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No puedo dejar de soñar

Sé que este mundo nuestro que se prohibe la existencia de la muerte es capaz de hacer el mejor negocio con la muerte (ajena). Los que se rasgaban las vestiduras por su peterpanismo ahora se las rasgan por lo contrario. Los que le condenaron sin juicio ahora sin juicio le salvan. ¿Quiénes son aquí los inmorales?

Ahora que se ha muerto un rey no puedo dejar de soñar con los otros…

John Lennon en 1969, el año siguiente de la muerte de muchos sueños… Sólo tenía 15 años pero ya estaba seguro de cuál era mi bando. Pienso en el poema de Cavavis Cirios… Empiezan a ser muchos los que humean y arden detrás.

Bye bye dear king Michael Jackson

Michael Jackson, the fallen King of Pop, is dead. The singer, songwriter and dancer whose career reached unprecedented peaks of sales and attention, died Thursday at 1:07 p.m. Pacific time, a Los Angeles city official said. He was 50.

Mr. Jackson, in a coma, was rushed to UCLA. Medical Center, a six-minute drive from the rented mansion in which he was living, shortly after noon by Los Angeles Fire Department paramedics. A hospital spokesman would not confirm reports of cardiac arrest.

As with Elvis Presley or The Beatles, it is impossible to calculate the full impact he had on the world of music. At his height, he was indisputably the biggest star in the world and has sold more than 750 million albums. Radio stations across the country reacted to his death with marathon sessions of his songs. MTV, which was born in part as a result of Mr. Jackson’s groundbreaking videos, reprised its early days as a music channel by showing his biggest hits.

From his days as the youngest brother in the Jackson 5 to his solo career in the 1980s and early 1990s, Mr. Jackson was responsible for a string of hits like “I Want You Back,” “I’ll Be There,” “Don’t Stop ’Til You Get Enough,” “Billie Jean” and “Black and White” that exploited his high voice, infectious energy, and ear for irresistible hooks.

Más en la magnífica crónica de Brooks Barnes en The New York Times



Es cierto: tengo la misma impresión de cuando murió John Lennon y Elvis (y también James Brown), es como si esta noche me hubiera muerto un poco. Eso es vivir: morirse poco a poco y ser consciente de ello. Queda su música por encima de sus numerosísimas rarezas y escándalos. Queda su música por encima de este mundo que crea iconos globales, los explota y después trata de arrojarlos a la basura en nombre de no sé qué moral porque el negocio está en el ciclo completo.

Que Michael Jackson son espere muchos años en el jardín. Salud amigo y gracias por tu genio y tu música.

Ideas, imitadores y Carlo Giuliani

Políticos que fabrican declaraciones en vez de gobernar con eficacia. Opositores que sólo buscan golpes de efecto para salir en el telediario. Entre tanto actor malo y malísimo (hay gente honesta, también) está la realidad, es decir, nosotros y, sobre todo, los que nunca salen en las noticias.

No es un problema nacional. Pronto tendremos el montaje del G-8 en Italia, excelente oportunidad para comprobar que en el fondo sólo somos (o son) unos imitadores. Supongo entre tanta berlusconiada y tanta crisis económica sólo se salvarán Angela Merkel y San Obama, que son lo único fresco que permanece en un mundo de lenguaje vacuo y burocratizado. Me gusta ella por su honestidad y sencillez; me gusta él, por la fe que le mantengo. Me gusta Lula.

G-8 e Italia, mala suma, pésimas memorias: julio, 2001. Supongo que nadie olvidará al joven Carlo Giuliani. No era iraní. No era mujer ni se llamaba Neda, pero murió por unas ideas que no se diferencian demasiado de las mías. Me siento muy próximo a la gente que tiene ideas y lucha por ellas, tiren piedras a la policía antidisturbios o ayuden como las ejemplares Hijas de la Caridad de Teresa de Calcuta a los más pobres del Tercer Mundo, a los que ni siquiera tienen derecho a un colchón para morir como personas.

No me mueve la ideología; me mueven las ilusiones, las ideas y, cada vez, más las personas. Debe ser la edad, pero ya no pregunto por los colores, sólo me interesan las actitudes.

Cuando la ficción se prohíbe en Irán

Sometimes, the soft literary citizens of liberal democracy long for prohibition. Coming up with anything to write about can be difficult when you are allowed to write about anything. A day in which the most arduous choice has been between “grande” and “tall” does not conduce to literary strenuousness. And what do we know about life? Our grand tour was only through the gently borderless continent of Google. Nothing constrains us. Perhaps we look enviously at those who have the misfortune to live in countries where literature is taken seriously enough to be censored, and writers venerated with imprisonment. What if writing were made a bit more exigent for us? What if we had less of everything? It might make our literary culture more “serious,” certainly more creatively ingenious. Instead of drowning in choice, we would have to be inventive around our thirst. Tyranny is the mother of metaphor, and all that.

Among other things, Shahriar Mandanipour’s novel “Censoring an Iranian Love Story” (translated by Sara Khalili; Knopf; $25) is a tough reply to such maundering. Mandanipour, a distinguished Iranian novelist and short-story writer, was prohibited from publishing his fiction in his native country between 1992 and 1997. He came to the United States in 2006, as an International Writers Project Fellow at Brown University, and stayed in America. This novel, his first major work to be translated into English, was written in Farsi but cannot be read in Iran. His book is thus acutely displaced: it had to have been written with an audience outside of Iran in mind, but in a language that this audience would mostly not understand; it depends on translation for its being, yet its being is thoroughly Iranian, lovingly and allusively so, dense with local reference. And it takes as its subject exactly these paradoxes, for it is explicitly about what can and cannot be written in contemporary Iranian fiction.

