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Los buenos no retuercen las leyes

LAS VÍCTIMAS

Las víctimas siempre pierden, sean de ETA, del 11-M, de las FARC o de Francisco Franco. No existe compensación posible para quienes han perdido a un ser querido en un atentado, en la represión de una dictadura o en una guerra. Ni el dinero ni el cariño mayoritario pueden cubrir ese vacío inmenso. Tampoco la justicia por excelsa y justa que sea puede paliar el dolor porque el muerto es irremplazable.

Las víctimas deberían ser sagradas. Respetar su duelo incluye no manipular las asociaciones en beneficio electoral ni lanzarlas como un dardo contra otro partido, ni prolongar su trauma colectivo a fuego lento impidiéndoles una mínima superación del trauma. Las víctimas no pueden vivir en la victimización permanente ni ser víctimas dos veces. Acusar de terrorismo a los discrepantes de la línea dura, incluido un presidente del Gobierno (Zapatero) y una organización internacional de defensa de los derechos humanos (Amnistía Internacional) es un despropósito. No ayuda a tender puentes, a superar el odio.

Los conflictos nacen, crecen, se multiplican y mueren, como las personas. En ese proceso vital se pasa de la justificación de la violencia por una parte, su exaltación incluso, a la búsqueda de un acuerdo para poner fin a tanta muerte, destrucción y cárcel. Las víctimas también pierden durante unos procesos de paz que no pueden ni deben gobernar. Pierden porque la firma de un acuerdo no incluye la resurrección de los muertos.

EL CONFLICTO

En el País Vasco hay un conflicto; dos bandos que solo ven el dolor de su lado. Apenas existen los grises y las personas con capacidad panorámica e histórica aunque en los últimos años se ha mejorado mucho. En el franquismo hubo mucha represión en el País Vasco, como la hubo en las cuencas mineras de León y Asturias y en pueblos de Andalucía y Extremadura. Esa represión generó víctimas invisibles. De ese cultivo nace ETA que multiplicó el dolor sin paliar el de su lado. Fue una enorme equivocación histórica, injustificable desde la llegada de la democracia. Se puede defender la independencia desde la palabra, nunca desde la sangre.

El País Vasco no es el Ulster, pero guarda algunas similitudes. ETA deberá dejar las armas como el IRA, disolverse y pedir perdón a sus víctimas. Es un deseo personal, no un imperativo legal.

ETA carece hoy de capacidad política y de legitimidad para negociar nada, no es más que una banda criminal dedicada a la extorsión. Pero sí la tiene Bildu, el canal adecuado refrendado en las urnas. Hay que reconocer que el mundo abertzale ha recorrido decenas de kilómetros hacia el entendimiento. Intentar ilegalizar Bildu es un error. Existe un esfuerzo en muchos de sus dirigentes por comprender el dolor del otro bando. Hay también dirigentes que no están en la ruta. Sucede en el PP: no es lo mismo el discurso de la actual cúpula del PP en el País Vasco que el cansino de Mayor Oreja.

Disolver ETA, acercar los presos, poner fin al conflicto, pedirse perdón… Son pasos imprescindibles que están más cerca que nunca. No lo estropeemos. El insufrible hombrecillo del bigote vive de eso, de estropear cosas, de invadir países, de poner los pies sobre la mesa en un rancho de Texas. Son tiempos de pragmatismo y paciencia.

LA SENTENCIA

El fallo del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo sobre la llamada doctrina Parot era previsible. No se pueden cambiar las leyes o su interpretación a mitad de partido por justa que sea la causa. En democracia el fin nunca justifica los medios. No se pueden aplicar con carácter retroactivo leyes que perjudican al reo. Es un principio sagrado del Derecho Penal.

Se pueden modificar las leyes, mejorarlas, endurecerlas, pero solo se pueden aplicar en los casos posteriores a su aprobación en el Parlamento.

La esencia de la doctrina Parot es justa, pero no su retroactividad. Un preso que ha cumplido su sentencia tiene derecho a regresar a la sociedad, a reinsertarse, sea cual sea su delito. Ha pagado por ello.  Si a Gallardón le parece mal que se pene lo mismo por un asesinato que por 25 -a mí también me lo parece-, cámbiese la ley pero dejemos de hacer demagogia con el dolor ajeno, respetemos de una vez los muertos y las víctimas. Permitamos que descansen de una vez en paz. Lo merecen.

Nos gustan las jóvenes, pero no todas

A la joven paquistaní Malala Yousafzai, que pelea por el derecho a la educación en su país, y que casi le cuesta la vida, le hemos dado el premio Sajarov a la Libertad de Conciencia, que entrega el Parlamento Europeo. Nos gusta mucho y no nos importa nada que esté entre nosotros junto a su familia. Nos gusta porque es famosa, habla ante la ONU y es posible que ayude a conseguir votos.

