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Músicas de A vivir

Hoy hablamos en @avivir de las armas, del tratado que regulará un comercio que mueve 70.000 millones de dólares y mata a 2.000 personas cada día. Estas son algunas de sus víctimas invisibles: los menores.

Terminamos con Jimmy Cliff, ¡qué talento!: Many Rivers to Cross; y los cruzaremos, uno por uno. Buen domingo.

Hay alternativa económica y periodística

Ayer se presentó en Madrid la revista Alternativas económicas. A diferencia de otras publicaciones del sector nace con la voluntad de servir al ciudadano. Su alma máter, Pere Rusiñol, asegura que el objetivo no es escribir sobre la prima de riesgo para que el inversor gane más dinero sino explicársela al ciudadano para que entienda cómo funicona, cómo le afecta la especulación y pueda tomar decisiones. Otra política es posible; hay alternativas económicas y periodísticas en prensa escrita, revistas y en la Red. Esta la dirige Andreu Missé, una garantía de rigor y honestidad. Me suscribo.

En los últimos post he arremetido contra la presencia de periodistas en la mascarada-plasma. Creo que la crítica debería ir más allá de si debemos acudir a estos sucedáneos. Hay que reflexionar si este tipo de pseudoinformaciones, puramente declarativas, sin otro fin que el autobombo, la venta de un producto (por lo general caducado) y la propaganda, son noticia. Si las declaraciones de los que siempre dicen lo mismo deben ocupar el espacio descomunal que ocupan en todos los medios y formatos expulsando las verdaderas historias, las que interesan al ciudadano.

Un buen ejercicio (esto ya lo he escrito; me autocopio) es contar el número de corbatas que aparecen en un diario y dividir la suma por el número de páginas. Sale el índice de aburrimiento. Cada información que necesita una corbata suele ser una declaración, un corta y pega.

No sé si sobrevivirá el Periodismo, espero que sí, pero lo que no va a sobrevivir es este periodismo de bajura, cómodo y abaratado: miles de redactores encerrados en una redacción de la que solo salen para enclaustrarse en otra sala sin derecho a preguntas y escribir para mañana lo que sucedió ayer. Internet, más que la radio, ha modificado el tempo, el compás. Todo es instantámente viejo; todo menos la inteligencia, un cierto reposo y análisis, el gran reportaje.

Solo existe una vía para salir de la crisis: el periodismo de calidad que pisa la calle, que se moja, se compromete, que escucha y es útil a la sociedad. Alternativas económicas nace con ese fin. Son necesarios. En la presentación de ayer, la gran Sol Gallego alabó a los periodistas intratables; es decir, a los molestos, a los que no se pliegan, a los que tocan las pelotas (y los ovarios). De ellos depende el futuro, no de los gestores.

Tiempos duros, voy porque me mandan

La cuestión no es si el periodista debe acudir o no una pantomima-plasma o son sus jefes los que tienen que dar la orden; lo que nos está matando es la ausencia de debate interno, de crítica, de cuestionamientos. Los directores de los principales medios de comunicación escritos firmaron un compromiso sobre las ruedas de prensa sin preguntas. A ellos les compete cumplir su palabra. Aunque no todos mantienen el puesto, el pacto se mantiene porque es de instituciones, de empresas, no de personas. Quizá debería renovarse, airearse de nuevo. En este envite nos jugamos la credibilidad de todos.

No podemos exigir a un gobierno, el que sea, que mantenga sus promesas si somos incapaces de sostener los nuestras, de cumplir la palabra y los libros de estilo. Las redacciones no son cuarteles de la Guardia Civil ni centros de entrenamiento del Cuerpo de Marines, donde la obediencia ciega al mando es ley; las redacciones son centros de trabajo intelectual que se nutren de la diferencia de criterios, del debate, de la discrepancia educada. Antes se llamaba riqueza; ahora, rebeldía.

Para un jefe son más cómodos los sumisos, los que no rechistan, los que pelotean. Una redacción obediente es siempre una mala redacción. Sería bueno un debate interno en todas ellas, y en las radios y televisiones, sobre todo en las televisiones, para analizar lo que está pasando, nuestra escandalosa complicidad en la pérdida colectiva de derechos, de calidad democrática.

