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Se ha instalado en el inconsciente (de inconsciencia) colectivo que hay que ser responsables y permitir un gobierno presidido por Mariano Rajoy sin pedir nada a cambio, ni el más mínimo gesto como la salida de su polémico ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, o corrección de rumbo en los casos de corrupción.

Esta es la tesis del PP, que repiten medios, periodistas y algunos políticos que no son del PP. Incluso se publican encuestas que logran que la ciudadanía esté en el mismo rollo que los editorialistas. Resulta increíble la falta de calidad democrática en los que tienen que vigilar la calidad de la democracia.

Pablo Casado, joven estrella del PP, dice: “Solo necesitamos que se abstenga uno del PSOE” para lograr la investidura. Y la frase se convierte en titular sin que la acompañe algo de contexto, de precisión realista: solo faltará uno si Rajoy logra el voto a favor de Ciudadanos, PNV y Coalición Canaria.

Voto a favor, que no basta con la abstención
. A favor, según las cuentas de Casado, estarían los 137 del PP y ese único del PSOE tan necesario = 138. En contra estarían los 71 de Unidos Podemos, los 84 del resto del PSOE, los nueve de ERC, los ocho de CDC (o como se llame el tinglado para mantener a Artur Mas en el escaparate) y dos de Bildu = 174.

¿Nadie va a hablar de la responsabilidad de Rajoy en esta fase? Como indiscutible ganador de las elecciones del 26-J tiene una y muy clara: negociar con los demás grupos para lograr la investidura y formar gobierno. Después se verá: un Gobierno en minoría que tendrá que negociar cada coma. Veremos si la Mesa del Congreso representa esta situación inédita en 40 años de democracia o habrá un enjuague PP, PSOE y Ciudadanos. Podemos debería estar en la Mesa.

La responsabilidad del presidente en funciones obliga a ofertar, contraofertar, ceder, acordar. Para lograrlo es necesario trabajar, convencer, atraer. ¿O lo responsable es regalar los votos del resto de los ciudadanos sin demandar al PP un mínimo de decencia política? ¿Tenemos que tragar con la corrupción de unos los que votamos contra la corrupción?

La cantinela es sencilla: todo es para evitar unas terceras elecciones, que Rajoy y los gurús del PP creen que les vendrían bien. Para evitarlas tenemos que bajarnos los pantalones para que todo siga igual en ara de la responsabilidad. ¿Es responsable acatar la irresponsabilidad?

Alguien debería ser responsable de verdad en este país y poner límites al mal gobierno, al saqueo de la caja de la Seguridad Social, a las contratas amañadas, a las cuentas en Suiza o Panamá, a las amnistías fiscales, a las leyes mordaza, a la educación al servicio de una iglesia que es parte y no todo. Ser responsable es no tener jueces en la Audiencia Nacional al servicio de un partido a cuenta de los bolsillos de todos. Ser responsable es exigir mejor democracia.

Como en diciembre, el que no hace, Rajoy, parece que hace y los que hacen parecen unos irresponsables radicales que no hacen. Este estado de opinión interesado dice muy poco de los demás partidos, que se dejan robar el mensaje.

La próxima semana se cumplen 80 años del golpe de Estado franquista, del inicio de la Guerra Civil. ¿Además de la Fundación Francisco Franco alguien va a hacer algo, una lápida conmemorativa, una música, un algo? A veces creo que han vuelto. Una amiga especial me corrige: “No han vuelto, son los mismos que jamás se fueron”.

Feliz semana irresponsable.

Mariano, el gobierno y el Tour de Francia

El PSOE no necesita enemigos exteriores, los tiene todos dentro. No sé si del futuro congreso del partido saldrá un mirlo blanco que desplace a Pedro Sánchez y paralice a Susana Díaz, que interpreta un papel parecido al que ha interpretado el Reino Unido en la UE durante 43 años y que en castellano se traduce como el perro del hortelano. Y está Fernández Vara que gobierna en Extremadura gracias a los votos de Podemos, algo que parece olvidar con frecuencia.

Ignacio Urquizu, que podría ser uno de esos mirlos blancos, lo explica bien: los líderes regionales hablan para su propia parroquia, que es donde están sus votos, no para todo el Estado. Esto refuerza el hecho de que este es un país rico en matices, idiomas y puntos de vista. Aceptar esta diversidad es el primer paso.

Todos los partidos (en la oposición) tienen corrientes, y eso es bueno si el fin último es el común y no el poder individual; antes la idea, el proyecto, que los nombres de los pilotos. En esto parece que Podemos lo empieza a hacer mejor que el PSOE, empeñado en exhibir sus desavenencias y miserias en público. Un The Truman Show.

