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Escocia, sé inteligente: vota depende

Lo que suceda el jueves en Escocia me afecta tangencialmente: no me gusta el whisky y el petróleo que fluye por mis venas capitalistas habla árabe, persa, ruso, inglés de Nigeria, portugués de Angola o español de México. Me gustaría la victoria del para que mi madre sea por fin inglesa a sus casi 91 años. Nunca le reconocieron su inglesidad pese a nacer en el barrio londinense de Finchley, el que alumbró mucho después a Margaret Thatcher, ahora muy popular en el Madrid de Ana Botella. El defecto de mi madre era tener un padre sajón y una madre normanda, los dos pueblos que crearon Inglaterra. La histórica se olvida en leyes  injustas, como la que me privó de tener pasaporte británico.

Los escoceses se han sentido escoceses y británicos, los mismo que los galeses y los norirlandeses. En realidad, como dice Marta López, mi jefa en El Periódico de Catalunya, los únicos que jamás se sintieron británicos fueron los ingleses. Así que ahora no vengan con milongas emocionales.

Me gustaría la victoria del no por Catalunya, porque necesito una pausa en esta estampida colectiva hacia el precipicio, un lugar en el que ya hemos estado catalanes y españoles. Me gusta el proceso escocés: negociación, acuerdo y urnas, algo que falta en Catalunya. Quizá Artur Mas y compañía deberían ralentizar el proceso y esperar a finales de 2015 para saber quién gobernará España y en qué condiciones. Es posible que necesite pactos y eso ayuda al diálogo que ahora falta.

Lo inteligente sería lograr un compromiso, una hoja de ruta, rebajar la emoción y subir la razón en ambos lados y que el pueblo catalán vote tras una campaña en la que todos puedan expresar su opinión. Es la forma democrática de solucionar estas cosas, y además es lo más práctico.

No quiero que Catalunya deje España porque es nuestro pulmón verde de inteligencia, de seny (que de rauxa ya andábamos sobrados). Sin Catalunya quedaríamos amputados, sin esperanza de regenerar este país averiado.

Estoy cansado de poner la televisión, la radio y que salga el monotema. No me gusta la visión de Madrid de lo que sucede en Catalunya. Tampoco me gusta la visión de lo que sucede en España, en la calle. Espero que opciones ciudadanas como Podemos y Guayem Barcelona ganen mucho peso en las elecciones municipales y que la cordura que le falta a los políticos la impongamos los ciudadanos.

Mientras, un poco de humor con los Simpson. Feliz víspera de no sé qué.

El gym, la radiografía y la Espe

El lunes cambié el gym por una radiografía lumbar: posible pinzamiento. Cuando fui al médico le dije: “No sé si es un tumor en el riñón o el precio de ponerme en forma”. Este tipo de bromas, un tanto estúpidas, son una defensa, un sistema eficaz de alejar el miedo. Funciona en las guerras, funciona en la paz.

Soy hipocondríaco irresponsable; es decir, un tipo que no se toma en serio. En los días anteriores a la consulta médica, el supuesto pinzamiento no se movía un centímetro del riñón izquierdo. Los pinzamientos pueden ser muy listos, mucho más que una alcaldesa de una gran ciudad en el centro de España. ¿Lo pillan?

Cuando el médico dio su diagnóstico preliminar, a falta de la prueba radiológica, el dolor empezó a moverse por el nervio ciático. Le acababan de desenmascarar. Mi pinzamiento es como los políticos españoles, no dimite ni pa’dios. Amaga como Gallardón, pero ahí sigue, dando problemas. Es posible que acabe perdiendo los 15 kilos que me siguen sobrando tras los cinco ya perdidos; también es posible que acabe en una silla de ruedas delgado como una sílfide.

Hoy volví al gimnasio sin mostrar debilidades. A los notas no les duele nada pese a que algunos tienen más bíceps que cabeza. He reducido los ejercicios de suelo y los aparatos. Me concentro en las sentadillas y en el cardio. Me gusta pese a compartir local con Tomás Gómez, un líder empeñado en seguir perdiendo elecciones por el mal de todos. Si le veo, le pondré esta canción de Skape y que aguante la vela.

