Ando semimudo en este blog porque he retomado una novela que llevaba tres años parada. Empieza a tener velocidad de crucero. Es una historia compleja de amor en medio del hundimiento periodístico general, de sus miserias. Necesito concentrarme en ella, avanzar. Hoy colgamos esta canción en el programa A vivir que son dos días; es una buena declaración de principios. Al final tiene voces de un escrache de verdad. Buen domingo.
Seymour Hersh nos dio una clase magistral de Periodismo; también de esperanza y optimismo. Su conversación con otro grande, Jon Lee Anderson, fue el broche final del Foro 2013 organizado por el diario digital salvadoreño El Faro. Una semana de reuniones, conferencias, encuentros y talleres en los que he aprendido mucho, me he ordenado mejor. Ha sido una mini beca Nieman. Estoy profundamente agradecido a Carlos Dada y a su equipo. Un regalo que perdurará.
Hersh dejó un reguero de señales, luces en el camino. Escucho la grabación y me reafirmo en la convincción de que en España viajamos en dirección contraria: somos repetidores de la insignificancia. Perdimos el sentido ético y periodístico de lo que está bien y de lo que está mal, de lo que es noticia y lo que es solo propaganda. Nuestra obligación es transmitir la complejidad de la sociedad en la que vivimos, vigilar al poder, desnudarlo en sus mentiras y trampas.
Es más barato repetir papagayadas que investigar, denunciar, escribir historias, ser útiles a la ciudadanía. Fallan muchos periodistas, fallan las universidades, fallan la inmensa mayoría de los jefes. No es una crisis causada por la crisis económica, la escasez de publicidad, el hundimiento de un modelo de negocio, es una crisis ética. El problema básico es que hemos olvidado la esencia del oficio más maravilloso del mundo: ser incómodos.
Estas son algunas de las joyas que dejó Hersh:
El negocio del periodismo es no creer lo que te dicen, aunque te lo diga el presidente.
Un buen periodista es mucho mejor que todos los idiotas que gobiernan este mundo.
Que no les detengan los jefes, publiquen; hoy con Internet se puede.
Los políticos en EE UU no nos dicen la verdad, nuestro trabajo es descubrirla.
¿Cómo vamos a ser objetivos con Guantánamo, la peor cosa que hemos hecho en nuestra historia?
Salir de vez en cuando de España, respirar, es una necesidad mental; librarse de la contaminanción del pesimismo, sacudirse la losa funeraria de la palabra crisis pronunciada con un deje de sorpresa, como si fuera una enfermedad súbita e inmerecida, un castigo pasajero. Países como El Salvador y Guatemala ayudan a relativizar el lenguaje, borrar adjetivos, contextualizar la escasez.
La sensación de crisis es más grave que la crisis misma: bloquea las salidas de emergencia. No ayudan los gobernantes y sus opositores teatrales; tampoco los medios de comunicación que han hecho de la renuncia de los estándares éticos y de calidad periodística una forma (artificial) de supervivencia.
He estado una semana sumergido en un brainstorming invitado por El Faro. He aprendido que navego en la dirección correcta aunque aún no sé hacia dónde.
El 15-M aún no ha conseguido nada concreto, pero nos quitó la careta del miedo, desnudó a la clase política. Fue un puñetazo en la mesa, en la molicie ambiental; provocó temblores y miedos pasajeros. Algunas personas culpan al movimiento de la derrota en noviembre de 2011, como si el PSOE no hubiera acumulado méritos sobrados para su debacle particular, que es también un poco la nuestra.
Traicionados, sin izquierda, sin unos sindicatos que dedicaron más energía a conservar sus privilegios que a defender a los trabajadores y a los parados, el 15-M fue la respuesta ciudadana de una hartura; el estallido de una generación que parecía tan sumisa como la anterior.
Lo que empezó con una minoría maltratada por la policía acabó en el mayor movimiento de masas desde las manifestaciones contra la guerra de Irak de 2003. ¡Qué emocionante la noche de la jornada de reflexión en la Puerta del Sol!, las campanadas en silencio. Por unas semanas me sentí ciudadano, orgulloso de serlo, capaz de transformar el mundo. Pero no era Mayo ni esto es Francia.
No se ha conseguido nada concreto porque aquello fue una emoción colectiva. Las emociones son efímeras, difíciles de gobernar, de sostener en el tiempo. El 15-M de 2011 se equivocó al mantener tantas semanas la ocupación de Sol porque el objetivo no era ocupar, sino regenerar un sistema lleno de mierda.
El 15-M se replegó a los barrios. Es un trabajo menos visible, más a largo plazo. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca es la hija predilecta del 15-M, de su espíritu, como lo es la batalla contra la estafa de las preferentes.
Dos años después, el debate es el mismo, quizá más urgente: ¿y ahora qué? Qué se puede hacer a corto plazo (2015) sin un PSOE capaz de ganar elecciones, alejado de la izquierda, de la calle, contaminado por ocho años de Gobierno, sumido en guerras internas y bajo un liderazgo débil.
IU sube, más por los deméritos socialistas que por la ilusionante gestión de Cayo Lara. Más allá de IU no parece haber nadie capaz de recoger el sentir mayoritario de una parte importante de los ciudadanos. Quizá Xosé Manuel Beiras, en Galicia; un joven de 77 años. El único que también da puñetazos sobre la mesa.
La calle puede mantener la presión a los partidos tradicionales, ampliarla a los medios de comunicación complacientes con el poder que no hacen su trabajo, pero esa calle tiene que transformarse en un movimiento político con unos objetivos concretos, realistas y claros; presentarse a las próximas elecciones municipales, ganar ayuntamientos, demostrar que Sí se puede, que se puede gobernar de otra forma, con transparencia, sin corrupción.
La calle debería dejar sitio a los votantes cabreados del PP, que los hay a espuertas; permitirles que se sumen, que empujen, que ayuden a arrancar una segunda transición con símbolos comunes como esta canción del gran Labordeta.
Sé que si abro el armario y reviso las etiquetas de las camisas y las camisetas quedaré contaminado. No creo que tenga nada ‘made in Bangladesh’, pero escribo sobre un ordenador ‘made in China’. Nadie me garantiza que lo fabricado en España se haya realizado bajo unas condiciones laborales dignas, y más en estos tiempos. Pienso en las mujeres que cosen en sus casas para marcas de postín a precios de vergüenza, solo para engordarles los paraísos fiscales. Pienso en los talleres clandestinos, chinos y no chinos. Nadie grita en los sótanos, que el silencio y la sordera son parte del negocio.
Si dejas de comprar, condenas a millones de trabajadores del Tercer Mundo; si compras, ayudas a mejorar posiciones en el ránking de la revista Forbes.
Es urgente una acción dentro de la UE para demandar un Etiqueta Ética, una garantía de que esos productos fueron fabricados en unas condiciones mínimas de seguridad laboral, con un sueldo justo y un horario humano. Es urgente exigir a las empresas del Primer Mundo una responsabilidad en el proceso de fabricación y el pago de compensaciones a las familias de los muertos.
Debería ser posible la denuncia ante tribunales occidentales, la misma que se presenta cuando un producto es defectuoso, porque no hay mayor defecto que la mancha de la esclavitud, de la sangre inocente.