Para una nueva estrategia en Afganistán se necesitan nuevos políticos. Ni Karzai ni Abdulá lo son. También se necesitan valores, más que soldados de refresco, y los nuestros no cotizan alto. Son los valores de siempre, los que derrotaron a Hitler y regalaron media Europa a Stalin, pero un poco más sucios con el paso del siglo XX. A los valores les sucede como a los diarios. Dice José Antonio Martínez Soler que un periódico sólo es libre en sus números cero (los de prueba) y que después va perdiendo esa libertad mientras le crecen los intereses.
Lo ocurrido en la embajada de EEUU en Kabul no es Abu Ghraib, prisión donde torturó el régimen de Sadam Husein y donde torturaron los soldados liberadores de EEUU, pero la escenografía se parece demasiado, nace de la misma sensación de impunidad que producen las cloacas de la democracia.
La ONG estadounidense Proyect Of Goverment Insight(POGO), que lucha contra la corrupción, ha denunciado a parte de los servicios de protección de la embajada de EEUU en Kabul por vejaciones a los trabajadores afganos con novatadas de fuerte contenido sexual. Recomiendo la información de CBS News y del diario The Washington Post. La concesión de la contrata de este servicio privado recayó en la empresa Armour Group Norteamérica, que remite a un comunicado que hará publico hoy jueves su opinión sobre lo denunciado. (También son guardas privados los balckwaters, célebres pistoleros en Irak y que ahora se camuflan en un nuevo nombre: Xe).
En una fiesta celebrada estos días en otra embajada occidental en Kabul dos guardas de seguridad fuera de servicio, es decir de juerga, regalaron a una informadora dos frases llenas de ingenio y profundidad: “El mejor periodista es el periodista muerto” y “podría romperte el cuello en menos de un minuto”. Se deduce de estas divertidas declaraciones que esta gente no pasa ningún test de inteligencia y por lo ocurrido en la legación estadounidense, tampoco de democracia.
Las preguntas son varias y sencillas: ¿cuál es exactamente nuestro papel en Afganistán? ¿Enseñar valores? ¿Manipular elecciones? ¿Consentir corruptos? ¿Soltar gorilas de gimnasio con el cerebro lleno de anabolizantes?
Gran reportaje del periodista del diario The New York Times Dexter Filkins
Just a week before this country’s presidential election, the leaders of a southern Afghan tribe called Bariz gathered to make a bold decision: they would abandon the incumbent and local favorite, Hamid Karzai, and endorse his challenger, Abdullah Abdullah.
Mr. Abdullah flew to the southern city of Kandahar to receive the tribe’s endorsement. The leaders of the tribe, who live in a district called Shorabak, prepared to deliver a local landslide.
But it never happened, the tribal leaders said.
Instead, aides to Mr. Karzai’s brother Ahmed Wali — the leader of the Kandahar provincial council and the most powerful man in southern Afghanistan — detained the governor of Shorabak, Delaga Bariz, and shut down all of the district’s 45 polling sites on election day. The ballot boxes were taken to Shorabak’s district headquarters, where, Mr. Bariz and other tribal leaders said, local police officers stuffed them with thousands of ballots.
At the end of the day, 23,900 ballots were shipped to Kabul, Mr. Bariz said, with every one marked for President Karzai.
“Not a single person in Shorabak District cast a ballot — not a single person,” Mr. Bariz said in an interview here in the capital, where he and a group of tribal elders came to file a complaint. “Mr. Karzai’s people stuffed all the ballot boxes.”
La educación ofrece conocimientos y opciones para elegir. En eso consiste la libertad. Es sólo un paso, delante quedan la tradición, el machismo (que se proyecta en los símbolos del poder) y las costumbres, pero en Kabul ya se pueden percibir sonrisas y un cierto coqueteo entre los velos.
(Esta fotografía fue tomada en la parte vieja de Kabul en uno de los habituales atascos. En ella, la mirada de mujer parece un desafío lleno de dignidad).
Regreso de Afganistán, un país destrozado por 30 años de guerras y ocho de incompetencia, y aterrizo en un Estado policial. Mucho han cambiado las cosas en un mes. El partido perseguido es el mismo que durante cuatro años sostuvo, sólo por rédito electoral y a sabiendas de que era falso, que el 11-M fue obra de ETA: directamente o a través de sus primos islamistas de la rama de Abu Etxeberría o así. Me sorprende, y celebro, tanto celo democrático en una organización que tanto esfuerzo le costó condenar (en sede Parlamentaria, que no de corazón) el Franquismo -un sistema basado en la aniquilación primero y en la represión después del Otro y en el que tan bien le fueron la cosas a muchos de sus progenitores y amigos-, y que aún se resiste en paliar sus consecuencias en la memoria de los muertos.
En este agosto tan caluroso y de grandes debates (habituales en España), el segundo asunto ha sido el bikini de la vicepresidenta Fernández de la Vega. La campaña de agitación y propaganda la lideró una prensa presuntamente seria que se defiende de las acometidas de Internet por la vía rosa. Es una opción que gana enteros en muchas cabeceras.
Resultado: menos votantes, menos lectores.
Y en víspera de una traumática operación retorno (al trabajo o al paro, que de todo hay), reaparece bien moreno para que no se le confunda con un espectro Pepín Blanco, que como ministro de Fomento debe tener unas desconocidas competencias sobre los impuestos, para proclamar la buena nueva de que todos los que ganamos más de 50.000 euros al año somos ricos. Gran descubrimiento: siempre pensé que ser rico era no tener que ganar 50.000 euros o más al año.
Echo de menos Kabul y su polvo.
PD Agradezco mucho todos los comentarios y felicitaciones. Resulta estimulante. No sé si es la primera vez que lo hago bien o es la primera vez que gracias a Internet, Facebook, Twitter y demás puedo escuchar los ecos del otro lado.
Tras el aterrizaje forzoso, la lenta y pesada digestión, y en ése proceso ayudan los regalos y la música que se comparte: Martha Wainwright en Factory.