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Ser perro en EEUU es mejor que ser perro en Madrid

Si cuento las cosas pequeñas que hago cada día y lo que escribo parece que mi vida está llena, colmada. Si pienso en las cosas que nunca hice y que ya jamás haré siento una losa sobre los hombros, una tristeza marmórea. Hoy he leído que la madurez es dominar el ego. Si fuera otra cosa: ser consciente de la vida que nos rodea, estaría en mejor situación. No sé si tengo el mal del cambio de estación, pero este otoño se me ha enredado entre los pies.

Ser perro en Estados Unidos es mejor que ser perro en Madrid. Excalibur es una metáfora de nuestro retraso. Somos un país estrecho que se creyó gigante gobernado por gente estrecha. Hay elecciones a la vista, por eso dimiten los canallas de las tarjetas; otros aún sostienen que no había nada malo en vivir del cuento a costa del ciudadano. Los partidos se pone duros para la galería.

Deberían devolver el dinero con intereses, entregarlo a fondo de ayuda a los preferentistas. Deberían condenarles a años de servicios sociales, a limpiar culos; eso sí, nada de trajes especiales y guantes de látex que el protocolo no dice Mu.

Nadie dimite por la gestión del Ebola de los primeros días, ni siquiera el consejero bocazas. Esperan a que nos llegue la desmemoria.

Escucho en la radio a tertulianos que son políticos a suedo de siglas: invaden con sus mentiras un espacio que debería ser para verdades.

Dicen que Artur Mas suspende el 9N, una decisión cantada como cantado está que aquí no termina nada. Hay más esfuerzo en parecer que se hace Historia que en resolver los problemas de los ciudadanos. Aquí ni siquiera tenemos Historia para doparnos con ella.

Llueve sobre los tejados. Hay noches que la lluvia trae palabras lejanas. Saco la mano por el velux, y me mojan sustantivos de otros mundos, y a veces un beso perdido. Hay noches como esta en la que llueven mudeces. Sacas la mano y te golpean los silencios, vacíos.

Escucho mi versión favorita de Suzanne, la que cantaba el gran Fabrizio de André. Cuando me siento cansado por dentro, así, melancólico, escribo mejor. Ya solo falta el talento para que ese escribir sirva para algo perecedero. Por ahora, solo posts, humo. Bona nit.

Domingo de lectura, trabajo y frío

Un frío disfrazado de otoño se me cuela en el cuerpo; leo tumbado en el sofá una novela: Expediente Bagdad, que ayudaré a presentar el miércoles en Madrid. Me he puesto calcetines. Parezco un abuelo en pijama de invierno. Aún estoy un poco aturdido, en tierra de nadie, desde la tarde del viernes. Cabeza contra sentimientos, sentimientos contra cabeza, y el miedo.

Terminé el tercer perfil de Tipos inquietantes, que será mujer. Reposa en algún lugar de la memoria de este ordenador antes del envío definitivo. Necesita una última lectura. Trabajo un texto sobre el Estado Islámico que fluye sin problemas. Miro por la ventana de los tejados y veo una negrura que parece tormenta. ¿Los presagios que caen sobre el bipartidismo?

Es domingo, un día igual al lunes, al martes, al miércoles. Mis semanas no tienen horarios de trabajo ni de ocio, son semanas libérrimas en las que se mezcla todo: trabajo, descanso, pérdida de tiempo, lectura. Nana duerme, cerca o lejos; viene, saluda, pide su ración de caricias ajena al tumulto exterior. Cuando la miro pienso en Excalibur.

Hay un positivo de Ebola en EEUU, un caso parecido al de Teresa Romero. Rajoy respira; mal de dos consuelo de tontos, parafraseando el dicho. Quedan en la memoria los cinco días de desastre dirigidos por la desastrosa ministra Ana Mato. Me martillea su última declaración; asegura que se entera por la prensa del estado de salud de la paciente. Deben ser los nervios que paralizan la neurona conservadora. Hay que exponerla en la sala de los horrores del Museo de Cera junto al escultor, o como se llame su trabajo, de la indescriptible figura de la princesa Eleonor. ¿Ha cobrado por el adefesio? Deberían nombrar a Soraya Sáenz de Santamaría directora del Museo de Cera, además de seleccionadora de fútbol y todos lo demás. Parece capaz, explotémosla.

