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¿Para cuándo un día mundial de la idiotez?

Hay idiotas en la derecha y en la izquierda, también en el centro; abundan en Europa y en América (un poco más en EEUU por aquello de que allá todo es a lo grande), y seguramente más lejos. La idiotez es epidémica entre los blancos (de momento), aunque afecta a negros (Mugabe) y amarillos (Kim). Es un mal relacionado con la especie humana. Los neandertales eran mejores.

Lo malo de los idiotas se que se han organizado, se reconocen entre ellos y se apoyan. Han escalado a lo más alto saltándose el tope del Principio de Peter. Son un lobby peligroso que puede acabar con la vida inteligente del Planeta.

Los idiotas no necesitan ninguna App tipo Tinder; ellos se detectan a través de móvil, por su forma de hablarle.

Si a un idiota le nombran director de una empresa, este se rodea de inmediato de una cohorte de idiotas que deben reunir un requisito: ser un más idiotas que el idiota principal para respetar las jerarquías. También sucede con los presidentes de Gobierno. No vamos a decir nombres para no tomar por idiota al lector.

Occidente está lleno de estatuas de idiotas subidos a caballos idiotas. Solo las palomas, con fama de idiotas, parecen inteligentes.

La revolución industrial y el progreso tecnológico han tenido consecuencias nefastas: miles de idiotas salieron de sus aldeas, barrios y ciudades y se pusieron a pasear su idiotez por el mundo, fuera en coche, tren (sobre todo en el AVE) o avión, vestidos de turistas y de ejecutivos agresivos.

Este movimiento expandió la idiotez, les dio la oportunidad de descubrir otros idiotas, reagruparse en asociaciones, sindicatos, partidos políticos, empresas (¿incluidas las del IBEX? ¡Claro, no seamos idiotas!) y, sobre todo, en equipos y federaciones de fútbol.

Padecemos un sistema depredador que facilita el ascenso de los idiotas. Hay idiotas por todos los sitios. Pese a que son más contagiosos que el sida, y quien sabe si el zika, la OMS no ha lanzado aún una alerta mundial contra la idiotez. Seguramente no lo hace porque la propia OMS está llena de idiotas. Igual que la ONU (menos mis amigos y amigas, claro), la OTAN y la UE.

En el caso de Bruselas está claro: lo demuestra cada día con sus rollos sobre la presunta ausencia de gobierno en España (¡No sean idiotas: hay uno en funciones!). Y los 66 del pacto anti yihadista, también. Solo así se explica que Margallo, un tipo ponderado por lo general, se ponga a decir idioteces como si fuera un idiota más. También contamina a editorialistas, ciertos tertulianos y periodistas indeseables con corresponsal en Hong Kong.

Hay mañanas que cuando me miro en el espejo veo un idiota. En los días menos idiotas, sé que ese puedo ser yo. ¿Para cuando un día mundial de la idiotez?

Feliz viernes.

No es país para heterodoxos

Si pienso en los defectos de España me salen unos cuantos: ausencia de sociedad civil, un mal sistema educativo que genera más mansedumbre que rebeldía, una corrupción sistémica que salpica a casi todos los partidos y estamentos, una democracia menguante sin división efectiva de poderes, un empresariado poco productivo que en su mayoría basa el éxito en la cercanía al poder con el que se intercambia favores. No exageremos, también hay cosas que han mejorado desde la Transición: ahora nos paramos en los ceda el paso.

Sobre estos defectos obvios reina uno que los engloba y nos aplasta como sociedad: la rotundidad. La mayoría de los políticos, periodistas e intelectuales somos contaminadores activos de rotundidad. Leemos la realidad nacional e internacional desde dos trincheras. Solo se puede ser propalestino o pro Netanyahu; chavista o antichavista; tiburón de Wall Street o anticapitalista.

Estamos presos de dos libros de Petete que contienen instrucciones precisas de cómo se debe sentir, pensar y hablar (rotundamente) ante cualquier circunstancia pasada, presente o futura. Si uno se desmarca tres centímetros, el grupo al que se supone pertenece amenaza con la expulsión. No es país para heterodoxos.

