Feed
Posts
Comentarios

Excalibur como metáfora

No soporto un minuto más a la ministra Ana Mato. Su presencia al frente del Ministerio de Sanidad tras la cadena de errores cometidos en el manejo del Ebola resulta insufrible, un verdadero riesgo para la salud publica. La excusa, esgrimida también por el PSOE, de que no se el momento de pedir responsabilidades políticas es tan irritante como Mato.

Si estamos ante una inútil manifiesta y continuada, incapaz de dar una rueda de prensa, decir tres frases inteligentes y presidir reuniones su pérdida política no dejaría lagunas, solo alivio. Lo que no hay que tocar ahora es a su equipo de trabajo, ni al de la Comunidad de Madrid, pero debe haber una investigación independiente, tipo la que se siguió en EEUU tras el 11-S, capaz de llegar a la verdad, caiga quien caiga, y ofrecer recomendaciones: qué pasó, qué errores se han cometido, se debió traer a los dos misioneros, qué carencias tiene nuestro sistema sanitario, qué responsabilidades hay en todos los niveles, desde el político al sanitario. Y después: destituciones.

No soporto la palabra ‘protocolo’. Cada vez que la dice un político sé que me está mintiendo; cada vez que la dice un periodista sé que no tiene ni idea de que el político le está mintiendo.

No soporto a Esperanza Aguirre (ni a González), la madre de todos los recortes, la responsable del desmantelamiento del hospital Carlos III como centro de referencia. Ningún país serio tendría un personaje así, unido al incidente de tráfico y su no sabe con quién está hablando, pavoneándose en publico y con aspiraciones de ser alcaldesa de Madrid para rematarnos a todos.

No me fío de mis autoridades. Ni de la oposición a mis autoridades.

Excalibur es la metáfora de todo lo que no funciona en este país.

Ebola en Madrid / las preguntas no contestadas

Esta mañana escuché en la Cadena SER al coordinador del centro de Alertas y Emergencias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón. Me pareció un tipo competente, incluso confiable. En el gimnasio, subido en la cinta de andar, seguí la comparecencia de Mercedes Vinuesa, directora general de Salud Pública, en la comisión correspondiente del Congreso. Habla mejor que su jefa, tiene mejor presencia, pero resultó decepcionante: maximalista en la explicación general y minimalista en el caso particular de la auxiliar infectada con Ebola en España, a la que dedicó cinco munitos.

Lo más cómico fue escucharla afirmar que hemos traducido el protocolo (palabra que repitió no menos de sesenta veces) de evacuación aérea medicalizada por si alguien desea copiarnos y que, incluso, hemos ofrecido a impartir cursos.

Esto debía tenerlo preparado antes del anuncio del primer caso de contagio dentro el mundo occidental, es decir, uno no importado, y para colmo dentro de un hospital presuntamente preparado con los últimos avances. La UE ya ha exigido información precisa.

  • ¿Cómo es posible que una persona en estado febril que estuvo en contacto físico con un enfermo de Ebola no sea hospitalizada y aislada de inmediato? ¿Quién o quienes la enviaron de vacaciones?
  • ¿Cómo es posible que ningún protocolo recomiende mantener en cuarentena al equipo que ha estado en contacto con un enfermo de Ebola? Al parecer, la enfermedad tiene dos fases de desarrollo, ambas de 21 días. Si no hay síntomas al terminar la segunda, no hay Ebola, la persona es segura.
  • Necesitamos saber qué falló en medio tanto protocolo. ¿Había medios adecuados? ¿Falló la auxiliar, los encargados de supervisar al equipo médico? ¿Cómo han afectado los recortes al Hospital Carlos III?
  • No me fio de las investigaciones que pueda llevar la Comunidad de Madrid, ni en periodo preelectoral. Carecen de auctóritas.
  • Me preocupa que las competencias sanitarias estén en manos de la Comunidad, una institución que bajo Aguirre y González se ha dedicado con entusiasmo ha intentar destruir la sanidad pública madrileña en beneficio privado, en teoría de otros.
  • ¿Qué hizo la auxiliar durante esos seis días de vacaciones? ¿Salió de casa? ¿Vio a mucha gente? ¿Qué hizo el marido?
  • Cuándo va a dimitir alguien en esta cadena de incompetencia, precipitaciones, mentiras y falta de profesionalidad. Empezaría por la ministra, y cuando pase la alarma debería dimitir más gente.
  • ¿No hay responsables en esta gestión en la Comunidad de Madrid?

