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Galeano grande

Gracias, Eduardo Galeano, aquí quedamos, los casi nadie para seguir la pelea.

Tiene que llover a cántaros (en las urnas)

Hoy lunes 6 de abril, víspera de la aparición mariana de Mariano Rajoy ante sus huestes peperas para informarles de que nada cambia, de que todo fluye aunque sea hacia el desastre, he hecho 16,4 kilómetros sobre La Bolivariana en una hora y cinco minutos a una velocidad media de 14,5 kilómetros hora con un pico de velocidad máxima de 45,2 kilómetros, según la aplicación Strava, recomendada (¡gracias!) en los comentarios de este blog.

No he encontrado aplicación alguna que describa el estado de mis piernas y de mis partes traseras. Pese a caminar como un pato me siento oxigenado. ¡Sesenta años esperando a que alguien me regale una bicicleta y ese alguien era yo! Aproveché el carril-bici desde García Noblejas hasta el centro después de bajarme todo Arturo Soria desde el Pinar de Chamartín.

Ahora solo necesitamos una alcaldesa que no se llame Desesperanza Aguirre y que aumente el número de carriles y recupere alguna línea de tranvía (no el de Parla, claro) y, sobre todo, que despierte a esta ciudad, que que ya va siendo hora. Tiene que llover a cántaros, pero en la urnas. ¡Vamos Manuela!

Sin mujeres no hay revolución, make up

Hemos publicado el primer reportaje de la serie #mujeresenguerra. Escribo en primera persona del plural porque somos cuatro actores, además, claro, de las protagonistas de las historias: Médicos Sin Fronteras (MSF), que pone la logística y me ayuda a comprender el contexto; Juan Carlos Tomasi, gran fotógrafo y amigo, que hace las fotos y los vídeos; El Periódico de Catalunya que publica los trabajos en su renovada revista dominical los reportajes, y yo, que los escribo.

El primero se titula “Sin mujeres no hay revolución”. Quizá este lema que vi en un muro de Chilpancingo sea mejor que el hashtag elegido. La idea son cuatro reportajes (el siguiente es en Cisjordania y se publicará el último domingo de abril) con la mujer en el centro, mostrar mujeres-coraje, mujeres-esperanza, dentro de situaciones difíciles. Mujeres en guerra contra la injusticia, el abuso de poder, el machismo, los crímenes sexuales, la pobreza.

México, los 43 de Ayotzinapa, primera parada:

En el pueblo de Tixtla, donde está el internado normalista de Ayotzinapa, se escuchan silencios que no son de este mundo. No hay bullicio en el mercado ni niños juguetones, solo olor a cilantro y mujeres mudas que aguardan una venta. No es solo dolor por la desaparición forzada de 43 estudiantes del primer curso, es miedo a los vivos. En Tixtla nadie se fía. Las paredes tienen oídos de sicarios, narcotraficantes, policías y soplones de alcaldes corruptos. Hablar mata. Cuando se llega al internado por un ramal de la carretera que conduce a Chilpancingo, que significa pequeño avispero, surge otra conmoción: la de las ausencias. (para seguir leyendo pincha aquí, por favor).

Propuse la idea de los reportajes a MSF a finales de 2013 y entró en presupuestos a finales de 2014. El plan es exponer las fotos de Juan Carlos Tomasi y ayudar a concienciar a la sociedad sobre la importancia de la ayuda y el compromiso. Si queremos cambiar la dinámica de la injusticia extrema, hay que construir sobre las mujeres; ellas tienen la fuerza y la honestidad. Uno de los problemas no buscados es que Tomasi y yo somos hombres y por mucha sensibilidad que tengamos se nos escapan cosas, detalles. Estamos en aprendizaje.

Ayotzinapa era una apuesta complicada. Llegábamos cinco meses después. ¿Qué contar que no esté ya contado? ¿Cómo atreverme a escribir de un asunto sobre el que han escrito tantos buenos periodistas, españoles y mexicanos? Lo resolví pensando solo en el lector. En realidad, todo está contado, pero todo se puede contar otra vez, buscar ángulos diferentes, como las madres, recordar el contexto que tan pronto se olvida. Otra duda antes de escribir. ¿cuánto debo citar a MSF, que es el que paga el viaje? Lo resolví de manera natural: solo entrarán menciones que formen parte de la estructura narrativa.

Me gustaron Karla Villalpando y Catalina Urrego, las psicólogas de MSF y su trabajo de paciencia en espera de la llegada del duelo, y me gustó la máquina de café, su razón de ser. Supongo que algunas personas de MSF echarán de menos más menciones, pero creo que es mejor narrar en qué y en dónde trabajan, y por qué han escogido el proyecto, que dar una publicidad excesiva que contamine al reportaje. Siempre confío en el trabajo del lector, en su participación activa.

A una persona le pareció mal que llevara el chaleco de MSF durante las entrevistas con las madres y que lo tenga puesto durante los vídeos de presentación (mira que lo hago mal ;)). Lo dijo en un comentario en Facebook. Hay dos razones. las madres de Ayotzinapa no confían en nadie, y a duras penas empiezan a comprender la presencia de MSF. Para ellas todos son espías de un Gobierno al que sienten hostil. Ponerme el chaleco simplificaba las explicaciones, reducía confusión, me permitía ganarme su confianza con más facilidad. En cuanto a los vídeos, además de una prentación en la web El Periódico, son el instrumento que ofrezco a MSF para difundir su trabajo. Gracias especiales a Arberto Arce, él sabe por qué.

