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Siempre nos quedará Italia

Italia es un caos que funciona, al menos, que no descarrila del todo. Italia fluye paralela, suspendida, junto a un pasado muerto dos veces grandioso, Roma y el Renacimiento. Me gusta la Italia luminosa, su cultura, su arqueología, sus escritores (el último: Italo Calvino), su cine, esa vitalidad contagiosa y sin límites. Me gusta su cinismo irónico y elegante, la distancia higiénica con la basura cotidiana, sea política, curil, familiar o mafiosa. Es la Italia teatral, excesiva, religiosa y pagana que retrató Fellini. Hay otras Italias menos interesantes, berlusconianas, andreottiomniscentes y cardenalicias, pero no las llamo Italia, son solo duplicaciones de los defectos humanos que todos compartimos. Me encanta la voz de Pietra Motecorvino, una buena hada para este martes de Sanfermín.

Ombligos sin luz

Sábado en casa, televisión apagada; en la calle, bullicio, días de orgullo. Escucho esta canción de Amanda Palmer y edito una entrevista kilométrica para Jot Down. Está preñada de inteligencia, por parte de la entrevistada, claro. Hablamos de Podemos, un fenómeno que me fascina aunque no esté de acuerdo en todas y cada una de sus propuestas. Hablamos del PSOE, de su extravío. Los socialistas malgastaron la confianza de los ciudadanos, su respeto. Les quedan decenas de desiertos por atravesar. También andan perdidos algunos periódicos que viajan en zigzag, como un ciclista sin aire en los pulmones. Es otro tipo de desierto, de cruz. Son parte del mismo problema: sentirse intocable, imprescindible, creer que la vida es lo que se otea desde lo alto de la torre de marfil. Los ombligos no producen la luz necesaria para iluminar el camino.

Pablo Iglesias y la regulación de los medios

La publicación del libro del periodista Jacobo Rivero Conversación con Pablo Iglesias (editorial Turpial) ha traído una polémica más sobre Podemos: el control de los medios. La bicha no es esta vez el chavismo, sino el presidente ecuatoriano Rafael Correa. Se trata de una larga conversación (mucho más que una entrevista en Jot Down) ocurrida hace cuatro semanas, después del éxito de Podemos en las elecciones europeas. Las versiones de varios medios no coinciden con las palabras del líder de Podemos.

En las páginas 113 y 114, Iglesias se declara partidario de una regulación de los medios de comunicación en respuesta a una pregunta sobre la ley ecuatoriana, conocida por los periodistas como ley mordaza. En la réplica no cita ni alaba la ley Correa de una manera clara, solo se declara partidario de la regulación de los medios. Un “absolutamente” al inicio de la respuesta es lo que provoca la interpretación posterior.

He estado esta mañana en el desayuno-presentación del libro de Rivero. Tenía curiosidad por ver en directo, sin intermediarios ni distorsiones, al fenómeno político de los últimos dos meses, el nuevo enemigo público número uno. Me gustó Iglesias; es ágil, rápido en las respuestas, parece hablar desde sus ideas y convicciones, no desde un libro colectivo. Admitió que no conoce a fondo la ley ecuatoriana de regulación de medios. Por si acaso sirve en los debates ofrezco al final de este post unos links de tres organizaciones de prestigio: Comité de Protección de Periodistas (CPJ), Reporteros Sin Fronteras y Human Rights Watch.

Iglesias asegura que su propuesta de regular los medios tiene como objetivo provocar que sean los propios periodistas, quejosos de sus condiciones de trabajo, los que formulen ideas, para que debatan. Iglesias se puede permitir aún ser poco concreto porque acaba de llegar al ruedo, perdón por la expresión. En los próximos meses, Podemos deberá concretar mucho más. Un ejemplo: en las elecciones municipales deberá explicar cuál es su modelo de ciudad.

Personalmente la palabra regulación me produce alergia. Creo en la necesidad de unos medios públicos del Estado, potentes y de calidad. Mis modelos son la BBC y la PBS estadounidense. Esta última se financia mediante donaciones. Toda regulación debe ir dirigida a garantizar su independencia, a proteger los medios estatales de la manipulación interesada del gobierno de turno, sea nacional, autonómico o local. Es como si un gobierno solo permitiese entrar en los hospitales públicos a sus votantes.

Con los medios privados debería bastar la ley, como en el caso de Twitter, sea el Código Penal, Civil o Mercantil. La única manera en que un gobierno puede influir en la pluralidad informativa es fomentar las fundaciones y las cooperativas para que surjan medios alternativos al mainstream.

Se puede imponer por ley la creación de comités de redacción, como el del diario El País. Se trata de órganos consultivos. No se puede imponer una línea editorial a quien se juega su dinero ni un enfoque informativo al director que dirige un medio. Se llama libertad de empresa y libertad de prensa. Los límites ya están definidos. El resto lo deciden los lectores. De hecho, si analizamos las cifras de venta en kiosko, se puede afirmar que ya lo están decidiendo. Si un director entra en los textos de sus redactores y los manipula sin consultar al afectado no es algo que deba perseguir el Gobierno. El regulador más eficaz se llama lector, oyente, televidente. El periodismo de bajura se estrellará contra la realidad. Es su destino.