Ánimos para Teresa y todos los demás ‘encerrados’ en una cuarentena preventiva.

Ana Mato, destituida en simulación

La vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría ha tomado el mando de la crisis del Ebola. Mariano Rajoy ha tardado cinco días en desplazar a su incompetente ministra de Sanidad Ana Mato. Es una simulación de destitución, que diría Dolores de Cospedal. Estamos en mejores manos, aunque habrá que esperar a los hechos. No es solo la descoordinación, la falta de medios, la incompetencia de algunos, las mentiras sobre la perfección de un protocolo que se han apresurado a enmendar, es, sobre todo, la ausencia de una política informativa la que ha generado alarma. En EEUU también se cometieron errores con el paciente de Dallas, ya fallecido, pero la información fue ejemplar.

Si en medio de una crisis no se pueden asumir responsabilidades políticas, como sostiene el PSOE de Pedro Sánchez, ¿por qué hibernar a una ministra en espera de mejores tiempos? Que dimita Mato, y el increíble consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, que ha demostrado en dos días de furia su estupidez supina. Es una urgencia, un paso para generar confianza. Las acusaciones contra Teresa Romero son despreciables, le inhabilitan para la representación de los ciudadanos y para un sueldo público.

COPIAR Y PEGAR MENTIRAS

Los medios de comunicación, que han sido más o menos responsables en no propagar el pánico, no han hecho su trabajo en muchos casos. Comprar la versión oficial de lo que dicen que dijo o no dijo la auxiliar a su médica es un error. El poder miente, y este más que ninguno. Su versión debe ser comprobada. Cortar y copiar el discurso de estas autoridades es una forma de ser cómplice.

Un célebre periódico monárquico elaboró una lista de cinco supuestas mentiras de Teresa. La última, que no advirtió a la ambulancia de su dolencia, fue desmentida por el marido y por el infame consejero. ¿Ha pedido perdón el célebre periódico monárquico? ¿Lo han pedido los que titularon que la enferma estaba entubada o muerta? ¿Por qué en este país los lectores perdonan errores profesionales tan graves? Quizá sea la misma falla que empuja a los ciudadanos a seguir votando a los corruptos.

Ya se nota la mano de Tele Madrid en TVE. Ayer introdujeron unas imágenes de personal sanitario vestidos con los mejores trajes de protección contra el Ebola y bajo esmeradas labores de desinfección mientras hablaban del hospital Carlos III. Las imágenes no pertenecían al hospital madrileño sino a uno alemán de gran calidad. Eso es manipular, mentir, otra forma de insulto. ¿Tampoco destituyen al director del programa? ¿Se encargará la vicepresidenta de España Directo? ¡Vaya basura con el dinero de todos!

LA CAJA DE LAS ALEGRÍAS

Espero que los ciudadanos espantados por el manejo de esta crisis y por el pufo de las tarjetas de una caja arruinada por los saqueadores no se olvide de las caras de los impostores en las próximas elecciones municipales y autonómicas de mayo, primer paso para las generales. Caja Madrid y los recortes tienen mucho que ver. Rescatar la caja de las alegrías costó 22.000 millones de euros, el doble de lo recortado en Educación y Sanidad. ¿Cuánto devolverá Bankia de ese dinero a todos los españoles?

POSTDATA: Los muertos de Ebola en África ya superan los 4.000. ¿Es noticia?

Música para Teresa y para todos aquellos médicos, enfermeras y auxiliares que están dando la cara. Gracias.

 

Periodista responsable, periodista amarillo

Estos días se han escuchado llamamientos a la responsabilidad de los medios de comunicación en voz de algunos (ir)responsables políticos. Ana Mato -o su equipo dependiendo la importancia del interlocutor- telefoneó a varios directores para pedirles prudencia en el tratamiento del contagio del Ebola. La llamada se efectuó tras su catastrófica rueda de prensa del lunes. La estrategia (¿protocolo para salir de rositas?) logró amainar titulares y críticas. Supongo que ese era el objetivo.

Los medios se han esmerado, por lo general, en no propagar alarmas ni bulos. El amarillismo es otra cosa. No se puede decir lo mismo de los líderes políticos del Ministerio de Sanidad y de la consejería correspondiente de la Comunidad de Madrid. Mato por dejación y Javier Rodríguez por incontinencia verbal han creado desconfianza en los ciudadanos.

