No tenemos demasiada suerte con los jueces últimamente. No se trata esta vez de una sentencia estrambótica sobre un abuso sexual en el que víctima no opuso, según el magistrado, suficiente resistencia, un argumento jurídico que rechazo por ser profundamente inmoral y acientífico. ¿Qué diablos es “suficiente resistencia” cuando una persona está siendo violentada en tu intimidad?
Ahora es otro juez, titular del Juzgado de lo Penal nº 16 de Madrid llamado Ricardo Rodríguez Fernández, quien ha decidido exigir sus minutos warholianos de gloria (ya saben, lo de los quince minutos) y firmado una sentencia peculiar en la que condena al director de la SER, Daniel Anido, y al director de Informativos, Rodolfo Irago, a un año y nueve meses de prisión y la inhabilitación en sus cargos. El delito: publicar una información veraz a través de la web de la cadena y negarse a revelar sus fuentes. El secreto profesional es una de las esencias del periodismo y está amparado por las leyes.
El juez argumenta en su sentencia que “la protección constitucional al derecho a la información se refiere [sólo] a los medios de comunicación social [televisión, radio o prensa escrita], pero debe matizarse ya que Internet no es un medio de comunicación social en sentido estricto, sino universal”. ¡Genial! ¡De primera! ¿Los diarios impresos en papel no son universales? ¿Tampoco lo son las televisiones como la BBC, Fox, Sky, Al Jazeera y CNN? ¿No es Internet un medio de comunicación? Cierto, es más bien un instrumento que canaliza la expresión de muchos medios digitales. También lo es el papel y la tinta china y ondas hertzianas: permiten transmitir información, servicios y entretenimiento. Menos mal que conozco otros jueces muy capaces y ejemplares pero empiezo a sospechar que en la judicatura y en la medicina debe haber la misma proporción de inútiles que en el periodismo y éso sí que da miedo.
Ánimo compañeros, recurso y pelea; ni un centímetro atrás frente a la estupidez.
Hay una tendencia a la comodidad y la molicie mental. Internet, la gran revolución tecnológica, social, cultural y periodística, se percibe como una amenaza. Se habla del fin del periodismo impreso en papel y de la muerte de miles de periódicos. Es muy interesante este artículo de The Economist:
CHANGE is in the air. A new communications technology threatens a dramatic upheaval in America’s newspaper industry, overturning the status quo and disrupting the business model that has served the industry for years. This “great revolution”, warns one editor, will mean that some publications “must submit to destiny, and go out of existence.” With many American papers declaring bankruptcy in the past few months, their readers and advertisers lured away by cheaper alternatives on the internet, this doom-laden prediction sounds familiar. But it was in fact made in May 1845, when the revolutionary technology of the day was not the internet—but the electric telegraph.
It was only a year earlier, in May 1844, that Samuel Morse had connected Washington, DC, and Baltimore by wire and sent the first official message, in dots and dashes: “WHAT HATH GOD WROUGHT”. The second message sent down Morse’s line was of more practical value, however: “HAVE YOU ANY NEWS”. (There was no question-mark in Morse’s original alphabet.) As a network of wires spread across the country, referred to as “the great highway of thought” by one contemporary observer, it was obvious that this new technology was going to have a huge impact on the newspaper industry. But would the telegraph be friend or foe?
Más en Network effects (How a new communications technology disrupted America’s newspaper industry—in 1845) ¡Se refiere al télex!
También puede resultar de interés esta charla en La tertulia de 1001 medios grabada por Rosa Jiménez Cano en el domicilio del maestro Enrique Meneses:
“La cirugía entra en acción cuando fracasa la medicina”, afirman los cirujanos. “La guerra es la continuación de la diplomacia por otros medios”, escribió Clausewitz. Como el nobel Obama creo que hay guerras justas (contra el nazismo) y guerras que favorecen la paz (podía haber sido Bosnia-Herzegovina en 1992 y Ruanda en 1993), pero el problema esencial son las definiciones, muy a menudo convertidas en armas arrojadizas de destrucción masiva. Por eso existen las reglas, las leyes y los tratados, incluso en la guerra (Convenciones de Ginebra). Qué es política, quées un fracaso… Me ha gustado la definición de política de Ignacio Torreblanca en El País: “La política sólo consiste en decidir cuánta autoridad queremos asignar a qué nivel para resolver qué problemas”. También recuerdo otra definición de José María Ridao que comparto: “En democracia no es importante la identidad sino que funcionen las instituciones”. Y las instituciones sirven, por ejemplo, para debatir antes de tomar una decisión.
Toda esta introducción es para hablar de Afganistán y decir que existen alternativas al envío de miles de soldados para que refuercen a los miles que ya se encuentran allá atrapados en una guerra que no se puede ganar.
