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¡Queremos fumar lo mismo que ellos!

¿Qué mecanismo mental empuja a un grupo de personas autoproclamadas inteligentes a otorgar una plaza a Margaret Thatcher, distinguidísima señora inglesa que no se distinguió en vida por hacer nada en favor de la ciudad de Madrid? ¿Quién diablos tuvo el pronto, el bombillazo? ¿Quién fue el mamarrach@? ¿Son los mismos cerebros que pergeñan los recortes y demás gracias? ¿Bajo qué efectos alucinógenos pensaron que tamaño disparate podría darse en el mandato de una alcaldesa no elegida en las urnas y que para colmo no sabe ni papa de inglés como ha dado repetidas y bochornosas pruebas en estos de exposición y escarnio? ¿Es la misma planta que mantiene a la lideresa tan activa en defensa de su derecho constitucional a atropellar ciudadanos, policías y a todo lo que se le ponga por montera porque ella es así de majete (o ma-jeta)?

Yo, en mi modesto entender, hubiera preferido un nombre más vinculado a los méritos de la alcaldesa y de su insufrible hombrecillo de casa, algo así como ‘My taylor is rich Square’ o ‘Relaxing Square of café con leche’ o, puestos: ‘Fuck you, Podemos’ (en este caso tendrían el apoyo del PSOE y tal vez de IU).

Ha llegado la hora de plantarnos, de ser inflexibles en nuestras demandas democráticas: ¡Queremos fumar lo mismo que ellos! Feliz jornada.

Anticipándome a las críticas, una declaración

Me gustan las entrevistas, las conversaciones pausadas en este mundo de prisas, de preguntas que exigen una respuesta predeterminada o ninguna. No tuve oportunidad en mis años en El País, más allá de las necesarias para alimentar los reportajes o retratar una situación internacional concreta. Con las nuevas tecnologías regresa la profundidad más allá de la dictadura del espacio. Me gusta hablar de política. Con los políticos prefiero las entrevistas impertinentes, con preguntas claras y directas que eviten el mensaje prefabricado. A los intelectuales les dejo hablar, si hay discurso, que lo suele haber.

Soy responsable de mis preguntas, no de las respuestas. Creo en la libertad, también en la libertad de respuesta. No soy un censor. Creo en la inteligencia soberana del lector.

Hoy he publicado mi primera entrevista con eldiario.es. La otra parte, la esencial, es Santos Juliá, un historiador de prestigio, un intelectual de primera. Habrá más entrevistas y otras colaboraciones que se irán concretando.

Y habrá decepciones ante mis preguntas y por las respuestas. Me encantan las visiones complejas de un mundo complejo. Abomino de los eslóganes y de los libros de Petete. Me gustan las personas que responden desde sus convicciones aunque no sean las mías. Me atraen aquellos que tienen dudas y las muestran. Me preocupan los que solo tienen certezas.

Llego a eldiario.es tras varias conversaciones con Nacho Escolar, de los primeros en llamarme tras el deceso de El País; de mi deceso, se entiende. Con el tiempo hemos encontrados espacios compatibles con otros medios: InfoLibre, El Periódico de Catalunya, A vivir que son dos días y, espero, con Jot Down. A todos ellos debo mucho en estos casi dos años de travesía.

Me considero un tipo de izquierdas, pero ante todo soy un periodista. Trato de ser honesto, no me caso con nadie (solo me casé una vez y se llama Blanca) y reconozco mis limitaciones. Si no las tuviera sería arquitecto o psiquiatra, mis otras profesiones favoritas además de las soñadas en la infancia: torero (sí, Nacho, torero), bombero y astronauta.

Muchas gracias, sobre todo, a los que me leen sea donde sea. Ellos/ellas son el motivo de que este fuerte no se rinda. Salud y feliz curso (electoral ¡por fin!).

La Diada 3.0 y los bomberos pirómanos

No tengo ni idea de lo que sucederá el jueves en Escocia. No es fácil acertar en las encuestas cuando se trata de asuntos emocionales. En las últimas horas empresas y bancos británicos de pedigrí se han encargado de recordar a los votantes el precio de las emociones, de lo que sucederá en el caso de un triunfo del ’si’, de cómo dejarán el nuevo país en busca de un mejor lugar para sus intereses. Las cartas están claras; las dudas sobre la UE y la moneda, también.

Escocia ha pactado con Londres; es un acuerdo entre personas inteligentes desde la convincción democrática, no desde la presión, las amenazas de desobediencia política o el desprecio al derecho a decidir de los ciudadanos. El referéndum tiene una pregunta clara: “Should Scotland be an independent country?” y reglas asumidas por ambas partes. Es un proceso ejemplar, como lo fueron los dos referéndums celebrados de Quebec.

Los partidarios del y del no han podido realizar su campaña, colocar sus mensajes, hablar a las personas en las ciudades y pueblos de Escocia. También se han celebrado debates televisados. El líder independentista Alex Salmond ha mostrado contundencia en sus ideas, sus enfados, pero sin perder el sentido común.

Esta tercera Diada es la que menos me ha gustado. No por los cientos de miles de personas que han salido a las calles a expresar sus sentimientos, su anhelo por la independencia de Catalunya. No me ha gustado por las declaraciones de algunos de sus líderes que juegan con los sentimientos desde la insensatez política. Es una combinación peligrosa que complica el camino y asegura el descarrilamiento final.