No sé si el PSOE se debe abstener o ponerse parcialmente enfermo el día de la investidura de Mariano Rajoy. Aún queda mucho para saber qué es lo mejor. Sé que tendría un precio electoral alto, como lo tendrá hacer lo contrario. Rajoy exige gobernar por derecho natural obviando lo obvio: tendrá que negociar y pactar, es decir, ceder. No tiene derecho al Gobierno, debe trabajarlo. Tra-ba-jar-lo.

¿En qué debería ceder el PP para lograr que el PSOE se abstenga? Quizá entregar la cabeza de Rajoy, algo quimérico porque los resultados del 26-J le han reforzado y porque en el PP se trabaja ya en el supuesto de que unas hipotéticas terceras elecciones mejorarían su situación. Puede salirles el tiro por la culata. Ya hemos visto que el electorado castiga los errores y las actitudes. Es un aviso para cualquier navegante.

Tampoco sé cuál será la posición negociadora de Ciudadanos, el más próximo al PP. Lo que ocurre en la Comunidad de Madrid puede darnos algunas pistas. ¿Habrá una comisión de investigación sobre la corrupción en el nuevo Parlamento? ¿Firmará el PP un pacto ético que obliga a dimitir a los imputados, ahora llamados investigados como si el problema fuese la palabra y no el mangue masivo organizado? ¿Volveremos al modelo anterior de RTVE, es decir con el máximo responsable avalado por dos tercios del Parlamento?

Las declaraciones de Rajoy, azuzadas por algunos presuntos socialistas y medios afines parecen buscar un salto en el proceso: que se apoye al PP (en B) sin negociación (en A). Ya que sus votantes no le atan en corto, no deberían soltar la amarra los representantes de los demás votantes. Es lo mínimo.

Estamos muy al inicio de un larga partida de mus en la que todos los jugadores exageran su mano. Es un juego de faroles. Lo malo es ver y oír con qué facilidad confundimos el artificio con la sustancia. De momento, no esperen negociaciones intensas, horas de trabajo: hay Tour de Francia y ya se sabe de las aficiones del presidente en funciones de las funciones anteriores.

Buena semana.

España en su laberinto

Aun conmovido por El laberinto mágico, una condensación soberbia de José Ramón Fernández de seis libros de Max Aub sobre la Guerra Civil: los vencidos que pasaron de enemigos a prisioneros. La puesta en escena de Ernesto Caballero es sobria, espectacular. Los quince actores logran que durante dos horas veamos y sintamos a los numerosos personajes que interpretan la historia trágica de un país, el nuestro, que 80 años después del inicio de la guerra -ahora, en unos días se cumplirán- sigue atrapado en algún tipo de laberinto. El texto de Max Aub es maravilloso, lo mismo que la adaptación. La obra no deja de crecer horas después de terminada; se mete dentro, emociona.

En El laberinto mágico están todas las claves del desvarío de España y el de sus habitantes entre los que me hallo. También están en el silencio de la calles de Madrid, la ciudad que no conserva memoria alguna de aquellos años, de aquellas voces, del sitio, mo escribo este mes en Tinta Libre.

En esa desmemoria está la explicación de nuestros defectos, de la contumacia en la estupidez premiada en las urnas, en la economía y en el éxito social. Aquí no ganan los mejores, aquí exhibimos a los mediocres; remplazamos a los Emilios Lledó, Álvarez Junco o Ruiz Domènech por los zascandiles que inundan los programas del cotilleo.

La Guerra Civil y la dictadura nos destruyó moralmente. Los casi 40 años de democracia menguante no han logrado invertir la situación, dotarnos de una ética colectiva. La Transición, con sus muchas luces y sus muchas sombras, se ha ido apagando. Somos  parte de la impostura televisada. Falta grandeza. Los mejores no están en el escaparate sino escondidos en un sótano, o exiliados. Es un país de silencios y ruidos.

Pero si uno pisa la calle y percibe el fluir de la vida cotidiana, la auténtica, la que no suele salir en las televisores ni en las redes sociales que tanto nos confunden, se dará cuenta de que este es un país lleno de energía, de gentes valientes y capaces, en la derecha y en la izquierda. Solo necesitamos un espacio, un escenario abierto, sin obstáculos, para que brote una buena obra.

Gracias a todas las personas implicadas en El laberinto mágico,. Gracias a Max Aub y tantos otros como él. Me acosté sacudido hasta las entrañas, me levanté dispuesto a más lucha, a defender mi libertad de expresión y de tocar los huevos, incluso a los que siento más próximos. Buen domingo.

