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La marmota española

El acuerdo Podemos-IU permite una ilusión: no estamos atrapados en el día de la marmota. E pur si muove. Algo es algo aunque sean los matices. No lancemos las campanas, somos España.

Se perciben algunas diferencias en el PP: ha pasado de proclamar como enemigo al PSOE a centrarse en Podemos, en su presunta radicalidad; y en insinuar que Mariano Rajoy irá a algún debate a cuatro, aunque sea dormitante que el rollo de la corrupción le cansa mucho.

El PSOE ya no sabe a quién disparar y de quién protegerse porque la mayoría de las balas proceden del propio partido. Su batalla es por la supervivencia a medio plazo. Empieza por mantener el segundo puesto y no bajar de 90 escaños. Parece que ni una cosa ni la otra salvarían a Pedro Sánchez. O tal vez sí, si volvemos al punto de partida tras el 20-D: el gobierno de izquierda. Su rival interna amaga y no termina de golpear. Ella prefiere las proclamaciones a las primarias.

Asedian al PSOE por el flanco derecho los C’s de Albert Rivera; aspiran a robarles el voto socialista conservador. Por el izquierdo, Podemos-IU. También disparan los barones, los teóricos defensores. Es una guerra civil aplazada en la que el gran pope, Felipe González, se ha quedado sin auctoritas en el peor momento.

Podemos frenará la sangría que vaticinaban las encuestas e IU se protege del señor D’Hont que tan mal le quiere. Aunque los estudios demoscópicos no suelen tratar bien a Podemos, igual que los titulares (lo contrario de C’s), era perceptible una cierta desilusión en la calle. Negarlo es un error.

Podemos (Pablo Iglesias) se ha equivocado en las formas, no tanto en el fondo. Las formas son el tendón de Aquiles de Iglesias, que a menudo se proyecta como un tipo prepotente; algo que en la corta distancia no sucede. Defendí la abstención, previo pacto de medidas de regeneración, ante el pacto PSOE-C’s porque permitía echar a Rajoy sin darle una peligrosa oportunidad de resurrección y derogar leyes -mordaza, laboral, Wert, etc.-, modificar el sistema electoral. Era lo pragmático, pero tengo tendencia a equivocarme. Veremos qué sucede el 26-J. Podemos se mueve muy bien en las campañas.

Me sorprendido Rivera, empeñado en las últimas semanas en dinamitar la opción anterior y ahora con el lema de que vienen los comunistas. El PCE, con sus defectos, hizo más que los franquistas desmemoriados en reinstaurar la democracia (idea robada anoche en una cena). ¿Dónde está el lenguaje fresco del partido nuevo?

Si se mantienen los bloques, escaños arriba, escaños abajo, volveremos al mismo dilema: gran coalición o gobierno de progreso. La primera obligaría a la salida de Rajoy (eso dice Rivera) y tal vez a la de Sánchez. La segunda necesitaría un milagro ¿o terceras elecciones? Al menos con gobiernos provisionales no puede haber recortes. Feliz día.

Musiqueando en A vivir

Algunos oyentes de A vivir que son dos días me han pedido que dé a conocer los títulos de las músicas que cuelgo en la sección A vista de Lobo, que por lo general elijo yo. A ver si me disciplino y lo posteo cada domingo a través de este blog un tanto silenciado debido a la novela que escribo.

No es inexplicable que el PP gane

Habrá elecciones el 26 de junio y ganará el PP. Dicen que es inexplicable, pero a mí me parece bastante explicable. El partido señalado por el vigente sistema constitucional para servir de alternativa está igual o peor, además de vivir sumido en una poco disimulada guerra civil en la hay tres o cuatro bandos y Pedro Sánchez en el centro del fuerte. El PSOE tiene menos corrupción, que lo del PP es sistémico, pero vive en la misma realidad paralela. Al PP le protege de momento el manto del poder que consigue que los nadies parezcan alguien. Sin un PSOE fuerte es imposible que pierda el PP. El declive del PSOE coincide con el declive de la democracia española y el de un célebre periódico de información general. Es una pena porque gracias a ellos nos creímos capaces de dar el gran salto.

Después está la ausencia de una sociedad civil, el fracaso educativo y que no hemos sido capaces de movilizar suficiente exigencia ética. Sigue siendo el país del truhan.

Podemos necesita el pacto con IU para unificar todos los votos que el PSOE se dejó en la izquierda, pero el sorpasso no servirá de nada, a no ser que derrote también al PP. El sorpasso pude facilitar la Gran Coalición sin Rajoy ni Sánchez. Si Mariano se enroca pues iremos a unas terceras elecciones. Mientras el Gobierno esté en funciones no nos pueden obligar a acometer recortes. Es para pensárselo.