Más en Love, Iranian Style (A new novel pits passion and repression) escrita por Shahriar Mandanipour. James Wood: The New Yorker. 29 de junio.

Neda tiene nombre de revolución

Nunca he estado en Irán ni tengo datos incontestables de que las elecciones del 12 de junio fueran arteramente robadas. Tal vez, el problema es que nos hicimos demasiadas ilusiones y no salieron como esperábamos. Tampoco sé si Mir Huseyin Museví es la alternativa mágica en un sistema clerical y corrupto que Mahmud Ahmadineyad llama “democracia religiosa”. Sólo sé lo que me dijo un iraní, cuyo nombre callaré, hace unos años en Bagdad: “En mi país es necesaria una segunda revolución que nos libere de la primera”. También sé que las revoluciones, no importa lo justas y necesarias que sean, envejecen mal. A menudo se nota desde el segundo día (Recomiendo la genial Bananas de Woody Allen y la escena del balcón al final). ¿Ponemos ejemplos? Cuba, Nicaragua…

No sé mucho pero he visto una y otra vez las terribles imágenes de la muerte de Neda y no necesito más para decidir en qué bando estoy. No importa cuantos pasdarán y basij salgan a la calle a reprimir brutalmente las protestas ni cuantos guías de la revolución hablen y hablen durante horas ni cuántos periodistas sean expulsados o silenciados, Irán ya tiene rostro y éste es el de Neda.

Algo se ha roto. Se palpa en la exposicion pública de la pérdida (más o menos) colectiva del miedo. Se intuye que algo mucho mayor se romperá y que el torrente se llevará por delante el régimen de los ayatolás. La dinámica se ha puesto en marcha y ya es imparable aunque lleve años ver el resultado. Sucede en todas las dictaduras: primero una grieta, después la represión bruta y los muertos y al final, el desplome inapelable.

La tragedia del Irán oficial, del todo está atado y bien atado, es que millones de jóvenes urbanos no padecieron al Sha ni vivieron las emociones de la Revolución de Jomeini. Esos jóvenes necesitan abrir la ventana y respirar. No pueden seguir viviendo en una impostura social de apariencias: mujeres que bajo los chadores oficiales visten minifaldas y ropas de marcas occidentales, fiestas sublimes y una admiración generalizada y poco secreta por el modelo de vida del Gran Satán. El EEUU de Bush no supo ver la gran oportunidad que representó Mohamed Jatamí. Tampoco Jatamí supo ver lo que representaba su presidencia.

Estas lecturas que me han ayudado y ayudan a salir de la ignorancia.

-El informe del think thank británico Chatham House sobre las elecciones. En él viene a demostrar que los resultados oficiales son imposibles desde el punto de vista estadístico y que el movimiento de votos ha estado destinado a impedir una segunda vuelta sin pararse mucho en mantener las formas.

-El blog de Íñigo Sáenz de Ugarte, experto en Oriente Próximo y alrededores. Recomienda en uno de sus post dos lecturas: Gary Sick y George Friedman. Me permito copiar parte de su entrada:

El Consejo de los Guardianes ha dado por proclamados los resultados de las elecciones iraníes: no hay pruebas de fraude, anuncia, y por tanto Ahmadineyad ha conseguido la reelección. Volverá a tomar posesión de su cargo en las primeras semanas de agosto. ¿Fin de la discusión?

-Muy interesante, además de las crónicas de Ángeles Espinosa en El País, la entrevista digital de un amigo muy sabio, Javier Martín, de la agencia EFE, experto en el mundo islámico (habla árabe con perfección; además de hebreo) y que en tres meses ya maneja bastante farsi.

-Vuelvo a Sáenz de Ugarte, lectura obligada, sobre todo estos días:

La existencia de víctimas de la represión hace que una vez finalizado el periodo de duelo (40 días) se recupere el impulso por la defensa en la calle de las ideas de las personas que dieron su vida por ellas. El recuerdo de los mártires es un valor imprescindible para entender la cultura de resistencia que impregna a los chiíes tanto en cuestiones religiosas como políticas.

Por eso, el régimen tiene tanto miedo al ejemplo que supongan estos mártires. El valor de símbolo que ha adquirido la muerte de la joven Neda Soltani será incluso superior a largo plazo al que quieren darle los medios de comunicación occidentales. Dentro de un tiempo, la CNN se olvidará de Neda. Los iraníes, no. La policía ha prohibido que se celebren actos en mezquitas en recuerdo de las víctimas y ha presionado de forma vergonzosa a los familiares, como cuenta la periodista Farnaz Fassihi en el WSJ (conocida por su cobertura de la guerra de Irak). Incluso solicitando el pago de 3.000 dólares por la bala que mató al hijo de un portero de una clínica.

¿Qué va a suceder? Lo que suceda será lento y difícil de ver en el ritmo trepidante en que se mueve el periodismo actual, tan dado a abandonar los temas. Los grandes cambios se anunciarán primero en los detalles, nunca en los titulares.

Algunas pistas de urgencia: Un aliado de Rafsanjaní llama a crear un bloque político de oposición (FT): Musaví prepara una huelga general (IBTimes) y poder de Neda en una cultura del martirio como la chií (LAT). Interesante la entrevista con Alí Larijaní, presidente del Parlamento, sector duro y amigo nuclear de Javier Solana que dio a conocer hace unos días Juan Cole, un tipo que me recomendaron seguir en 2004 en Bagdad y que nunca defrauda.

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