Lucho contra mi propia rotundidad, de la que habrá numerosos ejemplos. El periodismo en la calle me ha enseñado que desde la rotundidad, una forma supina de simplicidad, no se puede comprender la realidad, compleja por naturaleza.

Trato de no confundir información, reportaje, análisis y opinión con verdad revelada. Sé que puedo estar equivocado. El periodismo independiente empieza por serlo ante tus jefes y tus compañeros ideológicos de viaje. Lo único sagrado es el lector.

Mariano Rajoy es un símbolo de rotundidad nacional, una enfermedad que empieza a afectar a Pablo Iglesias (al menos en sus ruedas de prensa) y a un buen número de políticos catalanes. Artur Mas es otro ejemplo preclaro de rotundidad hispana (con perdón). Si no encontramos puentes con Catalunya en las esperanzas deberíamos explorar en los defectos compartidos.

Una de las grandes aportaciones del 15-M, un levantamiento contra la rotundidad del poder, sus excesos y fastos, fue la transversalidad, la ausencia de banderas.

Es esta rotundidad ambiental la que impide escuchar al otro, que por lo general también habla de manera rotunda. Escuchar es conceder a la otra persona la posibilidad de enseñarnos algo. No sé si habrá Gobierno en un mes ni quién lo compondrá, pero uno de sus objetivos debería ser liberarnos de este mal histórico desde el ejemplo. Necesitamos un proceso urgente de desrotundización.

Dos citas de Orwell que vienen al caso:

“En nuestra época no existe la posibilidad de mantenerse fuera de la política. Todos los asuntos son asuntos políticos y la política, en sí misma, es una masa formada de mentiras, evasiones, locura, odio y esquizofrenia”.

“Toda la propaganda de guerra, todos los gritos, las mentiras y el odio, provienen, invariablemente, de gente que no está luchando”.

Pues eso, feliz miércoles.

El viaje de Blanca

No es fácil enfrentarse a la muerte, descender de los planteamientos filosóficos y entrar en la realidad concreta y brutal de ver apagarse a una persona querida. Me cuesta más la muerte de los demás que la idea de la mía, pero esto vuelve a ser un planteamiento cerebral, absurdo e inconsciente que tal vez no se sostenga el día que me toque marchar.

Este mes de esperanzas y desesperanzas, de alegrías y desánimos, me ha puesto en contacto con algo que ya sabía: la finitud innegociable de la vida. No me ha ayudado cumplir 61 años y empezar a ver, a lo lejos, los pináculos más altos de la Ítaca de Cavafis. No es el hecho de morir sino la conciencia de que vivir es un privilegio con fecha de caducidad.

Se me agolpan las imágenes, las conversaciones, los viajes, el gato Claudio que compartimos durante un tiempo, los años de Radio 80, Washington DC, Lina, el regreso, la separación y la amistad continua e inquebrantable.

Pienso en su voz. Tenía personalidad y hermosura, fuerza y sosiego.

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Siempre fue una profesional íntegra y honesta, y más cuando le tocó convivir con dos indeseables del periodismo que le hicieron daño. Blanca transitó por la vida repartiendo sonrisas, amabilidades y enseñanzas. Deja un inmenso hueco en su madre, herman@s y sobrinas, en sus compañeros de la radio y en la memoria de todos los que la conocimos.

Es la primera baja en mi familia elegida, aquella que he ido recolectando en mi vida de náufrago, salvándome y creciendo gracias a la paciencia y el cariño de tod@s ell@s. Soy muy afortunado de haber tenido tanto durante tanto tiempo. Y de seguir en racha.

Buen viaje, queridísima Blanca. Tal vez nos veamos por ahí fuera algún día de estos cuando mi estúpida filosofía sobre la muerte se plasme en el hecho incontestable del adiós.

Un beso, una canción -seguro que te acuerdas de ella- y uno de tus álbumes favoritos. Feliz viaje.

