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Ítaca, los boatos, la casta y las identidades

Hay algo en el boato, en cualquier boato, que me excluye y diminuye. La pompa es la bandera de imperios, dictaduras, religiones y pensamientos únicos. El nacionalismo se alimenta también del boato, de la exhibición de la identidad, de la singularidad. Se construyen frente a otro, sea real o inventado. No me gusta ningún nacionalismo, sea cual sea su disfraz: nacional o extranjero. Ser una tribu sin contaminantes culturales es una forma de pobreza intelectual.

Asisto al duelo Barcelona-Madrid, por simplificar, un tanto perplejo. Me resulta difícil separar la comparencia de Jordi Pujol en el Parlament, de la esmerada puesta escena de Artur Mas en la convocatoria de un referéndum que probablemente no se va a celebrar. Son parte del mismo juego: la simulación, la cortina de humo. Nunca me gustaron los Mesías; los Moisés, tampoco.

Las disputas se resuelven en las urnas, para saber cuántos somos todos. El pueblo catalán debe tener la posibilidad de decidir su futuro con una pregunta clara, unos procedimientos pactados y una consulta impecable. Mas no cumple si la pregunta es doble y alambicada, si no hay pacto y el procedimiento está viciado porque los vigilantes del proceso son parte del proceso, no son neutrales. El Gobierno y sus aliados tampoco cumplen al negarse a negociar una Hoja de Ruta.

Lo sensato sería darse una última oportunidad y esperar a que cambie el Gobierno a finales de 2015, o el que salga necesite del diálogo para sobrevivir No parece que la paciencia sea la vía de los soberanistas.

Veremos qué sucede después de que el Constitucional anule la consulta. Tenemos un altísimo tribunal que carece del respeto de todos porque fue secuestrado por unos pocos. Sus dictámenes no representan la palabra de los más sabios, los más justos. No solo es Catalunya, también la ley del aborto de Zapatero. Tampoco puede haber juego democrático si el gran árbitro está comprado. Sin instituciones eficaces no hay democracia.

El movimiento ciudadano catalán saldrá a la calle, ocupará plazas, iniciará una desobediencia civil. No tengo ni idea adónde nos llevará este duelo de sordos, pero sí sé quién va a pagar la cuenta: los ciudadanos, sean catalanes o españoles, que a la hora de pagar no hay identidad ni bandera que valga, solo dos bandos: los ricos (sean corruptos o no) y los demás.

Sé que el asunto es complejo, que el sentimiento de independencia está muy arraigado, pero visto así, desde fuera, es una lucha entre castas impunes de la que no me siento partícipe. También quiero independizarme de mi casta, de mis ladrones de guante blanco, de los líderes y lideresas que confunden lo público con lo privado. Si Catalunya es capaz de quitarse la suya, mi casa se independizará con ellos, será catalana o lo que sea. Si no, me quedaré como estoy, rodeado de tiburones sin nombre disfrazado de nadie para que no se les abra el apetito.

Me gusta la canción Ítaca de Lluis Llach. Sé que para muchos es una metáfora de la independencia, la patria soñada. Les invito a leer a Constantino Cavafis, autor de la letra, para que entiendan lo que dice el gran poeta griego: la riqueza está en el camino, no en Ítaca; allí no hay nada, solo es el final de la vida. Feliz fin de semana (histórico, eso sí).

(No sé si son las nuevas restricciones o una enfermedad pasajera pero mi blog no me deja hoy colgar música).

Cruzando montañas y océanos

Crucé una montaña de trabajo, cumplí cada plazo, cada expectativa. Siempre fui un ácrata respetuoso con los compromisos. Me gusta organizarme alrededor de las obligaciones y perder el tiempo cuando me apetece perderlo. Perder elegantemente un poco de tiempo es un lujo, mucho más sano que ser rico, una ordinariez por la que la gente entierra principios y dignidades.

Me siento más feliz en esta situación de afortunado navegante solitario acompañado de amigos y jefes/as que me hacen sentir querido, valorado. Solo me falta viajar. Sigo con la idea de dar la vuelta al mundo en 2015, o al menos empezarla; un viaje interior para celebrar mi cumpleaños, para sellar con hechos que el valor está en el camino, no en Ítaca. Dependerá de la salud (si sobrevivo al gimnasio), del trabajo, la financiación y de mi vida personal.

Desde que cayó el otoño, Nana se volvió más cariñosa: demanda rascadas de cabeza antes de dormir, al despertarme y cuando me siento ante el ordenador. Es la gata más rascada del mundo. Por la noche se sube a la tripa. Parece una vigía encaramada a un promontorio respirante. No sé cómo explicarle que el cojín con vida propia tiende a la desaparición, que el cuento de dormirse mullida y ronroneado tiene los meses contados.