Sobre la ley ecuatoriana, tres links del Comité de Protección de Periodistas: CPJ dismayed by approval of media law in Ecuador. Otro sobre los ataques a la prensa y un tercero: Ecuador’s year-old media law stifles in-depth reporting.

Dos textos de RSF: New media law: mix of good principles and bad provisions y Communications Law one year later: journalists still under pressure.

El informe anual de HRW incide también en los problemas de libertad de expresión en Ecuador.

(Más grave me parece que Pablo Iglesias no se declare fan de ningún equipo de fútbol por cálculo electoral. Es una ironía, claro, lo digo para los suceptibles. Ya en privado confesó ser un poco del Rayo Vallecano y mucho del Numancia. Eso del Numancia va a traer cola. Cómprense el libro y léanlo sin intemediarios).

¿De quién es la soberanía popular?

Las listas electorales son un bicoca, sobre todo si te colocan en un puesto con posibles. Además del sueldo están los pluses por vivienda, los taxis, los gintonics, las dietas, los vuelos en Business y los planes de pensiones subvencionados, y todo legalísimo. Estar en la lista equivale a que te toque la primitiva. Solo hay que ser obediente, tener padrino y mucha suerte.

Los diputados, senadores, eurodiputados, concejales, alcaldes no se deben al ciudadano, que les vota en una lista cautiva, sino al jefe del aparato que decide quién tiene premio, quién castigo. El hacedor de la lista es el que tiene la soberanía popular.

Regeneración sería abrir las listas, permitir tachar. Las listas cerradas tuvieron sentido en la Transición; el objetivo era fortalecer los partidos, pero lo que se han fortalecido son los aparatos. Un aparato puede producir gonzalezpons, pepinesblancos y carlosflorianos sin que nadie se eche las manos a la cabeza. En los aparatos funciona la obediencia debida, no la capacidad. La democracia es debate, dar explicaciones, someterse a la crítica y a las leyes. Lo contrario son las castas, el secuestro de la voluntad popular, los aforados.

La elección directa de alcalde no es un globosonda. Es lo que desean imponer en septiembre para salvar Madrid y Valencia, entre otras plazas. La idea es una demostración de que sus autores no se han enterado de qué va el cabreo de la ciudadanía. Si nos empeñamos en demostrar que votar no sirve de nada después no son quejemos con las algaradas.

Los autores no han leído la Constitución. ¿Para qué? Solo necesitan leer los nombres de los magistrados que componen el tribunal.

¿Cómo podrá gobernar en Madrid una Ana Botella, por un poner dramático, si la mayoría es de izquierda? ¿Abolimos el valor de las mayorías? Con la reforma del PP, Susana Díaz no gobernaría en Andalucía. Los votos del PSOE e IU no valdían de nada.

Lo que más me sorprende de todo son los titulares que compraron el asunto de la regeneración. Hay periodistas que no están haciendo bien su trabajo. Después lo llamamos crisis.

Lo llaman regenación y no lo es

Lo más sorprendente de las presuntas ideas regeneradoras de Mariano Rajoy es que los medios de comunicación le compren el adjetivo, sobre todo el día en que el juez Ruz imputa al ex tesorero Lapuerta. El PP tiene un serio problema con sus tesoreros, la contabilidad B y la coincidencia de los ingresos y las concesiones de obras públicas. Pero la regeneración no va por ahí, ni por dimitir. Eso es para los alemanes e ingleses, esos aprendices de democracia. En España aguantamos los chaparrones que para eso nos hemos comprado el hombre del tiempo.

La ‘regeneración’ estrella consiste en cambiar las reglas de elección de alcaldes, para que sea elegido el cabeza de la lista más votada. El PP se aseguraría así el gobierno en 40 capitales y evitaría disgustos en Madrid y Valencia. El despropósito es tal que el PP podría arriesgarse a presentar a Ana Botella. Se trata de una cacicada a menos de un año de las elecciones municipales, cuente o no con el apoyo del PSOE o de lo que queda de Rubalcaba.

Una decisión así en medio del descrédito de las instituciones sería un órdago a la hartura ciudadana. Jugar con la paciencia colectiva es jugar con fuego. Si se quiere cambiar algo, cámbiese la ley electoral, no para modificar el número de los diputados en su beneficio como Cospedal, ni impedir coaliciones que ‘nos’ perjudican, sino para abrir las listas, como demanda la ciudadanía, e impedir el concurso de los imputados (en Valencia el PP tendría problemas para elaborar una lista).

Regeneración es suprimir la inmensa mayoría de los aforados: 2.000 políticos y 7.500 jueces y fiscales. Algo grave debe pasar en la justicia española para que tantos jueces y fiscales no se fíen de ella y se encomienden solo al Supremo, que es elegido por aforados.

Regeneración es dimir cuando se recibe dinero a espuertas de una red corrupta, sepas de donde viene el Jaguar o no lo sepas. Regenerar es abrir a la ciudadanía las cuentas de los partidos, prohibir las donaciones de empresas, mostrar las tripas de los concursos públicos. Regenerar es quitar privilegios a una clase política que olvidó lo esencial: son re-pre-sen-tan-tes de la supuesta soberanía popular. Regenerar es poner fin al saqueo. Regenerar es devolver a la ciudadanía la voz secuestrada.

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