 

¿Cuál es el protocolo de la estupidez?

Cuando un político dice “estamos aplicando el protocolo” significa “no tengo ni puta idea de qué hacer”. En el caso de una enfermedad contagiosa y altamente mortal como el Ebola resulta preocupante. Las criticas a la ministra de Sanidad, Ana Mato, están justificadas. Ya había dado muestras sobradas de ineptitud que en cualquier país serio hubieran conducido a su destitución. La rueda de prensa, en la tarde del lunes, fue una esperpéntica exhibición de incapacidad impropia de un representante político. Es para estar preocupados, pero por la ministra, no por el Ebola.

Es cierto que después es más fácil ver los errores. No es ventajismo en este caso porque hubo advertencias suficientes cuando se decidió repatriar al religioso Manuel Pajares, que falleció el 12 de agosto. El personal sanitario y los sindicatos del sector alertaron de que Madrid no estaba preparado: el hospital de referencia en enfermedades contagiosas y tropicales, el Carlos III, había visto desmantelada su unidad debido a los recortes.

Si ahora hablamos de recortes, nos tildarán de populistas. Entonces, ¿cuándo toca hablar de responsabilidad politica? El riesgo era evidente sin un centro de referencia dotado de medios suficientes y falto de experiencia en la lucha contra la enfermedad.

Tampoco se pudo salvar la vida de Manuel García Viejo, que falleció el 30 septiembre. En su caso la repatriación es inexplicable porque no teníamos el fármaco experimental que salvó la vida en EEUU a dos norteamericanos repatriados desde Liberia, un médico y una misionera. Sin el medicamento adecuado, ¿para qué se le trajo?

Conozco el trabajo de los misioneros y misioneras, soy muy amigo de varios. Son ejemplares. Debemos hacer todo lo posible por ayudarles en su labor y divulgar su esfuerzo. Si repatriarlos les podía salvar la vida, bien repatriados están.

El caso de la auxiliar es preocupante. ¡Qué diablos de protocolo permite que una mujer en contacto con dos fallecidos por Ebola se vaya de vacaciones cuando tiene fiebre! La fiebre es el primer síntoma de que algo va mal. Si uno ha estado en un país con malaria es inteligente pensar que podría ser malaria, hacerse las pruebas y descartar la mayor. En el caso del Ebola es de libro. Unas décimas de fiebre debieron activar las alarmas, proceder al aislamiento inmediato de la auxiliar y esperar el resultado de la prueba. Ahora tenemos al marido en riesgo y no sabemos cuántas personas más. No hablen de protocolos, hablen de incompetencia.

Ana Mato dimisión. Es urgente: una cuestión de salud nacional.

 

Sentadillas impropias de la edad

Los insomnios son productivos: adelanté trabajo; tengo terminado el segundo perfil de Tipos Inquietantes. Me costó más que el de Rajoy, un personaje que sale solo. No es fácil encontrar el tono de la sección. El sueño ligero es negativo: se aparecen tipos indeseables que se lucran a costa de los demás y cuando les pillan dicen que no sabían que gastarse decenas de miles de euros en un caja arruinada estaba mal. Ansío por conocer el listado de gastos. También sería bueno saber el uso de las tarjetas corporativas, las ‘legales’.

No sé si es la hartura ciudadana, las encuestas que arden o la cercanía de las elecciones, pero tengo la sensación de que se ha reducido unos centímetros la tolerancia social. Que no lo escondan los medios conservadores, y TVE, da la medida de la magnitud del escándalo. Es bueno que los medios de comunicación abandonen las trincheras. Nuestro trabajo no es defender siglas, personas y bancos. Quizá ideas, valores, modelos de sociedad. Ocultar información es una forma de corrupción. Nos coloca en la misma frecuencia moral de los ladrones.

