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Violencia interior contra las meadas

Escucho esta canción de Extremoduro. Me gusta como declaración vital. También me molesta la línea recta, las prisas y las personas a las que no les cabe ni una duda. Me cansa el tráfico y el sinsentido, y la mala educación. No soporto a los que van por la vida como si la vida les perteneciera, desmoronados de sí mismos, marcando el paso. Me cansan los chulos, los prepotentes, los ladrones de cuello blanco, los corruptos.

Debo de tener mi escala de hartazgo averiada porque lo que más me irrita de todo son los que orinan contra las fachadas y los portales, los que patean contenedores de basura y berrean su simpleza en la madrugada. Me molestan más porque despiertan mi violencia interior, me alborotan el cerebro. Me entran ganas de agarrarles por los huevos y apretar hasta que cante la gallina, o quizá hasta un poco después. Son pensamientos, fantasías, sin sexo, claro.

Lo que me irrita de esos pensamientos es que me recuerdan que hay una bestia dentro de mí, común a cada uno de nosotros, presta a saltar a la yugular de quien sea. Solo necesita una oportunidad, una pizca de odio y mucha sensación de impunidad. Siempre me ha dado miedo la bestia que habita dentro del hombre porque la he visto muchas veces fuera del hombre. Feliz Extremoduro, feliz resto del jueves (histórico).

Escocia, sé inteligente: vota depende

Lo que suceda el jueves en Escocia me afecta tangencialmente: no me gusta el whisky y el petróleo que fluye por mis venas capitalistas habla árabe, persa, ruso, inglés de Nigeria, portugués de Angola o español de México. Me gustaría la victoria del para que mi madre sea por fin inglesa a sus casi 91 años. Nunca le reconocieron su inglesidad pese a nacer en el barrio londinense de Finchley, el que alumbró mucho después a Margaret Thatcher, ahora muy popular en el Madrid de Ana Botella. El defecto de mi madre era tener un padre sajón y una madre normanda, los dos pueblos que crearon Inglaterra. La histórica se olvida en leyes  injustas, como la que me privó de tener pasaporte británico.

Los escoceses se han sentido escoceses y británicos, los mismo que los galeses y los norirlandeses. En realidad, como dice Marta López, mi jefa en El Periódico de Catalunya, los únicos que jamás se sintieron británicos fueron los ingleses. Así que ahora no vengan con milongas emocionales.

Me gustaría la victoria del no por Catalunya, porque necesito una pausa en esta estampida colectiva hacia el precipicio, un lugar en el que ya hemos estado catalanes y españoles. Me gusta el proceso escocés: negociación, acuerdo y urnas, algo que falta en Catalunya. Quizá Artur Mas y compañía deberían ralentizar el proceso y esperar a finales de 2015 para saber quién gobernará España y en qué condiciones. Es posible que necesite pactos y eso ayuda al diálogo que ahora falta.

Lo inteligente sería lograr un compromiso, una hoja de ruta, rebajar la emoción y subir la razón en ambos lados y que el pueblo catalán vote tras una campaña en la que todos puedan expresar su opinión. Es la forma democrática de solucionar estas cosas, y además es lo más práctico.

No quiero que Catalunya deje España porque es nuestro pulmón verde de inteligencia, de seny (que de rauxa ya andábamos sobrados). Sin Catalunya quedaríamos amputados, sin esperanza de regenerar este país averiado.

Estoy cansado de poner la televisión, la radio y que salga el monotema. No me gusta la visión de Madrid de lo que sucede en Catalunya. Tampoco me gusta la visión de lo que sucede en España, en la calle. Espero que opciones ciudadanas como Podemos y Guayem Barcelona ganen mucho peso en las elecciones municipales y que la cordura que le falta a los políticos la impongamos los ciudadanos.

Mientras, un poco de humor con los Simpson. Feliz víspera de no sé qué.

El gym, la radiografía y la Espe

El lunes cambié el gym por una radiografía lumbar: posible pinzamiento. Cuando fui al médico le dije: “No sé si es un tumor en el riñón o el precio de ponerme en forma”. Este tipo de bromas, un tanto estúpidas, son una defensa, un sistema eficaz de alejar el miedo. Funciona en las guerras, funciona en la paz.

Soy hipocondríaco irresponsable; es decir, un tipo que no se toma en serio. En los días anteriores a la consulta médica, el supuesto pinzamiento no se movía un centímetro del riñón izquierdo. Los pinzamientos pueden ser muy listos, mucho más que una alcaldesa de una gran ciudad en el centro de España. ¿Lo pillan?

Cuando el médico dio su diagnóstico preliminar, a falta de la prueba radiológica, el dolor empezó a moverse por el nervio ciático. Le acababan de desenmascarar. Mi pinzamiento es como los políticos españoles, no dimite ni pa’dios. Amaga como Gallardón, pero ahí sigue, dando problemas. Es posible que acabe perdiendo los 15 kilos que me siguen sobrando tras los cinco ya perdidos; también es posible que acabe en una silla de ruedas delgado como una sílfide.

