
La cuestión no es si el periodista debe acudir o no una pantomima-plasma o son sus jefes los que tienen que dar la orden; lo que nos está matando es la ausencia de debate interno, de crítica, de cuestionamientos. Los directores de los principales medios de comunicación escritos firmaron un compromiso sobre las ruedas de prensa sin preguntas. A ellos les compete cumplir su palabra. Aunque no todos mantienen el puesto, el pacto se mantiene porque es de instituciones, de empresas, no de personas. Quizá debería renovarse, airearse de nuevo. En este envite nos jugamos la credibilidad de todos.
No podemos exigir a un gobierno, el que sea, que mantenga sus promesas si somos incapaces de sostener los nuestras, de cumplir la palabra y los libros de estilo. Las redacciones no son cuarteles de la Guardia Civil ni centros de entrenamiento del Cuerpo de Marines, donde la obediencia ciega al mando es ley; las redacciones son centros de trabajo intelectual que se nutren de la diferencia de criterios, del debate, de la discrepancia educada. Antes se llamaba riqueza; ahora, rebeldía.
Para un jefe son más cómodos los sumisos, los que no rechistan, los que pelotean. Una redacción obediente es siempre una mala redacción. Sería bueno un debate interno en todas ellas, y en las radios y televisiones, sobre todo en las televisiones, para analizar lo que está pasando, nuestra escandalosa complicidad en la pérdida colectiva de derechos, de calidad democrática.
A una farsa-plasma solo debería acudir un fotógrafo y un camarógrafo para dar testimonio de un rechazo, del plante.
Nuestro trabajo es fiscalizar al poder, no rogarle anuncios oficiales, darle o recibir palmadas. Nuestro trabajo es ser duros y honestos, con tolerancia cero en casos de corrupción y de mala praxis democrática. Los periodistas, sean becarios, redactores o jefes, no podemos participar en espectáculos que nos denigran. En este camino está la muerte del Periodismo. Así vamos directos a la insignificancia.
No creo que las redes sociales puedan sustituirnos, realizar el mismo trabajo de jerarquización, contextualización y verificación de una persona entrenada que pasa por unos controles de calidad. Pero si renunciamos a nuestros valores, a la esencia de este trabajo, a la critica, serán entonces otros los que reemplacen. Ganará el poder, los poderosos, perderemos todos.
No hay más información, solo hay más irrelevancia, aturdimiento y confusión, como se afirma en el Manifiesto de la revista francesa XXI.
Tres perlas:
El filósofo Jacques Ellul tenía razón: no estamos amenazados por un exceso de información sino por un exceso de insignificancia. El periodismo que distrae y aturde, que admite todo y lo contrario de todo, es arrastrado por un engranaje paroxístico. Por otra parte, el periodismo que enriquece, que ayuda a reflexionar, que vincula el lector a los demás y al mundo, es útil
Un periodista que pasa su tiempo reescribiendo comunicados de prensa merece ser reemplazado por un ordenador.
En un mundo en que los lectores son llamados ‘consumidores de información’, se perfila un nuevo oficio, al que podríamos llamar ‘técnico de la información’.
Para lograr financiarse únicamente en la red sin perder un solo dólar de beneficio, una redacción de la talla de The New York Times debería tener la audiencia de Google. La barrera resulta infranqueable