Cuando salí el domingo de mi casa para ir al estudio de A Vivir que son dos días, la calle estaba repleta de basura esparcida y de contenedores volcados. En el camino a la Gran Vía había más: era el reguero de estupidez de los vándalos que patearon los cubos. Dije en Twitter que este tipo de personas están también esa frecuencia de inmoralidad que lleva a saquear las cajas de ahorro.

Es la misma porque prima el macho alfa, los cojones, el yo sobre todo y el desprecio a los demás. Siempre los llamé ‘los roldanitos'; son los que se cuelan, los que aparcan en doble fila, los que circulan a gran velocidad. Si queremos mejorar este país averiado y embrutecido deberíamos empezar por mejorarnos a nosotros mismos, crear ciudadanía.

Fue un fin de semana largo y ancho, sin agarraderas. Salí poco. Saber hacer sentadillas con “una agilidad impropia de mi edad”, como dice el monitor del gimnasio, para darme ánimos, supongo, no llena del todo. Comí callos a la madrileña (de bote) y la tripa se hinchó. Lo pagaré caro. Regué las plantas, jugué con la gata al escondite y vi el partido de mi equipo.

Ya puedo colgar música gracias a Jacinto Lajas, que acudió en mi socorro. Hubo buenos consejos en los comentarios pero Jacinto conoce las tripas del blog porque él lo diseñó hace unos años. Es un blog-barca-de-salvamento. Ha añadido botones para que sea fácil tuitear y facebookear, y esas cosas. Espero que os guste.

Arranca otra semana; octubre echa a correr hacia noviembre y así, en nada, las Navidades, unas fiestas incómodas: el barrio se llena de zombis consumistas (mirones, que con la crisis no se puede hacer otra cosa), de cochecitos de niño y de  policías de tráfico pese a que no entran coches, solo riadas de curiosos. En esos días me gusta huir de la ciudad, o encerrarme en el promontorio y escuchar el murmullo desde la ventana del salón. Me estoy dejando barba blanca larga por si me contratan de Papa Noel. Feliz semana.

 

Dentro de Richard Serra, dentro del Guggenheim

Richard Serra es un escultor inquietante: desde una simplicidad minimalista es capaz de generar sensaciones máximas. Estuve dos horas y media dentro de su obra en el museo Guggenheim de Bilbao. Me gustó seguir el trazo de sus laberintos, habitarlos, rozar sus paredes curvadas, sentir la materia, el frío. La escultura está emparentada con la arquitectura. Tiene la capacidad de generar espacios dentro de un espacio existente, y modificarlo. Añadir belleza a la vida es una exigencia del arte. Sucede en la música.

Cada una de las personas que recorren el interior de la mente de Serra expresada en láminas de acero que forman curvas y espirales tiene la capacidad de crear su propio espacio, de modificarse a sí mismo en relación con él aunque sea durante un instante. Es un recorrido mudo, personal. Los que así lo viven no hablan. Es la senda de los sentimientos, no del ruido. Parece una catedral.

El edificio del museo es una extraordinaria obra de arte en sí, un ejemplo de la capacidad de transformar los espacios. La obra de Frank Gehry ha resucitado una ciudad, sacándola de la negrura de una industria contaminantante para colmarla de luz. El Guggenheim-Bilbao es un museo que navega. Bilbao es una ciudad que fluye.

Debe de ser difícil exponer dentro, lograr que la vista del visitante abandone el continente para fijarse en el contenido. El matrimonio Serra-Bilbao es extraordinario; su obra es capaz de equilibrar la estructura exterior con la interior. Serra altera el espacio interior para construir un todo inseparable.

De los fondos del Guggenheim destaca siempre la mujer desnuda de Modigliani. Pero con la idea de los espacios en la cabeza, de cómo una escultura monumental altera el espacio, la obra La Nariz de Giacometti me recuerda que esa capacidad renovadora está al alcance de las pequeñas obras. El equilibrio de esa nariz en su suspensión logra el mismo efecto de los grandes volumenes de Serra: emocionar. Gracias Bilbao.

« Newer Posts - Older Posts »