En España hay dos tipos de españoles: los que no tienen ni idea de inglés y los que llevan toda la vida aprendiéndolo. Esta vieja frase, válida para mi generación y para muchas de las siguientes, tiene ahora menos vigencia; son bastantes los jóvenes que hablan un inglés más que aceptable. No estoy en el detalle del Plan Bolonia, pero sé que la Universidad en España (hay excepciones, sobre todo por facultades y departamentos) es bastante floja. El espacio de la Union Europea como universo de conocimiento y espacio laboral es un reto. Poder estudiar en uno o dos países y trabajar en un tercero es más que una opción, es el futuro. La gran crítica es que ese Plan no es una apuesta cultural, sino económica.
Pero aquí, en este país torturado por el desconocimiento, las Españas negras y el olor a azufre y a vela, parece que cuesta despegar, cuesta que miles de jóvenes se planteen como aventura, no como tragedia, salir de casa y buscarse la vida. Somos después de todo víctimas de dictaduras y miedos, de un maltrato colectivo. Un país en el que la mayoría quiere ser asalariado, y si es funcionario, mejor, nunca emprendedor. El idioma inglés es sólo uno símbolo de nuestro retraso general.
Ver a Zetapeta en las cumbres de la UE en un corrillo de jefes de Estado o de Gobierno diciendo My taylor is rich resulta descorazonador. Peor es escuchar al mini napoleón, al hombrecillo insufrible, hablando ante sus pobres alumnos de Georgetown sobre la Reconquista de Egpaña (cosa que aún no existía). Ése podría ser un excelente argumento y un lema contra el Plan Bolonia: “No queremos acabar como los pobres de Georgetown”.
¿Cuántos políticos españoles hablan idiomas? ¿Cuál es su nivel? Sería un buen reportaje.
Todo este post era para poder decir que el doblaje en las películas extranjeras es (en parte) el gran culpable de que varias generaciones de españoles hayan crecido sin escuchar un buen inglés. A cambio de decenas de puestos de trabajo, un país entero se ha quedado sin oído. Y no sólo es el idioma, es que generaciones de cinéfilos en potencia se han tenido que conformar con medio actores y medio actrices que, en su versión patria, fueron amputados en algo tan importante como la voz. Somos un país que no conoce el timbre de Marilyn Monroe y ésta es la peor de las tragedias. Así nos va.
Desde el aire, la Zona Verde es un cementerio arenoso inundado de muros y alambres de espino en el que cada tumba parece tener miedo de la resurrección del muerto de al lado. Se ven algunas piscinas en buen estado, con su agua azul clorada; deben ser de las embajadas más importantes, como la estadounidense, que sin preocuparse de los efectos de los símbolos en una población sin cultura política, se instaló en el principal de los palacios de Sadam Husein, el de la República. A la Zona Verde se mudó todo el mundo que quería y podía: diplomáticos amigos de Estados Unidos, parte del Gobierno iraquí y periodistas de postín, todos huyendo de la inseguridad, los secuestros y las bombas. Esta es la metáfora cruel del nuevo Irak: un mundo de hormigón y miedo. A los muros físicos se unen los culturales y unas ciertas dosis de racismo. “¡De donde coño ha salido toda esta jodida gente!”, exclamó un enorme sargento soldado estadounidense en agosto de 2003. Era la prueba de que no podrían ganar; ni siquiera sabían que habían invadido un país.
Usted también tiene una serie de objetivos, aunque pensamos que hasta la fecha no ha logrado completarlos de forma satisfactoria, por lo que le sugerimos que los revise y, eventualmente, los cambie o los reoriente.
El primero de ellos ha sido el europeo. Ahora tiene una buena oportunidad: la presidencia europea del primer semestre de 2010 tendrá lugar en un momento crucial. El Viejo Continente está desnortado y dividido ante la crisis, y sigue sin cerrar sus problemas institucionales. La ocasión es única para alguien dispuesto a invertir tiempo y capital político, ir de aquí para allá, arrancar compromisos, persuadir, negociar y poner en marcha iniciativas. Usted es joven, y podría aspirar a una posterior carrera europea.
