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Un año blogueando no es nada

El blog es acuario, como su autor. Pero no creo en los signos del zodíaco porque durante un tiempo me los inventaba en Radio Intercontinental, en un programa en el que fui efímero guionista. No creo, pero algo hay. Supongo que todos terminamos haciendo un esfuerzo por parecernos al signo adjudicado. Soy acuario y ejerzo de tal. Mi relaciones con el esoterismo, si es que se le puede llamar así, no terminan en el signo óptimo de la semana. En Londres eché las cartas y leí las rayas de la mano a una parte del staff de un hotel de cuáqueros en el que trabajé casi un año. Cobraba en vasos de vodka con naranja (el origen de mi afición a esta bebida). Tuve aciertos y fracasos, pero conservé la fama. La gente venía a mi cuarto en busca de esperanza y eran ellos los que me transmitían lo que querían escuchar. No engañé a nadie porque a todos dije que no sabía leer las cartas, las manos ni las estrellas. Pero mis clientes no querían a verdad, sólo ilusión.

Hace un año -el 7 de febrero- nació este blog con la ayuda de muchos amigos. Los que me convencieron de las ventajas de esta herramienta, los que lo diseñaron y ajustaron. También hubo amigos que me citaron en sus blogs de referencia dándome empujones en la audiencia hasta convertirme en un simulacro de Carlotti del prime time obsesionado con las visitas. Supongo que nos pasa a todos. Al cabo de unos meses dejas de fijarte en los números y das más valor a la calidad de los comentarios. A todos muchas gracias, incluso a los que se han peleado con tanto ahínco y alguna palabra de más en uno de los últimos post. Creo en la libertad, en la de expresión y en la de acción.

A mediados de esta semana llegaré a Haití. No busco memorias ni siquiera a Ricardo Ortega, que está dentro de todos nosotros. Sólo buscaré gente que sufre y desea contar su historia.

Idioma, cine y muros

La obligatoriedad de doblar una cantidad de cine a un idioma diferente del que se rodó es una paletada, sea catalán, castellano, suajili, creole o hebreo. Otra cosa es que se exija la traducción de los subtítulos en un idioma concreto. ¿Pero no estábamos con la libertad y el rollo de las leyes del mercado? ¡Perdón! Es verdad: sólo son para despedir, mal pagar y explotar.

Lo que debería prohibirse es el doblaje de todas las películas, tanto en el cine como en la televisión. Sería un excelente primer paso en la revolución educacional que necesita este país. Al menos aprenderíamos a quejarnos inglés.

Saber despedirse es un arte

Saber despedirse es un arte; saber morir, otro. Siempre imaginé que el final de la vida era muy parecido a esta genial escena de All that Jazz y que al otro lado estaba Jessica Lange vestida de blanco. Deberían aprender los exégetas del infierno y su calores: la decoración es esencial. Mejor una mujer hermosa y elegante que un tipo de mal carácter, cuernos y rabo. La mayoría de las religiones utiliza la muerte como amenaza para evitar deserciones. No existe una educación para aprender a morir porque tampoco la hay para saber vivir. Se agitan banderas de libertad y se nos niega, por ejemplo, el derecho a una muerte digna, que es lo que significa eutanasia. No es obligatorio estar vivo a cualquier precio. No todos tienen que estar deslumbrados por la ilusión de vivir. El cuerpo, con sus males físicos y mentales, no es un rehén de las ideologías.

Propuestas contra la molicie

Un libro: En mis preparativos de viaje hago caso al consejo de un gran periodista, Joaquin Ibarz, y recupero una novela estupenda con la intención de releerla en Puerto Príncipe. Estoy seguro de que allí, como me sucedió hace 15 años con El reino de este mundo de Alejo Carpentier, Los comediantes de Graham Greene tendrán más sabor leídos en la terraza del Olafsson, el hotel donde se desarrolla parte de la trama.