Es incomprensible que no haya una rueda de prensa diaria. Mercedes Vinuesa parece capaz, lo mismo que el coordinador del Centro de Alertas y Emergencias, Fernando Simón. Si no hay información se anima al bulo. Muchos medios han entrado en una carrera loca por las presuntas exclusivas. Una conversación monosilábica con Teresa Romero, violando su intimidad, se convirte en una entrevista exclusiva. En esa trampa cayeron demasiados periódicos.

Tengo más dudas en el caso de la fotografía publicada por El Periódico de Catalunya; su director Enric Hernández lo explica en un texto titulado Cinco razones para publicar la fotografía de Teresa Romero. Se trata de un plano general, respetuoso, que muestra la situación de una persona que el poder político ha convertido en chivo expiatorio. Contiene información y emoción. Pero es posible que en este asunto concreto no sea objetivo porque el Periódico es uno de los medios en los que colaboro habitualmente.

Un amigo me habla del libro de Anthony Lewis, columnista del The New York Times fallecido en 2013. Trata de la libertad de expresión, de la lucha permanente entre el periodista que desea conocer y el que trata de ocultar.

En un momento hace referencia a Bernard Levin, otro célebre columnmista britanico, esta vez del The Times londinense, que advirtió contra la tentación de prensa de asumir responsabilidades. “La prensa no tiene ningún tipo de deber de ser responsable y sería un mal día para la libertad si un día llegase a tenerlo. Debemos seguir siendo vagabundos, forajidos y solo así podremos mantener la fe en la que vivimos, que es tratar de conseguir informaciones que otros no quieren que sean conseguidas y hacer comentarios que otros no quieren que sean hechos”.

En el caso del Ebola la responsabilidad es desenterrar la inmundicia política. Algunos lo han hecho, pero sigue faltando un gran relato capaz de poner contra las cuerdas a los que han mentido, confundido, ocultado y fracasado como gestores.

El Huffinfgton Post publica una segunda carta del doctor Echevarría desde Bo, Sierra Leona, tan interesante como la primera.

Cualquier unidad sanitaria que esté dedicada a recibir o tratar enfermos de ébola, ya sean sospechosos, probables o confirmados (son las tres categorías que manejamos) dentro o fuera de una estructura sanitaria mayor (por ejemplo, dentro de un hospital), sigue obligatoriamente unas reglas en relación con la infraestructura, el flujo de personas y el personal que trabaja en ella.

Se establecen claramente dos zonas, de bajo y alto riesgo, totalmente aisladas del resto de la estructura sanitaria. En las zonas de alto riesgo, se ingresa a los pacientes en diferentes salas, según son sospechosos, probables o confirmados. Y es donde se realiza la toma de muestras. Las extracciones de sangre para los tests se realizan en la zona de alto riesgo por personal cualificado y debidamente protegido, y son trasladadas al laboratorio bajo estrictas medidas de aislamiento y seguridad, siguiendo protocolos de la OMS y CDC (Centro de Enfermedades Transmisibles de Atlanta).

Todo lo que se utiliza en las zonas de alto riesgo (material médico, trajes de protección, vasijas y recipientes de plástico, etc.) que no pueda ser debidamente lavado y desinfectado (como los pijamas sanitarios que utiliza el personal, las botas de goma, las gafas -googles-, delantales y guantes de caucho, etc.) se destruye en la misma zona de aislamiento: nada, absolutamente nada, sale de la unidad.

(para leerla entera pinche aquí; merece la pena)

El éxito de sus dos cartas demuestra que estamos ansiosos de una información seria, profesional y decente.

Música para Teresa.

La madre de todos los protocolos: culpar a otro

La ministra de Sanidad, Ana Mato, y su equivalente en la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez, han encontrado una estrategia para combatir el Ebola en España: culpar a la auxiliar de enfermería contagiada. Rodríguez la acusa de mentir. Carece de pruebas, pero tiene micrófonos. Señalado el objetivo, la línea informativa, solo hay que esperar el trabajo de los periodistas adictos.

