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Pulgarcito en Irak

Después de muchos muertos, heridos y destrucción, el Ejército de Estados Unidos ha entregado el control de la seguridad de las ciudades iraquíes al Gobierno de aquel país. Es el primer paso de un calendario pactado de retirada que finalizará en 2011, ocho años después de que un presidente y una administración de irresponsables utilizara otros muertos, los del 11-S, para sus vendettas, negocios y juegos de Risk. Si no fueran políticos estadounidenses, es decir productos del país más poderoso del planeta, no tendríamos tantos problemas con los sinónimos. La justicia internacional, tampoco.

Recuerdo a Donald Rumsfeld, un rostro de película de malos y malísimos en blanco y negro, enviar a sus tropas a una guerra con la que pretendía pasar a la historia como un genio militar: una guerra moderna de ejércitos pequeños, muy móviles y tecnológicos. Esa escasez de medios humanos y materiales en comparación con la anterior guerra del Golfo tenía trampa: en frente no había otro Ejército poderoso, sólo propaganda de cartón piedra con miles de hombres desmoralizados sin armas de destrucción masiva ni de la otras después de tantas guerras y embargos. Rumsfeld, el de la historia de los genios que terminó en la de la infamia, jugaba con ventaja: sabía que no habría combate. Era Mike Tyson contra un niño desnutrido de 12 años. Victoria en tres semanas sin apenas resistencia. Sólo Nasiriya y el aeropuerto de Bagdad… El precio fue alto: saqueos de museos, bibliotecas, comercios y hospitales y, sobre todo, la pérdida de la auctóritas, tan necesaria cuando se es Imperio.

Los que leen historia saben que en toda ocupación la verdadera guerra empieza cuando termina la guerra y comienza la paz.

El virrey Paul Bremer debería ser juzgado. Sobre todo por inepto. También por los crímenes que se cometieron bajo su mandato. Fue él quien firmó la orden en mayo de 2003 de disolver las Fuerzas Armadas y cerrar la administración iraquí a los afiliados al partido Baaz, que era como el Movimiento inmóvil de Franco: fuente de trabajo y seguridad para la mayoría de la población que se apuntaba. Este Bremer de botas marrones y traje de baratillo no sabe que en toda dictadura la única supervivencia está en el teatro, en saber interpretar el papel adecuado. Él y sus jefes de Washington deberían ser procesados (al menos políticamente) en EEUU porque muchos de los miles de soldados estadounidenses muertos en Irak se deben a su mal gobierno.

Recuerdo a Dick Cheney y sus mentiras y sus cuentos de miedos, sus alertas naranjas en el metro de Nueva York y sus manipulaciones. Sus teorías son las impulsoras de las cloacas de la democracia, los Abu Ghraib, Guantánamo, Bagram y las cárceles secretas donde soldados con el uniforme y la bandera de Estados Unidos, que para muchos sigue siendo de la libertad, han torturado y violado a presos indefensos. Como los milicos argentinos. Como los de Pinochet. Si no fuera estadounidense, este Cheney que cuando habla el aire se hiela, podría parecer un fascista. Otra vez los sinónimos.

Recuerdo la prensa estadounidense y la otra, la europea y la nuestra, tragándose las mentiras, y recuerdo a algunos periodistas que entonces decían A y ahora dicen B con el mismo entusiasmo porque lo suyo es decir lo que suena bien al poder. Un problema genético y de catadura.

Recuerdo al trío de las Azores y al hombrecillo insufrible buscando algo despeinado la foto junto al emperador.

A finales de 2007, la situación en Irak empezó a mejorar: más tropas concentradas en Bagdad y un general inteligente, David Petraeus, hicieron la diferencia. Ahora, con menos tropas regresan los atentados y más que habrá. Estados Unidos deja un país encerrado entre muros de miedo y con el riesgo de precipitarse a una guerra civil o caer en otra dictadura. Será, en todo caso, una opción iraquí.

Ahora, vuelve el teatro: tropas árabes formadas y armadas por los ocupantes que danzan y disparan al aire porque se marchan sus padrinos.

Estados Unidos ha perdido mucho en Irak: vidas y valores. Irak ha perdido más, cientos de miles de vidas y unos valores y libertades que nunca disfrutó.
El gran error estratégico de los neocoms ha sido entregar a Irán la victoria regional sin tener que disparar una bala sin poner un muerto.

Sólo queda aprender la lección, seguir las migas de regreso a casa y dar un vuelco a la estrategia de Afganistán, que es como Irak, pero tres o cuatro años después. Es decir, lo peor podría estar por llegar.

