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Vamos a vender humo sostenible

Despediría al asesor (también llamado fontanero) de Rodríguez Zapatero que se ha inventado el nombre de Propuestas para una Economía Sostenible, presuntas ideas que el presidente del Gobierno alumbrará mañana tras bajar del Sinaí; el título lleva implícito que la actual y la de estos años era/es insostenible.

No soy economista, aunque tengo la casa pagada y llego a final de mes. Quizá no sirva si se me compara con el cerebro y los méritos del ministro Miguel Sebastián, que, en el mejor de los casos, están por llegar (cerebro y méritos). No sé mucho de economía pero creo que la especulación es pan para hoy (de unos pocos) y hambre (de la mayoría) para mañana. Esta ha sido la escuela dominante durante siglos en España. Ésa y la del amigo que sopla por un módico % por dónde pasará la carrera del futuro. Se llama pelotazo. También delito.

Este es un país de pillos, de listillos, repleto de roldanitos que se cuelan en el mercado y que circulan por el arcén. No se premia el esfuerzo, el mérito, el talento; al talento se le destruye o exilia. Somos un país de nuevos ricos que nos hemos olvidado que hace dos días éramos de los más pobres de Europa y ahora vamos turisteando por ahí como franceses, o casi. Nos falta humildad.

Los jóvenes que tratan de crear una empresa deben pasar por un calvario burocrático y de bancos, que son especuladores de cuello blanco, no como esos constructores advenedizos a los que llaman El Pocero, el Noséqué.

En los presupuestos se recorta I+D que es disparar contra el futuro, pero ya somos el sexto exportador de armas, que es disparar sobre el presente. No está nada mal para un gobierno que predica moralidad.

La política, sea del Ejecutivo o de la oposición, es humo. Un envoltorio para el vacío. Estamos en manos del marketing y éste en poder de los fabricantes de frases. Si una es buena de verdad sirve para vender desodorante y economía sostenible por el mismo precio.

El PP, que tiene delito (sólo es una expresión popular, un chascarrillo), acaba de presentar con una mano un plan humo contra la corrupción mientras que con la otra ataca el sistema de escuchas que aprobó cuando era gobierno. Su objetivo: conseguir la nulidad del proceso por corrupción contra los suyos.

No entiendo cómo el cine español tiene crisis de guiones. La cosa nacional está para morirse de risa que diría el maestro Luis García Berlanga.

La máquina de multiplicar bobos

Tengo una amiga que asegura que no cabe un tonto más. Creo que se equivoca: en cada esquina hay uno nuevo esperando a ser contabilizado. Esta epidemia de estupidez es un fenómeno actual (¿75 años?) en el que la televisión desempeña un papel multiplicador. Basta que un bobo salga en la pequeña pantalla diciendo o ejecutando boberías para que de la nada broten cientos de imitadores mucho más majaderos que el primero. Los idiotas multiplicados por la televisión tienden a vestirse igual que el tonto original que les contaminó.

Existen dos tipos de estúpidos: la masa, que en esto de tontería también se dan las clases sociales. Ellos son la claque necesaria, la que ríe las gracias de sus jefes sin obtener beneficio alguno; la que espera delante de garitos adornados con unos especímenes prehumanos y en los que se sirven garrafones a precio de un whisky de malta; la que se coloca sin que nadie lo ordene en obediente fila media hora (o más) antes de que llamen a embarcar, sea avión o AVE… Y la élite.

La élite es más peligrosa porque tiene capacidad de camuflaje. Por eso a menudo sus miembros pasan por inteligentes. La política, el periodismo y la cultura son sus campos de actuación preferidos. Más que hablar o escribir impulsados por sus razonamientos han aprendido discursos ajenos de memoria que logran repetir de forma más o menos acertada. Muchos pasan tan desapercibidos que después de muertos se les recuerda por su genialidad.

Existe una fórmula infalible de descubrir a los que se camuflan: nombrarlos algo, situarlos al frente de una organización, la que sea, comunidad de vecinos, equipo de fútbol, partido político, sindicato, asociación o empresa. No tardarán ni cinco minutos de desenmascararse: todo tonto tiende a rodearse de tontos mayúsculos para que potencien su sensación de inteligencia. Y, sobre todo, no discutan.

No todo está perdido. Al menos hay esperanza estadística: en toda organización gobernada por bobos existe un 15% de capaces. (No funciona al revés).

De todos los tontos conocidos me gusta en especial Mister Chance, el personaje de Peter Sellers en Being There (Bienvenido Mr Chance, en catellano) Su estupidez resulta inofensiva y sirve para poner al descubierto un mundo gobernado por idiotas peligrosos. No sé de dónde diablos sacarían la idea para el argumento. ¿Un mundo de idiotas? No me suena.

PD Todos somos contaminadores y contaminados y tenemos campos y momentos de imbecilidad, a veces supina. En mi caso, en cuanto doy dos pasos fuera de la frontera del periodismo me siento bastante idiota.

