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#estefuertenoserinde 2.0

El nombre del premio a una trayectoria profesional, que me ha otorgado el Club Internacional de Prensa, da un poco de vértigo. Como ya me ha escrito algún amigo bromista, suena a fin de etapa, a cajón de pino. Me he reído con la ocurrencia, pero la verdad es que acojona. No por ese presunto punto final, sino porque lo conseguido en esta profesión, que me parece poco, sea suficiente para un jurado que ha sido muy generoso.

No padezco saudade de lo vivido, miro hacia adelante, me interesa más el camino por andar que el andado. Me gusta el camino, los detalles. Este premio es un acicate, un impulso, un inmenso regalo. Me produce gran satisfacción. El anuncio del fallo ha coincidido casi en el tiempo con la publicación en Jot Down del texto sobre Guatemala, el primer paso en el extranjero de mi nueva etapa. Este ha sido el otro premio: volver a viajar, a reportear.

Aspiro a que este trabajo sobre los desahucios del valle del Polochic -y los que vengan, que vendrán- sea merecedor de otros premios. El mayor sería conseguir la máxima difusión, que corra por las redes sociales, de boca a oreja, que se lea para que la tragedia de las personas sobre las que escribo no caiga en el olvido.

Será un honor compartir estrado con Luis Pérez, la revista Mongolia, Adela Mac Swiney y la Fundación Luca de Tena.

Muchas gracias por los mensajes enviados; gracias a mis amigos de El País, a la etapa allí vivida. No ha sido un punto y final, solo un punto y aparte.

Besos y abrazos.

PD Las fotos de Guatemala son mías; la edición, de Carlos de Calle. Como freelance aprenderé a fotografiar mejor y aprenderé lo que sea menester; estoy en la edad perfecta: 58. #estefuertenoserinde

Un escrache de los que hacen época

Sentado en una oficina del Inem no existen pensamientos ni preocupaciones más allá de atender como un autómata la llamada del número: bib, C13; bib, B16. El miedo es a perder la vez, tener que regresar al comienzo de la rueda del molino. El afectado se incorpora con lentitud, como si pesara por dentro, y se dirige a la mesa. No hay sonrisas ni voces. Solo un arrastrar de pies.

Hay un carril invisible en el suelo por el que circulan las personas. Cuando la cifra es elevada lo llaman normalidad y se convierte en regla. Quien se sale del carril paga, tropieza, cae. Cuando uno está sentado en una oficina del Inem no reflexiona sobre los motivos: quién o quienes le han descabalgado del tiovivo, del giravidas. El primer golpe nunca responde preguntas esenciales.

Ayer cerré un círculo, la capitalización efectiva. No tendré que regresar. Cuando los funcionarios hacen su trabajo tampoco piensan; teclean, tampeonean papeles, formulan preguntas automatizadas. En una pared cuelgan tres cruces negras fotocopiadas: una, por la paga extra suprimida; otras por los derechos perdidos. Esas cruces negras son la esperanza. No todo es como parece ser.

En la calle me cruzo con gente silenciosa en un día gris. Uno niño va de la mano de su madre a un colegio en el que le enseñan a memorizar lo que no sirve. Repetir para no pensar, criticar, disentir. Pasan dos ancianos y un autobús repleto de sombras. Madrid en blanco y negro.

En el país de la corrupción no importa el saqueo por familias políticas, y no tan políticas. Se suceden los titulares, las fotos, los escándalos. Me irritan la mentira institucionalizada y la mansedumbre insoportable de los que nada dicen. Supongo, espero, que hasta la cobardía y el egoísmo tienen un límite, una raya, un hasta aquí hemos llegado, y si se traspasa se armará la buena, un escrache de los que hacen época: Bastilla, la guerra del té en el puerto de Boston… Lo necesita como el respirar esta Europa secuestrada por mediocres y mangantes. Otra Europa es posible; otro ciudadano es urgente.

Mou, el hombre circunloquio

Lo que más me inquieta de los mensajes crí­pticos de José Mourinho es que después de tanto circunloquio se quede un año más. Reconozco su capacidad como entrenador: tres semifinales europeas seguidas; ningún título, de momento. Le reconozco su habilidad para motivar a los jugadores, sacar lo mejor de cada uno (excepto Di María). Aquellos que jugaron en sus equipos le tienen en gran estima. No es alguien que deje indiferente, tiene carisma.

No me gustan sus modales, su capacidad extraordinaria para meterse en todos los charcos, un cierto matonismo mezclado con dosis de victimismo demagógico. No creo que sea tan difícil ser portugués en España, y menos para una persona como él, con su salario y privilegios. Lo difícil en estos momentos es ser portugués en Portugal, con los derechos recortados, sin trabajo ni horizonte. Eso es lo jodido. Lo otro es un insulto a la inteligencia.