Hoy volví al gimnasio sin mostrar debilidades. A los notas no les duele nada pese a que algunos tienen más bíceps que cabeza. He reducido los ejercicios de suelo y los aparatos. Me concentro en las sentadillas y en el cardio. Me gusta pese a compartir local con Tomás Gómez, un líder empeñado en seguir perdiendo elecciones por el mal de todos. Si le veo, le pondré esta canción de Skape y que aguante la vela.

Como la vamos a aguantar todos si se presenta y gana Esperanza lideresa Aguirre. Ella es la prueba de que este país no es serio. No son serios los políticos ni los periodistas ni los ciudadanos. En Alemania o en el Reino Unido, la Espe estaría políticamente muerta, fuera de juego. Aquí no, aquí es una heroína de la nada, un icono de la vaciedad absoluta.

Feliz martes y que dimita también el jefe de Orenga.

¡Queremos fumar lo mismo que ellos!

¿Qué mecanismo mental empuja a un grupo de personas autoproclamadas inteligentes a otorgar una plaza a Margaret Thatcher, distinguidísima señora inglesa que no se distinguió en vida por hacer nada en favor de la ciudad de Madrid? ¿Quién diablos tuvo el pronto, el bombillazo? ¿Quién fue el mamarrach@? ¿Son los mismos cerebros que pergeñan los recortes y demás gracias? ¿Bajo qué efectos alucinógenos pensaron que tamaño disparate podría darse en el mandato de una alcaldesa no elegida en las urnas y que para colmo no sabe ni papa de inglés como ha dado repetidas y bochornosas pruebas en estos de exposición y escarnio? ¿Es la misma planta que mantiene a la lideresa tan activa en defensa de su derecho constitucional a atropellar ciudadanos, policías y a todo lo que se le ponga por montera porque ella es así de majete (o ma-jeta)?

Yo, en mi modesto entender, hubiera preferido un nombre más vinculado a los méritos de la alcaldesa y de su insufrible hombrecillo de casa, algo así como ‘My taylor is rich Square’ o ‘Relaxing Square of café con leche’ o, puestos: ‘Fuck you, Podemos’ (en este caso tendrían el apoyo del PSOE y tal vez de IU).

Ha llegado la hora de plantarnos, de ser inflexibles en nuestras demandas democráticas: ¡Queremos fumar lo mismo que ellos! Feliz jornada.

Anticipándome a las críticas, una declaración

Me gustan las entrevistas, las conversaciones pausadas en este mundo de prisas, de preguntas que exigen una respuesta predeterminada o ninguna. No tuve oportunidad en mis años en El País, más allá de las necesarias para alimentar los reportajes o retratar una situación internacional concreta. Con las nuevas tecnologías regresa la profundidad más allá de la dictadura del espacio. Me gusta hablar de política. Con los políticos prefiero las entrevistas impertinentes, con preguntas claras y directas que eviten el mensaje prefabricado. A los intelectuales les dejo hablar, si hay discurso, que lo suele haber.

Soy responsable de mis preguntas, no de las respuestas. Creo en la libertad, también en la libertad de respuesta. No soy un censor. Creo en la inteligencia soberana del lector.

Hoy he publicado mi primera entrevista con eldiario.es. La otra parte, la esencial, es Santos Juliá, un historiador de prestigio, un intelectual de primera. Habrá más entrevistas y otras colaboraciones que se irán concretando.

Y habrá decepciones ante mis preguntas y por las respuestas. Me encantan las visiones complejas de un mundo complejo. Abomino de los eslóganes y de los libros de Petete. Me gustan las personas que responden desde sus convicciones aunque no sean las mías. Me atraen aquellos que tienen dudas y las muestran. Me preocupan los que solo tienen certezas.

Llego a eldiario.es tras varias conversaciones con Nacho Escolar, de los primeros en llamarme tras el deceso de El País; de mi deceso, se entiende. Con el tiempo hemos encontrados espacios compatibles con otros medios: InfoLibre, El Periódico de Catalunya, A vivir que son dos días y, espero, con Jot Down. A todos ellos debo mucho en estos casi dos años de travesía.

Me considero un tipo de izquierdas, pero ante todo soy un periodista. Trato de ser honesto, no me caso con nadie (solo me casé una vez y se llama Blanca) y reconozco mis limitaciones. Si no las tuviera sería arquitecto o psiquiatra, mis otras profesiones favoritas además de las soñadas en la infancia: torero (sí, Nacho, torero), bombero y astronauta.

Muchas gracias, sobre todo, a los que me leen sea donde sea. Ellos/ellas son el motivo de que este fuerte no se rinda. Salud y feliz curso (electoral ¡por fin!).

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