Podemos, un poco de contexto de Marcelo Bielsa

Podemos ha logrado unos resultados espectaculares en apenas dos años, si se atiende a los datos objetivos: 71 diputados. Y los han conseguido pese a la campaña en contra en numerosos medios de comunicación que sustituyeron el análisis por la descalificación y la falsedad, como ha vuelto a confirmar la justicia. No existen pruebas de financiación ilegal desde Venezuela o Irán. De momento, lo único probado es la financiación ilegal del PP y que en el Consejo de Gobierno se sienta un ministro del Interior fuera de la ley.

Además de los datos objetivos hay un hecho difícil de rebatir: han cambiado el paso a la política española. También Ciudadanos, pero menos.

Son muy buenos en el análisis político y en las campañas electorales; en esta menos porque pensaron que el sorpasso estaba hecho, que el partido estaba ganado antes de disputarlo.

Es cierto que Pablo Iglesias ha resultado esencial para llegar hasta donde han llegado. Sin él no habría 71 diputados, como no hubiera habido 69 el 20-D. La cuestión es si con él pueden ganar unas elecciones por mayoría absoluta o sumar al PSOE en un Gobierno. Creo que no.

Iglesias es inteligente y muy agradable en la distancia corta. Su principal defecto es que a veces no se sabe controlar y pierde la forma al defender el fondo. No solo es lo de la cal viva, o el rapapolvo (injusto) el periodista de El Mundo, también está su rueda de prensa tras ver al rey.

Es verdad que existe un interés mediático por potenciar su peor imagen, por distorsionar cada palabra. También hay que reconocer que él ha contribuido a crear esa imagen regalando munición al enemigo. Le falta un número 2 que interprete el papel de malo, que concentre las críticas, que sirva de escudo y le deje libre el papel de bueno. Juan Carlos Monedero hubiese sido perfecto para el papel del falso malo. Cambiar la mala imagen (la valoración del CIS demuestra que existe), enquistada en una parte de la sociedad, va ser una tarea complicada. El traje ya está hecho y vendido.

El resultado del 26-J no fue bueno. Podemos perdió 1,2 millones de votos y no sumó los 800.000 de IU. ¿Por qué se quedaron en casa? Algo ha fallado. El fracaso tiene que ver con las expectativas creadas, no tanto con el resultado en sí que sigue siendo bueno pese a no haber sorpasso. Sobre las expectativas y los fracasos recomiendo este vídeo de Marcelo Bielsa cuando era entrenador de Athletic de Bilbao.

Para mi, la causa de la desafección de los votantes tiene que ver con lo ocurrido entre el 20-D y el 26-J. No solo es el asunto del pacto PSOE-C’s. El problema de base son las formas, la escenificación. Es como si Podemos solo supiera hacer campaña electoral o buscar los golpes de efecto.

En la Comunidad de Madrid están demostrando que sí saben hacer política. Seguro que sucede en otros lugares. ¿Por qué no en el Congreso de los diputados, el gran escaparate?

La foto de la anterior legislatura fue la del diputado rasta Alberto Rodríguez pasando ante un sorprendido Rajoy. Era el símbolo del cambio que está sucediendo en España. No eran necesarios el bebé de Bescansa en el escaño ni el beso en la boca con Domènech porque se nota que eran golpes de efecto. Las criticas desmedidas de algunos medios contrastan con sus silencios con la corrupción.

No sé si habrá terceras elecciones. Podemos tiene la oportunidad de ir más despacio, de pensar a medio y largo plazo. La ventana de oportunidad no acaba ahora como sostiene Íñigo Errejón. Esto solo acaba de empezar. De momento emiten buenas y malas señales. La peor podría ser considerar una mala hierba la discrepancia; las mejores, reconocer la derrota y salir al paso de las teorías de la conspiración sobre un pucherazo electoral, comportándose de manera responsable, mucho más que el PP de Aznar cuando perdió de manera imprevista ante el PSOE de Felipe González y habló de manipulación.

Creo que Podemos podría llegar a ganar unas elecciones dentro de cuatro u ocho años. Tiene banquillo. Le falta volver a la calle, reactivar los círculos que eran las arterias que le conectaban a la realidad. Es difícil que Pablo Iglesias logre revertir su imagen y eso limita las posibilidades de crecimiento electoral. Iglesias lo intuye, pero resulta muy difícil leerse a uno mismo, saber apartarse. Sería una lección en un país en el que no va ni dios (y el ministro pío, menos aún).

Tampoco hay prisa. Disponen de una legislatura, si es que esta arranca de verdad, para ver, analizar y decidir. Una prueba de madurez son sus reuniones a puerta cerrada para analizar lo ocurrido. Ya no piden que se televise todo en streaming. A veces, la discreción, apagar las cámaras y los móviles, ayuda a bajarse del escenario y encontrar el tono de la conversación. Eso también es hacer política. Si hay focos, todos actuamos. Es humano. Feliz semana.

