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Gabísimo siempre

He olisqueado el interior de los libros que tengo de Gabo, deben de ser casi todos. Aspiraba recuerdos, voces. Están esparcidos sobre la mesa, alrededor del ordenador en el que escribo. Exhalan una parte de mi, de mi juventud, cuando iniciaba la construcción de lo que quería ser y soy. Son letras poseídas, preñadas.

Están los tres pasos esenciales en la iniciación a la magia de García Márquez, el preparatorio emocional y literario para llegar pleno, macondoniano, a su gran obra, Cien años de soledad. Me refiero a Los funerales de la Mamá Grande, El coronel no tiene quien le escriba y La increíble y triste historia de la cándida Erendira y de su abuela desalmada. El primero lo tengo fechado en 1980; los otros dos, en 1979. Un año antes había leído Relato de un naufrago, ejemplo de reportaje y literatura, dos orillas que rara vez, solo en los genios, se mezclan.

Ese 1980, cuando tenía 25 años, caí en todo Gabo. Una inmersión: La hojarasca, La mala hora, Cuando era feliz e indocumentado, El otoño del patriarca y, por supuesto, el gran libro, la cumbre universal.

Leí Cien años de soledad por primera vez a los 20 en un ejemplar prestado. A los 25 compré el mio en una librería de Zaragoza, donde hice el servicio militar obligatorio y gratuito, que ni siquiera cuenta como vida laboral. Ese ejemplar de tapa dura, Plaza y Janés, arrastra dos lecturas embobadas, y una tercera a punto de comenzar. Lo tengo subrayado a lápiz, lleno de notas, de sonrisas. Como lo están Crónica de una muerte anunciada, Noticia de un secuestro y El amor en los tiempos del colera, bien recordado por una lectora amiga

Hace meses empecé a leer Vivir para contarla, sus memorias. No puedes leer deprisa ni despacio, solo puedes leer muy lentamente, saboreando cada palabra, cada frase, para no empacharte de belleza y literatura. Es un ejemplo de lucidez e inteligencia. La magia de su familia mágica está en sus ojos de escritor, en su capacidad de elevar una frase cualquiera a una conmoción universal.

Varias generaciones hemos crecido con Gabo, hemos volado y soñado ser otros y lo somos gracias a escritores como él, como Saramago.

Recuerdo sus artículos el El País en los años 80. Eran cuentos, alguno pasó después al libro Doce cuentos peregrinos, como El rastro de tu sangre en la nieve. Recuerdo otro, más periodístico, dedicado a los militares uruguayos: Los generales que se creyeron su propio cuento. Y este dedicado al fundador del M19, Jaime Bateman: Un hombre de parranda, tímido y triste. O estos dos sobre el pánico a volar: Seamos machos: hablemos del miedo al avión y Remedios para volar con la célebre anécdota del libro de Madame Bovary:

El escritor uruguayo Carlos Martínez Moreno puede dar fe de que no hay nada mejor que un libro para volar. Desde hace veinte años vuela siempre con el mismo ejemplar casi desbaratado de Madame Bovary, fingiendo leerlo a pesar de que ya lo conoce casi de memoria, porque está convencido de que es un método infalible contra la muerte.

Gabo es un escritor desbordante, de los que se te meten dentro y desde dentro te colman de vida. Queda su obra extraordinaria, queda su visión del Periodismo, queda la Fundación con Jaime y Natalia y tantas personas más. Él ya hizo su parte, su camino, ahora nos toca a nosotros pelear por esta profesión única, el mejor oficio del mundo. Feliz viaje Gabo; nos queda tu luz.

A Nana no le gusta el fútbol

Ya sé: escribir de fútbol me empequeñece. Ya ando reducido en demasiadas cosas como para complicarme en disimulos intelectuales. No me gustan los toros, pero me encanta este maldito deporte inventado por los ingleses que consiste en correr en pantalón corto detrás de un balón de una manera más o menos organizada. Tiene poética, filosofía, política, sociología y pasión. La pasión es uno de los rasgos ‘fou’ que mueven montañas y personas.