Talento con las manos

Es hermoso cuando uno se siente capaz de crear mundos y vidas con las manos, bien en el dibujo o en la escritura, cuando los fantasmas interiores cobran vida exterior y nadie lo llama locura porque locura es otra cosa: estar sano embutido en una forma lamentable de normalidad. Este mundo dirigido por la dictadura del metro y medio, de la mediocridad, del sí señor, del cálculo constante, me agradan estas explosiones de extraordinariedad. Me hacen sentirme vivo. Espero que a vosotros también.

Periodismo entre atunes

Los medios de comunicación tenemos un problema: no practicamos la autocrítica, sólo la crítica y a veces sin medida. Somos maestros en ver la paja en el ojo ajeno y negados para distinguir la viga… Nos hemos creído toda esa zarandaja del Cuarto Poder y vamos por la vida con un boato impropio de un oficio que debía estar dedicado a la gente. Copiamos las ínfulas de los políticos que, después de todo, son meros representantes, delegados de la ciudadanía; o la de los jueces, con sus togas de meter miedo cuando sólo son funcionarios públicos y público somos todos. Nunca me gustó la gente que se disfraza.

Durante el secuestro del atunero Alakrana el papel de la mayoría de los medios de comunicación españoles ha sido lamentable. No ya porque se diera munición a los piratas, a los abogados sin escrúpulos y se dificultaran las gestiones para la liberación de los pescadores. Lo lamentable ha sido el sensacionalismo extremo del tratamiento informativo, el todo vale, la nula comprobación de fuentes y noticias y la invención pura con el falseamiento de datas atribuidas a nombres exóticos como si fueran becarios de la casa, sin citar agencia ni procedencia del material como hizo un periódico nacional que frecuenta estas prácticas tan poco éticas. Las televisiones creyeron que estábamos en diario de Patricia o similar en el Índico y han abusado de las familias, manipulado sentimientos, miedos y declaraciones para lograr unos puntos extra de audiencia.

Los camarógrafos persiguieron a los primeros agentes de seguridad privada, mostrando sus rostros y los redactores metieron los micrófonos por las ventanillas como si se trataran de presuntos famosos correteando por el aeropuerto de Barajas o la estación del AVE. Malos agentes son estos que no tomaron las medidas adecuadas para proteger su imagen, algo esencial en su trabajo.

Ahora con toda esa seguridad privada a bordo de otros barcos armados hasta los dientes con armas de guerra pagadas por todos los españoles, los patronos de los atuneros podrán arriesgar un poco más a sus tripulaciones y faenar en aguas peligrosas, más cerca de la costa de Somalia, como señalaba Nacho Escolar en su blog. En todos estos días nadie se ha interesado por la responsabilidad de los dueños de los barcos.

El PP, aconsejado por asesores inteligentes a tiempo parcial, optó por el silencio durante la crisis. Incluso Federico Trilero, perdón Trillo, dijo en Onda Cero: “Me voy a morder la lengua”, o algo así. Un ministro de Defensa que equivocó tantos cadáveres, no dio la cara en el juicio contra sus subalternos y que aún se esconde cobardemente detrás de su acta diputado, debía morderse algo más que la lengua. La conciencia sería un excelente aperitivo.

Para completar el sainete, los familiares de los pescadores vascos por los que este país se ha desvivido durante un mes y medio se negaron a subirse en un avión de la Fuerza Aérea española, al parecer por razones ideológicas o por el qué dirán y no por seguridad en el transporte. Íbamos a por atunes y nos topamos con besugos al por mayor.

Los ‘golden boys’ de los cojones

Esgrimen las leyes del mercado (escritas y reescritas por ellos hasta en la letra pequeña) cuando toca despedir y muy poco las leyes de la avaricia que llevan a bastantes empresarios irresponsables a aventuras sin sentido, a jugarse los puestos de trabajo en una ruleta rusa. Hay actitudes temerarias que deberían pasar por el Código Penal, sobre todo cuando dilapidan ayudas públicas.

Tampoco se habla demasiado de las leyes de la incompetencia, que andan desbordadas por el aluvión de nuevos casos, y que por un mecanismo similar al descubierto por Newton empujan a muchos ejecutivos, los golden boys de los cojones que diría Lisabeth Salander (Serie Millenium. Sitieg Larsson), a tomar decisiones erróneas y absurdas que provocan pérdidas a sus empresas (o menos beneficios, que generan los mismos nervios) y desembocan en la expulsión de miles de trabajadores y en la sorprendente permanencia del idiota en el cargo.

“No permitiré que un éxito empañe una carrera de fracasos”, dijo una vez un periodista español a quien no cito por su nombre porque le robo la frase fuera de contexto, sin el humor y la inteligencia con la que fue pronunciada. El caso es que el idiota permanece porque la culpa del desastre no es suya ni de los (¿idiotas?) que le contrataron. La culpa es ¡cómo no! del mercado.

Esta viñeta de El Roto es un homenaje a las víctimas de este sistema perverso en el que como escribió Eduardo Galeano “es más libre el dinero que la gente”.

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