En las zonas tribales de Pakistán mandan los talibanes, primos hermanos de los talibanes de la vecina Afganistán. Este grupo radicalizado no quiere que las niñas de su edad -tiene 16- acudan a la escuela, un centro que consideran vivero de valores occidentales y otras corrupciones. Para ellos, la escuela verdadera es la coránica, donde les enseñan el libro sagrado de memoria.

No nos gusta nada la niña italo-albanokosovar Leonarda Dibrani, de 15 años y raza gitana. Pese a que su aspecto físico, algo que parece importar tanto en la Francia de la tolerancia y la libertad, es similar al de Malala, su trato ha sido muy diferente. Leonarda estaba escolarizada en Francia, donde al parecer vivía de forma irregular desde hace años junto su familia, que había fracasado en su intento de lograr la concesión del asilo político.

Los Dibrani nacieron en Italia y según cuenta su progenitor mintieron sobre su origen, kosovar hace algunas generaciones, para obtener el derecho a quedarse en Francia. Kosovares o no, se les expulsa por gitanos.

La joven Leonarda, y sus hermanos, también luchan por tener una educación mejor y una esperanza como personas. Pero este tipo de lucha no da votos, más bien los quita. Por eso no provoca el mismo entusiasmo que la joven Malala.

Ambas son un símbolo. La paquistaní de una política occidental que se mueve a golpe publicitario y la gitana de otra política, también occidental, basada en la xenofobia, el miedo y el desconocimiento. Detener a Leonarda durante una excursión junto a sus compañeros de clase es una aberración democrática.

Manuel Valls, el ministro de Interior francés de origen catalán, ha cometido un error que ha puesto a su Gobierno y a su presidente en un brete. Este tipo de expulsiones suceden casi todos los días sin que los medios de comunicación les dediquen una línea o un segundo.

El problema para François Hollande no está en las leyes ni en el celo excesivo de su ministro de origen extranjero, en su caso no importa, el problema está en que los medios se han enterado y no paran de escribir y hablar de ello. Que los medios estén encima da y quita votos, pero aún no se sabe cuántos; de ahí el nerviosismo.

El idioma francés tiene un verbo que no existe en España: dimitir. Los estudiantes franceses se preparan para volver a la calle y exigir responsabilidades. Valls huele a cadáver; son las formas las que le condenan. Podrían deportarlo también.

Calles limpias por encima de nuestras posibilidades

Las cámaras de vigilancia desplegadas en las calles y plazas, en el subsuelo y en los grandes almacenes y tiendas no sirven para garantizar nuestra seguridad ni para evitar robos. Eso es la fachada, el decorado.

La realidad es que graban imágenes que después se emiten en un desternillante programa de televisión que siguen mediante circuito cerrado, en casa o en el despacho, miles de empresarios, banqueros, concejales, alcaldes, presidentes de diputación, parlamentarios autonómicos y estatales, planas mayores y menores de los partidos (por lo que se lee, de los sindicatos también), subsecretarios, ministros, presidentes y ex presidentes del Gobierno. También los ex tesoreros, estén en Suiza o en la cárcel.

Se titula El choqueo nacional. En España va por la temporada dos siglos.

Nos están grabando la vida por el morro. También han colocado cámaras dentro de los aparatos de televisión, en los ordenadores, play station, wii y en los móviles. Saben todo de nosotros. Es como The Truman Show. Nos graban para descojonarse de nosotros.

Un día sale Ana Botella, alcaldesa de Madrid (votada en la intimidad por su marido campeador) y suelta su frase: no es que la ciudad esté sucia, sino que nos habíamos acostumbrado a una ciudad demasiado limpia. Parece una chorrada dicha por una mema con antecedentes, pero no.

Es una frase genial que forma parte de un guión redactado por personas inteligentísimas y graciosísimas. Ella, que es una acreditada actriz, de la estirpe de las Esperanza Aguirre y demás, sale a la palestra y suelta lo que parece una sandez. Su frase es parte de un engranaje superior dirigido por los grandes guionistas: Rouco Varela y Emilio Botín, entre otros.

Por la noche, editadas todas las majaderías y provocaciones, el programa se emite por el circuito cerrado al que solo tienen acceso los mencionados en el segundo párrafo. Deben pasarlo en grande con las caras de idiotas que se nos quedan cuando averiguamos que todo fue ‘por encima de nuestras posibilidades’: el empleo remunerado, los días libres, las 35-40 horas semanales, la sanidad pública, la educación, las pensiones, los parques, la cultura, el cine, los polvos de nuestra juventud, las risas, las cagadas.

Esta semana les ha quedado un programa de Óscar. Supera al mejor Wyoming. Tienen a Botella. Tienen a Montoro con su sublime afirmación de que en España no bajan los sueldos, sino que suben moderadamente. Tienen a la vicepresidenta con su mentira de los 520.000 defraudadores del paro rematada por una segunda mentira en el Congreso al acusar al ministro de Trabajo anterior. Prefiero los pechos de las activistas de Femen a los labios superiores de este Gobierno. Son más dignos de la soberanía popular.