Como la vamos a aguantar todos si se presenta y gana Esperanza lideresa Aguirre. Ella es la prueba de que este país no es serio. No son serios los políticos ni los periodistas ni los ciudadanos. En Alemania o en el Reino Unido, la Espe estaría políticamente muerta, fuera de juego. Aquí no, aquí es una heroína de la nada, un icono de la vaciedad absoluta.

Feliz martes y que dimita también el jefe de Orenga.

¡Queremos fumar lo mismo que ellos!

¿Qué mecanismo mental empuja a un grupo de personas autoproclamadas inteligentes a otorgar una plaza a Margaret Thatcher, distinguidísima señora inglesa que no se distinguió en vida por hacer nada en favor de la ciudad de Madrid? ¿Quién diablos tuvo el pronto, el bombillazo? ¿Quién fue el mamarrach@? ¿Son los mismos cerebros que pergeñan los recortes y demás gracias? ¿Bajo qué efectos alucinógenos pensaron que tamaño disparate podría darse en el mandato de una alcaldesa no elegida en las urnas y que para colmo no sabe ni papa de inglés como ha dado repetidas y bochornosas pruebas en estos de exposición y escarnio? ¿Es la misma planta que mantiene a la lideresa tan activa en defensa de su derecho constitucional a atropellar ciudadanos, policías y a todo lo que se le ponga por montera porque ella es así de majete (o ma-jeta)?

Yo, en mi modesto entender, hubiera preferido un nombre más vinculado a los méritos de la alcaldesa y de su insufrible hombrecillo de casa, algo así como ‘My taylor is rich Square’ o ‘Relaxing Square of café con leche’ o, puestos: ‘Fuck you, Podemos’ (en este caso tendrían el apoyo del PSOE y tal vez de IU).

Ha llegado la hora de plantarnos, de ser inflexibles en nuestras demandas democráticas: ¡Queremos fumar lo mismo que ellos! Feliz jornada.

Anticipándome a las críticas, una declaración

Me gustan las entrevistas, las conversaciones pausadas en este mundo de prisas, de preguntas que exigen una respuesta predeterminada o ninguna. No tuve oportunidad en mis años en El País, más allá de las necesarias para alimentar los reportajes o retratar una situación internacional concreta. Con las nuevas tecnologías regresa la profundidad más allá de la dictadura del espacio. Me gusta hablar de política. Con los políticos prefiero las entrevistas impertinentes, con preguntas claras y directas que eviten el mensaje prefabricado. A los intelectuales les dejo hablar, si hay discurso, que lo suele haber.

Soy responsable de mis preguntas, no de las respuestas. Creo en la libertad, también en la libertad de respuesta. No soy un censor. Creo en la inteligencia soberana del lector.

Hoy he publicado mi primera entrevista con eldiario.es. La otra parte, la esencial, es Santos Juliá, un historiador de prestigio, un intelectual de primera. Habrá más entrevistas y otras colaboraciones que se irán concretando.

Y habrá decepciones ante mis preguntas y por las respuestas. Me encantan las visiones complejas de un mundo complejo. Abomino de los eslóganes y de los libros de Petete. Me gustan las personas que responden desde sus convicciones aunque no sean las mías. Me atraen aquellos que tienen dudas y las muestran. Me preocupan los que solo tienen certezas.

Llego a eldiario.es tras varias conversaciones con Nacho Escolar, de los primeros en llamarme tras el deceso de El País; de mi deceso, se entiende. Con el tiempo hemos encontrados espacios compatibles con otros medios: InfoLibre, El Periódico de Catalunya, A vivir que son dos días y, espero, con Jot Down. A todos ellos debo mucho en estos casi dos años de travesía.

Me considero un tipo de izquierdas, pero ante todo soy un periodista. Trato de ser honesto, no me caso con nadie (solo me casé una vez y se llama Blanca) y reconozco mis limitaciones. Si no las tuviera sería arquitecto o psiquiatra, mis otras profesiones favoritas además de las soñadas en la infancia: torero (sí, Nacho, torero), bombero y astronauta.

