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Estas son las fotos tomadas por un vecino antes y durante del disparate ecológico cometido en la presunta mejora del pavimento y de las aceras de la Plaza de Herradores, en Madrid. La obra no parece tener mucha supervisión ni un plan definido. Ya han cambiado seis veces los adoquines de sitio.

Protegieron con maderas los troncos de tres árboles después de cargarse otros dos con la mini excavadora. A uno de los supervivientes le cortaron las raíces porque no cabía en el hueco (alcorque) y al otro lo descuadraron. El primero se cayó y el segundo amenazaba ruina. Obvio.

Según el informe oficial, la culpa es del árbol por no caber en el hueco previsto y no del alcorque por no incluir el árbol completo.

Los árboles de la plaza nunca han estado en el eje de la remodelación; tampoco los vecinos a los que no se nos ha informado ni pedido opinión.

En un primer momento se nos dijo desde el 010 que estaban enfermos. Un dato falso, desmentido desde Medioambiuente que culpa a Conservación de Vías Públicas e Infraestructuras que, a su vez, remite a Medio Ambiente. Lo mejor es que Vías Públicas depende del área de Desarrollo Sostenible. Una broma, claro.

Los árboles grandes llevaban más de 40 años. Los plantó y cuidó el dueño de Casa Fabes, hoy convertido en un japo con excelente Ramen.

Lo ocurrido es un atropello a la inteligencia. Nos han dejado sin un pulmón para respirar, sin raíces y la sombra justo cuando llegan los calores.

Abrí una petición en Change.org. Se agradece toda ayuda y difusión. No creo que seamos una excepción.

Los árboles ya están muertos, pero no la posibilidad de establecer unos protocolos claros de actuación que incluya a los vecinos. ¿De qué sirve votar por la plaza de España o la Gran Vías si pasan de nosotros en la puerta de nuestras casas?

Preguntas obvias al Ayuntamiento:

-Quién decide remodelar la plaza y cuándo se aprueba el supuesto plan.

-Cuáles son sus objetivos.

-Por qué no se implica a los vecinos. No debemos ser más de 100 familias entre plaza y aldedaños.

-Por qué no se ha informado del plan antes de acometer la obra.

-Quién decide cargarse los árboles.

-Cuál es la cadena de mando en una decisión de este tipo. ¿Llega a los concejales?

-Por qué nos han mentido. Nos aseguraron que los árboles no corrían peligro y después que estaban enfermos.

-Por qué seguimos sin una explicación, más allá de las que he podido conseguir con llamadas.

-Cuál es el objetivo del ensanche de las aceras, ¿poner terrazas (más ruido) para cobrar licencias?

Mercemos una explicación, árboles grandes de repuesto urgente y que alguien se disculpe.

(Seguiremos informado)

 

 

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Regreso de Barcelona y me topo de nuevo con la plaza de Herradores sin árboles, sin raíces, sin pájaros. Volver a casa es una bofetada emocional. He averiguado que los árboles arrancados la semana pasada estaban sanos. Fue la obra que los mató. A uno le cortaron las raíces, a los otros los descuadraron. ¿De qué sirvió proteger los troncos? Aún no sé si fue incapacidad o una orden para que no se interpusieran en la remodelación. La plaza ha quedado desnuda, sin aire fresco ni sombra para el verano. Los ruidos del tráfico escalan las fachadas y se me meten en las casas. Trato de averiguar a quién o a quiénes tengo que dar la enhorabuena. Los vecinos seguimos indignados.

(Continuiará)

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Quién diablos va a leer el segundo párrafo

Front Page (Primera Plana) de Billy Wilder con Jack Lemmon, Walter Matthau y una jovencísima Susan Sarandon. Genial. Por eso el primer párrafo tiene que ser muy bueno, para tener la esperanza de que te lean.

Las rotondas no nos dejan ver el sol

Estoy encerrado en un círculo como el burro del molino. Por las ventanas veo alambradas y muros fabricados de miedo e ignorancia. Se extraviaron los constructores de puentes atrapados en otras rotondas. Me gusta bucear en la Red, descubrir pequeñas joyas. Esta pertenece a Talia Dean, una nota con canal de You Tube dedicado a hablar de sí misma, pero al menos sabe cantar.

La escucho una y otra vez en busca de una salida de emergencia. Más allá de los muros sigue la guerra en Siria con su goteo de mueres invisibles. Aquí, en una Europa vuelta hacia sí misma se blande el peligro del neofascismo como excusa para endurecer ideas, discursos, leyes y tolerancias.

