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Perlas de Seymour Hersh

Seymour Hersh nos dio una clase magistral de Periodismo; también de esperanza y optimismo. Su conversación con otro grande, Jon Lee Anderson, fue el broche final del Foro 2013 organizado por el diario digital salvadoreño El Faro. Una semana de reuniones, conferencias, encuentros y talleres en los que he aprendido mucho, me he ordenado mejor. Ha sido una mini beca Nieman. Estoy profundamente agradecido a Carlos Dada y a su equipo. Un regalo que perdurará.

Hersh dejó un reguero de señales, luces en el camino. Escucho la grabación y me reafirmo en la convincción de que en España viajamos en dirección contraria: somos repetidores de la insignificancia. Perdimos el sentido ético y periodístico de lo que está bien y de lo que está mal, de lo que es noticia y lo que es solo propaganda. Nuestra obligación es transmitir la complejidad de la sociedad en la que vivimos, vigilar al poder, desnudarlo en sus mentiras y trampas.

Es más barato repetir papagayadas que investigar, denunciar, escribir historias, ser útiles a la ciudadanía. Fallan muchos periodistas, fallan las universidades, fallan la inmensa mayoría de los jefes. No es una crisis causada por la crisis económica, la escasez de publicidad, el hundimiento de un modelo de negocio, es una crisis ética. El problema básico es que hemos olvidado la esencia del oficio más maravilloso del mundo: ser incómodos.

Estas son algunas de las joyas que dejó Hersh:

El negocio del periodismo es no creer lo que te dicen, aunque te lo diga el presidente.

Un buen periodista es mucho mejor que todos los idiotas que gobiernan este mundo.

Que no les detengan los jefes, publiquen; hoy con Internet se puede.

Los políticos en EE UU no nos dicen la verdad, nuestro trabajo es descubrirla.

¿Cómo vamos a ser objetivos con Guantánamo, la peor cosa que hemos hecho en nuestra historia?

Lejos de la molicie española

Salir de vez en cuando de España, respirar, es una necesidad mental; librarse de la contaminanción del pesimismo, sacudirse la losa funeraria de la palabra crisis pronunciada con un deje de sorpresa, como si fuera una enfermedad súbita e inmerecida, un castigo pasajero. Países como El Salvador y Guatemala ayudan a relativizar el lenguaje, borrar adjetivos, contextualizar la escasez.

La sensación de crisis es más grave que la crisis misma: bloquea las salidas de emergencia. No ayudan los gobernantes y sus opositores teatrales; tampoco los medios de comunicación que han hecho de la renuncia de los estándares éticos y de calidad periodística una forma (artificial) de supervivencia.

He estado una semana sumergido en un brainstorming invitado por El Faro. He aprendido que navego en la dirección correcta aunque aún no sé hacia dónde.

15-M Otro puñetazo en la mesa, por favor

El 15-M aún no ha conseguido nada concreto, pero nos quitó la careta del miedo, desnudó a la clase política. Fue un puñetazo en la mesa, en la molicie ambiental; provocó temblores y miedos pasajeros. Algunas personas culpan al movimiento de la derrota en noviembre de 2011, como si el PSOE no hubiera acumulado méritos sobrados para su debacle particular, que es también un poco la nuestra.

Traicionados, sin izquierda, sin unos sindicatos que dedicaron más energía a conservar sus privilegios que a defender a los trabajadores y a los parados, el 15-M fue la respuesta ciudadana de una hartura; el estallido de una generación que parecía tan sumisa como la anterior.

Lo que empezó con una minoría maltratada por la policía acabó en el mayor movimiento de masas desde las manifestaciones contra la guerra de Irak de 2003. ¡Qué emocionante la noche de la jornada de reflexión en la Puerta del Sol!, las campanadas en silencio. Por unas semanas me sentí ciudadano, orgulloso de serlo, capaz de transformar el mundo. Pero no era Mayo ni esto es Francia.

No se ha conseguido nada concreto porque aquello fue una emoción colectiva. Las emociones son efímeras, difíciles de gobernar, de sostener en el tiempo. El 15-M de 2011 se equivocó al mantener tantas semanas la ocupación de Sol porque el objetivo no era ocupar, sino regenerar un sistema lleno de mierda.

El 15-M se replegó a los barrios. Es un trabajo menos visible, más a largo plazo. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca es la hija predilecta del 15-M, de su espíritu, como lo es la batalla contra la estafa de las preferentes.

Dos años después, el debate es el mismo, quizá más urgente: ¿y ahora qué? Qué se puede hacer a corto plazo (2015) sin un PSOE capaz de ganar elecciones, alejado de la izquierda, de la calle, contaminado por ocho años de Gobierno, sumido en guerras internas y bajo un liderazgo débil.