Mis compañeros del El País.com han preparado un excelente especial multimedia de 2009. En la parte que se refiere a Afganistán tengo el atrevimiento de opinar sobre un país en el que he estado tres veces. Creo en el poder de la negociación y que esta guerra inacabada que lleva 30 años con alternancia de actores, pero con la misma población padeciendo a todos ellos, merece un final negociado. No me escandaliza que se hable con los talibán, me escandaliza que seamos tan intransigentes como la imagen internacional que proyectamos de ellos (y que se la han ganado a pulso). Es muy interesante esta crónica de Gareth Porter publicado en Asia Times y que me envía uno de mis muchos amigos que alimentan indirectamente este blog. En esa crónica informa de una oferta de negociación lanzada por los talibán y desoída por EEUU.
Afganistán es una guerra que Occidente ha perdido dos veces a través de los británicos (siglo XIX). Oriente, una con los rusos a los que EEUU enfrentó alta tecnología (misiles Stinger) en manos de mujaidines que después se talibanizaron y al qaedaizaron. Estamos de camino de perder la tercera, o cuarta, depende dónde situemos a los rusos.
La guerra de Afganistán no se puede ganar. EEUU va a tener, entre tropas y equipos privados de seguridad, más soldados que en Vietnam. Los errores, y no la historia, es lo que se repite. La única salida es la negociación; el problema es con quién y qué negociar. Es un disparate enviar más tropas con una estrategia de salida en un mundo de información globalizada que entrega a los talibán la letra pequeña del plan. Los supuestos malos sólo necesitan esperar: nosotros tenemos el reloj; ellos, el tiempo.
Afganistán no es una guerra justa, como la definió Barack Obama al recibir el premio Nobel de la Paz. Es una guerra legal frente a la de Irak, nunca aprobada por el Consejo de Seguridad, pero no puede compararse con la II Guerra Mundial ni con la lucha contra el nazismo. Los talibán son cerrados, brutos y lo que se quiera, pero no mucho más que nuestros actuales amigos en Kabul. Las guerras no se ganan gracias a los políticos y generales que se creen su propio cuento, sino con medios y convicción. La propaganda es para liar al otro, o a las opiniones públicas, pero nunca a los sibilinos que se inventan la propaganda
Estos vídeos de Associated Press dan una visión real del tipo de guerra que allí se libra y la imposibilidad de ganarla.
Vuelvo a pisar terreno pantanoso: mis amigas feministas (que no hembristas; ya he aprendido) se equivocan al centrar una parte muy visible de su lucha por la igualdad en descubrir un femenino para cada masculino genérico (hace un par de días colgué un post con un link a un provocador artículo de Arturo Pérez Reverte, a quien aprecio mucho, titulado Chantaje en Vigo). Gastamos energía en lo menor y perdemos de vista que la guerra importante contra el machismo y sus derivados debe darse en la creación de valores igualitarios más allá del sexo y las inclinaciones sexuales.
Cuando observo a los niños en un parque (en primavera; no en estos días siberianos) veo cómo los padres (y madres, ¡lo he hecho!) insisten en prolongar en sus hijos los roles en los que fueron maleducados: niñas arrastrando muñecas que aprenden a ser madres; niños con pistolas que aprenden a matar. A ellas se les inocula el virus de la sumisión, del rol secundario supeditado al macho; a los niños se les enseña el valor de la propiedad, de cosas y personas, a sacar pecho como gallitos de pelea y el muy estúpido “los hombres no lloran”, que representa una mutilación emocional.
Subvertir este esquema desigual es más urgente e importante que pelearse para que la Academia acepte palabras prefabricadas fuera del circuito clásico de la invención del lenguaje: el habla popular y la literatura. Estoy de acuerdo en limpiar el lenguaje de machismos, racismos, homofobias y… de ignorancia. Es un trabajo pedagógico de largo aliento, como la defensa de los minusválidos psíquicos. Después de muchos años se ha logrado desterrar, más o menos, la utilización del vocablo subnormal como insulto. Ahora la lucha continúa con el autismo empleado como adjetivo despectivo.
Los códigos que generan la violencia machista surgen en la infancia, en los valores que se enseñan en los parques, casas y escuelas, en la publicidad y en la televisión. El problema empieza en el reparto desigual de roles… Apenas se ven obreras y camioneras cuando para ejercer estos trabajos duros el sexo no es importante. Odio el mito del príncipe azul, un invento diabólico y machista que ha hipotecado la felicidad de muchas mujeres que lo buscan como los niños buscan estos días a los Reyes Magos.
La lucha contra el machismo es un trabajo complejo que exige políticas complejas y que estemos más atentos a la profundidad que a la espuma.
Un ejemplo del enquistamiento del mal es la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid que absuelve a un masajista de violación (la califica de agresión sexual) porque la mujer no opuso suficiente resistencia. Los razonamientos de la sentencia me parecen un delito en sí mismo que exige la actuación de un tribunal superior. Un magistrado que firma este tipo de argumentos está incapacitado para impartir justicia, considerarse servidor público y cobrar de mis impuestos. No sé si será desacato, pero un juez así además de un imbécil es un criminal en potencia.