El peligro no está solo en la derecha xenófoba y antieuropea, está en las élites que se proclaman demócratas. Si las de Holanda y Francia, que algo aportan a sus economías, se olvidaron de las personas, las de aquí son insaciables. En la mayoría de los casos sus fortunas nacen y crecen en una partido amañado en el que están comprados los árbitros y los vigilantes. Es un capitalismo de cómplices.

Podemos habla de La trama como antes lo hacía de La casta. El problema es que de tanto repetirlo y tuitearlo se queda en etiqueta. Las etiquetas no resuelven problemas. Es necesario salir de las rotundas ideológicas, buscar mayorías capaces de regenerar.

Enhorabuena a los Verdes holandeses, los grandes triunfadores de las elecciones del miércoles que incluyen un serio aviso al PSOE más conservador y a sus asustados amigos. No pasa nada, se llama libertad.

Soy machista, lo estoy dejando

Me eduqué en un entorno machista en medio de una dictadura machista. Asistí a colegios masculinos –menos un año en pre párvulos en un colegio de monjas machistas– en los que reforzaron mi arquitectura machista. Soy un producto averiado por muchas razones, también debido a una educación en la que se me prohibió una parte esencial de mis emociones.

Tuve dos despertares esenciales. El encuentro con Bernardo Arrizabalaga, el hombre que me dirigió hacia el periodismo, de lo que tomé conciencia al escribir Todos náufragos, y el internado en Izarra en el curso 1972-1973. Fueron despertares políticos, de libertad. Desde ellos llegué al cuestionamiento de todo lo recibido. Decidí quedarme desnudo y volver a construirme.

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En esa reconstrucción democrática con material contaminado han sido claves las mujeres de mi vida, más allá de las relaciones de pareja, y el feminismo que me ha confrontado con el machismo inoculado, dándome conciencia del valor de las palabras y de las ideas. Sigo en operación de limpieza estructural, algo que no terminará nunca. Detecto las mejoras porque veo con claridad el machismo ambiente y a menudo me ofende.

Siempre defendí la igualdad en todo, ante la ley, en el salario, en el respeto, en la casa y fuera de ella. Creo que he avanzado mucho, pero no lo suficiente. En el horizonte tengo un tope: no puedo sentir y ver la vida desde el cuerpo y los ojos de una mujer, desde su historia personal, desde las humillaciones recibidas. Esa es mi limitación, una de tantas.

He contado chistes machistas (y feministas; sé algunos muy buenos) y dicho cosas de dudoso gusto a compañeras de trabajo que me perdonaron porque entendieron que no había maldad, solo un afán agitador, de conseguir que la gente se ría, que me quiera. Debería pedir perdón y lo hago: lo siento.

Recibo mucho ‘meme’ machista; borro la mayoría. Transmito alguno que me parece bueno, como los chistes de Carrero Blanco (tengo cuatro estupendos pero no me atrevo por la AN) y a veces me llevo un ‘zasca’ educador de alguna amiga que me muestra los límites. Es un aprendizaje permanente.

Pregunto, saco el tema, provoco porque casi siempre obtengo explicaciones inteligentes, o lecciones, que me amueblan, modifican y mejoran. Este no es un post para los peros, ‘pero’ permitidme uno: aprendo más rápido desde la critica constructiva que muestra los errores que desde la crítica rotunda que descalifica la totalidad. Esa me cierra, me hace inexpugnable, y eso es un problema. Me pasó con María Pazos hace años. Hoy la entiendo mejor. Como entiendo a Barbijaputa. No me gustan las verdades absolutas, las uniformidades ni los guiones de cómo debo hablar o escribir, pero los guiones se pueden modificar.

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Me gustaría hacer una entrevista en profundidad a una referente del feminismo. Uno de los defectos que detecto en gran parte de los debates, los últimos con motivo del 8 de marzo, es que tendemos a decir las mismas cosas, a señalar los mismos efectos. Quiero ir a las causas, al mecanismo que lo mueve todo, saber cómo podemos modificar los roles desde la cuna, cómo educar en igualdad.

El machismo tiene que ver con el ejercicio autoritario e impune del poder, el abuso del mando y la posesión. Se da en la pareja, en la familia, en la empresa, en la política, en la vida. Aunque llamarlo patriarcado es acertado no deja de ser una etiqueta. Hay mujeres que ejercen el poder de una manera machista. Otras no dejan de ser mujeres, y eso es esencial: Manuela Carmena, Ada Colau, Monica Oltra, Cristina Cifuentes… Creo que sería más efectivo destripar la palabra y mostrar todo lo que lleva dentro, lo que significa, y empezar a cambiar cada pieza del motor o el motor mismo si fuera necesario. Es un camino que hay que recorrer juntos. Seguiré aprendiendo. Feliz semana.

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