Táctica, estrategia y el del bombo

Unos días antes de las elecciones presidenciales de 2004, entre John Kerry y George W. Bush, hicimos una porra en El País. Aposté por la victoria de Bush. Alguno me afeó el gesto, dijo que era impropio y poco consecuente con lo que defiendo. Respondí que una cosa es lo que quiero que pase y otra ganar la porra. Sucede algo parecido ahora, ante la posibilidad de un Gobierno progresista, reformista, de izquierda o como lo quieran llamar. Esta vez no hay porra pero no quiero confundir  deseos con realidad.

Hace unas horas colgué este tuit:

“Que apoye un gobierno + con una agenda regeneradora radical podría romper de una vez las trincheras. Veremos.

Ante algunas (pocas, la verdad) críticas vertidas desde la orilla pepera y unas cuantas (más) desde IU, Podemos o más allá, colgué este otro:

Me ?en el pensamiento único, sea de derechas, centro o izquierdas Revindico el derecho humano a decir chorradas .

En este país se tiende a descalificar toda opinión que no concuerde milimétricamente con la nuestra. Tenemos tendencia a las verdades absolutas y rotundas, sin grietas.

Detesto las verdades absolutas, el pensamiento único, el prietas las filas, el que se mueve no sale en la foto y toda esa mierda antidemocrática. Creo en la libertad de expresión.

Seguimos con las mismas opciones

  1. Gobierno en minoría de Mariano Rajoy (122 + el comisionista) con las abstenciones de C’s y PSOE.
  2. Gran Coalición PP-PSOE (+C´s).
  3. Gobierno de Pedro Sánchez (89 + Patxi López) con Podemos + Compromís (69), IU (2) y PNV (6) = 167 y la obligada abstención o voto favorable de ERC (9) y Democràcia i Llibertat (8) porque en contra estarían PP (123) y C’s (40) = 163.
  4. Gobierno de Sánchez en minoría con apoyos exteriores de C’s y Podemos, o coalición PSOE + C´s con apoyo exterior de Podemos.
  5. Nuevas elecciones. Si se calcan los resultados de los bloques, escaño arriba, escaño abajo, entraríamos en un nuevo escenario, ya sin Rajoy. Regresarían las trompetas de la Gran Coalición.

Se acumulan las urgencias

Reducir la brecha económica (medidas contra la pobreza y la exclusión social, frenar los desahucios, cambiar la ley fiscal); derogar las leyes más dañinas del Gobierno del PP (la Mordaza, Educación y Laboral) y regenerar la vida política (lucha contra la corrupción, comisión de investigación, independencia judicial, medios para la UDEF y UCO). En este paquete están de acuerdo PSOE, Podemos, C´s, IU y PNV.

Si añadimos la reforma de la ley electoral, quizá el PSOE ponga trabas; si añadimos la reforma de la Constitución es necesario sumar al PP. También sería urgente dotar de fondos a la dependencia y a la Memoria Histórica, ambas tienen mucho que ver con la dignidad. No es mirar hacia el pasado, es construir una ética colectiva.

Las cábalas

La opción 4 es muy difícil, pero sería la más Borgen de todas. La 3 sería quedar en manos de dos partidos que juegan a la independencia unilateral exprés de Catalunya y que tratarán de debilitar a su mayor enemigo: Podemos en su versión En Comú Podem con Ada Colau. La 1 supondría premiar la corrupción sistémica y la 2 sería el suicidio acelerado del PSOE.

La opción 4 tendría la ventaja de romper las trincheras derecha-izquierda heredadas del franquismo y ofrecer la posibilidad de superar el debate y las consecuencias de la Guerra Civil. Ya sé que C’s tiene una posición contraria a la Memoria Histórica, pero ese tipo de diferencias son las que se deben negociar. C’s, que es derecha, aún por ver si es europea o un PP 2.0, tiene la oportunidad de demostrarlo.

Este año viene convulso en la economía con riesgos de otro crack y, además, Bruselas exige más recortes. No me gustaría que todo esto se lo coma un Gobierno de izquierdas cogido por la entrepierna por el soberanismo exprés. Sería la mejor receta para que el PP, es decir este PP, regrese al poder con otra mayoría absoluta.