La gran batalla es evitar la abstención. La izquierda tendrá producir una nueva ilusión, que la de diciembre está mermada. Podemos se ha recuperado de cada tropiezo, de los de Andalucía y Cataluña. Su error en estos cuatro meses ha sido más de formas que de contenidos.

Rivera parece el mejor situado, pero siempre parece el mejor situado demasiado pronto.

Lo de Cosidó (casi mejor sin acento, le pega más) es una prueba más de la extendida confusión entre Estado, Gobierno y partido. El jefe máximo de la policía de todos los españoles no puede hablar como el portacoz parlamentario del PP. Las formas en democracia son esenciales. Si quiere hacer política de partido y decir chorradas que se las pague Génova, eso sí, en B. Es como si la fiscal general del Estado dijera algo parecido. Su puesto debe irradiar neutralidad y no pesebre.

La regeneración empieza por aprender a distinguir lo de todos de lo de uno y Hacienda de Panamá.

Principio jurídico del Derecho Romano que dejó de existir en España “Ignorantia juris non excusat o ignorantia legis neminem excusat” (la ignorancia no exime del cumplimiento de la ley).

Lo de Arias Cañete es de traca. Participa como ministro en la aprobación de una amnistía fiscal de la que después se benefició su mujer. En su defensa dice: “Tenemos separación de bienes”. Lo peor es que nos toman por tontos, y tal vez lo seamos. La sola duda en un procedimiento tan poco edificante y limpio debería llevarle de vuelta a la vida privada. No merece cobrar de nuestros impuestos.

Después de cuatro meses sin trabajar, es posible que Rajoy haga el esfuerzo de ir a un debate a cuatro.

En un rato, Champions League; veremos. He saludado a algunos de los aficionados del City con los que me he cruzado y les he deseado mucha suerte… el año próximo.

Esta semana me la como con papas

Desperté modo optimismo. Hoy, a Segovia, una ciudad que me encanta. Faltan poco menos de dos semanas para saber si hay elecciones. Todo parece indicar que volveremos a las urnas para repetir más o menos el resultado. Espero que la gente no se quede en casa. A más abstención, más diputados en B.

Influye en mi ánimo el desplome del Barça, lo admito. El miércoles será clave: si el Atleti gana en San Mamés, le veo campeón.

Me gusta que Carles Francino y otros catalanes, Jordi Évole y Enric González, den la cara. Y que lo haga un sabio como Gregorio Morán. Si no soporto la catalonofobia tampoco me gusta la hispanofobia. Ambas son hijas de la misma avería: la estupidez. Quemar un ejemplar de la Constitución de 1978 en directo es tan impresentable como lo sería quemar un Estatut.

Leí este fin de semana el libro de Bru Rovira: Solo pido un poco de belleza (Ediciones B): ¡Qué belleza de texto! Os lo recomiendo: personajes caídos del tiovivo que nos colman desde su sabiduría vital.

Leo otro para preparar una entrevista con un personaje complejo de la que ya daré cuenta. Creo que será una entrevista en la que saltarán chispas. Es uno de los grandes del periodismo pese a sus puntos oscuros.

Es lunes. Panamá sigue vomitando basura mientras que la prensa amiga presenta las dimisiones de los impostores como un problema de comunicación. Creo que el problema de comunicación lo tenemos los periodistas que dejamos de hacer nuestro trabajo. Los papeles de Panamá nos indican el camino: equipos de investigación (Spotlight), equipos de datos, reporteros en la calle y buenos jefes que confíen en su gente. El problema no es cuándo debemos dejar de imprimir en papel, el problema que muchos han dejado de dar noticias que incomodan al poder. Vamos a por la semana; venga Bruce, que nos la comemos con papas.

Nada en el mundo me va a joder el día

Me caí de la cama, cosa habitual a partir de cierta edad: se te ponen los ojos como platos en medio de la noche y la cabeza comienza a fabricar planes, a pensar en la cantidad de cosas que se pueden hacer en un madrugón. Y aquí estoy, calentando los dedos y el animo para avanzar unas líneas en la novela-tobogán. Es tobogán porque sube y baja; a veces me parece que tiene sustancia, que fluye; otras, una mierda, un ejercicio banal de egocentrismo. Ayer terminé la primera versión del capítulo 5. Me lo pasé muy bien echando risas con los personajes.

Cuando me levanto en el modo “nada en el mundo me va a joder el día” escojo música con vida propia: me pone en sintonía con una despensa interior donde se guardan las vivencias, los sentimientos. Escribir, aunque sean textos irrelevantes para la humanidad, es volver a vivirse de una manera más reposada.

Buen día con Bruce-Chuck-Tarantino.

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