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Podría haber sido peor

Una tentación muy española es decir que los resultados electorales de uno han estado condicionados por los demás, no por los errores propios. Es el mejor camino para repetirlos.

Las encuestas no han dado una, y la de a pie de urna, menos. Quizá haya llegado el momento de reformar los estudios de Sociología (ironía). No creo en teorías conspiratorias, de que algunos estudios demoscópicos tuvieran como fin uno diferente al de retratar el estado de ánimo de un país e interpretarlo. Quizá los sociólogos, como los periodistas, se han creído que la realidad es lo que se mueve por las redes sociales.

Mariano Rajoy es mucho más hábil lo de que aparenta, como nos había advertido Antón Losada en Código Mariano. Su problema es de comunicación, no de pensamiento. Ha ganado las elecciones sin mover un dedo. Conoce bien a sus votantes y a los españoles. Debe ser el encargado de formar Gobierno, no porque sea la lista más votada, sino porque tiene margen para lograrlo. Debe sumar a Ciudadanos, lograr la abstención de PNV y Coalición Canaria y que alguien se ponga enfermo porque será complicado arrancar el diputado que le falta entre los demás grupos, incluido el PSOE.

Albert Rivera se ha equivocado: del buen rollo con Pablo Iglesias, como colegas en la novedad y la regeneración, pasó demasiado rápido a Venezuela y a abrazar niños griegos. No sé qué buscaba al endurecer su discurso. ¿Al votante del PP? No lo ha conseguido. Visto con perspectiva, su pacto fallido con el PSOE fue un error. La misión de C`s, o eso parecía, es modernizar a la derecha española, ayudar en el tránsito de los rescoldos del franquismo a la derecha europea en la que dimitir no sea un nombre ruso. Veremos qué sucede en la formación Gobierno, cuál de los múltiples Rivera se sienta a la mesa de negociaciones.

Podemos es un movimiento urbano sin discurso rural, el que más se ha creído, sin contar con sociólogos y periodistas, que la realidad es lo que fluye por Twitter. Su resultado es un gran fracaso, una decepción. La confluencia con IU no ha funcionado para ninguno de los dos. La pérdida de 1,2 millones de votos es una advertencia. Fue un error no haber facilitado con la abstención un Gobierno PSOE-C’s. Parece ventajista decirlo ahora, pero tengo defensa: lo escribí el 28 de marzo. Para muchos votantes, Podemos va a cargar con la responsabilidad de cuatro años más de PP. El PSOE ya ha empezado a explotar esa vía cuando ellos -Susana Díaz y los barones- son tan o más responsables.

Pedro Sánchez, el Resistente. Lleva meses sorprendiendo por su capacidad de aguante; es un fajador. No será presidente en los próximos años, pero seguirá de momento al frente del PSOE. A Díaz se le han aguado los planes con el sorpasso del PP en Andalucía. Ya no está legitimada para exigir la cabeza de Sánchez. Las expectativas del PSOE eran tan bajas, que un fracaso parece un éxito, un milagro. No deberían confundirse con el espejismo.

Pablo Iglesias tiene techo; Podemos, no. Además del fracaso de la estrategia de la cal viva y de la confrontación con el PSOE, hay un problema de fondo: Iglesias provoca rechazo en un sector importante de la izquierda y del centro. Es un blanco fácil para las manipulaciones mediáticas. La campaña contra él y contra Podemos han sido brutales, en la que algunos medios se han dejado el prestigio, si es que les quedaba algo.. Pero culpar de todo a esa prensa hostil es culpar al árbitro. Debajo de esta indudable realidad están los errores propios. Iglesias resta más que suma y no parece que el traje socialdemócrata sirva de mucho, sobre todo si se lo quita con tanta rapidez ante sus seguidores en el museo Reina Sofía. Podemos debería abrir un debate serio, profundo, sosegado y, sobre todo, valiente. Unidos Podemos tiene banquillo: Ada Colau, Mónica Oltra, Íñigo Errejón y Alberto Garzón; cualquiera de ellos suma, no resta. Estará por ver si el Iglesias brillante en el análisis de la realidad política es también brillante en la lectura de su propia realidad. Y generoso.

Habrá Gobierno, vendrán más ajustes económicos, más promesas incumplidas, más casos de corrupción y no pasará nada. El éxito del PP es el fracaso de España como país y de nosotros como sociedad civil. No rechazamos la corrupción pública porque somos un país corrupto que salió averiado del franquismo y ahí sigue. También es el fracaso de una izquierda cainita que en muchos casos copia los defectos que critica; el peor, el sectarismo, el prietas las filas, la dificultad de aceptar opiniones divergentes.

Solo queda la esperanza de que Ciudadanos le imponga al PP una lista de deberes y que al menos abran las ventanas, que corra un poco el aire. Aunque sea para disimular.

Músicas de A Vivir y un link

Sobre la esclavitud y sus cifras, de la página del The Global Slavery Index.