En Catalunya no hay un pacto con el Estado, no existe un proceso legal con unos procedimientos definidos; tampoco un pregunta clara, sino dos confusas, ni debate de ideas sobre los pros y los contras. En Catalunya se ha producido una explosión emocional alentada por la crisis y los recortes que los líderes deberían haber conducido a buen puerto, aunque se tarde un poco más, y no subirse como hooligans a un tren de alta velocidad que solo puede conducir al desastre. Los bomberos resultaron pirómanos, los de allá y los de aquí.

Unas de esas declaraciones insensatas a las que aludía anunciaba la proclamación de la República catalana desde el balcón de la Generalitat tras el 9N. ¿Proclamar una independencia sin que ningún país de peso la respalde de antemano? Kosovo tenía a EEUU y los principales Estados de la UE. ¿Y si nadie te reconoce, más allá de Andorra, Tuvalu y las Maldivas, por un poner? ¿Se puede empezar una independencia con tan poco bagaje, tan poca planificación? ¿Qué moneda? ¿El euro, para que la soberanía siga en manos del BCE y Berlín? ¿Qué significa la independencia si lo importante se decide fuera?

No ayuda el Gobierno en Madrid, incapaz de ofrecer alternativas, al menos en público, y que multiplica declaraciones hostiles en las que abraza el desvarío general. Estoy convencido de que la única forma de resolver estos asuntos es democráticamente: en las urnas, mediante una consulta. Es la vía escocesa: compromiso, un procedimiento claro, debate abierto y papeletas. Y que cada uno aguante el palo de sus decisiones.

Las empresas catalanas, los bancos, están callados; es como si esperaran un milagro de última hora, un soplo de cordura. ¿De quién? ¿De dónde? Es una pelea entre castas, no de los ciudadanos.

Esta tercera Diada me ha dejado un regusto amargo, a derrota colectiva, aunque he de reconocer la gran organización, otro éxito de la Assemblea Nacional de Catalunya. Escuché a Oriol Junqueras en la SER, a quien tengo por un hombre inteligente, y me pareció muy pobre su argumentación sobre el 9N. Escucho a miles de tertulianos que pueblan los medios españoles y pienso que están tan en la luna como la mayoría de los políticos catalanes.

Si tuviera que elegir, elegiría la gente que salió a la calle. Ellos no calculan, no juegan, son honestos, solo sienten. Feliç divendres.

Madre no hay más que una

Mi madre es británica. Se le supone el humor, la ironía y un cierto sarcasmo chestertoniano que les inoculan al nacer. Tras seis duras semanas de gimnasio y alimentación equilibrada, que no dieta, ayer me soltó: “Vaya tripón tienes”. Fue un golpe bajo, un directo al mentón. Como está perdiendo la memoria quizá no recuerde mis esfuerzos en la cinta y en la elíptica, pero al menos debería quedar el amor de madre, esa capacidad de la llamada mentira piadosa, ese ver la botella medio llena, un decir: “Ya te queda menos”, o algo así, estimulante. Estoy acostumbrado a la lucha solitaria, contracorriente; ahora, en unos minutos, me voy al Gym para evitar los atascos de testosterona que se producen a partir de las nueve y media. No hace mucho me soltó otra que me hizo tambalear: “Dale muchos recuerdos a tu gata, que de momento es lo único que tienes”. Y es verdad: aquí anda, entre mis pies, desplegando fidelidades, sin decir ni miau sobre mi aspecto físico.

Martín Acosta me mandó este regalo, para que no deje de perseguir los sueños. Gracias. Buen martes.

Seré curioso, Quintín

Hoy me pesé: los pintxos de Vitoria son historia, y las cervezas y los gintonics, también. He regresado al buen camino: la vida cartuja. Adiós a los ciento y pico kilos. Ahora, el objetivo son los noventa, la siguiente barrera cultural. No hay prisa, ni calendarios ni promesas electorales.

Me ha llegado el dibujo que encabeza el post a través de un amigo de Facebook. No estoy seguro de quién soy ni de cómo me ve él, pero temo lo peor. Un queridísimo periodista catalán, a quien conté por teléfono mi vida gimnástica y la pérdida de cuatro kilos, me respondió: “Aún te sobran otros 20″. Los catalanes con confianzas son demasiado directos y después quieren que les dejemos hacer referéndums. Veinte no, pero 18…

Esta mañana volví a A Vivir. Me gusta porque me gusta la gente que hace el programa y me gusta el ‘feedback’ que llega de los oyentes. Me gusta la radio; fue mi primer trabajo hace mil años. También me gusta ir a la SER los domingos, casi de madrugada, porque nos reímos y porque me ofrece un sentido de pertenencia a algo. Trabajar en solitario te permite bromear sobre tus vacaciones perpetuas y la ausencia de horarios, pero también es jodido. Remar solo cansa. No hay red debajo del equilibrista. Si quito la radio y el Gym este ha sido un fin de semana de silencios, de teléfonos callados, de reordenar papeles.

Esta es la canción del cierre hoy, en el espacio que hacemos a las 0830: Seré curioso. Mario Benedetti a la letra; Quintín Cabrera, música y ternura. Feliz semana.

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