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Futbuleando con Pep

Hoy es fácil meterse con Pep Guardiola. Sería poco inteligente. Después de todo sólo fue un partido, bueno dos; una eliminatoria de la competición más importante de la temporada. Me gustó mucho su Barça, que era también el de Tito. Debe ser fácil entrenar un equipo que cuenta con Xavi. Iniesta y Messi. No sé de quién fue la idea de centrar al argentino en el ataque y echar a Ibrahimovic, un jugador excelente que bloqueaba el juego, pero fue genial. La clave de casi todo.

Al tándem Pep-Tito le debemos la llegada de Sergi Busquets y la de Pedro, incomprensiblemente orillado por el capricho Neymar. Pep se fue del Barça peleado con un pésimo presidente, ya ex, y en el momento justo. Decía Rockefeller que su secreto era dejar siempre el 5% para quien venía detrás.

Era imposible subir más, prolongar tanta excelencia inmaculada. Tito lo hizo en la Liga pese a la enfermedad. Fue su Liga de los 100 puntos. No se tomaron decisiones tras la marcha de Pep, no se desfichó y fichó y ahora el Barça es un equipo cansado y sin luces, pero con arrebatos geniales gracias al genio de Messi. Con arrebatos no se ganan títulos.

El Baryern era una opción segura, mejor que el United y más lo visto este año. El Bayern es el rey indiscutible de Alemania. Si asoma una amenaza como la del Borussia Dortmund de Kloop, se compra sus mejores jugadores. Con el Bayern tienes dos títulos casi seguros antes de empezar la competición. Era un laboratorio perfecto para que Pep llevara sus ideas sobre el trato del balón, la posesión y la presión adelantada. Alemania, potencia en tantas cosas, mantiene un fútbol primitivo, como lo tenía la Premier hace 10 años.

El problema de Pep está en sus exégetas, los adoradores, los que le han dado incienso, los que observan las estadísticas de la posesión como si fueran la Mona Lisa, los que han transformado el medio en un fin. Siempre pensé que Guardiola es un falso bueno. Demasiada perfección en la puesta en escena del personaje. Cuando se gana es fácil la compostura; veremos ahora cuando se pierde y llegan las críticas.

Los mejores entrenadores son los que saben sacar lo máximo de sus jugadores, los que saben adaptarse a cada plantel. Hay entrenadores geniales como Arrigo Sacchi que inventó aquel gran Milán desde una plantilla superlativa y no supo repetir su éxito en ningún equipo. Sachi no es adaptaba, era la plantilla la que debía cambiar. Algo de eso tiene Guardiola, otro gran innovador futbolístico. Ancelotti es normalidad, sentido común. Como Del Bosque.

Estar en la final de la Champions no equivale a ganar la Champions, es solo la opción de disputarla. No sé qué equipo será el rival. Para ganar la final prefiero al Chelsea; para perderla, al Atleti, que son de la familia. Con el Atlético el Real tiene una ventaja psicológica, pero en una final todo es todo es relativo. Me gustaría que Ancelotti ganara a Mourinho para enterrar de una vez esa etapa de excesos, ego y toxicidad que tanto daño ha hecho. Mourinho es un falso malo que se subía y baja en su personaje. En Madrid quedó presó de ese personaje. Ahora es una caricutura. Ánimo Atlético.

Mi fadista portuguesa preferida: Lula Pena.

¡Vamos Pantani!

Están ahí, ahí llegan, las palabras; las oigo. Murmuran duelos. Arañan la puerta que separa un mundo mental de otro, el de la suerte de vivir dos veces seguidas con tres comidas diarias y el de la mala hora, la del hambre y la guerra. Separar mundos es una medida de seguridad.

Aún no me apetece escribir de política ni de periodismo ni de la vida menuda, la de andar por casa. Doy vueltas al material que he traído de Sur Sudán y busco soluciones para un tercer texto. Si fui hasta allá fue para traer voces, no silencios.

Esta es una semana rara, de puente-acueducto, de vacíos. Una semana en la que aún no me llegó el alma, de viaje entre las Áfricas y mi cuerpo. Escalo montañas como un ciclista exhausto, serpenteando de un lado a otro de la calzada con la lengua fuera. Cuando siento ganas de rendir el esfuerzo, grito: ¡Vamos Pantani!

Palabras viajeras

Vuelvo de Sur Sudán seco por fuera y por dentro. Las palabras, como el alma de Cortázar o de quien lo dijera, son más lentas que los aviones. Regresamos a trazos, intuidos, deconstruidos. A la vuelta de los viajes de viajero no me miro a los espejos por miedo a verme incompleto, medio yo, a medio construir o a medio destruir. La vida es un gran viaje lleno de pequeños viajes, de mudanzas y mutaciones, de cambios. Cada uno de ellos se nos aparece como una conmoción inabordable, una vivencia insuperable. En espera de que las palabras viajeras, de las palabras africanas y las de rabia, pongo música, otra forma de hablar.

Gabísimo siempre

He olisqueado el interior de los libros que tengo de Gabo, deben de ser casi todos. Aspiraba recuerdos, voces. Están esparcidos sobre la mesa, alrededor del ordenador en el que escribo. Exhalan una parte de mi, de mi juventud, cuando iniciaba la construcción de lo que quería ser y soy. Son letras poseídas, preñadas.