Podría haber sido peor

Una tentación muy española es decir que los resultados electorales de uno han estado condicionados por los demás, no por los errores propios. Es el mejor camino para repetirlos.

Las encuestas no han dado una, y la de a pie de urna, menos. Quizá haya llegado el momento de reformar los estudios de Sociología (ironía). No creo en teorías conspiratorias, de que algunos estudios demoscópicos tuvieran como fin uno diferente al de retratar el estado de ánimo de un país e interpretarlo. Quizá los sociólogos, como los periodistas, se han creído que la realidad es lo que se mueve por las redes sociales.

Mariano Rajoy es mucho más hábil lo de que aparenta, como nos había advertido Antón Losada en Código Mariano. Su problema es de comunicación, no de pensamiento. Ha ganado las elecciones sin mover un dedo. Conoce bien a sus votantes y a los españoles. Debe ser el encargado de formar Gobierno, no porque sea la lista más votada, sino porque tiene margen para lograrlo. Debe sumar a Ciudadanos, lograr la abstención de PNV y Coalición Canaria y que alguien se ponga enfermo porque será complicado arrancar el diputado que le falta entre los demás grupos, incluido el PSOE.

Albert Rivera se ha equivocado: del buen rollo con Pablo Iglesias, como colegas en la novedad y la regeneración, pasó demasiado rápido a Venezuela y a abrazar niños griegos. No sé qué buscaba al endurecer su discurso. ¿Al votante del PP? No lo ha conseguido. Visto con perspectiva, su pacto fallido con el PSOE fue un error. La misión de C`s, o eso parecía, es modernizar a la derecha española, ayudar en el tránsito de los rescoldos del franquismo a la derecha europea en la que dimitir no sea un nombre ruso. Veremos qué sucede en la formación Gobierno, cuál de los múltiples Rivera se sienta a la mesa de negociaciones.

Podemos es un movimiento urbano sin discurso rural, el que más se ha creído, sin contar con sociólogos y periodistas, que la realidad es lo que fluye por Twitter. Su resultado es un gran fracaso, una decepción. La confluencia con IU no ha funcionado para ninguno de los dos. La pérdida de 1,2 millones de votos es una advertencia. Fue un error no haber facilitado con la abstención un Gobierno PSOE-C’s. Parece ventajista decirlo ahora, pero tengo defensa: lo escribí el 28 de marzo. Para muchos votantes, Podemos va a cargar con la responsabilidad de cuatro años más de PP. El PSOE ya ha empezado a explotar esa vía cuando ellos -Susana Díaz y los barones- son tan o más responsables.

Pedro Sánchez, el Resistente. Lleva meses sorprendiendo por su capacidad de aguante; es un fajador. No será presidente en los próximos años, pero seguirá de momento al frente del PSOE. A Díaz se le han aguado los planes con el sorpasso del PP en Andalucía. Ya no está legitimada para exigir la cabeza de Sánchez. Las expectativas del PSOE eran tan bajas, que un fracaso parece un éxito, un milagro. No deberían confundirse con el espejismo.

Pablo Iglesias tiene techo; Podemos, no. Además del fracaso de la estrategia de la cal viva y de la confrontación con el PSOE, hay un problema de fondo: Iglesias provoca rechazo en un sector importante de la izquierda y del centro. Es un blanco fácil para las manipulaciones mediáticas. La campaña contra él y contra Podemos han sido brutales, en la que algunos medios se han dejado el prestigio, si es que les quedaba algo.. Pero culpar de todo a esa prensa hostil es culpar al árbitro. Debajo de esta indudable realidad están los errores propios. Iglesias resta más que suma y no parece que el traje socialdemócrata sirva de mucho, sobre todo si se lo quita con tanta rapidez ante sus seguidores en el museo Reina Sofía. Podemos debería abrir un debate serio, profundo, sosegado y, sobre todo, valiente. Unidos Podemos tiene banquillo: Ada Colau, Mónica Oltra, Íñigo Errejón y Alberto Garzón; cualquiera de ellos suma, no resta. Estará por ver si el Iglesias brillante en el análisis de la realidad política es también brillante en la lectura de su propia realidad. Y generoso.

Habrá Gobierno, vendrán más ajustes económicos, más promesas incumplidas, más casos de corrupción y no pasará nada. El éxito del PP es el fracaso de España como país y de nosotros como sociedad civil. No rechazamos la corrupción pública porque somos un país corrupto que salió averiado del franquismo y ahí sigue. También es el fracaso de una izquierda cainita que en muchos casos copia los defectos que critica; el peor, el sectarismo, el prietas las filas, la dificultad de aceptar opiniones divergentes.

Solo queda la esperanza de que Ciudadanos le imponga al PP una lista de deberes y que al menos abran las ventanas, que corra un poco el aire. Aunque sea para disimular.

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