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Thanksgiving in Trumpland

Lo que medio mundo llama Black Friday es un día gris, fresco y hermoso en la ciudad de Nueva York, la capital de un mundo que se desvanece. También es el día en el que millones de personas tratan de ubicar los restos del pavo en algún lugar del organismo tras hacer la digestión. Hay quien propone llamar Turkey Day a la festividad de Acción de Gracias, cuando lo preciso sería llamarle Killing Turkey Day porque es una masacre.

El día de Thanksgiving se despierta como el de Navidad en España, bajo un aroma extraño, de excepcionalidad suspendida. Parece una tregua. Está en los andares de la gente, en el intercambio de sonrisas en la calle, como si nos conociéramos todos. A mediodía cae el silencio sobre la ciudad del ruido.

La tradición es acoger a amigos y extraños. Es una fiesta familiar en la que manda la generosidad. Fui con Antonio, a quien vuelvo a gorronear vivienda y cápsulas de Nespresso, a casa de Magdalena y Óscar, dos linternas en la oscuridad. Nos juntamos cerca de veinte, la mayoría hispanoparlantes. Solo había un norteamericano. No se habló de política, ni de la de aquí ni la de España. No me atreví a proponer un minuto de silencio por el pavo.

La cena fue excelente, el pavo en su punto. En mi último Thanksgiving en EEUU, allá por 1985, el pavo escapó por la ventana, chamuscado por fuera, crudo por dentro, harto de que la cocinera le introdujera una y otra vez en el horno. Es broma: no escapó, nos lo comimos medio crudo. Una pena que la huida imaginada no hubiese sido real.

Los tres niños de la cena jugaron sobre mi espalda y mis piernas. Siempre atraigo a los niños y a los animales. La conexión funciona desde el lenguaje corporal. Me gustan mucho los niños de los demás, los que incluyen devolución. Me tocó fregar. Me encanta fregar, una rémora de mi año de camarero en Londres, allá por 1981.

Conocí a Lorenzo. Trabaja con ratas y con el miedo patológico. Les induce los temores para ver cómo reaccionan y buscar la forma de quitárselos. Se llama biopsicología, o algo así. Le provoqué desde el animalismo. Es un tema apasionante: el miedo, cómo se fabrica y se distribuye en una sociedad indefensa a través de los medios de comunicación y del cine que sirven, a veces sin saberlo, de correas de transmisión de estereotipos.

En cuanto se fue el norteamericano empezamos a hablar de Trump y de España. Fui prudente.

Esta mañana paseré por Central Park para ver árboles, los últimos de color antes del frío del invierno. Después quizá caiga en la tentación del Black Friday. Esta noche más pavo con más españoles. Ya tengo sitio para el siguiente.

Mi dieta se tambalea. Para defenderme ayer caminé casi nueve kilómetros.

Feliz día.

So long Leonard

Nunca vi en directo a Leonard Cohen ni estreché su mano. Solo escuché su música, sus palabras. Hoy, el día en el que se ha anunciado su muerte, siento un vacío que va más allá de la persona y su música. Tal vez sea un vacío existencial por la época en la que vivo, por la que vamos a vivir.

Me desconcierta esta conmoción tan concreta y profunda, yo que tanto presumo de tener la muerte asumida. Me resulta más sencillo manejar la hipótesis de la propia que la realidad de la ajena. Es un año de ausencias, de viajes finales que se anuncian. Hay ausencias que nos dejan más solos, más expuestos ante los bárbaros. Gracias, Leonardo. Gracias Manianne. Nos vemos en Ítaca.

No olviden retrasar sus relojes al siglo XX

No voy a regodearme en algo que tiene poca gracia: el intento de suicidio del PSOE, asistido por los falsos amigos. Supongo que a unos y otros les espera una travesía en el desierto. Escribo intento porque la vida da muchas vueltas y algunos que se anunciaban muertos encuentran un segundo aire.

Unos amigos argentinos violinistas están conmocionados por lo ocurrido. Hace unos días, ella me dijo en la calle: “Lo único bueno de la caída de Pedro Sánchez es que nos ha servido para ver la cara de las cucarachas”.

Igual que no se puede dar por muerto al PSOE tampoco deberíamos enterrar a Sánchez. No sé si podrá recuperar la dirección en un Congreso, cuando se celebre, que esa es otra. El plan ha cumplido dos etapas: cargarse a Sánchez e investir a Rajoy en aras de una presunta responsabilidad.

Resulta extraño porque lo irresponsable es investir a un presidente de un partido trufado de juicios por saqueo de las cuentas públicas que ni siquiera se ha molestado en pedir perdón.

Es difícil ver corrupción en los demás si no vemos la nuestra.

La tercera parte del plan es celebrar un Congreso atado y bien atado con una candidata única: Susana Díaz, que prefiere las proclamaciones a las primarias. En este punto narrativo del drama del PSOE entraría Pedro Sánchez para forzar el voto. Los congresos dependen de los delegados; es decir, de una democracia muy indirecta. Sánchez busca la rebelión de los militantes (y de los votantes).

Votantes y militantes

Mariano Rajoy nos tiene calados. Es el que mejor entiende este país. Una de las claves es que solo trabaja para sus votantes. No se preocupa de los militantes porque mientras que el PP esté en el poder la mayoría tienen cargo o aspiran a tenerlo. Los votantes permiten ganar elecciones.

Es algo que debería tener más en cuenta Pablo Iglesias, que con más frecuencia de la necesaria, se dirige solo a sus militantes. Podemos ha cometido errores desde diciembre. Es un partido muy joven, cercado mediáticamente, que dispone de un tiempo, quizá toda la legislatura, para madurar, aprender a hacer política. Son muy buenos detectado la corriente. Es hora de llenar ese instinto de sustancia. Un camino sería pensar más en los votantes.

