Lucho contra un texto que debo entregar antes del sábado. Cada palabra parece un Tourmalet. Me cuesta avanzar porque tengo día de sofá. Perder el tiempo, el dolce far niente, es un derecho humano. Cuando pierdo el tiempo, pienso, me ordeno, hago la digestión de las heridas. Tumbado es la postura más segura para no extraviarse en el bosque.
Acaban de llover gotas y olores a tierra mojada, como si Madrid fuese campo.
Hoy ha sido el funeral de Anya Niedringhaus en Alemania: imágenes, memorias, voces de muertos y de vivos como si todos fuésemos la misma atemporalidad suspendida. Sarajevo 1993, 1994, 1995. ¡Cómo marcan algunas experiencias!, te dejan varado en playas sin palabras ni red, desnudo. Debí viajar a Alemania, solo por abrazar a amigos. Me siento huérfano de ellos.
Escucho música, otra forma de entrar en silencio, en ausencia.
Los jefes grandes son los que siempre saben estar. Gracias Santi; gracias Anja; gracias Yannis por tu maravillosa foto.
(La parte seria). También creo que Catalunya ha iniciado un camino sin retorno. Esta vez no hay farol ni truco contable. Si fuera catalán, charnego o mediopensionista también estaría ilusionado con independizarme de Esperanza Aguirre y de todo lo que representa. También podemos hablar de las ‘espes’ catalanas, que las hay, pero en este momento procesal, lo que importa es irse de esta España que regresa a la negrura de la mano de un Gobierno inepto.
(La parte mongola). Once propuestas para desatascar el actual diálogo de sordos.
Cambiar el nombre de España por el de Catalunya para que todos seamos catalanes.
El catalán sería obligatorio en las deliberaciones del Tribunal Constitucional y en Génova 13; el resto del Estado hablaría el idioma que le plazca.
Convertir Barcelona en la capital de Catalunya (ex España), así Madrid dejaría de robarnos. Nos robaría Barcelona, pero ese ya es otro debate.
TV3 sería la única televisión del Estado. Los informativos diurnos los presentaría Polonia; el nocturno el Gran Wyoming. A Eurovisión mandaríamos a Rita Barberá.
Llevar las Fallas a Barcelona. Si se cabrean los valencianos, se les compensa con la Feria de Abril de Sevilla. Si se cabrean los sevillanos se les compensa con la fiesta de la cerveza de Munich. Los alemanes no se cabrearán mientras no tengan que pagar la cuenta. Todo esto lo llamaríamos movilidad cultural.
Dar Estatut de Autonomía a Girona, Tarragona y Lleida y ver qué pasa.
Reemplazar al rey por Artur Mas, pero sin renunciar a la Monarquía. Pensemos en el Hola.
Cambiar la bandera borbónica por la republicana para compensar el punto anterior.
La única manera de parar a Artur Mas es celebrar un referéndum para saber cuántos catalanes quieren la independencia. Si son mayoría absoluta, o lo que se acuerde, se aplican las matemáticas, la democracia y el sentido común, y se procede a un divorcio consensuado con el menor daño posible para las partes. El precedente es Montenegro, al que ya he hecho referencia en otras ocasiones. Javier Solana organizó la consulta cuando era Mister Pesc en la UE con unas condiciones claras: más del 60% de participación y más un 55% de síes. Se superaron ambas barreras; la segunda por décimas.
La única vía para alcanzar un acuerdo sobre el referéndum es dejarse de eufemismos y engañabobos. La cuestión no es el derecho a decidir, sino alcanzar la independencia. Si hablamos claro es más fácil entenderse. También sería más sencillo que en lugar de dos preguntas con final laberíntico hubiera una: ¿Quiere usted que Catalunya sea un Estado independiente? Sí o no. Seamos valientes y responsables.
Estuve hace poco una semana en Barcelona. Es una ciudad fantástica en la que tengo muchos amigos y empiezo a recuperar una parte de mi familia. El debate de la independencia está presente en todas las conversaciones, incluso entre los inmigrantes. A algunos les preocupa cómo les vemos desde Madrid, a otros ya no les preocupa nada porque han soltado amarras, se ven navegando por el Mediterráneo.
En el argumentario general hay mucha consigna repetida machaconamente que se muestra como idea sólida cuando no lo es. “Madrid nos roba” ha calado tanto que, en las cuentas del haber y el debe, nadie suma las inversiones públicas, los JJOO que transformaron la ciudad colocándola en el mapa mundial de la modernidad y todos los gastos de Catalunya que paga el Estado, como el sueldo de los controladores. Puede que exista injusticia fiscal, pero no robo.