En El Intermedio emitieron un vídeo en el que el mismo consejero de Sanidad de Madrid afirma que todo el personal médico que estuvo en contacto con el primer misionero iba a estar bajo vigilancia y con pruebas durante dos o tres semanas. El personal sanitario lo niega: no hubo control alguno. El señor Rodríguez sabe bien lo que es mentir. Que sea un experto en sus mentiras no le convierte en autoridad para denunciar las presuntas de los demás. Es un mal de la política española: mentir, culpar al juez, al maquinista o al mensajero.

Muerto el perro se acabó la rabia, ¿y el Ebola?

Si yo hubiese sido responsable político tal vez también habría ordenado la eutanasia de Excalibur. El riesgo, por mínimo que sea, y más tras la cadena de errores, recomendaba la opción más drástica. Si hubiese sido responsable político habría salido a dar la cara, a explicar los porqués de la medida. Aquí nadie da la cara, nadie explica, solo acusa a otros. Somos un país pequeño.

El ‘protocolo’ seguido con Excalibur tiene la misma precipitación y secretismo que todo lo demás. No genera confianza.

La carta del doctor José María Echevarría, desde Bo, en Sierra Leona, uno de los epicentros de la epidemia. es reveladora. En ella explica cómo trabajan. La publicó The Huffington Post. Destaco estos dos párrafos sobre el entrenamiento y la puesta y retirada del traje.

Los compañeros que entran regularmente a una zona de riesgo, zona de aislamiento o que puedan estar en algún momento en contacto con pacientes sospechosos o confirmados, además de llevar el traje, reciben un entrenamiento de 2 semanas en un centro adecuado y por profesionales cualificados. En nuestro caso, aquí en Sierra Leona, es Médicos Sin Fronteras quien nos da el entrenamiento, probablemente los profesionales con más y mejor experiencia, los que mejor saben tratar y gestionar el ébola.

Las medidas de protección son muchas más que el traje de protección, y se llevan a efecto constantemente (espray con agua clorada, recipientes para lavado de manos con agua clorada en cada esquina, desinfección con este mismo tipo de agua para suelas de zapatos, etc.). Solo para darle una idea: la colocación correcta del traje (PPE) lleva unos 10 minutos, y la retirada del mismo es un proceso de unos 20 a 25 minutos donde se siguen estrictamente unos pasos ordenados y bajo la supervisión de dos personas: una, continuamente desinfectando con espray; y otra, recordando los pasos que hay que seguir. Incluso los más expertos en el tema, los que entran a diario en las zonas de riesgo varias veces -porque no se puede estar con un traje de este tipo más de una hora por peligro de deshidratación-, incluso los más habituados al largo y tedioso proceso de poner y quitar el equipo de protección personal, se olvidan a veces de algún paso o se equivocan en el orden de los procesos y protocolos, y eso puede llevar al contagio.

(Para leerla entera pinche aquí).

Culpar a la enfermera, que al parecer cometió el error de tocarse o rozarse la cara con un guante, puede funcionar políticamente, conseguir que se lo compren algunos medios de comunicación y una parte del electorado. Ya funcionó en el Yak-42, en el Prestige, en el accidente del metro de Valencia y en el de Santiago de Compostela. El posible error de la auxiliar es consecuencia de la falta de entrenamiento y de vigilancia en el manejo del traje al que hace alusión la carta del doctor Echevarría. Ese es un factor, luego está la cadena de errores, mentiras, desinformación y zafiedad. No hemos crecido, seguimos atrapados en la colza.

Solo una investigación profunda, honesta y apartidista, que muestre errores y recomiende mejoras nos permitirá estar en condiciones de ayudar a las personas afectadas por el Ebola en África (solo hemos donado unos 600.000 euros, el gasto de la tarjeta opaca de Sánchez Barco en Caja Madrid) y prepararnos para futuras repatriaciones, si se necesitaran.

Me gustan los anglosajones, su capacidad de autocrítica más allá de los partidos. También me gusta su prensa: ser conservador no significa defender al Partido Conservador ni a sus miembros pase lo que pase, hagan lo que hagan.  Lo mismo en la izquierda. Nos llevan ventaja.

El fin de semana pasado murieron 121 personas en Sierra Leona. Ni un línea, ni un minuto de telediario. Nada. No estamos moralmente capacitados para dar lecciones a nadie, yo el primero.

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