Son los votos los que van a permitir gobernar y ser radicales en la defensa de lo esencial: la democracia, la libertad, el Estado del bienestar y la decencia. Ese es el campo de batalla, no los mítines y los eslóganes, que también.

El PSOE lo tiene jodido: los que dieron el golpe de mano han insultado a los militantes y engañado a los votantes. Ellos no tienen futuro, el PSOE, ya se verá.

Feliz domingo. No olviden retrasar sus relojes al siglo XX.

Hacía tiempo que no pasaba por aquí, pero tengo una buena excusa: estoy inmerso en una novela complicada. Espero que pueda salir en otoño de 2017, o quizá más tarde. Una vez terminada, la publicación en sí misma y la fecha no dependen de mí.

Me encuentro en ese instante mágico en el que no sé si lo que tengo es una basura o un gran paso en la historia de la literatura. Supongo que estará más cerca de lo primero. Acabo de terminar la edición (me encanta editar) del capítulo 9. Serán 16, más o menos. Están todos escritos menos los tres últimos.

A finales de noviembre viajaré a Nueva York. Habrá que recuperar las postales.

Un poco de política. Habrá marianitis en minoría. Nos lo merecemos. Criticamos a los políticos pero no somos mejores que ellos. El PSOE tardará años en recuperarse. Para ellos empiezan los Alpes y aún no han llegado las bicicletas. Necesitan un líder/lideresa que no sea Susana Díaz. Hay un dicho en la política británica: “Quien desenvaina la espada no ciñe la corona”.

Que el PSOE se recupere depende de tres factores: nuestra capacidad de desmemoria, que Podemos la cague y que les toque un mirlo blanco (o mirla) en la lotería de Navidad (en la de 2017).

Para Podemos es una oportunidad de oro. Tal vez única.

No es una barbaridad afirmar que Podemos no logrará la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados a corto ni a medio plazo; tal vez tampoco a largo. Hasta el fin de semana en el que el PSOE decidió convertir su sede en un solar, el umbral lógico de Podemos era llegar a gobernar junto a los socialistas. Era la vía alemana: SPD + Los Verdes (Joschka Fischer). Parecía razonable.

Ahora lo razonable es pensar que habrá sorpaso. Aunque los superen en votos y escaños, necesitarán los rescoldos del PSOE para gobernar. Si el PSOE es susanista, olvídense; si es borrelista o similar, sería factible. Un primer paso es que el PSOE asuma que sus males no son culpa de Podemos sino de la mayoría de sus barones. Los dinamiteros están en casa.

Para que haya acuerdo en un futuro sería necesario otro PSOE y posiblemente otro Podemos, uno que no confunda la radicalidad de la palabra con la de los hechos y las convicciones. No es más radical el que más grita, sino el que más hace. Y para “hacer” es imprescindible lograr los votos necesarios. Y para conseguirlos hay que convencer a los votantes. El plan no puede ser dar miedo a los que votan, a los que dudan qué votar, sino dar miedo a los corruptos y las empresas oligopólicas que se reparten esto como si fuera una finca privada. Madrid y Barcelona son dos buenos ejemplos.

Podemos tiene dos almas. Los Verdes tenían dos almas. Izquierda Unida solo tenía una y así le fue, era el alma equivocada. Del pasado no se vive. Para gobernar se necesita a los realistas; para no dejar de soñar, a los utópicos.

No sería un mal espacio ocupar el del PSOE de 1982. Era el espacio de la ilusión.

El PSOE hizo mucho por la modernización de España. Sería injusto no reconocerlo. Pero ese reloj se paró hace tiempo como se le paró a Felipe González y muchos de sus amigos en los medios. Es tiempo de una nueva generación y de más mujeres.

Que no nos defrauden. Esto no ha hecho más que empezar. Feliz miércoles

Feliz Chuck 90

Comisiones de embestigación

Ese es el objetivo: embestir, no investigar. La comisión del 11-M fue lamentable. No hubo ánimo en casi nadie de acercarse a la verdad, de detectar los posibles fallos en el sistema que permitieron el mayor atentado de la historia en España, de proponer cambios.

La que se anuncia sobre Bárcenas, que debería ser sobre la corrupción, irá por el mismo camino: el “y tú más”. Si se enmierda, gana el gallinero, los manguis. Del ruido solo sale ruido. Ese el objetivo de los corruptos: que todo siga igual.

En las comisiones parlamentarias españolas se puede mentir tanto como en las ruedas de prensa y en los programas electorales. Es gratis. Deberían tener el mismo valor que una investigación judicial, con asistencia obligada y la obligación de decir la verdad. Las consecuencias de no hacerlo tendrían que ser las mismas que en un juicio.

Lo que necesitamos con urgencia es una comisión de expertos nombrada por el Parlamento, personas de prestigio, conocimiento de la materia y capacidad. De esa comisión deberían salir propuestas claras de cambios legislativos y de procedimiento en la contratación de personas, compra de material y en los concursos públicos para que la corrupción sea muy difícil. Es urgente otra ley de transparencia y que aquel que ha malversado un euro público quede fuera de juego.

Necesitamos una revolución cultural y que el cambio empiece en la escuela, en la formación de los futuros ciudadanos. El problema es ¿cómo poner en marcha esto con lo que tenemos?

Por si os lo perdísteis: obligatorio para periodistas (ciudadanos) esperanzados. Feliz puente.

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