IU sube, más por los deméritos socialistas que por la ilusionante gestión de Cayo Lara. Más allá de IU no parece haber nadie capaz de recoger el sentir mayoritario de una parte importante de los ciudadanos. Quizá Xosé Manuel Beiras, en Galicia; un joven de 77 años. El único que también da puñetazos sobre la mesa.

La calle puede mantener la presión a los partidos tradicionales, ampliarla a los medios de comunicación complacientes con el poder que no hacen su trabajo, pero esa calle tiene que transformarse en un movimiento político con unos objetivos concretos, realistas y claros; presentarse a las próximas elecciones municipales, ganar ayuntamientos, demostrar que Sí se puede, que se puede gobernar de otra forma, con transparencia, sin corrupción.

La calle debería dejar sitio a los votantes cabreados del PP, que los hay a espuertas; permitirles que se sumen, que empujen, que ayuden a arrancar una segunda transición con símbolos comunes como esta canción del gran Labordeta.

Más de mil muertos sobre mi conciencia

Sé que si abro el armario y reviso las etiquetas de las camisas y las camisetas quedaré contaminado. No creo que tenga nada ‘made in Bangladesh’, pero escribo sobre un ordenador ‘made in China’. Nadie me garantiza que lo fabricado en España se haya realizado bajo unas condiciones laborales dignas, y más en estos tiempos. Pienso en las mujeres que cosen en sus casas para marcas de postín a precios de vergüenza, solo para engordarles los paraísos fiscales. Pienso en los talleres clandestinos, chinos y no chinos. Nadie grita en los sótanos, que el silencio y la sordera son parte del negocio.

Si dejas de comprar, condenas a millones de trabajadores del Tercer Mundo; si compras, ayudas a mejorar posiciones en el ránking de la revista Forbes.

Es urgente una acción dentro de la UE para demandar un Etiqueta Ética, una garantía de que esos productos fueron fabricados en unas condiciones mínimas de seguridad laboral, con un sueldo justo y un horario humano. Es urgente exigir a las empresas del Primer Mundo una responsabilidad en el proceso de fabricación y el pago de compensaciones a las familias de los muertos.

Debería ser posible la denuncia ante tribunales occidentales, la misma que se presenta cuando un producto es defectuoso, porque no hay mayor defecto que la mancha de la esclavitud, de la sangre inocente.

Noche de premios

Ayer me dieron un premio. Tengo puesta la estatuilla en la estantería de mi casa, a la altura de mis ojos. Me sentí muy feliz. Espero que se convierta en costumbre; anima, da fuerzas. Es hermoso que te reconozcan, y más si son compañeros que lanzan flores como hicieron anoche Carmen Enríquez y Helena Resano. No sé de quién fue la idea de presentarme, tampoco sé quiénes votaron, pero les estoy muy agradecido.

Gervasio Sánchez calentó la jornada con una batería de tuits que llegaron a emocionarme, como me emocionó que viniera desde Zaragoza para estar en el acto. Cuando vives muchas cosas juntos, situaciones complicadas, intensas, de las que te arañan, no es fácil la comunicación verbal, decirte que te quieres. No solo es un gran fotógrafo y gran periodista, es una gran persona.

Estuvo mi madre, 89 años; una fuerza de la naturaleza. Habló con todos, contó su historia, la mía, persiguió a Luis Pérez porque lo reconoció de la televisión, y por lo guapo que es. Estuvieron mis amigos, sus parejas, compañeros de profesión. Estuvo Javier del Pino y Lourdes Lancho, de A vivir que son dos días. Recibí mensajes de Marta López, mi jefa en el Periódico. Estuvieron María y Paula. Me sentí muy acompañado.

El Club Internacional de Prensa decidió que hablara en nombre de todos los premiados. Esta fue la intervención. Hubo improvisaciones que no están ahora escritas. Me la preparé un poco porque estaba nervioso: no estoy acostumbrado a hablar ante las autoridades que se anunciaban. Luego no fue para tanto.

Buenas tardes

Me toca hablar en nombre de los premiados: Luis Pérez López, corresponsal de TVE en Colombia y países andinos (premio al mejor corresponsal español en el exterior); Adela Mac Swiney de la agencia mexicana Notimex (premio al mejor corresponsal extranjero en España); la Fundación Luca de Tena (premio a la defensa y apoyo a medios de comunicación); la revista Mongolia (premio a su defensa de los valores humanos) y en el mío propio (premio a una trayectoria periodística relevante).