A una farsa-plasma solo debería acudir un fotógrafo y un camarógrafo para dar testimonio de un rechazo, del plante.

Nuestro trabajo es fiscalizar al poder, no rogarle anuncios oficiales, darle o recibir palmadas. Nuestro trabajo es ser duros y honestos, con tolerancia cero en casos de corrupción y de mala praxis democrática. Los periodistas, sean becarios, redactores o jefes, no podemos participar en espectáculos que nos denigran. En este camino está la muerte del Periodismo. Así vamos directos a la insignificancia.

No creo que las redes sociales puedan sustituirnos, realizar el mismo trabajo de jerarquización, contextualización y verificación de una persona entrenada que pasa por unos controles de calidad. Pero si renunciamos a nuestros valores, a la esencia de este trabajo, a la critica, serán entonces otros los que reemplacen. Ganará el poder, los poderosos, perderemos todos.

No hay más información, solo hay más irrelevancia, aturdimiento y confusión, como se afirma en el Manifiesto de la revista francesa XXI.

Tres perlas:

El filósofo Jacques Ellul tenía razón: no estamos amenazados por un exceso de información sino por un exceso de insignificancia. El periodismo que distrae y aturde, que admite todo y lo contrario de todo, es arrastrado por un engranaje paroxístico. Por otra parte, el periodismo que enriquece, que ayuda a reflexionar, que vincula el lector a los demás y al mundo, es útil

Un periodista que pasa su tiempo reescribiendo comunicados de prensa merece ser reemplazado por un ordenador.

En un mundo en que los lectores son llamados ‘consumidores de información’, se perfila un nuevo oficio, al que podríamos llamar ‘técnico de la información’.

Para lograr financiarse únicamente en la red sin perder un solo dólar de beneficio, una redacción de la talla de The New York Times debería tener la audiencia de Google. La barrera resulta infranqueable

Periodistas contumaces en el error

La imagen es demoledora, un mazazo para los que creemos en el futuro de esta profesión pese a todas las crisis. Es la imagen de una derrota, de una sumisión indecente, incomprensible. Si el primer eslabón critico de la sociedad civil se comporta como una manada obediente que acude por segunda vez a un engaño, que se presta a ser la clac de una farsa, no podemos esperar que el resto de la sociedad tome conciencia de la estafa democrática que estamos padeciendo. No hablo del PP. Hablo de casi todos.

Los periodistas somos corresponsables del desastre y pagaremos caro por ello. Ya lo pagamos en las cifras de ventas, en las audiencias. Estamos perdiendo lo único que nos puede garantizar un futuro: la credibilidad. Sin ella no somos nada, solo ruido, personas que escuchan y apuntan lo que dicta una televisión.

No es solo una imagen terrible. Es la prueba fotográfica de un fallo colectivo de los principios periodísticos. ¿Existen pruebas fehacientes de que sea realmente Mariano Rajoy? ¿Es en directo la proclama o fue grabada tras varias repeticiones, como la no entrevista del rey con Hermida? Si no podemos comprobar la verosimilitud de la información no se puede dar la noticia.

Somos un país manso que acepta sucedáneos por originales. Así nos va.

Sin preguntas no hay periodismo. Ni excusas sobre el deber ni la responsabildiad de estar. Nuestro deber es ser valientes. La vida ofrece muy pocas ocasiones para elegir entre la conciencia y el miedo. La dignidad simpre está en la primera.

Por lo demás, el tipo con barba del Plasma ha repetido su discurso hueco que ahora llenará informativos y periódicos, lo que ya resulta milagroso.

Sin preguntas no hay periodismo

Sin preguntas no hay periodismo. Sin periodismo no hay periodistas. Sé que es difícil, siempre hay argumentos, jefes que excusan, que justifican. Los compañeros que cubren la información del PP no deberían repetir la escena de una sala repleta de comparsas que escuchan un discurso precocinado a través de una televisión. El formato les insulta, atenta contra los fundamentos de una democracia, nos insulta a todos. Participar es una forma de complicidad. Bajémonos del coche oficial de una vez. No es nuestro sitio. Nuestros jefes son los ciudadanos. Otro Periodismo es posible. Otra política es posible.

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