Están los tres pasos esenciales en la iniciación a la magia de García Márquez, el preparatorio emocional y literario para llegar pleno, macondoniano, a su gran obra, Cien años de soledad. Me refiero a Los funerales de la Mamá Grande, El coronel no tiene quien le escriba y La increíble y triste historia de la cándida Erendira y de su abuela desalmada. El primero lo tengo fechado en 1980; los otros dos, en 1979. Un año antes había leído Relato de un naufrago, ejemplo de reportaje y literatura, dos orillas que rara vez, solo en los genios, se mezclan.

Ese 1980, cuando tenía 25 años, caí en todo Gabo. Una inmersión: La hojarasca, La mala hora, Cuando era feliz e indocumentado, El otoño del patriarca y, por supuesto, el gran libro, la cumbre universal.

Leí Cien años de soledad por primera vez a los 20 en un ejemplar prestado. A los 25 compré el mio en una librería de Zaragoza, donde hice el servicio militar obligatorio y gratuito, que ni siquiera cuenta como vida laboral. Ese ejemplar de tapa dura, Plaza y Janés, arrastra dos lecturas embobadas, y una tercera a punto de comenzar. Lo tengo subrayado a lápiz, lleno de notas, de sonrisas. Como lo están Crónica de una muerte anunciada, Noticia de un secuestro y El amor en los tiempos del colera, bien recordado por una lectora amiga

Hace meses empecé a leer Vivir para contarla, sus memorias. No puedes leer deprisa ni despacio, solo puedes leer muy lentamente, saboreando cada palabra, cada frase, para no empacharte de belleza y literatura. Es un ejemplo de lucidez e inteligencia. La magia de su familia mágica está en sus ojos de escritor, en su capacidad de elevar una frase cualquiera a una conmoción universal.

Varias generaciones hemos crecido con Gabo, hemos volado y soñado ser otros y lo somos gracias a escritores como él, como Saramago.

Recuerdo sus artículos el El País en los años 80. Eran cuentos, alguno pasó después al libro Doce cuentos peregrinos, como El rastro de tu sangre en la nieve. Recuerdo otro, más periodístico, dedicado a los militares uruguayos: Los generales que se creyeron su propio cuento. Y este dedicado al fundador del M19, Jaime Bateman: Un hombre de parranda, tímido y triste. O estos dos sobre el pánico a volar: Seamos machos: hablemos del miedo al avión y Remedios para volar con la célebre anécdota del libro de Madame Bovary:

El escritor uruguayo Carlos Martínez Moreno puede dar fe de que no hay nada mejor que un libro para volar. Desde hace veinte años vuela siempre con el mismo ejemplar casi desbaratado de Madame Bovary, fingiendo leerlo a pesar de que ya lo conoce casi de memoria, porque está convencido de que es un método infalible contra la muerte.

Gabo es un escritor desbordante, de los que se te meten dentro y desde dentro te colman de vida. Queda su obra extraordinaria, queda su visión del Periodismo, queda la Fundación con Jaime y Natalia y tantas personas más. Él ya hizo su parte, su camino, ahora nos toca a nosotros pelear por esta profesión única, el mejor oficio del mundo. Feliz viaje Gabo; nos queda tu luz.

A Nana no le gusta el fútbol

Ya sé: escribir de fútbol me empequeñece. Ya ando reducido en demasiadas cosas como para complicarme en disimulos intelectuales. No me gustan los toros, pero me encanta este maldito deporte inventado por los ingleses que consiste en correr en pantalón corto detrás de un balón de una manera más o menos organizada. Tiene poética, filosofía, política, sociología y pasión. La pasión es uno de los rasgos ‘fou’ que mueven montañas y personas.

El partido lo vi con Nana, bastante desinteresada por el acontecer planetario. En su universo de prioridades reinaba una mosca planeadora que hacía cabriolas por el salón. La gata no comprendía por qué el gato grande estaba absorto en una caja en vez de ayudarla en la caza del invasor. El partido empezó mal: con una discusión de género.

Me gustó que Ancelotti, por lo general cagón en las grandes lides, apostara por Isco. Una declaración de intenciones que faltó en Dortmund. También hay que reconocer que el entrenador ha hecho un gran trabajo con el jugador; además de brillantez ahora tiene brega inteligente. Para mi, Isco fue el mejor del partido.

El Barça está roto. Su maravilloso ciclo de cinco años ha terminado. Ahora es visible para todos: el Barça, como el rey, está desnudo. El ciclo triunfal llevaba un par de años dando síntomas de agotamiento. Pero pese a todas las penurias, pudo empatar. Sigue siendo un equipo con muy buenos jugadores. Lo fácil es disparar al Tata o Zubizarreta cuando la culpa es de la directiva, de Rosell y de su gente que sigue en el poder.

Bartomeu es un apósito, un contaminado del rosellismo, un nadie. El equipo de ayer fue la expresión de una pésima planificación. Y aún puede ser peor si la FIFA les mantiene el castigo de no fichar. Alguien debería dimitir al final de temporada, alguien debería convocar elecciones.

No sé si el Real Madrid inicia un ciclo. Veremos contra el Bayern, el último clavo ardiente de los guardiolistas de La Boquería. El Madrid necesita retoques, más que refuerzos. Al Real Madrid le vendría muy bien que la UEFA le castigara sin fichar, así reduciríamos deuda. Nuestro talón de aquiles es Florentino, ese derrochador del dinero ajeno.

Preparo mi regreso a una de las Áfricas este fin de semana. Estoy nervioso como un principiante. Os dejo esta joya, para quien la quiera escuchar.

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