La semana avanza como un velero, abriendo los días en canal. La brisa exterior se confunde con la interior formado torbellinos apenas perceptibles. A veces siento frío. No hay puertos ni mapas ni brújulas ni astrolabios. Es un navegar sin destino. Cuando cruzo océanos hablo a las nubes, les doy nombres de personas y de ciudades para que no me desaparezca la memoria. En respuesta las nubes me llueven agua de mar llena de palabras ajenas. Las recojo con las manos y las vierto sobre el teclado del ordenador para que construyan historias. Son palabras viajeras, extranjeras, saladas, dulces, sin fronteras. Me siento un Robinson Crusoe que cambió Wilson por Nana. Salí ganando.

Miércoles de retales

PRIMER RETAL Se fue Gallardón, inmolado en su ego. Le dejaron solo los que le jalearon en la contrarreforma del aborto, los que piensan como él y ahora se esconden detrás de las encuestas. No fue fío: la guerra no ha terminado, les queda el Tribunal Constitucional que el PP y PSOE convirtieron en lo que es, no en lo que debería ser: una institución respetada, fuera de toda sospecha, compuesta por magistrados de carrera intachable.

Ganó el cálculo: primero los votos, después los valores; perdió el ministro que quería ser presidente. Mariano Rajoy lo ha quemado en público. Ahora le queda completar el auto de fe con la lideresa Esperanza Aguirre. Es posible que con ella, una piraña en la bañera, suceda lo mismo que con el aborto pero al revés: los votos por encima de todo y el presidente aparque sus cuentas pendientes. No me creo que todo dependa de un juez.

En un país serio no habría debate: que un responsable político aparque en un carril bus, desobedezca a la policía y se de a la fuga tirando una de las motos de los agentes sería suficiente para acabar con una carrera. Pero este país tiene unas tragaderas incompatibles con la decencia y la democracia.

SEGUNDO RETAL Hay debate en el tenis por el nombramiento de Gala León, capitana de la Copa Davis. Los Nadal no han estado afortunados, sobre todo el tío. ¿Qué tiene que ver un vestuario con poca ropa con la dirección de un grupo? ¿Qué le pasa a las pelotas de los tenistas? ¿Son tan diferentes a las pelotas de los comunes? Quizá sea la hora, tras la eliminación de este año, de sustituir pelotas por ovarios. Quizá nos vaya mejor. El debate debería ser si León es la mejor opción para el puesto, no su sexo. El nombramiento me gusta, más allá de sus capacidades, que están por ver, porque ayuda a visualizar a la mujer en un mundo de hombres. ¡Suerte Gala!

TERCER RETAL Soy de los que se deben comer las críticas a mi equipo, el Real Madrid, pero no me comeré las vertidas sobre la gestión de Florentino Pérez en los fichajes de este año, sobre todo en las ventas. Carlo Ancelotti es un genio, tiene una virtud inusual: sentido común. El equipo va encajando pero sigue siendo débil en defensa. Nunca debió perder en Anoeta; tampoco contra el Atlético de Madrid. El fútbol, como todo, es un estado de ánimo. Si te crees el mejor puede que con trabajo llegues a serlo.

CUARTO RETAL El monitor del gimnasio me ha dicho que no hago bien los ejercicios de suelo y las pesas. No sé si tiene antecedentes británicos o habla con mi madre, pero ha soltado una puya chestertoniana: “Llevas ya casi dos meses y mira cómo estás. Así no vas a quitarte la tripa”. El “mira como estás” era inncesario, hubiera bastado un “si quieres progresar más, etcétera”, algo positivo. Entre mi madre y el monitor van a acabar con mi autoestima. Las nuevas sentadillas me han demostrado dos cosas: que las hacía mal y que hacerlas correctamente me tiene caminando como un pato. Esta tarde volveré a por más ración de disciplina inglesa. ¿No me basta con la que nos brean a diario?

Feliz miércoles y algo de música: este concierto es una delicia.

De Podemos a Ganemos para ganar de verdad

Podemos acierta en reservarse para las elecciones generales. Debe resolver antes el paso de movimiento asambleario a formación política con líderes y estructura sin perder su alma: la gran participación interna, la frescura. Las encuestas le anuncian un crecimiento para el que aún no está preparado. Presentarse a unos comicios municipales que renuevan alcaldes y concejales en 8.116 municipios es un riesgo. ¿Cómo puedes garantizar con la actual estructura y experiencia que no se llene Podemos de oportunistas como Carlos Floriano?