Feliz semana

¿A qué juega Albert Rivera?

No entiendo el plan de Albert Rivera, ni sus vídeos: ¿quiere robar votos al PP endureciendo su discurso conservador para perder los ganados el 20-D al PSOE? Él sabrá cuáles son sus cuentas, pero suena a gatillazo; ya le pasó con el jardín del machismo en el que se metió en la última semana de las primeras elecciones. Pensé que Rivera traía aire fresco a la derecha. Todo indica que me equivoqué.

Su viaje a Venezuela fue una mofa a la inteligencia del votante, al que no debe de tener en alta estima intelectual. Voló a Caracas con el titular de regreso en la maleta, como hacen los malos periodistas. Dos días entre amigos sin pisar la calle humilde, la que sufre más, le da para hablar de Podemos durante meses en lugar de hablar de Venezuela. No es serio.

Las reformas estructurales que necesita España exigen transversalidad, no trincheras. El PP -otro PP- debería estar a bordo. Sin él no hay reforma posible de la Constitución; es un más una cuestión aritmética que política. Para que llegue ese supuesto nuevo PP es necesario que el actual pase una temporada en la oposición. Por eso defendí la abstención de Podemos para facilitar un Gobierno de dos años PSOE-C’s que derogara leyes, aprobara otras y abriera una comisión sobre la corrupción endémica. Este Rivera echado al monte me hace pensar que en esto también me equivoqué.

Si el cardenal Cañizares llama a la desobediencia de las leyes que no le gustan, otros podrían llamar a que se deje de financiar a la Iglesia con dinero de todos. Sería más efectivo dárselo directamente a Cáritas o a las monjas hospitalarias sin pasar por los obispos y por 13Tv.

Tema con el que abrimos la sección del domingo en A Vivir

Y con esta terminamos. Feliz semana.

Musiqueando en A vivir / 15-M

Feliz domingo

La marmota española

El acuerdo Podemos-IU permite una ilusión: no estamos atrapados en el día de la marmota. E pur si muove. Algo es algo aunque sean los matices. No lancemos las campanas, somos España.

Se perciben algunas diferencias en el PP: ha pasado de proclamar como enemigo al PSOE a centrarse en Podemos, en su presunta radicalidad; y en insinuar que Mariano Rajoy irá a algún debate a cuatro, aunque sea dormitante que el rollo de la corrupción le cansa mucho.

El PSOE ya no sabe a quién disparar y de quién protegerse porque la mayoría de las balas proceden del propio partido. Su batalla es por la supervivencia a medio plazo. Empieza por mantener el segundo puesto y no bajar de 90 escaños. Parece que ni una cosa ni la otra salvarían a Pedro Sánchez. O tal vez sí, si volvemos al punto de partida tras el 20-D: el gobierno de izquierda. Su rival interna amaga y no termina de golpear. Ella prefiere las proclamaciones a las primarias.

Asedian al PSOE por el flanco derecho los C’s de Albert Rivera; aspiran a robarles el voto socialista conservador. Por el izquierdo, Podemos-IU. También disparan los barones, los teóricos defensores. Es una guerra civil aplazada en la que el gran pope, Felipe González, se ha quedado sin auctoritas en el peor momento.

Podemos frenará la sangría que vaticinaban las encuestas e IU se protege del señor D’Hont que tan mal le quiere. Aunque los estudios demoscópicos no suelen tratar bien a Podemos, igual que los titulares (lo contrario de C’s), era perceptible una cierta desilusión en la calle. Negarlo es un error.

Podemos (Pablo Iglesias) se ha equivocado en las formas, no tanto en el fondo. Las formas son el tendón de Aquiles de Iglesias, que a menudo se proyecta como un tipo prepotente; algo que en la corta distancia no sucede. Defendí la abstención, previo pacto de medidas de regeneración, ante el pacto PSOE-C’s porque permitía echar a Rajoy sin darle una peligrosa oportunidad de resurrección y derogar leyes -mordaza, laboral, Wert, etc.-, modificar el sistema electoral. Era lo pragmático, pero tengo tendencia a equivocarme. Veremos qué sucede el 26-J. Podemos se mueve muy bien en las campañas.

Me sorprendido Rivera, empeñado en las últimas semanas en dinamitar la opción anterior y ahora con el lema de que vienen los comunistas. El PCE, con sus defectos, hizo más que los franquistas desmemoriados en reinstaurar la democracia (idea robada anoche en una cena). ¿Dónde está el lenguaje fresco del partido nuevo?

Si se mantienen los bloques, escaños arriba, escaños abajo, volveremos al mismo dilema: gran coalición o gobierno de progreso. La primera obligaría a la salida de Rajoy (eso dice Rivera) y tal vez a la de Sánchez. La segunda necesitaría un milagro ¿o terceras elecciones? Al menos con gobiernos provisionales no puede haber recortes. Feliz día.

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