El partido lo vi con Nana, bastante desinteresada por el acontecer planetario. En su universo de prioridades reinaba una mosca planeadora que hacía cabriolas por el salón. La gata no comprendía por qué el gato grande estaba absorto en una caja en vez de ayudarla en la caza del invasor. El partido empezó mal: con una discusión de género.

Me gustó que Ancelotti, por lo general cagón en las grandes lides, apostara por Isco. Una declaración de intenciones que faltó en Dortmund. También hay que reconocer que el entrenador ha hecho un gran trabajo con el jugador; además de brillantez ahora tiene brega inteligente. Para mi, Isco fue el mejor del partido.

El Barça está roto. Su maravilloso ciclo de cinco años ha terminado. Ahora es visible para todos: el Barça, como el rey, está desnudo. El ciclo triunfal llevaba un par de años dando síntomas de agotamiento. Pero pese a todas las penurias, pudo empatar. Sigue siendo un equipo con muy buenos jugadores. Lo fácil es disparar al Tata o Zubizarreta cuando la culpa es de la directiva, de Rosell y de su gente que sigue en el poder.

Bartomeu es un apósito, un contaminado del rosellismo, un nadie. El equipo de ayer fue la expresión de una pésima planificación. Y aún puede ser peor si la FIFA les mantiene el castigo de no fichar. Alguien debería dimitir al final de temporada, alguien debería convocar elecciones.

No sé si el Real Madrid inicia un ciclo. Veremos contra el Bayern, el último clavo ardiente de los guardiolistas de La Boquería. El Madrid necesita retoques, más que refuerzos. Al Real Madrid le vendría muy bien que la UEFA le castigara sin fichar, así reduciríamos deuda. Nuestro talón de aquiles es Florentino, ese derrochador del dinero ajeno.

Preparo mi regreso a una de las Áfricas este fin de semana. Estoy nervioso como un principiante. Os dejo esta joya, para quien la quiera escuchar.

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Tarde de sofá

Lucho contra un texto que debo entregar antes del sábado. Cada palabra parece un Tourmalet. Me cuesta avanzar porque tengo día de sofá. Perder el tiempo, el dolce far niente, es un derecho humano. Cuando pierdo el tiempo, pienso, me ordeno, hago la digestión de las heridas. Tumbado es la postura más segura para no extraviarse en el bosque.

Acaban de llover gotas y olores a tierra mojada, como si Madrid fuese campo.

Hoy ha sido el funeral de Anya Niedringhaus en Alemania: imágenes, memorias, voces de muertos y de vivos como si todos fuésemos la misma atemporalidad suspendida. Sarajevo 1993, 1994, 1995. ¡Cómo marcan algunas experiencias!, te dejan varado en playas sin palabras ni red, desnudo. Debí viajar a Alemania, solo por abrazar a amigos. Me siento huérfano de ellos.

Escucho música, otra forma de entrar en silencio, en ausencia.

Los jefes grandes son los que siempre saben estar. Gracias Santi; gracias Anja; gracias Yannis por tu maravillosa foto.

(La parte seria). También creo que Catalunya ha iniciado un camino sin retorno. Esta vez no hay farol ni truco contable. Si fuera catalán, charnego o mediopensionista también estaría ilusionado con independizarme de Esperanza Aguirre y de todo lo que representa. También podemos hablar de las ‘espes’ catalanas, que las hay, pero en este momento procesal, lo que importa es irse de esta España que regresa a la negrura de la mano de un Gobierno inepto.

(La parte mongola). Once propuestas para desatascar el actual diálogo de sordos.

