Mantengo mi tesis pos22M: debemos ser inteligentes, no regalar titulares ni servir en bandeja la manipulación. La lucha es contra el fondo, no puede quedar atascada en la forma. El fondo es que el Estado ejerce una violencia cotidiana contra la ciudadanía y que esta tiene derecho a defenderse. Si funcionaran las instituciones, la rabia ciudadana se canalizaría a través de ellas. España no es Alemania ni Reino Unido ni EEUU; aquí, las instituciones están secuestradas.
Es una provocación que el Estado presuma de brotes verdes por cálculo electoral en medio de una crisis que ha destruido gran parte del tejido social de España. Es violencia obviar los datos escandalosos de paro, desconocer la realidad de miles de familias que viven de la pensión de los abuelos y hacer gracias con la Vírgen del Rocío, más por estupidez que por ironía. Es una provocación criticar a UNICEF, que debe de ser una organización antisistema, por denunciar que España es el segundo país de la UE en pobreza infantil. Las cifras de la realidad las camuflan en sus telediarios; solo venden Ibex35.
Violencia es prevaricar con las cifras de las manifestaciones, difundir el miedo. Esto es una violencia intelectual inaceptable.
El Estado ejerce la violencia a través de sus ministros verborráicos, los Montoro, Wert y Gallardón, sobre todo. La ejerce en los desahucios con mantenimiento de deuda, en los recortes de Sanidad, Educación, pensiones, en los ERE salvajes de empresas que ganan dinero.
La ejerce con la mofa del rescate de las autopistas con problemas, un negocio regalado sin transparencia. El sobre pesa más que el ciudadano. Eso es violencia, provocación. Violencia es la ceguera de la justicia, su parsimonia.
Tenemos unos antidisturbios que piensan menos que los jóvenes antifascistas. Juntos forman la pareja de baile de la kaleborroka. Tener el monopolio legal de la violencia exige contención, no repartir mamporros a diestro y siniestro. ¿De dónde proceden los mandos? ¿Cuáles son las órdenes? ¿Evitar el disturbio o provocarlo para que salga guapo en TVE? Las agresiones a periodistas no son excepciones, parecen la norma. Esto es intolerable en democracia.
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Por lo demás, hoy es un día felicísimo. Hay una parte del Estado menos visible que hace muy bien su trabajo. Hay que felicitarla. A ellos, y a todos los que han estado implicados en la liberación de los tres periodistas. Gracias por devolvernos a Marc, Javier y Ricardo. Les necesitamos. En España estamos huérfanos de periodistas y medios coraje.
Los escritores escriben para que les quieran. No es una decisión consciente, sino una consecuencia de su fragilidad. Se sumergen en sí mismos para contar el mundo, o para inventárselo. Inventar vidas es una forma de vivir, de transformar la realidad, de revolucionar el orden establecido por los insensibles.
Hay personas que nacen con una capacidad extraordinaria para el sentimiento. Para sobrevivir a ese don es necesario canalizar la emotividad extrema. Quienes no lo consiguen se destruyen a sí mismos, se ahogan en el exceso del sentir. Para sobrevivir hay que aprender a expresar, crear, a deshacerse del exceso. Aquellos que lo logran a través de la literatura, la música, la pintura, la escultura, o cualquier otra vía creadora, tienen una posibilidad de escapar a la locura.
Los contadores de historias no son hombres o mujeres de papel, son más bien náufragos de sí mismos, errantes marinos. Es más fácil querer en la ficción, a través de las historias contadas o inventadas, que en la realidad. La realidad quema, deja heridas.
Vivimos en un mundo poco táctil: faltan abrazos, silencios; sobra ruido, espectáculo.
Fui educado en un mundo de distancias. Los adultos no besaban a los niños. Entendían que la educación solo se podía ejercer desde la rigidez del mando, sin fisuras ni debilidades. Querer, expresarlo, era una forma de derrota. Somos la generación averiada.
Las decenas de miles de personas que caminaron durante días por los caminos y carreteras de España no merecieron el final de la manifestación del 22M, que fue ejemplar, emocionante y digna en el 99% de su tiempo.
La culpa de la violencia es de quien la ejerce.
Las imágenes de El Intermedio muestran a un grupo de vándalos ensañándose con policías aislados. No hubo algún muerto de milagro.
Estos vándalos no tienen nada que ver conmigo. No pienso ir a ninguna concentración para pedir su libertad.
Hacemos mal en no criticar la violencia gratuita, en buscar peros, justificaciones o conspiraciones que la amparen.
Si queremos denunciar la realidad política y cambiarla, lo primero que debemos aprender es a leerla correctamente. Justificar lo injustificable es injustificable.
La policía antidisturbios está para prevenir los disturbios, no para causarlos. En anteriores manifestaciones han cargado con inusitada dureza, ¿recordamos lo ocurrido en la estación de Atocha? La carga debería ser un último recurso, no el primero. La policía y sus jefes también deben reflexionar.