Muchas gracias, sobre todo, a los que me leen sea donde sea. Ellos/ellas son el motivo de que este fuerte no se rinda. Salud y feliz curso (electoral ¡por fin!).

La Diada 3.0 y los bomberos pirómanos

No tengo ni idea de lo que sucederá el jueves en Escocia. No es fácil acertar en las encuestas cuando se trata de asuntos emocionales. En las últimas horas empresas y bancos británicos de pedigrí se han encargado de recordar a los votantes el precio de las emociones, de lo que sucederá en el caso de un triunfo del ’si’, de cómo dejarán el nuevo país en busca de un mejor lugar para sus intereses. Las cartas están claras; las dudas sobre la UE y la moneda, también.

Escocia ha pactado con Londres; es un acuerdo entre personas inteligentes desde la convincción democrática, no desde la presión, las amenazas de desobediencia política o el desprecio al derecho a decidir de los ciudadanos. El referéndum tiene una pregunta clara: “Should Scotland be an independent country?” y reglas asumidas por ambas partes. Es un proceso ejemplar, como lo fueron los dos referéndums celebrados de Quebec.

Los partidarios del y del no han podido realizar su campaña, colocar sus mensajes, hablar a las personas en las ciudades y pueblos de Escocia. También se han celebrado debates televisados. El líder independentista Alex Salmond ha mostrado contundencia en sus ideas, sus enfados, pero sin perder el sentido común.

Esta tercera Diada es la que menos me ha gustado. No por los cientos de miles de personas que han salido a las calles a expresar sus sentimientos, su anhelo por la independencia de Catalunya. No me ha gustado por las declaraciones de algunos de sus líderes que juegan con los sentimientos desde la insensatez política. Es una combinación peligrosa que complica el camino y asegura el descarrilamiento final.

En Catalunya no hay un pacto con el Estado, no existe un proceso legal con unos procedimientos definidos; tampoco un pregunta clara, sino dos confusas, ni debate de ideas sobre los pros y los contras. En Catalunya se ha producido una explosión emocional alentada por la crisis y los recortes que los líderes deberían haber conducido a buen puerto, aunque se tarde un poco más, y no subirse como hooligans a un tren de alta velocidad que solo puede conducir al desastre. Los bomberos resultaron pirómanos, los de allá y los de aquí.

Unas de esas declaraciones insensatas a las que aludía anunciaba la proclamación de la República catalana desde el balcón de la Generalitat tras el 9N. ¿Proclamar una independencia sin que ningún país de peso la respalde de antemano? Kosovo tenía a EEUU y los principales Estados de la UE. ¿Y si nadie te reconoce, más allá de Andorra, Tuvalu y las Maldivas, por un poner? ¿Se puede empezar una independencia con tan poco bagaje, tan poca planificación? ¿Qué moneda? ¿El euro, para que la soberanía siga en manos del BCE y Berlín? ¿Qué significa la independencia si lo importante se decide fuera?

No ayuda el Gobierno en Madrid, incapaz de ofrecer alternativas, al menos en público, y que multiplica declaraciones hostiles en las que abraza el desvarío general. Estoy convencido de que la única forma de resolver estos asuntos es democráticamente: en las urnas, mediante una consulta. Es la vía escocesa: compromiso, un procedimiento claro, debate abierto y papeletas. Y que cada uno aguante el palo de sus decisiones.

Las empresas catalanas, los bancos, están callados; es como si esperaran un milagro de última hora, un soplo de cordura. ¿De quién? ¿De dónde? Es una pelea entre castas, no de los ciudadanos.

Esta tercera Diada me ha dejado un regusto amargo, a derrota colectiva, aunque he de reconocer la gran organización, otro éxito de la Assemblea Nacional de Catalunya. Escuché a Oriol Junqueras en la SER, a quien tengo por un hombre inteligente, y me pareció muy pobre su argumentación sobre el 9N. Escucho a miles de tertulianos que pueblan los medios españoles y pienso que están tan en la luna como la mayoría de los políticos catalanes.

Si tuviera que elegir, elegiría la gente que salió a la calle. Ellos no calculan, no juegan, son honestos, solo sienten. Feliç divendres.

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