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Tarde de Hammam

Hoy me regalé una sesión de Hammam cerca de mi casa. No me sabía el orden de las aguas templadas, frías y calientes ni cuánto tiempo estar en el baño turco. Había silencio de voces humanas, solo música de fondo y el sonido del agua. Pude cerrar los ojos, pensarme lejos, en otro país, en otro tiempo.

Me acaricié tantas veces los ojos y las orejas con las palmas de las manos que una pareja con rasgos indonesios me tomó por un tipo religioso. Cada que nos cruzábamos en ruta a alguna agua, me saludaban ceremoniosos. Debe ser la barba blanca, da respetabilidad. En el sala de té me tumbé y desperté en un sueño en La Alhambra.

En el masaje final sobre una piedra caliente, una mujer me roció agua sobre la espalda. El agua pesaba, tenía densidad, vida. Después me enjabonó y pasó un guante de crin para retirar impurezas. Cuando volvió a caer agua sobre mis hombros, el agua abrazaba. En la segunda parte, sobre una camilla, la mujer trabajó sobre mis piernas y mis brazos fuera de forma, quejosos, sin elasticidad. Me da miedo que me toquen la espalda, que es muy suya. Cuando llegó el turno a las manos sentí las suyas sobre las mías; tenían calor, era otra manera de abrazo. Cuando salí a la calle vi a la pareja ceremoniosa. Les dije en inglés: “Soy otra persona”.

Lo era porque pude llegar a mi casa en paz, sin que me perturbara el griterío baloncestista en la plaza Mayor. Parecía que todo el mundo a mi alrededor se movía a cámara lenta y en silencio. Quizá solo encontré el botón de mute universal. Las cosas esenciales siempre están a nuestro alcance, aunque lo olvidemos. Volveré al Hammam en agosto, serán mis vacaciones.

El ministro no quiere testigos en Gaza

Un Gobierno que llama a hurtadillas a los directores de los medios de comunicación para exigir la salida de sus periodistas de Gaza es un Gobierno rastrero que no cree en la libertad de información. Imagino a Margallo y a su equipo, teléfono en mano, cumpliendo las recomendaciones de Israel, que durante el fin de semana dijo que no se hacía responsable de la seguridad de los periodistas extranjeros. Es lógico: Israel no se hace responsable de nada.

Me saltó a la memoria la figura de Aznar, y su vocecilla insufrible, tras el 11.M: “Ha sido ETA”, y hala, obedientes a titular en primera página con un error histórico, una mentira estratégica, electoralista. ¿Cuántos directores transmitieron la orden de Margallo de salir de Gaza? ¿Cuántos apoyaron a sus periodistas? Sería bueno saberlo, está en juego la credibilidad.

En este asunto fallan algunos principios básicos del periodismo: el poder miente, es su naturaleza; no somos parte del poder político ni del económico aunque nuestros accionistas sean bancos; no somos altavoces ni palmeros de la élite; el negocio del periodismo es ser útil a los lectores. Sin lectores no hay periódicos, en papel y en la web. Son tiempos de perversión absoluta.

Gracias a todos los periodistas, españoles y extranjeros, que siguen en Gaza, informando, que es su trabajo, sin dejar que la propaganda entierre la realidad.

Diluvian silencios

En un mundo de ruidos, bullicios, bocinas y gritos, el silencio es un paraíso. Hay silencios musicados como el que vivo ahora con los cascos puestos y Red Hot Chili Peppers al otro lado, metidos en el ordenador. Son silencios cantados que ayudan a disimular otros silencios, los de la ausencia de palabras y de personas. Son ya 40 horas sin hablar con nadie; bueno, solo con la gata Nana que me maúlla reclamando juego y cariño.

Estar en silencio durante un tiempo es un ejercicio de saludable higiene personal, un intento de ponerme en contacto conmigo mismo, de aprender de los errores y de los aciertos. Hay silencios elegidos, silencios impuestos y silencios diluviados. En un rato me ducharé, pasaré por la librería de cabecera a pronunciar las primeras palabras de la semana y subiré al metro en dirección a la casa de mi madre. Allí me espera ella y su necesidad de hablar sin parar. Es su forma de protegerse de la soledad.

Sabado 19 de julio, cantan pájaros

Estoy inmerso en un libro familiar, un buceo en los orígenes de mi educación militarizada. Este 19 de julio fue el día en el que comenzaron los sucesos del Cuartel de la Montaña. Miro por la ventana en esa dirección y escucho pájaros, el sonido de la paz. Es un día gris, falsamente ventoso: vientos de calor. Desde mi edificio, construido en 1823, se ha visto pasar mucha historia; y también caer en forma de bomba. Me recuerda a una historia escrita en Sarajevo: Vase Miskina 25. Prefiero no releerla, enfrentarme a sus defectos.

Me aferro al libro familiar como si fuera una tabla de salvación de naufragios. Con él navego rumbo a lo desconocido, me aventuro. Descubro ausencias, heridas, que no sé si debo reconocer por escrito. De momento escribo libre sin pensar en la reacción de los vivos. Es un libro de sanación, no un intento de hacer amigos.

Es sábado y en cada esfuerzo de ordenamiento de la casa, el libro exterior que habla desde los objetos, faltan voces que me aconsejen. También habilidad manual para colgar fotos. Entre dos dedicadas por Gervasio Sánchez y Bru Rovira he puesto una mía tomada en Nayaf (Irak) en 2003. Si se sostiene en la pared entre tan célebre compañía y amistad es por la gran edición de Juan Manuel Castro Prieto.

Me colmo de planes en medio de los cansacios físicos concentrados en los pies. Me asusta el gasto, el vacío, la soledad impuesta. Solo es sábado 19 de julio muchos años después. Ahora se escuhan pájaros, no el odio; ese odio ya no dispara con bala, hoy lo hace con tuits y leyes aprobadas por mayoría absoluta. Feliz día.

La España muda y sorda, qué pesadez

Se ha presentado una plataforma de celebridades, escritores, descarrilados políticos y demás ilustres que defiende el rechazo a toda negociación con Catalunya. Sorprende que entre los promotores esté un Nobel de Literatura, un hombre que vive y trabaja para la palabra. El problema que se ha suscitado con Catalunya, en el que Artur Mas no es inocente, es la ausencia de palabras, la tozudez de los machos alfa.

En unas horas se presenta en Madrid otra iniciativa que defiende una España federal dentro de una Europa federal, algo que me parece más sensato y que podría ayudar a salir del atolladero. El objetivo de la declaración es emplazar a las fuerzas políticas, a las instituciones democráticas y a la propia sociedad civil a realizar los esfuerzos necesarios para promover una reforma constitucional con el mayor consenso posible, que desarrolle el sentido federal del Estado.

Entre los firmantes de la declaración figuran los catedráticos Ángel Gabilondo y Fernando Vallespín, el presidente del Círculo de Bellas Artes Juan Miguel Hernández, los rectores Daniel Peña (Universidad Carlos III) y Alejandro Tiana (UNED), los periodistas José Antonio Zarzalejos y Joaquín Estefanía, la socióloga Belén Barreiro, la Mariola Urrea, el abogado y escritor Nicolás Sartorius, la médica Beatriz Terrer; la actriz Amparo Climent; los directores de cine José Luis Cuerda y Manuel Gutiérrez Aragón y el sindicalista Rodolfo Benito.

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