La presencia masiva de policía ordenada por la delegación de Gobierno de Madrid es una invitación al combate para este tipo de grupos vandálicos. No es necesario defenderse de ciudadanos pacíficos con un despliegue tan desproporcionado. Que el PP, sus medios afines y sus tuiteros vandálicos insulten a la ciudadanía llamándoles de extrema izquierda, rojos y casi terroristas es un disturbio intelectual en sí mismo.
Cristina Cifuentes no es inocente. Estuvo bien tras el 22M al destacar el carácter pacífico y ejemplar de la marcha y que los incidentes finales fueron obra de una minoría. Está profundamente desacertada si quiere perseguir legalmente a los organizadores pacíficos. ¿En qué estamos? ¿En campaña electoral?
La policía tiene mandos. Unos dan órdenes de restricción (15M) y otros (PP) de actuar a la primera. La culpa es de quien les manda. Y más cuando les manda tan mal. Después de sacar 1.700 policías a la calle no saben moverlos. El grupo aislado que se jugó la vida es un fracaso policial que exige destituciones.
Los vándalos entraron en Colón dentro de la manifestación. Eran visibles a todo el mundo. Una señora cerca de mí, afeó a uno que fuera con el rostro cubierto. En las imágenes de El Intermedio, un hombre que se había pateado cientos de kilómetros en una marcha increpó a otro presunto antifascista. Ese es el camino.
Si eran visibles e iban todos juntos cos sus mochilas y aperos de combate ¿cómo es que nadie más los ve? ¿No hay prevención posible?
Hay que recuperar los servicios de orden. ¡Qué buenos eran los del PCE! No nos podemos permitir que esto vuelva a suceder. No lo merecemos.
Siempre ha habido infiltrados de la policía. Sería bueno que estos grupos que se llaman antifascistas infiltren un poco de inteligencia en sus acciones. Para ser un antifascista no es necesario actuar como un delincuente.
Las declaraciones de algunos organizadores de la marcha pacífica no deben justificar lo injustificable. El objetivo de las manifestaciones debería ser sacar a la calle a todos los descontentos, voten al partido que sea, no espantarlos.
La mejor manera de cambiar las cosas es VOTAR (aunque sea con 10 pinzas en la nariz).
Nunca voté a su partido, siempre discutí sus discursos, aquel puedo prometer y prometo. Seguro que muchas veces canté en el coro de sus críticos y corrí delante de su policía. Los que hoy le ensalzan desde la derecha aún franquista, sobre todo desde la extrema derecha tuitera, fueron los Brutus. No tienen derecho a enarbolar su memoria.
La izquierda tiene al menos la excusa de que era el juego político, la estrategia del desgaste. Nos falto altura en un país de bajura, reconocerle sus enormes méritos, su tesón y habilidad. Legalizó el PCE en contra de la opinión de los suyos, supo acercar a Fraga y Carrillo, apoyarse en el PSOE. Este país le debe mucho.
Es cierto que Suárez no trajo la democracia, la trajeron los antifranquistas, pero sería injusto no reconocer el papel de numerosos franquistas que supieron leer los nuevos tiempos y hacer un servicio a la concordia. En los Torcuato Fernández Miranda, Suárez, etc no había cálculo personal, sino visión política.
También es cierto que era un producto del régimen, pero resultó ser un buen producto, un tipo que sabía escuchar, aunar, tender puentes, acercar a opuestos y engatusar. A este país le han faltado engatusadores, personas capaces de convencer con argumentos y talante (perdón; sé que es una palabra maldita). En este país sobran los prepotentes, el orden y mando, la calle es mía, quien se mueve no sale en la foto.
Me alegra el reconocimiento ciudadano. Lo merece. Fue un hombre solitario que se alimentaba de tortillas francesas, como Sostiene Pereira, y que vivió un drama familiar con el cáncer. Es de los grandes en un país en el que abundan los pequeños. Fue de los pocos políticos en la democracia que dimitió. Le tengo por un tipo honesto que no se lucró con la política. Su enfermedad nos privó de muchos detalles de aquellos años, de cómo se urdieron varios golpes de Estado y de cómo se intentó uno; quién estaba en un lado y quién en otro. Seguro que nos llevaríamos sorpresas. DEP
Adolfo Suárez se merece esta canción. Feliz viaje.
No tengo nada que decir, nada que escribir. Solo noche negra dentro de un insomnio blanco. Avanzan los minutos y las horas hacia ningún sitio. Todo es circular, va y regresa. Hay sueño dentro del cuerpo, un cansancio de plomo que no alcanza a la mente, no la duerme. La cabeza late por dentro, el corazón late por fuera. Todo late al revés en una noche larga de blancos y negros. Hay silencio en la noche y hay noche en el silencio.