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No es fácil mantener un blog

Entre las colaboraciones y los intentos de novela, ya veremos dónde llegó, no me queda tiempo para este blog, que tengo abandonado. Es injusto: él me preparó para la navegación en solitario por si se hundia el Titánic. No se hundió, pero caí por la borda tras un leve empujón. Después de casi siete años soy un consumado marinero. Tengo gran parte de mi vida hecha, ahora toca subir nota.

Intenciones, proyectos y músicas

Si entregué la novela, ya no tengo excusa para asomarme a este blog. Veremos si arranca o no, sin autopresión. Las ventanas sin barrotes son espacios de libertad, como los cuadros de Edward Hopper.

Empiezo el siguiente protecto, que verá la luz a finales de 2019. Preparo también las vacaciones que no tuve este verano. Si Trump no lo impide serán en Nueva York, una ciudad que me fascina. Es la capital occidental de los averiados, por eso me siento como en casa.

El gimnasio es un ejercicio mental, una lucha contra una cabeza que exige pausa, que inventa excusas para las piernas. Me gusta no caer en sus trampas. Son pequeñas victorias que me recuerdan que sigo en control de mí mismo.

Estas son las músicas que pusimos hoy en el espacio que comparto con Javier del Pino en A Vivir. Feliz semana:

Músicas del domingo en A Vivir

Ellas son Y.A.S., un dúo compuesto por las cantantes Mirwais Ahmadzaï y Yasmine Hamdan.

Mi asunto con Sharon Stone

Tengo todo planeado: volaré a EEUU, a NY o LA, donde diga mi amiga Rocío, y haré una entrevista a Sharon Stone. Nada pretencioso, solo palabras. Se me ocurren varios temas: edad, machismo, la tranquilidad de haber vivido, Trump, esta sociedad posdemocrática… Ella es inteligente. Dará juego.

Después nos haremos fotos, la prueba frente a los quisquillosos. Y por seguir con la coña que mantengo desde antes de la DUI. Entonces tuiteé: “es más fácil que yo tenga una relación con Sharon Stone que Cataluña se independice” (o algo así). La cosa catalana terminó en gatillazo, de momento. Nadie en el procés quiso darse cuenta de la fuerza de contención de M Punto Rajoy y su célebre DIU 155. Y ahí estamos, en el posinterruptus, buscando excusa para aplazar el segundo.

Con Sharon no hay gatillazo porque nunca me creí mi propio cuento. Pero con el roce (tuitero) le he cogido cariño. Ella tiene 60, yo 63; ella tiene dinero; yo no tengo deudas. Estamos hechos el uno para el otro.

Entregada la novela a Anna, mi agente literaria que intermedia con las editoriales, siento ganas de pasar a otra cosa. Quedan retoques, cambios menores y quizá alguno mayor. Veremos qué dicen mis amigos lectores. Y la editora o el editor.

Un gran viaje por EEUU sigue en la recámara. Pero hay más opciones.

Los Cuadernos de Kabul, ahora reeditados por Península, señalan un posible camino, un modelo a seguir en el nuevo proyecto.

Guardo otra novela sin conexión con el periodismo en algún lugar del cerebro. Allí la almacené tras dos intentos fracasados. Necesita una chispa para despertar.

Buena semana.

Deshacerse de libros que ya no son yo

He ordenado parte de mis libros, solo los de la habitación en la que trabajo. El salón queda para febrero. O para marzo, que tampoco hay que estresarse.

El objetivo es desprenderme de algunos, regalarlos a una librería que los acoge gratis y los revende a voluntad del comprador. He tardado horas porque cada libro contiene una o varias historias, voces que escuchar, memorias que atender. No solo las que eligió el escritor, también están las mías como lector.

Ordenar libros es ordenarse; desprenderse de ellos es reconocer los cambios en el yo pese a que el yo motor sea el mismo. Vivir es deshacerse de lo que ya no somos. No es fácil, hay que ir uno por uno, abrirlo y esperar, estar seguro.

Tengo un Kindle. Es cómodo para los viajes, pero no me habla. Entre él y yo se levanta un muro trumpiano. Quizá sea mi culpa, la edad.

Los libros huelen, al subrayarlos los poseo y memorizo; me regalan unas palabras, les devuelvo otras. Es verdad que puedo marcar en el Kindle y crear anotaciones, pero algo sucede en mi proceso de memorización con las palabras kindledas. Se pierden en el camino de regreso, me llegan sueltas, mezcladas con las de otros libros. Tal vez estén creando un nuevo que sea la suma de todos los leídos, pero ese libro ya existe, es mi vida.

Feliz semana.

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