El problema es que su programa para esa cita contiene numerosas propuestas de actuación en muchos ámbitos distintos, pero se echa de menos su impronta personal. Dice usted que quiere hacer una “presidencia transformadora”, no técnica. Pero tal y como está, el plan parece más bien la suma de las ideas y demandas de muchos departamentos y actores, pero no el producto de una visión de conjunto ordenada y clara. Tenga en cuenta, además, que la agenda de la presidencia no cuenta con los imprevistos, que pueden incluir una crisis financiera mundial o un conflicto bélico en territorio europeo (como le ocurrió a Sarkozy con Georgia). Señor presidente, como demostró el líder francés, Europa se hace con la cabeza, pero también con el estómago, e incluso con el olfato. Nada de lo que se ha hecho hasta ahora se debe a otra cosa que a la voluntad de los que lo han hecho.
Más en Diagnóstico diferencial, política exterior (sé que el título no invita, pero el texto es muy interesante). Se trata de una carta a José Luis Rodríguez Zapatero de José María de Areilza (hijo, claro) y José Ignacio Torreblanca publicada en el número de Foreign Policy en español de junio-julio de 2009. En Moncloa no ha gustado, a mí sí.
Un libro: A los fotógrafos y camarógrafos no les gusta escribir. Dicen que no saben. Existen muchísimos ejemplos de gente que trabaja con la imagen que son capaces de crear textos bellos y precisos en los que emplean un lenguaje directo, limpio y desnudo de adjetivos. Son textos rotundos, como sus imágenes. Robert Capa es uno de ellos y Ligeramente desenfocado (La Fábrica), una prueba. Su arranque es extraordinario: “Ya no tenía motivo alguno para levantarme cada mañana”. Capa nació periodísticamente en la Guerra Civil española. Fue un jugador de pócker en la vida: cada decisión, un riesgo. Murió demasiado joven, pero aparentemente fue feliz.
Una película: Salvar al soldado Ryande Steven Spielberg tiene la media hora de guerra mejor filmada de la historia. Ese desembarco brutal en la playa de Omaha, en Normandía, es lo que hubiera filmado Capa de haber tenido una cámara de vídeo. Él sólo hizo fotos, la mayoría de ellas se perdieron después en un mal revelado en Londres, pero quedan las suficientes -y en el libro anterior se publican algunas- para saber cuál es el olor del infierno. Terrible también la imagen de la madre cuando llega el coche del Ejército para darle la noticia de la muerte de otro de sus hijos.
Una canción: Esta End of Erade la ópera rock El fantasma de la Ópera, cantada por el grupo finlandés Nightwish, es soberbia. Se trata de una actuación en directo cuando la vocalista era la gótica Tarja Turunen. Todo un espectáculo.
Una sonrisa: Sin entrar en el debate de las cifras, en la demagogia y en la estupidez de algún obispo, que debería callar por vergüenza histórica, este Forges publicado esta semana en El País es demoledor:
Una frase: “Cuando el dedo señala la luna el imbécil siempre mira al dedo”. (Proverbio chino de gran actualidad)
Una meditación: Elegir al menos tres diferencias obvias entre Vicente Ferrer y Rouco Varela.
Hay veces que la vida atropella a las personas. Gentes que se sitúan en una torreta del fuerte dispuestos a defender la civilización occidental -o la oriental, que todo depende del punto de vista de la educación-. Soldados del VII de Caballería que observan a los indios reunirse en la pradera para atacar y que por algún mecanismo extraño deciden no escapar a tiempo, sino permanecer en su puesto en una actitud temeraria, casi suicida. Y cuando los indios se lanzan al galope nuestro defensor cierra los ojos y dispara sin saber a quién dispara y cuando los abre pasado el arrebato, el ruido y el miedo se descubre solo en un fuerte en ruinas protegido por un muro roto y rodeado de llamas y cadáveres. En la mano le queda la bandera hecha jirones y la duda de si está vivo. Pasaron los indios, pasó la guerra y el peligro aparente. ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde caminar? ¿Quién traerá la cantimplora que apaga la sed?
La vida se compone de atropellos, banderas salvadas, heridas y supervivencias milagrosas. Lo mejor de algunos pesimistas, los que saben que las guerras se pierden todas, es su capacidad de lucha, de no rendirse nunca, aun sabiendo que no hay premio, ni terrestre ni celestial, sólo la conciencia de cada individuo.