Feliz sábado de no se qué.

Periodismo, hay esperanza

Una norma básica en periodismo es estar en el lugar donde sucede o ha sucedido la noticia. Nuestro trabajo consiste en hablar con las personas que tienen algo que aportar a la historia, seleccionar lo más relevante, escribir un texto que invite a la lectura (no que expulse con arranques burocráticos), rico en descripciones que ayuden a situar al lector y en información abundante y contrastada que le permita sacar sus propias conclusiones.

Es muy difícil escribir sobre el acuerdo nuclear con Irán, sellado en Lausana (Suiza), desde Washington, Tokio, Sídney, Moscú o las islas Galápagos. Se puede, claro, pero es corta y pega. Se puede y se debe informar sobre las reacciones, pero no construir un relato sólido de lo que ha sucedido. Sin color, olor y sabor no hay relato que se sostenga ni lector que lo aguante.

No basta con estar en el sitio, hay que manejar fuentes, ser listo y tener capacidad de comprensión. Julian Borger, un gran periodista del The Guardian, tiene experiencia, talento y estaba en Lausana, por eso firma esta espléndida crónica en la que cuenta cómo se ha cocido el pacto y cuáles han sido los vaivenes en la negociación en los últimos años.

Debería estudiarse en las escuelas de Periodismo, compararla con los corta y pega. La diferencia de calidad y de datos es tal que serviría para explicar a los insumisos por qué hay que pagar por cierto periodismo y no por el otro. Uno requiere inversión en periodistas formados, en viajes y en paciencia. El otro no deja de ser un robo internáutico por el que además se pretende cobrar, lo que vendría a ser un doble robo.

Sobre este acuerdo, les recomiendo también, una columna de opinión de Nicholas Krsitof. Aunque los analistas no tienen por qué estar en el sitio, lo suyo es tratar de extraer las claves de la información que está en circulación, en el mundo anglosajón, los columnistas suelen aportar también información.

Casi todo lo que firma Amy Davidson en The New Yorker es de lectura obligatoria; en esta pieza -On Iran, Obama Gets His Breakthrough- explica por qué Obama necesitaba tanto este éxito diplomático.

Sobre las reacciones en Teherán, Robert Mackey en Open Source, recoge desde Nueva York las reacciones más sobresalientes. No las usa para construir su relato y venderlo como propio, sino que muestra el fluir de tuits y comentarios dentro de un contexto. Un ejemplo del uso periodístico de las redes sociales.

The Economist no firma los textos, pero se construyen con varios periodistas y editores. Aquí explica por qué este acuerdo es mejor del que se esperaba.

En Politico analizan el futuro del acuerdo cuando pase por un Congreso de EEUU dominado por los republicanos. The Washington Post también se fija en las dificultades internas de Obama en la venta de las bondades del acuerdo con Irán. Uno de los problemas será el primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu, que hará lo imposible para hacerlo descarrilar. No todo el mundo en casa está de acuerdo con su pesimismo catastrofista. Un ejemplo es este análsis de Ron Ben-Yishai en la web en inglés del conservador Yedioth Ahronoth.

Feliz viernes santo, o lo que sea.

La Bolivariana, primera etapa pirenaica

Me duele todo, hasta los ojos. Es de pedalear. Volví a casa en la bicicleta desde el Pinar de Chamartín, al final de Arturo Soria, hasta Ópera, en el centro de Madrid. No tengo ni idea de los kilómetros que son pero me pareció una etapa pirenaica. Fui algunos trechos en la acera, otros en la calle. Busqué la ruta con menos cuestas, incluso abusé de las bajadas: Arturo Soria hasta Ciudad Lineal; giro a la derecha hacia Ramón y Cajal y Concha Espina; giro a la izquierda por Serrano, plaza de los delfines y Vitrubio; Castellana hasta Cibeles y en el carril bici a Sol.

Utilicé poco la ayuda eléctrica. Me acordé de Santi Lyon que me afeó la compra. Debe pensar que me he hecho con los mandos de una moto. La ayuda eléctrica de mi bici es menor que la del Ayuntamiento. Si no pedaleas no funciona y en cuesta -te lo prometo, Santi,- hay me pedalear fuerte. Me lo he pasado bien aunque se me han quedado las manos con forma de manillar y las piernas despatarradas. Del resto, mejor no hablar. Parezco un bajorrelieve. Me compré un casco pues mi madre, siempre tan optimista, no ha parado de hablarme de accidentes en la comida. También tengo candados. Solo falta el figurín.

La Bolivariana, que es el nombre de la bici, tiene guasa. Me gusta conducirla. Le puse este nombre porque la he financiado con el adelanto de un libro entrevista a Juan Carlos Monedero, que saldrá a mediados de abril. Él tiene el run rún inquisitorial de Venezuela pegado al trasero, la editorial se llama Turpial, que es un pájaro venezolano, y yo nací en Lagunillas, cerca de Cabimas, al otro lado del lago Maracaibo. Esto es una conspiración chavista. Aún me falta la pegatina: una bandera venezolana pequeña. ¿Alguna idea de dónde puedo encontrarla? ¿Algún consejo para una App que mida distancias y cosas así?

Ahora me gustaría ser ciclista profesional, solo por lo del baño y masaje. Gracias. Feliz semana.

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