  • Cambiar el nombre de España por el de Catalunya para que todos seamos catalanes.
  • El catalán sería obligatorio en las deliberaciones del Tribunal Constitucional y en Génova 13; el resto del Estado hablaría el idioma que le plazca.
  • Convertir Barcelona en la capital de Catalunya (ex España), así Madrid dejaría de robarnos. Nos robaría Barcelona, pero ese ya es otro debate.
  • TV3 sería la única televisión del Estado. Los informativos diurnos los presentaría Polonia; el nocturno el Gran Wyoming. A Eurovisión mandaríamos a Rita Barberá.
  • Llevar las Fallas a Barcelona. Si se cabrean los valencianos, se les compensa con la Feria de Abril de Sevilla. Si se cabrean los sevillanos se les compensa con la fiesta de la cerveza de Munich. Los alemanes no se cabrearán mientras no tengan que pagar la cuenta. Todo esto lo llamaríamos movilidad cultural.
  • Dar Estatut de Autonomía a Girona, Tarragona y Lleida y ver qué pasa.
  • Reemplazar al rey por Artur Mas, pero sin renunciar a la Monarquía. Pensemos en el Hola.
  • Cambiar la bandera borbónica por la republicana para compensar el punto anterior.
  • Mudar la sede de la FIFA a Poble Sec.
  • Rehabilitar al POUM.
  • Terminar la Sagrada Familia de una vez.

La Masía y el referéndum

La única manera de parar a Artur Mas es celebrar un referéndum para saber cuántos catalanes quieren la independencia. Si son mayoría absoluta, o lo que se acuerde, se aplican las matemáticas, la democracia y el sentido común, y se procede a un divorcio consensuado con el menor daño posible para las partes. El precedente es Montenegro, al que ya he hecho referencia en otras ocasiones. Javier Solana organizó la consulta cuando era Mister Pesc en la UE con unas condiciones claras: más del 60% de participación y más un 55% de síes. Se superaron ambas barreras; la segunda por décimas.

La única vía para alcanzar un acuerdo sobre el referéndum es dejarse de eufemismos y engañabobos. La cuestión no es el derecho a decidir, sino alcanzar la independencia. Si hablamos claro es más fácil entenderse. También sería más sencillo que en lugar de dos preguntas con final laberíntico hubiera una: ¿Quiere usted que Catalunya sea un Estado independiente? Sí o no. Seamos valientes y responsables.

Estuve hace poco una semana en Barcelona. Es una ciudad fantástica en la que tengo muchos amigos y empiezo a recuperar una parte de mi familia. El debate de la independencia está presente en todas las conversaciones, incluso entre los inmigrantes. A algunos les preocupa cómo les vemos desde Madrid, a otros ya no les preocupa nada porque han soltado amarras, se ven navegando por el Mediterráneo.

En el argumentario general hay mucha consigna repetida machaconamente que se muestra como idea sólida cuando no lo es. “Madrid nos roba” ha calado tanto que, en las cuentas del haber y el debe, nadie suma las inversiones públicas, los JJOO que transformaron la ciudad colocándola en el mapa mundial de la modernidad y todos los gastos de Catalunya que paga el Estado, como el sueldo de los controladores. Puede que exista injusticia fiscal, pero no robo.

La reacción del Barça al castigo (provisional) de la FIFA es muy interesante porque copia los ejes del debate general, la victimización como arma política. “La Masia no se toca”, exclama el presidente Bartomeu, como si el problema fuera que unos hombres muy malos, ¡de Madrid, claro!, quisieran robar al Barça su esencia. Aquí nadie reconoce una mala gestión en la contratación de menores ni haberse saltado las normas de la FIFA. Es mejor hablar de mano negra. El nacionalismo y la religión se alimentan de la mentira y del miedo.

El debate catalán sobre ‘el derecho a decidir’ ha permitido a Mas esconder su legistatura, que nadie hable de su gestión, de los recortes, de sus fracasos. Todo lo malo es de Madrid. Así es fácil gobernar. Hay demasiado pensamiento único en los asuntos esenciales, lo que no deja de ser tóxico. Pocos se atreven a sostener en público una opinión divergente del independentismo. Es la hora del patriotismo, un valor excluyente que me es ajeno.

Para Madrid, y el resto, es hora de dejarse también de eufemismos y empezar a hacer un poco de política, que es el arte de hacer posible lo imposible. Lo imposible en este país es practicar el diálogo sosegado e inteligente, lo que prima es el insulto al contrario, la descalificacion machista y la bazofia intelectual. No me extraña que haya mucha gente que desee independizarse del esperanzaaguirrismo campante. Pero antes de cantar victoria deberían localizar el mismo virus en sus filas. El “muera la inteligencia” del franquismo nos sigue afectando a todos, con o sin referéndum.

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