Lean a Sun Tzu en El arte de la guerra. No conviene confundir táctica con estrategia, deseos con realidad, opciones a corto con opciones a largo. Este es un periodo interesante para aprender a hacer política. Los ciudadanos exigen un cambio en las personas, en el lenguaje y en las políticas. Un cambio ético.

De momento tenemos más teatrillo que política, y mucho hooligan en Twitter que no desmerecen a algunos tertulianos, ex presidentes y editorialistas. Es país va a morir de rotundidad. Un poco de grasia.

¡Váyanse todos, váyanse de una vez!

Me influyen dos factores: escribo y mañana cumplo 61 años. Es posible que me pueda jubilar a los 65 (si llego) y disponer de más tiempo para extraer lo que tengo en la cabeza, sean ideas, vivencias o emociones; para desenterrar lo que he aprendido en la vida y compartirlo con quien desee leerlo.

Es un atropello que el Ministerio de Trabajo, tan entregado estos años a las alucinaciones celestiales, amenace, multe y retire pensiones a escritores jubilados por superar el límite anual máximo de ingresos extra (unos 9.100 euros). Después vendrán los pintores, los músicos, los dibujantes, toda profesión capaz de emitir críticas al poder.

Los derechos de autor quedan en un limbo interpretable a capricho. No se puede prometer no tocar a aquellos que están por debajo de los 20.000 y negarse a ponerlo por escrito. Depender del capricho del poder es antidemocrático.

Las ganancias por la venta de libros, que no suelen ser estables ni seguras, ya cotizan a Hacienda lo que corresponde y de esta manera contribuyen a las arcas del Estado. No existe estafa ni fraude. En otros países, como Alemania, no se limitan los ingresos añadidos a la pensión, sean escritores o electricistas. Sería lo más lógico siempre y cuando no se ocupe un puesto de trabajo.

Inseguridad jurídica

Este atropello es posible debido a un cambio legal introducido hace un par de años por el Gobierno del PP. Tanta inseguridad jurídica nos invalida como país serio. No se puede estar cambiando las normas al tuntún o para reparar los agujeros en la caja de la Seguridad Social. Se mete la mano para cuadrar cuentas y presumir de la eficacia y por otro lado se sablea y acosa a los pensionistas.

Si a este escenario se suma la impunidad de los corruptos más notorios, algunos procedentes del mismo partido que nos gobierna (de momento) y la sobreprotección de la infanta que cuenta con una cuádruple defensa (abogado defensor, fiscal, Hacienda y abogada del Estado), el panorama resulta indignante.

Espero que los pactos alumbren un Gobierno capaz de proteger la creación. Ya somos un país de silencios y lo último que necesitamos es silenciarnos del todo. Habrá fórmulas que desmonten el dislate si existe la voluntad política de proteger la cultura y educar. Del Gobierno de la Ley Wert, el secuestro de RTVE en beneficio privado y del rodillo no se puede esperar demasiado. Quizá que pase a la oposición.

Escribir para sobrevivir

Cuando un escritor se jubila de su profesión, no siempre relacionada con la creación, debe seguir escribiendo; es su seguro contra la locura. Se escribe para sobrevivir.

Se puede elevar el tipo impositivo de lo que se gana de más porque muy pocos escritores escriben para ser millonarios, esas cosas que se consiguen en la política. Pero un escritor quiere poder pagar la luz, la comida, el teléfono y tener la tranquilidad de cubrir sus gastos. Es un derecho al que ha contribuido cada mes durante años.

No creo que Báñez haya escrito nada en su vida; es posible que tampoco haya leído en exceso. Es una ministra que nunca ha trabajado fuera del partido en B; no debe estar familiarizada con el día a día de millones de trabajadores, parados, amas y amos de casa y escritores. Ella vive en una burbuja mariana. Montoro es otra cosa, parece listo y eso tiene doble delito. Cuando escucho su nombre me saltan dos palabras como una alarma moral: amnistía fiscal.

¡Váyanse todos, váyanse de una vez!

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