Madrid. Lo sé: es un contra díos, no me pega nada, lo mío debería ser el Atlético. Pero es lo que hay, son averías de la infancia.

El caso es que vuelvo a estar cabreado con Florentino Pérez. Mira que intento hacer caso a un amigo muy fan del mandamás, pero me topo con problemas personales insalvables. No es solo el blindaje de su presidencia, algo que debe de ser ilegal -exigir no sé cuantos millones de depósito para ser candidato, lo que favorece las proclamaciones, es todo: el estilo, la prepotencia. También le reconozco virtudes, capacidad de gestión.

Esto de las proclamaciones es un virus. Afecta a la monarquía, a la presidenta de Andalucía y cuasi jefa del PSOE y al PP, que rastrea fórmulas que permitan la proclamación con el concurso intranscendente de los ciudadanos.

Y afecta al presidente del Real Madrid y presidente de ACS, dos empresas que no tienen nada que ver pese a que la segunda se beneficia de la bicefalia sin que sepamos si existe un beneficio en sentido contrario. ¿En qué benefician al Real Madrid los contratos de ACS en Colombia? ¿Aporta ACS parte del fichaje de James Rodríguez? Son cosas que deberían preocupar a una prensa deportiva más atenta al humo de la ilusión que a la noticia; y debería preocupar a los socios del Real Madrid, entre los que no me encuentro.

Carlo Ancelotti es como Del Bosque: un tipo cabal. No tiene la brillantez de Mourinho, pero tampoco su pésima educación, su constante vaivén emocional; no es Guardiola, pero consigue títulos en equipo distintos adaptándose a las plantillas sin exigir que las plantillas se adapten a él. Es un camaleón inteligente. La pasada temporada dio con la tecla tras errar en el Camp Nou (Ramos) y sacó una brillante utilidad a Di María, un jugador que nunca me ha gustado del todo. Lo que le sobra de fútbol en los pies, le falta en la cabeza. Fue una pieza clave, jugó a su mejor nivel, aprendió a pensar antes de decidir. Se merecía el aumento que pidió.

No me gustan los jugadores mercenarios, ni los que amenazan con irse. Si ese era el caso de Di María, bien vendido está. ¿Y cuál es sustituto? ¿James? ¿Isco? James podría llegar a realizar parte de las funciones del argentino pero eso va a exigir meses de trabajo y paciencia. De esto último no anda sobrado Florentino Pérez.

La marcha de Xabi Alonso es inexplicable, por eso se explicó tan mal. Se mejora el centro del campo con la llegada de James y Toni Kroos, y enseguida se empeora con la marcha de Alonso, Di María y Casemiro. No sé cómo está la cantera de talentos que sepan manejar el tempo de los partidos.

Tras el desastre de Anoeta llueven chuzos sobre Ancelotti, que es una víctima de su engreído presidente. ¿Se olvidó la Décima? El italiano tiene que empezar desde cero su búsqueda del equilibro, inventarse soluciones. Confío en él y confío que sepa tomar decisiones por mucho que diga Butragueño sobre la no culpabilidad de Casillas en los cuatro goles. ¿Qué hace Butragueño condicionando al entrenador? Casillas merece banquillo no por los goles sino por la sensación de inseguridad que transmite en cada jugada. Ha perdido el santo, la suerte, la confianza. Su defensa no se fía de él y el equipo ha dejado de defender como un equipo. Es la hora de Keylor Navas y de hablar con Fátima Báñez para que medie ante la Virgen del Rocío.

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