Un artículo: En este caso es una dirección del Boston Globe y su Big Picture. Para que no nos olvidemos de Haití. Pincha, abre las fotos, obsérvalas, piensa y siente, y si eres periodista dime si este, nuestro trabajo, no es maravilloso y una gran responsabilidad.

Una película: Up in the air de Jason Reitman, de lo mejor de la cartelera. Una comedia agridulce que trata el drama del paro de forma genial. Critica a un sistema que hace dinero con la desgracia ajena (¡vaya novedad!) y que sabe distanciarse del drama y encontrar motivos para la risa y la reflexión. Me gusta George Clooney y me enamoró Vera Farmiga.

Una canción: Chile cierra el círculo de su transición con la victoria en las presidenciales de Sebastián Piñera, derecha. Ahora que algunos de sus seguidores más exaltados se mofaron en la calle de los desaparecidos, me gustaría recuperar El aparecido, de Inti Illimani. Aún recuerdo un maravilloso concierto junto a Quilapayún en Madrid cuando aún sabíamos qué defendíamos y en qué lado estábamos: el de la justicia y la memoria.

Una sonrisa: Con qué poco se puede hacer humor de primera cuando hay talento. La serie de El Budista son tres vídeos, este tercero es fantástico. Faemino y Cansado.

Una frase: “La vitalidad se revela no solamente en la capacidad de persistir sino en la de volver a empezar” (Otra vez el gran Scott Fitzgerald).

Un inclasificable: Otra joya de una amiga, que prefiere no revelar su nombre, dedicada a los jueces del Supremo, gente de gran rigor, sensibilidad e inteligencia (podeís cambiar los calificativos sin problemas):

A menudo hablamos del miedo. El miedo que nos paraliza, el miedo a lo desconocido, a la muerte, al extranjero… Pero ¿cómo se vive con miedo a lo conocido? María Antonia sólo recuerda que se acostó tarde, como cada noche, porque tenía miedo. No recuerda que su marido entró de madrugada en la casa, sin alevosía, con un cuchillo en la mano, sin alevosía, que la pateó casi hasta matarla, sin alevosía, que le deseó la muerte, sin alevosía.

Una reflexión: Por qué se empeñan en comparamos con “los países de nuestro entorno” en todo lo que nos perjudica. “Es que en España vivimos más”, dicen para justificar el recorte de pensiones y el retraso de la edad de jubilación. ¿Cuándo hablamos de los sueldos alemanes? ¿del número de parados en Holanda? ¿de las prestaciones sociales de Noruega?

Dos historias de miedo y una canción

Un hombre decidió ser ermitaño para encontrarse a sí mismo. Caminó por el campo y al atardecer buscó una cueva en la que protegerse. Le preocupaba dormir al raso y ser devorado por un animal. Encontró una vacía. Le pareció perfecta de tamaño y segura. Se acomodó al fondo y encendió el candil. Al iluminar el espacio descubrió una cobra delante de él, erguida y lista para atacar. Sintió pánico pero no podía defenderse ni huir. Cualquier gesto equivaldría a una muerte segura. Sin escapatoria sólo tenía una opción: vivir su miedo. Se quedó inmóvil mientras que observaba a una cobra tan quieta como él. Pasaron las horas hasta el calor del sol en la cara le despertó. Miro en la cueva y no encontró rastro de la serpiente ni del miedo.

Un profesor de 50 años recibe tras un reconocimiento médico rutinario la noticia de que le quedan tres meses de vida. Tiene un tumor cerebral no operable. De regreso a su casa se arroja en la cama y comienza a llorar. Tras varios días de depresión y rabia comprende que tiene ante sí dos opciones: ser desgraciado y morir en tres meses o ser feliz y disfrutar de la vida antes de morir en tres meses.

Todos los miedos son proyecciones de una impaciencia. Quizá el primer paso sea comprender que no existe un futuro sino muchos y que en todos ellos tenemos la posibilidad de elegir la actitud con que deseamos vivirlos.

Me gusta esta canción cuando lucho contra el temor de un futuro que no existe y me encanta la interpretación de Annie Lennox: Many Rivers To Cross.

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