La reacción del Barça al castigo (provisional) de la FIFA es muy interesante porque copia los ejes del debate general, la victimización como arma política. “La Masia no se toca”, exclama el presidente Bartomeu, como si el problema fuera que unos hombres muy malos, ¡de Madrid, claro!, quisieran robar al Barça su esencia. Aquí nadie reconoce una mala gestión en la contratación de menores ni haberse saltado las normas de la FIFA. Es mejor hablar de mano negra. El nacionalismo y la religión se alimentan de la mentira y del miedo.
El debate catalán sobre ‘el derecho a decidir’ ha permitido a Mas esconder su legistatura, que nadie hable de su gestión, de los recortes, de sus fracasos. Todo lo malo es de Madrid. Así es fácil gobernar. Hay demasiado pensamiento único en los asuntos esenciales, lo que no deja de ser tóxico. Pocos se atreven a sostener en público una opinión divergente del independentismo. Es la hora del patriotismo, un valor excluyente que me es ajeno.
Para Madrid, y el resto, es hora de dejarse también de eufemismos y empezar a hacer un poco de política, que es el arte de hacer posible lo imposible. Lo imposible en este país es practicar el diálogo sosegado e inteligente, lo que prima es el insulto al contrario, la descalificacion machista y la bazofia intelectual. No me extraña que haya mucha gente que desee independizarse del esperanzaaguirrismo campante. Pero antes de cantar victoria deberían localizar el mismo virus en sus filas. El “muera la inteligencia” del franquismo nos sigue afectando a todos, con o sin referéndum.
Las mariposas monarca vuelan del norte de Canadá a México en busca del calor y de México a Canadá porque lo suyo es viajar, siempre de Norte a Sur, de Sur a Norte. Cuenta Pedro Guerra que la esperanza de vida de la mariposa monarca es menor que el viaje de ida y vuelta. Solo pueden volar un trayecto. Las que nacen canadienses viajan a México adonde llegan para poner huevos y morir. Las que nacen mexicanas saben por algún misterioso motivo que deben volar a Canadá, poner otros huevos y morir. Todas nacen sabiendo el destino de sus vidas. El destino de las mariposas monarca es el viaje permanente, el camino, como en la Ítaca de Cavafis. Tienen suerte.
Los funerales de Estado me dan pampurrias; más cuando la prensa progresista repite el título como una cantinela. No debería haber funerales de Estado en un país aconfesional. ¿No es lo que dice la Constitución, ese texto bíblico e intocable?
A Rouco Varela le encantan los funerales de Estado porque el Estado es él, como su compadre Manuel Fraga. Que hable de concordia el cardenal que menos la ha practicado, el más sectario en su puesto desde que el santo caudillo ascendió a los cielos allá por 1975, resulta una guasa. Que hable de peligro de una nueva guerra civil quien cultiva su memoria, quien no ha tenido un gesto de misericordia hacia las víctimas, resulta ofensivo. El cinismo debería ser pecado mortalísimo.
Vivimos en una sociedad de trileros, de prestidigitadores que lanzan al aire palabras sin sentido con la ilusión de que el artificio nos borre la memoria.
Nos llenamos la boca y los titulares de naderías con la esperanza de que de tanto repetirlas se conviertan en alguerías, en algo presentable. El público que asiste a la función parece tragarse el artificio. Es la mayoría silenciosa, esa que tanto celebran desde el poder.
Tengo un respeto por la figura histórica de Adolfo Suárez, pese a las muertes, en otros, de los estudiantes Carlos González, Mariluz Nájera y Arturo Ruiz ocurridas en enero de 1977, cuando era presidente y yo me manifestaba en la calle. Lo tengo porque la distancia permite ver la tramoya, no solo el escenario.
Ahora sé que tuvo que pilotar una nave endeble en medio de un mar de tiburones. Aquellos tiburones siguen en el poder, en sus aledaños, disfrazados de otra cosa, pronunciando otras palabras vacías. Es la ventaja de la cáscara, sirve para cualquier contenido. Lo que más me gusta de Suárez es su quijotismo, su lucha solitaria contra los molinos de viento. No tuvo a nadie a favor. Tampoco a la Iglesia que entronca con Rouco. Muchos de los que ahora se han llenado la boca fueron los primeros traidores.
El rey está desnudo, pero allí corre el PSOE a vestirlo con el manto de una memoria edulcorada para tapar su propia memoria. Hemos construido un país sobre el silencio de los muertos y el silencio de los vivos. Somos un país silenciado, sin latido.
Es necesaria una segunda transición, otro pacto político y social, un impulso. Corremos el riesgo de que las instituciones terminen por estar tan vacías como las palabras de las personas que las llenan. Sería la muerte de la democracia como sistema. La diferencia entre una dictadura y una democracia está en el contenido, en los valores. Votar votan hasta en el gulag de Corea del Norte.