Hubiera sido mucho más divertido escuchar a Mongolia. No podrían decir que esto es un escrache de autoridades porque han venido muy pocas; quizá porque estaba Mongolia.

Gracias al Club Intencional de Prensa por entregarnos estos premios tan… ¡Tan merecidos! Un acierto. Gracias a todos los amigos y compañeros que han venido. Y los que no han podido venir, también.

No sé si se habrán dado cuenta pero estamos en crisis. La mayoría de los españoles vive sumido en una insoportable crisis. Más de 6.200.000 están sin trabajo, con problemas para mantener sus casas, para pagar las deudas. Que no todos somos bancos con barra libre.

El Periodismo también está en crisis, pero esto no es culpa del Gobierno.

Nos afecta la crisis económica, la caída de la publicidad y el impacto de Internet,  pero sobre todo nos afecta la crisis de talento, de valentía. Nos hemos sentado en los coches oficiales y acomodado a las moquetas; hemos dejado de mancharnos los zapatos de polvo, de salir a la calle, de preguntar a las personas que tienen cosas que contar.

Hacemos un Periodismo de corbatas para personas que llevan corbata. Esto incluye a Esperanza Aguirre, claro.

Nuestro sitio no es estar cerca de los políticos, ni ser sus amigos. Nuestro trabajo es tocarles… las narices. Ser sus fiscales, críticos. Y ser honestos. Nos debemos a la sociedad, igual que los políticos. Parece que todos lo hemos olvidado.

El programa Salvados dedicado a Valencia es un ejemplo, el camino a seguir:  43 muertos, 47 heridos hace siete años. Ustedes no han hecho nada por las víctimas de aquel accidente. Nosotros los periodistas, tampoco.

Hemos perdido más de  10.000 puestos de trabajo desde 2008. Entre ellos los puestos de trabajo de los creadores de Mongolia despedidos de Público y el mío. ¡Y encima nos dan premios! Como a Txetxo Yoldi en la Asociación de la Prensa de Madrid., ¿Estaba esto en la Reforma Laboral? ¿Es un milagro de la Virgen del Rocío? Hay esperanza, se lo aseguro: la vida y la profesión no empiezan ni terminan en un puesto de trabajo.

Quisiera dedicar este premio a tres jefes muy especiales: Juan José Porto (Pyresa), que me enseñó por qué quería ser periodista, que no importaba cuántas veces iba a tirar un texto a la papelera, lo volvería a escribir; José María Doñate (Heraldo de Aragón), que me envío de ‘viaje’ a Afganistán, es decir, al otro lado de la calle, a la Facultad de Derecho de Zaragoza, a entrevistar a un profesor que sabía mucho de aquella zona y Luis Matías (El País), una luz, responsable en gran parte de que yo esté aquí esta tarde.

Y a mi madre, que me hizo nacer en Venezuela: mi primera misión en el extranjero.

Si volviera a tener 20 años volvería a ser periodista. Es mejor que ser médico, cuidador de personas dependientes, profesor… ¡Cómo me gusta el señor Wert! El hermano de Wert, claro.

Los periodistas somos imprescindibles en una democracia. Me gusta el lema: “Sin periodistas no hay periodismo; sin periodismo no hay democracia” ¡Ni libertad!. Pero esto solo funciona si hacemos nuestro trabajo que va más allá de cortar y pegar declaraciones vacías, de obedecer a nuestros jefes por miedo a perder el empleo, de sentarnos sumisos ante una televisión de plasma.

Creo en las ruedas de prensa con preguntas y en los políticos que dan la cara. Y en los periodistas que saben apagar esa televisión, levantarse y salir de una sala que no es de prensa. Quizá de propaganda. Tenemos que defender nuestra dignidad; es la del ciudadano.

Creo en una ciudadanía con memoria, que ejerce su derecho a la protesta, a la calle, a la presión, al cabreo, porque hay muchos más de seis millones doscientos mil motivos para estar cabreados.

En mi caso es un premio a una trayectoria. Resulta emocionante. Asusta. Es un honor, una responsabilidad. Pero mucho me temo que el Club Internacional de Prensa tendrá que darme otro dentro de 20 años porque mi carrera no ha terminado, está solo en la mitad.

Estoy mejor que nunca, entre amigos: en la Cadena la Ser, en El Periódico de Catalunya, en Jot Down, en Infolibre… Mi sueño es acabar como mi admirado Enrique Meneses: con las botas puestas, ejerciendo mi trabajo, molestando, tocando…. ¡las pelotas! Lleno de proyectos e ilusión.

Muchas gracias.

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