Ítaca, los boatos, la casta y las identidades
Saturday, 27 de September de 2014 por Ramón
Hay algo en el boato, en cualquier boato, que me excluye y diminuye. La pompa es la bandera de imperios, dictaduras, religiones y pensamientos únicos. El nacionalismo se alimenta también del boato, de la exhibición de la identidad, de la singularidad. Se construyen frente a otro, sea real o inventado. No me gusta ningún nacionalismo, sea cual sea su disfraz: nacional o extranjero. Ser una tribu sin contaminantes culturales es una forma de pobreza intelectual.
Asisto al duelo Barcelona-Madrid, por simplificar, un tanto perplejo. Me resulta difícil separar la comparencia de Jordi Pujol en el Parlament, de la esmerada puesta escena de Artur Mas en la convocatoria de un referéndum que probablemente no se va a celebrar. Son parte del mismo juego: la simulación, la cortina de humo. Nunca me gustaron los Mesías; los Moisés, tampoco.
Las disputas se resuelven en las urnas, para saber cuántos somos todos. El pueblo catalán debe tener la posibilidad de decidir su futuro con una pregunta clara, unos procedimientos pactados y una consulta impecable. Mas no cumple si la pregunta es doble y alambicada, si no hay pacto y el procedimiento está viciado porque los vigilantes del proceso son parte del proceso, no son neutrales. El Gobierno y sus aliados tampoco cumplen al negarse a negociar una Hoja de Ruta.
Lo sensato sería darse una última oportunidad y esperar a que cambie el Gobierno a finales de 2015, o el que salga necesite del diálogo para sobrevivir No parece que la paciencia sea la vía de los soberanistas.
Veremos qué sucede después de que el Constitucional anule la consulta. Tenemos un altísimo tribunal que carece del respeto de todos porque fue secuestrado por unos pocos. Sus dictámenes no representan la palabra de los más sabios, los más justos. No solo es Catalunya, también la ley del aborto de Zapatero. Tampoco puede haber juego democrático si el gran árbitro está comprado. Sin instituciones eficaces no hay democracia.
El movimiento ciudadano catalán saldrá a la calle, ocupará plazas, iniciará una desobediencia civil. No tengo ni idea adónde nos llevará este duelo de sordos, pero sí sé quién va a pagar la cuenta: los ciudadanos, sean catalanes o españoles, que a la hora de pagar no hay identidad ni bandera que valga, solo dos bandos: los ricos (sean corruptos o no) y los demás.
Sé que el asunto es complejo, que el sentimiento de independencia está muy arraigado, pero visto así, desde fuera, es una lucha entre castas impunes de la que no me siento partícipe. También quiero independizarme de mi casta, de mis ladrones de guante blanco, de los líderes y lideresas que confunden lo público con lo privado. Si Catalunya es capaz de quitarse la suya, mi casa se independizará con ellos, será catalana o lo que sea. Si no, me quedaré como estoy, rodeado de tiburones sin nombre disfrazado de nadie para que no se les abra el apetito.
Me gusta la canción Ítaca de Lluis Llach. Sé que para muchos es una metáfora de la independencia, la patria soñada. Les invito a leer a Constantino Cavafis, autor de la letra, para que entiendan lo que dice el gran poeta griego: la riqueza está en el camino, no en Ítaca; allí no hay nada, solo es el final de la vida. Feliz fin de semana (histórico, eso sí).
(No sé si son las nuevas restricciones o una enfermedad pasajera pero mi blog no me deja hoy colgar música).