El jardín de Casillas resulta incomprensible. No sé si entrena bien o mal. Solo sé que es un gran portero, de los mejores del mundo. Tiene defectos en la salida y en el juego con los pies. Bajo los palos es rapidísimo, intuitivo. El cambio por Adán tenía sabor a vendetta. Los entrenadores inteligentes no se disparan en los pies. Se ha cargado al chaval en la refriega, lo ha dejado en la estacada. Era un kleenex, una pieza en el juego de acoso y derribo. Le salvó la lesión y el fichaje de Diego López. Este ha parado muy bien, sin apenas fallos. Tiene un excelente juego con los pies que ha influido en la defensa, que al sentirse segura descarga más balones hacia atrás, permite una mejor salida de la pelota.

Tiene razón Mourinho: nadie debe tener el puesto por decreto. Sería injusto devolver a Casillas a la titularidad sin más. Pero lo emborrona al dejarle fuera de una convocatoria por carecer del ‘alta competitiva’, con llevarse cuatro porteros a Estambul. Son gestos mezquinos que le delatan. Si siguiera la próxima temporada supongo que Casillas saldrá del equipo. No hay sitio para los dos. Yo me quedo con Iker.

Cuando pienso en entrenadores me salen las antítesis: Wegner, Laudrup, Pellegrini, Sandoval.

PD Que pase el Barça y tengamos un clásico el 25 de mayo en Wembley.

Los referentes no se mueren, se multiplican

Gracias José Luis Sampedro por una vida tan larga, tan rica, tan compartida desde la inteligencia y la humanidad. Como ha dicho hoy Olga, su mujer, en la SER: “No basta con admirar a alguien, hay que emular su espíritu crítico”. Hoy nacen miles de Sampedros.

Buen viaje.

Guatemala en fotos

Terminado el largo reportaje de Guatemala, que saldrá esta semana en la web de Jot Down, aún resuenan en mi cabeza las voces de las que escribo, los rostros. Ayer estuve con Jean-Marie Simon, fotógrafa estadounidense que ha documentado desde 1979 el genocidio guatemalteco. Su libro Guatemala, eterna primavera, eterna tiranía, debería ser publicado en España. No son solo las fotos que contiene, sino los textos que acompañan: directos, sencillos, demoledores.

Se encuentra en Madrid porque mañana declara en la Audiencia Nacional en el caso que sigue el juez Pedraz. Es una mujer menuda de ojos negros, brillantes, llenos de negativos duplicados, de los que hablaba Robert Capa. Las manos se mueven como cámaras; su boca sonríe con facilidad. Transmite fuerza. Parece una persona que ha sabido colocar el dolor donde menos duele, donde enriquece.

El día que Ríos Montt dio su golpe de Estado el 23 de marzo de 1982, Simon estaba en Guatemala. Era la única fotógrafa estadounidense en el país. La revista Time, con la que colaboraba, le había despedido unas semanas antes porque se negó a hacer fotos de urnas durante unos comicios. “No me pareció interesante, preferí estar con la guerrilla. Era más noticia que unas elecciones entre generales”. Time tuvo que rectificar; le compró dos rollos de fotos por 10.000 dólares de entonces. “Con ese dinero podría haberme quedado a vivir en Guatemala”.

Asegura que en el país que ella conoció en los años ochenta el miedo era palpable: nadie hablaba, nadie se fiaba de nadie. Los militares reprimían, masacraban, pero los periodistas internacionales preferían ir a El Salvador y Nicaragua. Guatemala siempre ha tenido una invisibilidad especial que ha favorecido la impunidad.

Sus fotos son duras, recogen la muerte, las amputaciones de cadáveres como el de Beatriz Barrios Marroquin, una maestra de 26 años que nunca llegó a la embajada de Canadá donde la esperaban para exiliarse en 1985. Simon está satisfecha de que se juzgue a Ríos Montt. “Llega 20 años tarde, pero es mejor ahora que nunca”. Ese juicio, su fuerza simbólica, es, tal vez, la última bala de una transición atrancada.

Nos resulta fácil reconocer las matanzas ajenas, los genocidios, dar el nombre adecuado y preciso a los crímenes, reclamar los desenterramientos en las fosas comunes. Es sencillo cuando está lejos. Lo difícil es aceptarlo aquí, donde más de 100.000 personas siguen en las cunetas o en las vallas de los cementerios sin derecho a un nombre. En España ha pasado tanto tiempo que no es justicia lo que se busca, perseguir o castigar a los culpables. En España se busca devolver la dignidad a los muertos y a los vivos. Son los indignos los que se niegan, insultan, braman. Hacen mal porque la memoria histórica, la de todos, también es la suya, les mejoraría como personas.

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