El genio del laúd

Recomiendación extraordinaria de Mónica G. Prieto en su blog:

Desconozco cada cuántos años el mundo alumbra a un genio, pero resulta fácil reconocer a los elegidos. Naseer Shamma es uno de ellos. Considerado el mejor intérprete contemporáneo de laúd, el instrumento por antonomasia de la música clásica árabe, sus conciertos se convierten en un acontecimiento en todo Oriente Próximo donde este menudo artista arranca notas al instrumento que arrebatan sentimientos a los espectadores.

Puerta del Sol

PSOE y PP han inaugurado una estación subterránea en Sol con mucha luz para salir guapos en los informativos. En la superficie, donde habitamos nosotros, un campo de minas y obreros que se apuran (poco) bajo la solana en finalizar una obra que para las hemerotecas está terminada. Recuerdo la campaña de Anson contra las farolas de Barranco llamadas supositorios. Al final, el alcalde cedió y retiró los adefesios. ¿Por que ahora no hay campaña contra esa imitación mala de la pirámide del Louvre?

Negocios sucios, banqueros limpios

Two of the biggest names in the City of London had previously undisclosed links to slavery in the British colonies, documents seen by the Financial Times have revealed.

Nathan Mayer Rothschild, the banking family’s 19th-century patriarch, and James William Freshfield, founder of Freshfields, the top City law firm, benefited financially from slavery, records from the National Archives show, even though both have often been portrayed as opponents of slavery.

Far from being a matter of distant history, slavery remains a highly contentious issue in the US, where Rothschild and Freshfields are both active.

Companies alleged to have links to past slave injustices have come under pressure to make restitution.

JP Morgan, the investment bank, set up a $5m scholarship fund for black students studying in Louisiana after apologising in 2005 for the company’s historic links to slavery.

The archival documents have already prompted one of the banks named in the records to take action in the US.

Más en Financial Times: Rothschild and Freshfields founders had links to slavery, papers reveal. Escrito por Carola Hoyos.

Cuando el reportaje está en el retrete

Leído en las paredes de los retretes de Kuwait convertidos en murales de ideas, quejas y creaciones más o menos artísticas. “Jesús (tachado y sustituido por un Allah) died for you”. “I love the Army and I love killing muslims”. En otra pared: un chicle rosa arrugado junto a un rostro dibujado con rotulador negro de cuya boca asoma una lengua y una burbuja de las de cómic: “Looks like a pussy”. También los hay guerreros: “Fuck the Army”. “Kill muslims in the name of God orBush dosen’t fukn’ matter ”.

Escucho If I have go go de Tom Waits y me entra saudade.

Nueva visita al servicio. Son los nervios. Busco otras letrinas en un segundo contenedor y me acomodo en el retrete con las paredes más garabateadas. Todo son referencias sexuales soeces. Hay una brutal, irrepetible, que convierte los diálogos de Generation Kill en un asunto de monjas de clausura.

El pasaporte estará a las 2100. Hay un vuelo a Bagdad las 0100. En la base se lee un cartel: Puerta hacia la victoria. Al lado se extienden unas bancadas de madera en forma de graderío con letreros de los destinos militares que ofrece la base de apoyo aéreo: Tal Afar, Mosul, Balad, Tikrit, Bagram… Parece más una puerta giratoria a los infiernos.

Tercera visita al retrete. Esta vez es un asunto profesional, sólo busco información que pueda ser utilizada en una crónica. Desde que el periodista arranca el viaje todo lo que ve, escucha, lee y huele es material informativo de primera clase que puede y debe vestir cualquier crónica. “Cuando se aterriza en un sitio como un paracaidista las dos primeras fuentes citables son el taxista y el mozo del hotel, pero nunca hay que desvelar su profesión”, decía Juan Carlos Gumucio, gran reportero y persona que no soportó el exceso de soledad.

Me encuentro en la letrina de los intelectuales: ”Only the death have ever seen the end of the war” (Platon). También hay nombres de ciudades, grandes como Chicago, Nueva York y Baltimore, y otros de pequeñas, como Flint, como si escribirlos en una puerta ayudase a estar más cerca. Leo una pintada de un Rakansas, nombre de una de las brigadas de la 101 División Aerotransportada. En ella aparecen marcados con una uve los lugares ya visitados: Tal Afar, Balad, Mahmudiya, Tikrit, Samarra… El casillero de Afganistán está vacío. Horas después, en uno de mis paseos por la base para hacer tiempo, me topo con gente de la 101 que regresa a casa. No parecen felices, saben que su guerra no ha terminado.

Sistema de adelgazamiento: cagar el doble de las veces que se come. Un almuerzo, dos deposiciones. La toallita húmeda es un gran invento civil para uso militar.

(Diarios de Bagdad. Nov-dic 2008)

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