Los enemigos de Podemos, que son legión creciente, esperan un desliz, un caso de corrupción, algo, para caer sobre ellos. Hay que destruir al limpio, demostrar que es como todos. Sufrir algún caso de corrupción será inevitable a medio plazo; la diferencia estará en cómo se gestiona, cómo se resuelve. Podemos necesita tiempo para asentar sus estructuras regionales y locales y que sean ellas las que sirvan de primera línea de defensa. El PSOE de 1982 se llenó de oportunistas y ahí sigue. Es bueno no repetir errores. La nueva bandera es la ejemplaridad por encima de cualquier tentación electoral.

Presentarse a las autonómicas es imprescindible para mantener viva la marca. No sé si lo harán en las 13 comunidades o en algunas. Es un número manejable, resulta más fácil asegurarse de que los candidatos sean los adecuados, pese a incluir aspirantes a escaños regionales. Un diputado tiene menos opciones de corrupción que un alcalde o un concejal de urbanismo. Presentarse con la marca es esencial para mantener viva la esperanza y el susto al bipartisimo y sus aliados. La batalla de Podemos son las generales de 2015.

Entiendo que Podemos se suma al movimiento Ganemos (Mareas en Galicia y Guanyem en Barcelona) en las elecciones locales. Es importante que aglutine todo el descontento, sin otra bandera que la ilusión, y sea capaz de construir alternativas, pasar de la crítica a las propuestas. .

Soy de Madrid pese a nacer en Venezuela (¡Sí: Ve-ne-zue-la!), vivo en Madrid y tengo clara la ciudad que quiero: menos tráfico (en eso Ana Botella acierta al cerrar el centro), más peatones y bicicletas, más tranvías y menos autobuses (la Castellana ya tiene hecho hasta el carril), mejor Educación y Sanidad públicas, mejores servicios, mejor atención a los ancianos y a las mujeres maltratadas. Un proyecto de ciudad a 20 años vista  Quiero una ciudad moderna, tecnológica, wifi-libre, interconectada, amable, capaz de atraer inversiones y turistas que se sumen a la amabilidad general. No quiero una ciudad repleta de basuras (¿no hay otro diseño para los contenedores de reciclaje, más sencillo?), ruidos, berridos nocturnos y meadas a todas horas. No quiero una ciudad chata que regale plazas a una dirigente político tan lamentable como Margaret Thatcher.

Salud y esperanza. Y música.

Domingo larguísimo. Dos horas mañaneras de Gym expiando gintonics y fabadas. Veinte minutos de elíptica equivalen a uno de Mombasa. Es algo que no debería olvidar la próxima vez. Las primeras semanas fue fácil: los kilos se esfumaban por alguna ranura de la báscula, pero ahora la báscula, la muy cabrona, ha taponado la fuga y los kilos se quedan donde están. Ya solo pierdo gramos.

Sostiene mi entrenador personal externo (no contratado; lo suyo es vocación y amistad) que no debo obsesionarme. Dice que cambio grasa por masa muscular. Hoy he estado una hora en la cinta subiendo pendientes de hasta el 15% a un ritmo constante de seis kilómetros por hora. Ahí me he dejado los otros tres Momabasas y alguna que otra cerveza.

Cuando caminaba hacia ningún sitio con el domador de perros en la televisión del aparato me observaba de reojo en el espejo y debo decir que mi madre, que sigue siendo británica gracias a los escoceses, tiene razón: aún queda un tripón por desmontar. No solo es la protuberancia, que pesará sus diez o doce kilos, sino el flotador que aísla el tronco de las piernas.

Por la tarde paseé en busca de la inspiración atrancado en un reportaje que debo entregar al principio de la semana. Hay párrafos en los que la pendiente es mayor del 15%. Parece una etapa de los Pirineos. No sé si las palabras que cuesta subir queman calorías, pero sería una solución. Paseé por La Latina, mi barrio durante un año. Las terrazas estaban repletas, las calles abarrotadas. Casi me atropella un tipo de Equo que hacía propaganda en bici.

Fui a Tirso de Molina a ver flores y a los cines Ideal para estudiar las películas que no iba a ver. Regresé a casa despacio, como si quisiera encontrarme con alguien conocido, una voz familiar. En Madrid puedes vivir barrio con barrio con amigos y amigas y no verte jamás.

He regado las plantas de casa como recomendó un dependiente de la floristería de Huertas: con abono líquido. El ficus que parecía mustio hace diez días parece salir adelante. Tal era mi obsesión por no pasarme con el agua que casi lo mato de sed. Nana vigila desde una estantería al lado del escritorio. Me mira y cuando le grito alguna carantoña, bosteza, como si no fuera con ella. Cuando digo que es una gata-mujer, y feminista, es por algo: tiene la sartén por el mango y lo demuestra. Feliz semana.

Cuelgo la última canción de A Vivir, que esta mañana no dio tiempo. Es de Elvis Costelo y es contra Margaret Thatcher.

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