Según ha podido saber este blog en exclusiva, el programa antes descrito forma parte de una investigación científica de FAES sobre los límites de la paciencia y de la dignidad humana. Ahora que lo sabemos no hay razón alguna para esperar al último capítulo de la temporada, previsto en noviembre de 2015. El publico siempre adora las sorpresas, los imprevistos.

Otoño en el parque del Retiro

El cristal sirve de parapeto, de barrera de silencio. Los niños juegan al otro lado; ellos interpretan el papel de brutos; ellas, de princesas; veo alguna republicana rebelde que escala árboles y lanza patadas. Debe llamarse Esperanza.

El reparto de roles -macho y hembra con sus limitaciones y deberes- comienza en los juegos del parque, en las primeras socializaciones. Es donde deberíamos actuar, impulsar una verdadera igualdad. Padres progresistas, y los otros, los que apenas progresan, repiten los roles aprendidos de sus padres. Es un círculo difícil de romper incluso para los que no tienen hijos.

Me gusta la niña del jersey morado, la que se sube a los árboles y explora las hojas; tiene carácter.

Desde mi promontorio-biblioteca-municipal observo la vida en un día soleado de otoño: el niño explorador que recoleta ramas, los sin yo que se mueven en manada, los padres que pasan, los padres que no pasan, los que agobian.

Junto a estas escenas llenas de color bailan mis recuerdos. Las memorias se diferencian de lo que acontece porque son en blanco y negro, transcurren a cámara lenta bajo el runrún de un reproductor antiguo. Allá está la Casa de las Fieras, el elefante Perico, los monos fumadores junto a los monos pajilleros, mi padre enmudecido ante el pene rojo y erecto del simio gustosón, mi abuelo Marcel de visita desde las grandes-bretañas escandalizado por el tamaño mínimo de las jaulas. Era de un tamaño proporcional a la jaula de la dictadura que nos tenía presos a todos: monos, personas y pajas.

Los niños están vestidos para el combate; parecen escapados de una serie de televisión. Alguna niña lleva traje, debe ser la reina. La mayoría de los padres tratan de desdoblarse en sus hijos, ser de nuevo a través de ellos, desean que alcancen lo que los padres nunca pudieron alcanzar. En la infancia se cuecen nuestras debilidades, las taras psicológicas. Busco las mías en blanco y negro porque en color no me suenan.

Un niño se acerca al cristal y me saluda: del parque de los juegos al parque de los libros, de los ensismamientos. Me gusta ese niño. Debería presentárselo a la niña que escala árboles y estudia las plantas. Hacen buena pareja para la lucha.

Una joven pidió el otro día a Alfredo Pérez Rubalcaba elecciones primarias urgentes. No fue una emboscada tendida por algún medio de la pérfida derecha ni una loca importada del Tea Party, sino la voz sensata de una militante de base de las Juventudes Socialistas del País Vasco que contó con el aplauso mayoritario de sus compañeros. Es un sentir unánime dentro del partido -léase: todo lo que no sea aparato; también, fuera del partido.

Como el encuentro se celebró en Bilbao, el secretario general se hizo acompañar de Patxi López, ex lendakari. En la foto de EFE ambos posan con una sonrisa. La de Rubalcaba parece forzada, casi estreñida; la de López, natural.

López es, junto a Eduardo Madina, uno de los presuntos rivales en unas eventuales primarias. No hace falta ser un águila ni un lince ni acudir al CIS para saber que en una contienda libre, sin manipulaciones, Rubalcaba quedaría el último. También lo sabe el ex ministro, por eso dudo de que sea partidario de celebrarlas, ni ahora ni después. Necesita ganar tiempo, inventarse algo.

La respuesta del secretario general a la joven fue: “Cuando toque”. Cuando toque es una respuesta inaceptable, tan autoritaria no debería caber en un partido que se presume democrático. Es una respuesta tan insultante que demuestra que el problema del PSOE es profundo, de valores. Un político que se precie, más si dice ser de izquierdas, debe respetar a su compañera y argumentar por qué ahora no se pueden celebrar primarias. ¿No creíamos en el debate? La respuesta de Rubalcaba es la de un profesional de la política despegado de toda realidad. Es precisamente lo que sobra: los profesionales. Necesitamos aventureros, utópicos.

Rubalcaba acompañó el ‘cuando toque’ de una sentencia demoledora: “Cuando le convenga al partido”, es decir “cuando me convenga a mí”. Después se molestan con los lemas del PPSOE. ¿No dijo algo parecido Fraga y Aznar? Confundir el bien común con el privado es una secuela de la dictadura. Todos estamos enfermos de lo mismo, todos compartimos tara, la derecha y la izquierda. Lo más sano sigue en la calle, en la voz de la joven militante.

El PSOE tiene la exigencia de ser alternativa al Gobierno de Mariano Rajoy. No hay otra opción a corto plazo, queramos o no. Para convertirse en alternancia antes debe ser alternativa ética; después, democrática y política. Hoy no lo es. Este PSOE rubalcabiano camina hacia la insignificancia.

Canción para sobrevivir:

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